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Los 33

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Sólo para contextualizar la situación: en vísperas del esperado lanzamiento de la película dirigida por la mexicana Patricia Riggen –quien hasta ahora ha llevado una breve carrera, donde su trabajo más interesante se advierte en “La Misma Luna” (2007)-, la siempre concurrida estación de Metro, Tobalaba, se encuentra completamente vestida de “Los 33”, entendiéndose aquello como la estrategia fundacional de una producción que, muy posiblemente, refleje en su agresiva campaña publicitaria el fin ulterior de proyectar el largometraje de los 33 mineros como uno de los títulos más taquilleros que hayan pasado por las salas de cine nacionales. Y cómo no, si la historia de la que está sujeta la cinta en cuestión tiene de todo, excepto un bajo perfil.

THE 33 01Cuando ya han pasado exactos cinco años y un día desde que se produjera el accidente en la mina San José, yacimiento que se viniera abajo en una de sus porciones, dejando a 33 mineros atrapados a 720 metros de profundidad, todas las miradas apuntan hacia el filme que protagonizan Antonio Banderas, Mario Casas, Rodrigo Santoro y Juliette Binoche. Con poco de ficción y mucho de realidad, la cinta, que está hablada casi exclusivamente en inglés (también llegará doblada), se inspira en el libro “Deep Down Dark” (2014) escrito por el periodista estadounidense Héctor Tobar, quien recibió de los propios mineros, aún atrapados en el refugio, los derechos colectivos para ser el autor de una publicación única y oficial de la historia.

Con respecto a lo anterior, se puede establecer un contraste en cómo un par de decisiones logran ser bien o mal tomadas desde su concepción, hacia su posterior aplicación; mientras la película se resguarda en testimonios verdaderos para plantear su argumento, equivoca absolutamente la forma en la que se presentan estos hechos, resultando aquello en un relato mucho más predecible de lo que por naturaleza debiese ser, teniendo en consideración el vasto conocimiento que el público tiene sobre el rescate de los 33 de Atacama, como consecuencia de la explotación mediática en el caso real. Sumémosle a eso la intención de ir construyendo un marco dramático para cada uno de los personajes que aparecen más de cinco veces en pantalla, algo que no tiene ningún sustentáculo si sabemos que el conjunto tiene más importancia que el individual, y el tiempo no se puede estirar THE 33 02tanto como para profundizar consistentemente en los conflictos de todas esas figuras, más allá de que en este título particular el metraje alcance injustificadas dos horas de duración.

Por otra parte, refiriendo la opinión mayoritaria de los espectadores locales, es lastimoso ver cómo, a través de algo tan simple como el idioma expresado en el largometraje, se alcanza a remover el sentimiento de pertenencia sobre una historia nacida y muerta en territorio chileno, de la que probablemente muchas personas que vayan al cine se sentirán desmarcadas por la sola condición de su lenguaje. Lamentablemente, esto último hay que entenderlo como el beneficio internacional de una industria que se entiende en anglosajón, donde “Los 33” seguramente acabará siendo un producto plástico sin ninguna identidad. Peor todavía, la confluencia de tantos acentos, que se explica por la abultada presencia de actores con nacionalidades distintas –desde la francesa Juliette Binoche hasta el colombiano Juan Pablo Raba tienen su lugar dentro del filme-, resta en seriedad y aporta en lo ridículo; incluso hay actores norteamericanos que fingen su pronunciación con el objetivo de otorgar más credibilidad a la propuesta, al mismo tiempo en que asienten sobre una especie de indemnización porque la película no se habla en español.

