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Lo Mejor de Mí

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Qué fácil es caer rendidos ante la magia del amor eterno. La cursilería, si se quiere. El arte masivo construye imaginarios que provocan suspiros en los sentimentales y anticuerpos en aquellos más exigentes. Dentro de ese campo encontramos a sujetos que van desde Ricardo Arjona a Nicholas Sparks, gente por las cuales no se puede tener impresiones intermedias: o se aman, o ni siquiera se alcanzan a tolerar. Más allá de la calidad de su aporte creativo, cuentan con un público furiosamente fiel que los resguarda en la cima del éxito. En el caso de Sparks, es asunto de contabilizar todos los best sellers bajo su brazo y sus respectivas adaptaciones al cine. Quién no ha oído de “The Notebook” (2004), para empezar.

THE BEST OF ME 02Dawson (James Marsden) y Amanda (Michelle Monaghan) se conocieron en la secundaria; ella decidida y de buena familia, él tímido y proveniente de un hostil ambiente. Enamorados, inician una linda relación, pero pronto sus diferencias los separan. Será veinte años después, para la muerte de un querido amigo mutuo, que se reencontrarán. Y desde luego, a pesar del tiempo transcurrido, los distintos rumbos que tomaron y las heridas abiertas, su amor continúa intacto.

Basada en la novela homónima de Sparks, “Lo Mejor De Mí” es una película que bastante poco puede hacer con un material original para el bostezo. Si bien peca de predecible y lenta, su defecto más funesto es el carácter insípido de la trama per se, lo que instiga cuestionamientos respecto al por qué se compraron los derechos del libro en primer lugar (la popularidad de su autor tendrá algo que ver). Dentro de los vastos universos atractivos donde se puede insertar una historia de amor, esta cuenta con los espacios más aburridos, personajes más sosos y las circunstancias menos apasionantes posibles. Es la chispa lo que se echa de menos, esa virtud extra que, por obligación, debe envolver un romance que pretende ser épico y sacar lágrimas.

THE BEST OF ME 01No sólo eso, sino que varias de las acciones que les suceden a los personajes cuentan con un sabor forzado que, como tal, sólo existen como excusa superpuesta para que algo importante ocurra, en vez de ser un eslabón coherente dentro de una construcción dramática orgánica. A la larga, esto de paso afecta a su verosimilitud, por lo que cuesta tomarla en serio. Gran parte de la película se presiente así: antojadiza y floja. Independiente de cuán melosa sea una obra, no significa que no pueda contar con algún elemento fresco que la mantenga vital, o lo suficientemente dramático como para conmover conforme se llega al clímax, sobre todo en una de este corte, donde el factor ensueño y emoción juega un rol esencial.

Por desgracia la dupla protagónica le hace honor a la historia, conformando un par descolorido incapaz de generar conexión con el espectador. Son las mujeres las que entregan una actuación más aceptable en sus respectivas representaciones de Amanda adolescente y adulta, lo que no es de extrañar, porque el personaje de Dawson es tan tedioso, que ni el más cuantioso cheque podría inspirar a un actor para interpretarlo con gracia. La química entre las parejas es igualmente dispar, siendo los jóvenes los que brindan un sentimiento algo convincente, en desmedro de Marsden y Monaghan, que jamás logran profundizar en el supuesto lazo imbatible que los une.

THE BEST OF ME 03Es también lamentable la falta de tacto cinematográfico que en esta ocasión entrega el realizador Michael Hoffman, desplegando un trabajo precario de planos y principalmente montaje. Cortes torpes y poco armónicos se suman a un letárgico ritmo que aniquila cualquier posibilidad de fijar la atención en lo que está pasando; el manejo de edición más bien parece realizado por una mano carente de experiencia y, peor aún, de alguien que apenas tiene interés por darle brillo a lo que está narrando. Difícil disfrutar un trabajo donde se puede percibir la falta de compromiso de sus realizadores o, en su defecto, el nivel de su desempeño es tan bajo que esa es la sensación que dejan.

Ver este film es como degustar un plato desabrido o estudiar con dolor de cabeza: cada segundo que pasa es un sacrificio y sólo se anhela por terminar pronto. Virtualmente no aparecen puntos altos en un producto que, inserto dentro de su nicho sensiblero, tiene como único fin llegar al corazón de quien le consume, y en la realidad cumple con asegurar una agradable siesta. No funciona, no toca ningún nervio y cuenta con una duración demasiado extensa para su accidentado tempo. Ni siquiera es un tema de gustos personales, o de mayor o menor paciencia hacia el romance fácil, es tan simple como el resultado de una historia que no merecía ser llevada a la pantalla grande en primer lugar.

