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Los 4 Fantásticos

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La década pasada significa la reivindicación de prácticamente todos los superhéroes que hoy día están siendo explotados en las salas de cine. Claro, un yacimiento de oro puro quedó al descubierto, y el futuro nos promete un abundante número de películas que serán sujetas al subgénero en cuestión. Nada de malo hay sobre aquel escenario cuando la cinematografía es entendida hace un buen rato como un negocio a gran escala; es más, si existe algo en lo que aportan la mayoría de estas producciones desde que se estrenara “Iron Man” (2008) –asumiéndose aquel el punto donde se marca el estándar cualitativo que hasta ahora se maneja-, es en el entretenimiento a través de historias mucho más elaboradas. Incluyendo a la saga de Batman creada por Christopher Nolan, guardando las proporciones para cada cinta particular, es precisamente la tendencia hacia el alza en términos de calidad la que se debe tomar en serio para no morir en el intento heroico de filmar en este contexto.

FANTASTIC FOUR 01En su intención de competir con el universo cinematográfico de Marvel y con el hace poco inaugurado símil de DC Comics, Fox decidió arrojarse con un reinicio de la saga de Los Cuatro Fantásticos (historia de la que tienen control hace mucho tiempo, pero que tuvo su concepción en la firma Marvel), después de 8 años de la fallida “Fantastic 4: Rise Of The Silver Surfer” (2007). En esta oportunidad, desentendiéndose de toda revisión anterior, la película intenta mostrar la génesis del grupo de superhéroes cuando aún eran desconocidos entre ellos, y todavía no contaban con sus capacidades extraordinarias. Sólo cuando sean enviados a una misión al espacio y sean expuestos a una radiación, Reed Richards (Miles Teller), Sue Storm (Kate Mara), Johnny Storm (Michael B. Jordan) y Ben Grimm (Jamie Bell), volverán con superpoderes que les servirán para enfrentar a una persona a la que bien conocen.

Es necesario partir hablando de errores porque “Los 4 Fantásticos” es una equivocación completa en todos sus contornos, donde lo impresentable pasa por dos ítems fundamentales: la poca fidelidad que compromete el largometraje con el cómic original, y los actores que son responsables de aguantar el peso del relato.

Lo primero, tiene su mala hierba en la propia concepción de los argumentos, en cuanto el director y guionista del título, Josh Trank –que en su trabajo anterior, “Chronicle” (2012), fue más que solvente-, se desmarca de cualquier edición particular de la historieta creada por Stan Lee y Jack Kirby, para FANTASTIC FOUR 02trabajar en función de una lectura aleatoria, que tiene como única referencia el eventual origen de estos superhéroes. Pésima decisión si se tiene en cuenta el maltrecho curso que ha llevado el cine para sus revisiones sobre el cómic –muchos aún no olvidan a los infumables cuatro fantásticos de Tim Story, que desfilaron con pena entre 2005 y 2007-, donde la ausencia de una base sólida que haga honor al último no permite licencias que tengan relación con visiones rupturistas.

Por otro lugar, enquistado el otro fallo garrafal del filme, las actuaciones no tienen ninguna parte dentro de la película, como si la consigna fuera el amateurismo, y los actores fueran pálidos no porque quieran, sino porque no pueden. Bajo ese prisma, si gente como Miles Teller o Kate Mara, que han sabido demostrar sus aptitudes en el corto período, son insípidos e incompetentes en sus intervenciones, el horror se establece para los personajes que están a su cargo, que ya son deficientes desde su germen.

Considerando lo anterior, indistintamente que el plano actoral no se acerque a ser una porción medular dentro de una producción audiovisual, si el impacto que busca causar “Los 4 Fantásticos” atraviesa por el enganche del público más joven, es necesario que el relato mezcle de la mejor manera a los dos elementos, y los papeles sean susceptibles de ser identificados con el espectador, sin embargo, nada de eso ocurre. Por paradójico que sea, el concepto de equipo no se encuentra refrendado en un largometraje que en su propio seno encuentra a un grupo de amigos luchando contra las fuerzas del mal. El desacople entre los protagonistas se siente en cada conexión forjada; FANTASTIC FOUR 03desde la comunión de amistad y tirria que debiese mantener la Antorcha Humana y La Mole, hasta la historia de amor obligada entre Reed Richards y Sue Storm, existe un ánimo de dar vuelta las personalidades de cada rol, desvaneciéndose aquel objetivo no sólo en el absurdo ejercicio de quitarles la identidad primigenia a cada personaje, sino que también privando al público de vivir el cómic mediante la cinta, como efectivamente debería ser.

Una hora y cuarenta de duración para un filme que, luego de setenta minutos de una fastidiosa introducción, muestra algo de acción. En resumen, “Los 4 Fantásticos”, fuera de ser recordada como el objeto maldito de una estrategia económica de 20th Century Fox para no devolver los derechos de la franquicia a Marvel, pasará a la historia como una de las peores películas de superhéroes que alguna vez se haya hecho. A la luz de los resultados, tanto a nivel de críticas como de recaudación, es probable que el estudio de cine californiano reevalúe la opción de estrenar una secuela que ya tuviera agendada su fecha de estreno para 2017. Por el bien cinematográfico del maltratado equipo encabezado por Mr. Fantastic, claramente es mejor que así fuera.