Tan ridículo como lo anterior terminan siendo muchas secuencias de la cinta, que distan totalmente de la solemnidad con que debieron ser tratadas. No es irresponsable decir que, en muchos pasajes de “Los 33”, las ocasiones del relato se prestan sólo para liberar risotadas contenidas, por sobre el ánimo de recibir lo que la producción muestra como falsas morales de un heroísmo fracturado por el tono con el que la misma trabaja. Todo esto tiene su máxima configuración en instancias como el “Campamento Esperanza”, donde el trabajo que orienta la película es irrisorio, pudiendo inclusive más THE 33 03que el copioso sentimentalismo de sus elementos. La imagen de los mineros Jhonny Barrios y Carlos Mamani (el único extranjero envuelto en el incidente) se maneja con el mínimo de respeto, mientras que la locura y los eventos oníricos dentro de la mina se representan de una forma que se empareja con la plena vergüenza. De manera inobjetable, la música envestida en una zampoña que suena cada 10 minutos, empeora el resultado de un título que se deposita en el umbral de lo burlesco.

No hay prácticamente nada que logre redimir a “Los 33” en su ejecución. Desde el poco compromiso que adquiere la película para acusar a los reales culpables de lo ocurrido en Copiapó, hasta las arlequinescas intervenciones de algunas figurillas de la televisión criolla, pasando por los errores de edición que a veces muestran nula conexión entre sus escenas, junto a la imprudente utilización de un zoom que, fuera de su objetivo, no provee ningún tipo de intimidad, la cinta se puede descartar sin reparo alguno. Mención aparte merecen las apariciones casi siniestras de Sebastián Piñera: quizás no sea un punto muy rescatable, pero sí es de lo más extraño en una cinta que raya en lo impresentable.

Por Pablo Moya

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3 Comentarios

3 Comments

  1. Omar Sa Nuñez

    06-Ago-2015 en 1:06 pm

    una gran critica. felicitaciones.
    Los 33 tenía un gran desafío por delante. Un país esperando que una gran historia fuera contada. La historia fue contada y a lo grande, con el mayor despliegue farandulero visto en suelo criollo. Y también con una producción apabullante de parte de fox. Se puede poner en perspectiva la crítica al film desde el público al que trata de abordar, o si este fue un reconocimiento a los 33. De cualquier forma es una súper producción, pero no es una gran película. En absoluto. Los conflictos se diluyen como arena entre las manos, los personajes poco profundos no producen cercanía con el espectador. En suma una serie de hechos plantados en un guión lineal. Lamentable que el film pretencioso desde el comienzo no toque la fibra criolla mas que con una pincelada de buena factura fotográfica y buenos efectos especiales, mas lamentable es que el dolor y sufrimiento por el que pasaron los 33 siga bajo tierra

  2. Homero Dickson

    07-Ago-2015 en 12:15 pm

    No la he visto. Pero esta crítica despiadada al parecer confirma lo que muchos temían: Una producción demasiado gringa y lejana; No lo digo por el idioma, sino que por la perspectiva y el prejuicio con el que se trabaja para retratar una historia chilena,

  3. Andres

    21-Ago-2015 en 6:54 pm

    Fui a ver la película y es muy buena, mantiene la tensión y las emociones, el tiempo se me paso volando, vayan a verla y formense su propia opinión, los críticos, solo buscan lo malo y no ven nada bueno…

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Chicos Buenos

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Chicos Buenos

El género coming-of-age se define como historias que tratan el período de crecimiento de un adolescente y su paso a la adultez. Esto es tratado de diferentes formas en diferentes cintas. De manera más bien dramática en películas como “The Spectacular Now” (2012) o “Call Me By Your Name” (2017), y también de manera humorística como en la clásica “Superbad” (2007). “Chicos Buenos” tiene muchas similitudes con esta última, que fue una película sumamente exitosa e influyente durante la década pasada, por lo que las comparaciones son casi inevitables. Afortunadamente, “Chicos Buenos” es lo suficientemente fresca e ingeniosa para mantenerse y brillar por sí sola.

Max (Jacob Tremblay), Thor (Brady Noon) y Lucas (Keith L. Williams) son tres amigos preadolescentes que, al ser invitados a una “fiesta de besos” por Soren (Izaac Wang), el chico más popular de la escuela, intentan espiar a la vecina de Max junto a su novio con un drone para aprender a besar. El plan sale mal y el drone es destruido, y los tres amigos deben encontrar la forma de conseguir otro para no ser castigados y poder asistir a la fiesta.