Por María José Álvarez

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Cine

David Lynch: The Art Life

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David Lynch: The Art Life

A través de su filmografía, y con el reciente regreso de “Twin Peaks”, David Lynch ha demostrado ser uno de los autores más prolíficos y complejos de las últimas décadas. Desde su primer largometraje, “Eraserhead” (1977), que su imaginario significa entrar a mundo de sensaciones donde representaciones visuales de la psiquis se vuelven tangibles. Debido a lo intrincado que podría ser su forma de narrar, experimentar su obra exige conectar con lo sensorial, pues su trabajo busca crear reacciones y evocar emociones. El director de “Blue Velvet” (1986) y “Mulholland Dr.” (2001) ha sido capaz de construir un estilo reconocible gracias las características que su obra comparte, en un estilo vago e incierto, pero envolvente, donde lo inexplicable convive con personajes que se ven atrapados en mundos complejos.

Dirigido en una colaboración entre Rick Barnes, Jon Nguyen y Olivia Neergaard-Holm, el documental “David Lynch: The Art Life” se centra en el trabajo artístico pictórico del cineasta, mientras se va creando un relato autobiográfico de sus primeros años formativos y su acercamiento al arte, sirviendo como puente entre sus inicios en esta disciplina y sus primeras obras cinematográficas.

Las conversaciones de tres años entre los realizadores y el director estadounidense son condensadas en una hora y treinta minutos, en un relato íntimo en la voz del mismo Lynch. El hecho que sea construido como un monólogo produce una atmósfera más natural y cercana con el director, así también adjudicando un punto de vista donde el espectador sólo observa cómo se mezcla su creación artística y su biografía. La voz en off de Lynch se hace omnipresente en un montaje que mezcla al artista trabajando en sus obras plásticas, en su estudio en Los Angeles –a veces acompañado de su pequeña hija, Lula– intercalando material biográfico como fotografías, videos de archivo y sus pinturas.

La autobiografía que acompaña el viaje visual habla de sus inicios, vida familiar, la relación con sus padres y cómo su influencia inevitablemente ayudó a formar su primera relación con al arte, siendo capturado por esta disciplina cuando decide mudarse a Filadelfia, donde pudo estudiarlo de manera profesional. Y es a través de todas estas experiencias e historias acumuladas que se juntan para inspirar gran parte de su trabajo, y cómo en el proceso de absorber, internalizar y plasmar se ha moldeado un imaginario enigmático y surrealista.

Claramente el foco de este registro documental está puesto en sus creaciones plásticas, concebidas a partir de distintos materiales y mezclando técnicas pictóricas que le dan la libertad de crear pequeños universos, en cuadros que perfectamente podrían ser sacados de alguna de sus películas. Por otra parte, los realizadores utilizan estas obras en el montaje no tan sólo como un apoyo visual, sino también para poder crear pequeños episodios visuales que enfatizan los relatos en off, y utilizando los textos que el mismo Lynch incorpora en sus cuadros, se destaca el estado emocional del relato. Por último, el uso de stop motion le agrega un dinamismo a la narración, haciendo de estas obras pequeñas escenas de la vida del artista, donde algunas de ellas contienen personajes que parecen atrapados en distintas realidades.

Este documental termina siendo un estudio del autor en un estado mucho más primitivo, además de una exploración íntima, donde se logra ver el mundo a través de sus ojos y se puede conocer con frescura una etapa de descubrimiento y creación artística. No es un retrato biográfico de principio a fin, tampoco se centra en una obra en particular, sólo es un acercamiento a procesos creativos desde una mirada de total naturalidad y comodidad por parte del cineasta.

Para entender el universo interior de David Lynch, y posteriormente apreciar con mayor profundidad su trabajo, es importante considerar todos los aspectos y los procesos de creación que lo han llevado a posicionar su nombre y ser poseedor de un estilo particular y reconocible. Así, este documental logra dar a conocer ese otro aspecto del cineasta, un lado que tiene relación con su configuración estética. Se vuelve importante conocer y revisar su filmografía, no necesariamente para poder entender este relato –sólo se cita a sus primeros cortometrajes y las primeras etapas de producción de “Eraserhead”–, aunque sí puede servir como complemento para enriquecer este acercamiento diferente y privado.


Título Original: David Lynch: The Art Life

Director: Jon Nguyen

Duración: 88 minutos

Año: 2016

Reparto: David Lynch, Documental

 


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