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Leontina

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El documental “Leontina” ha sido planteado como un relato íntimo acerca de la inmensidad del amor y la soledad en la tercera edad. En efecto, a través del mismo, es en la vida de la propia abuela del director en la cual seremos introducidos, acercándonos a la etapa de vejez por la que atraviesa y encontrándonos por medio de ella no tan sólo con un homenaje a la figura de esta anciana, sino que además con una serie de situaciones clave acerca de la eterna problemática humana sobre el futuro y los posibles temores que el mismo conlleva.

De esta manera, esta realización en formato documental no sólo nos introduce en el testimonio actual de la vida de Leontina (la octogenaria abuela del realizador), sino que retrata junto con ello, las huellas que el avance del tiempo denota haber dejado tanto en su cuerpo como en su historia, además de la idea de cómo el paso de los años hará inevitablemente mella en cada uno de nosotros. El habitar actual de esta anciana en el sur de Chile, sola y sin ningún miembro de su familia como compañía, evidencia la triste realidad a la cual suelen enfrentarse, tarde o temprano, muchos de los miembros más longevos de nuestra sociedad.

En cuanto al peso de la memoria de la propia protagonista de esta cinta, la misma será sin duda fundamental para el desarrollo argumental de la historia. Advertencia de ello es, por ejemplo, la configuración de los primeros encuadres del metraje, en los que se nos mostrará a esta mujer de espaldas a la cámara, como si con ello pretendiera adelantarnos el hecho de que todo lo que estamos a punto de ver no es más que el recuento de una historia que le pertenece, y que conforma y da origen a lo que actualmente ella es.

Será así que con el relato en primera persona de la voz en off de Leontina, en conjunto con la presencia de fotografías de antaño y de antiguas costumbres y creencias, iremos ingresando de a poco en su mundo, para lograr finalmente develar su más lamentable y devastador recuerdo: el derrumbe de sus sueños producto de un accidente mortal. Desde allí, seremos capaces entonces de involucrarnos aún más en las motivaciones y miedos de Leontina, entendiendo también cómo ella, a sus avanzados 81 años, que aún parece dispuesta a sentirse optimista y alegre, pese a todo el dolor y el desgaste físico del que vamos siendo testigos.

Este contraste, entre una vejez solitaria y las ansias joviales de la protagonista, será representado también visualmente a lo largo de la cinta. El uso recurrente de primeros planos intimistas sobre la figura de esta anciana ajada por las décadas, en contraposición con una gran cantidad de planos generales y travellings evocando el desbordante ímpetu de la naturaleza sureña, será una de las maneras con las que Peters dejará de manifiesto la dicotomía, o más bien la coexistencia de los dos inmensos fenómenos humanos correspondientes a la vida y la muerte. Por otro lado, el filtro saturado a través del cual vemos cada una de las escenas que componen esta cinta, con un colorido que resulta a veces, incluso, exagerado, acompañará los días de Leontina como una muestra clave de la luminosidad con la cual ella misma va enfrentando ahora las últimas etapas de su existencia.

La manipulación del trabajo de cámara tendrá en “Leontina” primordial importancia. La constante presencia en pantalla de las manos de esta mujer mientras cocina, por ejemplo, no sólo se encuentra allí planteada como un indicio de las arrugas y manchas propias de la vejez presente en las mismas, sino que ayuda más que nada a fomentar las características que el realizador pretende destacar en la conformación de esta abuela suya. La insistente aparición de las mencionadas manos lavando, pelando y picando verduras en medio del vapor de las ollas, resulta necesaria en la construcción de su imagen en este relato, pues es en ellas en donde podemos encontrarnos con la estampa de la matriarca sureña y su alimento como sustento.

En “Leontina”, más allá del hecho de encontrarnos con un retrato personal y perteneciente a la vida familiar de este director, parece preciso destacar la maestría con la que finalmente Peters consigue involucrar a la audiencia en una historia que, a todas luces, pudiese parecernos indiferente. La vida actual de una desconocida y solitaria abuela llevada a la gran pantalla, probablemente no parezca seductora en lo más mínimo, por lo que sorprende (y gratamente) el hecho de poder enfrentarnos a la misma y conseguir dejarnos llevar sin culpas por medio de este relato honesto y humano, capaz de sensibilizarnos muy hondo con cada una de sus armoniosas y bien logradas aristas.