Por Pablo Moya

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Midsommar

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Midsommar

“Midsommar”, el segundo largometraje de Ari Aster, logra reafirmar un estilo particular de dirección para abordar el terror. A diferencia de “Hereditary” (2018), su película anterior, aquí la idea de la ritualidad es abarcada desde una puesta en escena que ya no es oscura y nocturna, sino que totalmente iluminada para transmitir una idea pureza y virginidad.

Dani (Florence Pugh) es una joven estudiante que acaba de sufrir el fallecimiento de su hermana y de sus padres. Christian (Jack Reynor), su pareja, es el único lazo que la contiene frente a sus constantes crisis, pero la relación de ambos se encuentra en un momento de inestabilidad. Dani se entera por el grupo de amigos de él de que viajarán todos juntos a Suecia, donde se celebrará un evento especial de la comunidad a la que uno de ellos perteneció. Por compromiso, Christian decide invitarla. Entregados a admirar y participar de este festival de verano, al poco tiempo son testigos de rituales que son a lo menos duros de mirar, y de los cuales inevitablemente se van volviendo parte, hasta convertirse en pilares fundamentales de la celebración.

La construcción de esta historia gira en torno a lo desconocido y lo ajeno que resulta para los personajes todo lo que está por ocurrir en esta semana de festividad de acuerdo a las creencias de los mismos participantes. Sin embargo, estas son mostradas con antelación al espectador, por lo que el desarrollo de la película no estaría marcado precisamente por la sorpresa de los acontecimientos, y más bien se avanza a través de ella como compañeros de su protagonista, interpretada por Florence Pugh, quien encarna perfectamente a este personaje atormentado y confundido, siendo parte de un universo que no entiende, pero del que se sumerge casi sin darse cuenta.

Si bien, el guion juega con darle un carácter de “cultural” o una justificación religiosa a las acciones de sus antagonistas –ya que los mismos personajes mantienen la intención de una investigación antropológica–, no profundiza en ello, para así dejarnos principalmente con la sensación de terror frente a imágenes crudas que no pueden ser fácilmente entendidas por quienes no somos parte de esa espiritualidad, la que, a su vez, pareciera tener un futuro ya predeterminado.

Ari Aster crea así una atmósfera de ensoñación acorde a los estados de sus personajes, drogados con las pócimas, la belleza del lugar y lo extraño de los distintos acontecimientos. El Midsommar es representado desde la dirección de arte a través de un espacio que se presenta como pulcro y perfecto, con los colores cálidos del verano y el colorido de las flores. La fotografía, por su parte, forma una especie halo blanco que remite a un lugar paradisíaco, bañado con la luz del sol, el que se distorsiona de manera interesante en ciertos momentos para enfatizar un estado mental abierto a “la influencia”.

La calidad en las distintas áreas técnicas del cine del director logra formar una pieza de valor artístico que es sin duda un aporte para el género de terror, sin embargo, si bien aquí de todas maneras juega con elementos de suspenso a través de la música o sus movimientos de cámara, “Midsommar” no resulta una película que deje con una sensación constante de demasiado miedo ni terror, sino más bien de una espera frente a lo que está por venir y una contemplación constante.

Conociendo a grandes rasgos los elegantes mecanismos técnicos que le dan a Aster un carácter de autor al que vale la pena seguir el rastro, su tercer filme exigirá dar un paso más allá respecto de cómo abordar situaciones “terroríficas”, donde quizás su mayor desafío sea el de seguir mezclando una buena historia de terror o suspenso con una hermosura de imágenes y sonidos que le den otra capa de profundidad o, al menos, algún tipo de cuestionamiento de la misma, y así poder ver las dos caras de la moneda, es decir, poder percibir lo “especial” que ve el antagonista respecto a eso que a nosotros nos da terror. En este sentido, no remitirse al susto exclusivamente por lo brutal e inesperado, sino que enlazarlo con una mirada artística, que necesite cada vez menos sustentarse en los clichés, continuando también con una construcción de personajes y dirección de actores impecable, que puedan transmitirnos una historia completamente ajena al espectador, pero a la vez cercana y posible.

“Midsommar” resulta una película que aborda el terror desde un interés cercano a la antropología, que, al igual que “Hereditary”, explora la idea del ser parte de una comunidad con ciertas creencias y tradiciones que ya tienen un plan establecido para los protagonistas, y de los que ellos no están enterados, pero que, en el caso particular de esta cinta, propone crear un contraste entre prácticas brutales y una apariencia visual pura o virginal, idea que pudo haber sido explotada más profundamente para generar un impacto potente en el espectador, y que acá no se consigue del todo. De todos modos, cabe destacar que, en lo que va de su filmografía, Aster logra unas gloriosas escenas finales, que dejan con una sensación perturbadora e incómoda de, a pesar de todo, estar admirando algo realmente bello.


Título Original: Midsommar

Director: Ari Aster

Duración: 147 minutos

Año: 2019

Reparto: Florence Pugh, Jack Reynor, Will Poulter, William Jackson Harper, Ellora Torchia, Archie Madekwe, Vilhelm Blomgren, Julia Ragnarsson, Anna Åström, Anki Larsson


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