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Cine

Las Plantas

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Reduciendo el umbral de exigencia, cualquier cosa tiene algo que decir. Y es que, filosóficamente si se quiere, incluso el no tener nada que aportar expresa algo. La presencia ausente del sentido permite, por tanto, encontrar material en los productos más cuestionables, expandiendo la generosidad de los parámetros artísticos. El dicho profesa que la belleza reside en los ojos que miran, lo que no deja de ser cierto como tampoco deferente en exceso. Entonces, ¿para qué nos esforzamos si hasta la negligencia de calidad es premiada como mero acto incomprendido?

las-plantas-01Florencia (Violeta Castillo) es una adolescente que, con su madre hospitalizada y un padre ausente, debe hacerse cargo de su hermano que se encuentra en estado vegetal. Para distraerse de esta realidad, Florencia pasará el resto del tiempo leyendo una tira cómica, haciendo coreografías con amigos y explorando su sexualidad.

El título hace tanto referencia al cómic con el que Florencia se fascina, como a la caracterización alegórica de los personajes que componen el universo ficcional. Este concepto se pretende extrapolar desde el nombre de la protagonista, pasando por los diversos planos de vegetación, hasta el estado clínico del hermano. Autoproclamación de profundidad metafórica que no alcanza a roer la cáscara y que, por tanto, mantiene el cuerpo repleto de nada; es que con un guion tan pálido difícil es llenarlo de algo.

De qué trata la cinta, es la pregunta. Vale consultárselo a los mismos creadores que, juzgando por el vaguísimo resultado, parecieran compartir la curiosidad. A ver si sale algo de esto, por suerte o las-plantas-02defecto, habrán pensado. A ver si algún espectador ingenioso salta con alguna teoría rebuscada que le encaje y nos hace el trabajo. Cabe enfatizar en el uso justo de la representación del personaje común y corriente que también merece su espacio igual que aquella figura cinematográfica apasionante, pero el asunto es que Florencia no tiene nada bueno ni malo ni intermedio que ofrecer, no evoluciona ni involuciona. Sólo existe, deambula, realiza un par de acciones y se acabó la película.

Decisiones autorales que componen una ofensa al minimalismo, puesto que “Las Plantas” arranca desde la suposición de que el espectador estará interesado en la rutina de una muchacha que sufre de inexpresión crónica, y entonces salta la interrogante: ¿por qué habría de hacerlo? ¿Qué novedoso ofrece la cinta aparte de múltiples primeros planos de genitales masculinos? (superficial noción de transgresión, por cierto). Se mira –y aspira– a esa crudeza indiferente tan propia de la visión pragmática europea, proponiendo una performance de Castillo donde la contención actoral se vicia hasta tornarla fantasmagórica. En efecto, la obra completa parece la conjunción de los fetiches de su director en vez de un trabajo pensado para compartirlo con el mundo.

El discurso está, porque todo comunica algo, incluso una página en blanco. Coartada entregada en bandeja para este tipo de obras, que lógicamente se amparan en la premisa académica de que todo es las-plantas-03discurso para filmar irrelevancias. Es que es cine intimista, por supuesto, y la culpa es nuestra por no traducir los códigos. Qué fácil es castigar al cine chileno en presencias de filmes como este. Qué fácil es apuntar con el dedo a cierto nicho pasado a esnobismo post-moderno, donde la exposición del elemento más azaroso es justificada con ensayos intelectualoides.

De positivo, un par de planos bellamente fotografiados. Y en relación a esto, es probable que lo más logrado del largometraje sea el trabajo visual; con una fotografía gélida y grisácea que acompaña el ambiente desolado de Florencia, y un trabajo de cámara que persevera en su idea de mantener la distancia con lo que se está mostrando. De identidad local ni hablar, eso ni siquiera se asoma por el horizonte, “Las Plantas” podría ser una producción húngara y nada delataría lo contrario (porque, de nuevo, Europa es la brújula). Relato somnífero que confunde lo frágil con lo volátil y la simpleza con el vacío. Como llegó, se fue.