Por Macarena Bello

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1 Comentario

1 Comentario

  1. domi

    24-Ago-2012 en 10:07 pm

    Me diste ganas de verla.

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Cine

Star Wars: Los Últimos Jedi

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Star Wars: Los Últimos Jedi

Enfrentarse al desafío de continuar el legado de la magnánima franquicia de Star Wars, es un reto que no sólo debe tomarse con precaución, sino también con valentía. “Star Wars: Los Últimos Jedi” se posiciona en la cartelera con el camino bien pavimentado. Tras la sorpresiva aparición de “The Force Awakens” (2015) y el arrollador éxito de “Rogue One” (2016), el episodio ocho tiene por desafío mantener (y elevar) la barra de calidad que sus dos antecesoras han cimentado. Así como sus protagonistas tienen la responsabilidad de hacerse cargo del lado luminoso y oscuro de La Fuerza, esta película tiene como meta no sólo entretener y dar taquilla, sino cambiar el paradigma con el cual la saga se ha abordado en sus cuarenta años de historia.

La película retoma donde nos dejó el episodio VII. La primera orden ha destruido a la nueva República y, a pesar de haber perdido la base Starkiller, su superioridad militar respecto a la resistencia deja a los rebeldes al borde de la desaparición. Por otro lado, la chatarrera sensible a La Fuerza, Rey (Daisy Ridley), intenta traer de vuelta a la resistencia al legendario y deprimido Jedi, Luke Skywalker (Mark Hamill). La paz en la galaxia pende de un hilo y las fuerzas de ambos bandos se jugarán todas sus cartas en un choque inevitable, del cual uno de los dos no saldrá bien parado.

La trama de “Los Últimos Jedi” no deja espacios para respirar. Juega a tres bandas argumentales que consiguen conjugarse con la armoniosa astucia que sólo Disney parece conocer: la tensa acción, la sensible introspección y la rápida comedia. Porque sí, “Los Últimos Jedi” encaja perfectamente en la efectiva fórmula de las películas de Marvel; un equilibrio eficaz entre el vértigo, la intimidad y el cómodo drama, todo condimentado con amplias dosis de risas fáciles. Gracias a esto, la trama planteada por el director y guionista, Rian Johnson, consigue avanzar rápidamente y no deja muchos momentos para la discusión (aunque después del análisis ciertas cosas no cuadran mucho). Aun así, la historia se hilvana perfectamente con la línea editorial planteada en “The Force Awakens”, o más bien consigue madurar esas directrices y las empuja hacia los límites que su cinética narrativa permite. El guion avanza en tres líneas narrativas que progresan con una lógica aceptable y que consigue sumergirnos en el suspenso, la intriga y, sobre todo, la sobretonal emoción que la película pretende ostentar.

Los personajes se dividen en dos grupos claramente definidos: la nueva generación y las antiguas leyendas. Finn (John Boyega) y Poe Dameron (Oscar Isaac), rostros habituales, encabezan cada uno un arco argumental cargado de tensión y contratiempos. Finn juega un papel fundamental en el desarrollo de la trama entre la resistencia/primera orden y, aunque sus acciones se delimiten más por el azar que por mérito propio, consigue desarrollar una historia funcional y sin vueltas muy complejas. Dameron, por otro lado, finalmente protagoniza la trama que se le debía desde el episodio pasado y, como comandante de la resistencia, se enfrenta a decisiones morales que conllevan a enfrentar un tópico recurrente en el universo Star Wars: la impetuosa juventud versus la sabiduría que da la experiencia ¿Qué es más necesario, mártires o líderes? Una reflexión que la franquicia había obviado y que, por fin, se materializa con orgánica eficacia en la trama del piloto más hábil de la resistencia.

Pero todo esto no es más que un acompañamiento para lo realmente interesante, Rey y Kylo Ren (Adam Driver), quienes se roban toda la atención del filme al ser, quizás, los personajes de la franquicia fílmica que mayor conexión tienen con La Fuerza. En este punto, Johnson consigue un sorprendente manejo del suspenso y la inmersión. Nos mantiene capturados durante toda la película en espera a ver cómo se resuelven las dudas planteadas en el episodio anterior y consigue cosechar un crecimiento, si bien no sobresaliente, al menos creíble de sus nuevos héroes. El manejo del misterio y la intriga en la trama de los dos sensibles a La Fuerza es el punto más destacado de esta historia, la cual no termina por sorprender, pero si consigue coherencia y solidez respecto a los personajes que construye. Rey evoluciona, con sentido y razón, pero sigue siendo un personaje plano y bidimensional, mientras que Kylo Ren no hace más que avanzar, a veces desde la puberta hipérbole, como el gran protagonista de la nueva franquicia.  Ambos son los indiscutibles líderes de esta nueva camada de películas, quienes, en distinta medida, mantienen con vida la ambigüedad que implica La Fuerza, la luz y el lado oscuro; lo correcto y lo necesario.