Las comparaciones con “Superbad” son bastante obvias: Seth Rogen y Evan Goldberg, guionistas de la primera, son productores ejecutivos en este filme, y ambas tratan sobre un grupo de amigos intentando ir a una fiesta con fines románticos y para ganar estatus, y terminan pasando por diversas peripecias que ponen a prueba su amistad. Es en este punto donde “Chicos Buenos” realmente brilla y sorprende, ya que, a pesar de parecer una película sumamente tonta que no busca más que hacer reír –cosa que logra con creces–, también llega a interesantes reflexiones sobre la amistad, cómo la gente cambia y cómo las relaciones cambian con ellas. A medida que se acerca el final, la película adquiere un tono de melancolía muy refrescante, aunque es arruinado por un gag que se siente redundante.

Este es un problema durante casi toda la película. Pese a haber instancias de humor muy inteligentes, también hay momentos sumamente burdos y repetitivos, particularmente los que tienen que ver con la ingenuidad de los niños sobre el sexo. En muchos momentos los personajes interactúan con objetos sexuales sin saberlo, dildos, muñecas inflables, entre otras, y el humor radica en que el público, a diferencia de los protagonistas, sabe lo que estos objetos significan. Estos gags son por mucho lo peor de la película, son repetitivos y no particularmente graciosos, pero la cinta a ratos parece apoyarse en ellos en vez de sus elementos más inteligentes.

Los personajes también pueden volverse un poco agotadores por momentos, debido a su ingenuidad e inocencia, en particular el personaje de Lucas. Max y Thor son dinámicos y multidimensionales, pero Lucas se siente algo plano, incluso en el tercer acto cuando tiene un insight importante respecto a su amistad con Max y Thor. A pesar de esta pequeña evolución, el personaje se siente algo blando, aburrido y, si bien esto es discutible, llega a caer mal. Sin embargo, los tres protagonistas (y, de hecho, todos los personajes de la película) se sienten bastante bien construidos, sin importar cuánta relevancia tienen en la historia. Desde los protagónicos a los secundarios más insignificantes, todos tienen una personalidad definida y se sienten reales.

No obstante a lo anterior, un elemento importante en que la película queda corta es en las actuaciones, específicamente de los niños. Teniendo un reparto principalmente infantil, este era un desafío importante y lamentablemente no alcanza a superarlo. Las actuaciones son inconsistentes; hay momentos en que funcionan muy bien, pero en otros –particularmente las escenas más emocionales– se sienten un poco forzadas y sin vida. Las lágrimas que vemos son claramente maquillaje y esto es algo que a ratos puede sacarnos de la intensidad de la escena.

Por otra parte, visualmente podría ser más arriesgada, ya que no hay mucha propuesta de dirección desde el tipo de encuadres y color. Por otro lado, el universo que se muestra también resulta poco interesante: los personajes se mueven en el mismo mundo suburbano estadounidense que ya conocemos muy bien, incluso en películas de temáticas similares como la mencionada “Superbad” o “Booksmart” (2019), además de otras comedias de Point Grey, productora de Rogen y Goldberg, como “Neighbors” (2014) y “Blockers” (2018). Es un ambiente sobre explotado en la comedia y ya se está volviendo aburrido.

Sin embargo, todos estos elementos en que la película se cae no alcanzan a arruinar su inteligencia, gracia y honestidad. En vez de ser una simple comedia tonta sobre niños que quieren dar un beso, “Chicos Buenos” va más allá, reflexionando sobre la naturaleza de los lazos que nos unen con nuestros amigos, y se podría ubicar cómodamente en el canon de cine coming-of-age estadounidense.


Título Original: Good Boys

Director: Gene Stupnitsky

Duración: 90 minutos

Año: 2019

Reparto: Jacob Tremblay, Keith L. Williams, Brady Noon, Molly Gordon, Midori Francis, Josh Caras, LilRel Howery, Millie Davis, Chance Hurstfield, Enid-Raye Adams, Lina Renna


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