Por otra parte, es imposible obviar a las leyendas Luke Skywalker y Leia Organa (Carrie Fisher). La princesa cumple su rol como general y personaje de apoyo, mientras que Luke, en esta faceta decaída y cabizbaja, entrega una interesante interpretación como último y decadente maestro Jedi. En este punto vale la pena detenerse, pues Disney parece no tener escrúpulos en volver evidente su divorcio con el legado de George Lucas y continuar con su insípido manejo de los personajes clásicos. Los hermanos Skywalker tienen limitados momentos propios a lo largo del filme, pero, por cómo se les aborda, pareciera que cuarenta años de legado súbitamente han desaparecido en provecho de los nuevos protagonistas. Asimismo, los secundarios “de antaño” han desparecido casi por completo y sus participaciones son limitadas a la comedia y los gags. Una lástima.

En lo técnico la película es un acierto en todas sus áreas. Fotográficamente, la madurez de la saga salta a la vista. Diversos fotogramas nos entregas variadas metáforas visuales que nos hablan del mundo interno de los personajes, como la frustración que siente Luke o la soledad que rodea a Rey y Kylo. La música, a cargo del maestro John Williams, se empareja con el montaje y levantan escenas enteras, entregándonos un espectáculo de vértigo, suspenso y emociones.

Visualmente el filme es un éxito en justa regla. La brutal pericia de la post producción demostrada por LucasFilm en las dos entregas anteriores alcanza su peak en este momento, dando vida a mundos llenos de detalles (el caso de los planetas) y dotando de espectacularidad toda la marcialidad de la Nueva Orden. En terrenos espaciales, las batallas están logradas bastante bien y, aunque limitadas, divierten dentro de lo posible. En general los combates, espaciales y terrestres, no son el plato fuerte del filme (en comparación con la suprema “Rogue One”), no así las coreografías e intrépidas batallas de sables láser y similares, las cuales deslumbran gratamente. Esta es una película que visualmente envejecerá muy bien y cuyos méritos en ese apartado no pasan solamente por la solidez de sus efectos especiales, sino también por la clara sensibilidad detrás de su visión fotográfica y su armado de montaje.

“Los Últimos Jedi” finalmente se libera de la mochila que implica cargar con ocho películas en su espalda y, a la velocidad de la luz, emprende vuelo propio en pos de la nueva generación, tanto de héroes como de espectadores. Los tiempos han cambiado y así mismo lo han hecho las audiencias y los realizadores, por lo que es obvio que la narrativa de Star Wars mute hacia la sintonía de Disney y sus otras patentes: comedia fácil, villanos planos y héroes bidimensionales que coexisten en una trama de manual escrita por talentosos guionistas. Si “The Force Awakens” fue un evidente tributo a la trilogía original, “Los Últimos Jedi” toma limitados y puntuales elementos de la saga, les da identidad propia y consigue entregarnos algo jamás visto, nuevo y propio. Quienes esperen revisionar “The Empire Strikes Back” (1980), acá no la van a encontrar. La saga ha tomado su propia ruta y, salvo puntuales momentos, delimita un nuevo camino por el que continuará la franquicia; no hay vuelta atrás. El filme es el heredero perfecto para la línea editorial planteada en el episodio VII, la hija prodigio de la space opera de J.J. Abrams. Sea esto bueno o malo, sólo el tiempo lo dirá.


Título Original: Star Wars: The Last Jedi

Director: Rian Johnson

Duración: 152 minutos

Año: 2017

Reparto: Daisy Ridley, John Boyega, Adam Driver, Óscar Isaac, Mark Hamill, Carrie Fisher, Domhnall Gleeson, Benicio del Toro, Laura Dern, Gwendoline Christie, Kelly Marie Tran, Lupita Nyong’o, Anthony Daniels, Andy Serkis, Warwick Davis


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