Por María José Álvarez

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Cine

David Lynch: The Art Life

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David Lynch: The Art Life

A través de su filmografía, y con el reciente regreso de “Twin Peaks”, David Lynch ha demostrado ser uno de los autores más prolíficos y complejos de las últimas décadas. Desde su primer largometraje, “Eraserhead” (1977), que su imaginario significa entrar a mundo de sensaciones donde representaciones visuales de la psiquis se vuelven tangibles. Debido a lo intrincado que podría ser su forma de narrar, experimentar su obra exige conectar con lo sensorial, pues su trabajo busca crear reacciones y evocar emociones. El director de “Blue Velvet” (1986) y “Mulholland Dr.” (2001) ha sido capaz de construir un estilo reconocible gracias las características que su obra comparte, en un estilo vago e incierto, pero envolvente, donde lo inexplicable convive con personajes que se ven atrapados en mundos complejos.

Dirigido en una colaboración entre Rick Barnes, Jon Nguyen y Olivia Neergaard-Holm, el documental “David Lynch: The Art Life” se centra en el trabajo artístico pictórico del cineasta, mientras se va creando un relato autobiográfico de sus primeros años formativos y su acercamiento al arte, sirviendo como puente entre sus inicios en esta disciplina y sus primeras obras cinematográficas.

Las conversaciones de tres años entre los realizadores y el director estadounidense son condensadas en una hora y treinta minutos, en un relato íntimo en la voz del mismo Lynch. El hecho que sea construido como un monólogo produce una atmósfera más natural y cercana con el director, así también adjudicando un punto de vista donde el espectador sólo observa cómo se mezcla su creación artística y su biografía. La voz en off de Lynch se hace omnipresente en un montaje que mezcla al artista trabajando en sus obras plásticas, en su estudio en Los Angeles –a veces acompañado de su pequeña hija, Lula– intercalando material biográfico como fotografías, videos de archivo y sus pinturas.

La autobiografía que acompaña el viaje visual habla de sus inicios, vida familiar, la relación con sus padres y cómo su influencia inevitablemente ayudó a formar su primera relación con al arte, siendo capturado por esta disciplina cuando decide mudarse a Filadelfia, donde pudo estudiarlo de manera profesional. Y es a través de todas estas experiencias e historias acumuladas que se juntan para inspirar gran parte de su trabajo, y cómo en el proceso de absorber, internalizar y plasmar se ha moldeado un imaginario enigmático y surrealista.

Claramente el foco de este registro documental está puesto en sus creaciones plásticas, concebidas a partir de distintos materiales y mezclando técnicas pictóricas que le dan la libertad de crear pequeños universos, en cuadros que perfectamente podrían ser sacados de alguna de sus películas. Por otra parte, los realizadores utilizan estas obras en el montaje no tan sólo como un apoyo visual, sino también para poder crear pequeños episodios visuales que enfatizan los relatos en off, y utilizando los textos que el mismo Lynch incorpora en sus cuadros, se destaca el estado emocional del relato. Por último, el uso de stop motion le agrega un dinamismo a la narración, haciendo de estas obras pequeñas escenas de la vida del artista, donde algunas de ellas contienen personajes que parecen atrapados en distintas realidades.

Este documental termina siendo un estudio del autor en un estado mucho más primitivo, además de una exploración íntima, donde se logra ver el mundo a través de sus ojos y se puede conocer con frescura una etapa de descubrimiento y creación artística. No es un retrato biográfico de principio a fin, tampoco se centra en una obra en particular, sólo es un acercamiento a procesos creativos desde una mirada de total naturalidad y comodidad por parte del cineasta.

Para entender el universo interior de David Lynch, y posteriormente apreciar con mayor profundidad su trabajo, es importante considerar todos los aspectos y los procesos de creación que lo han llevado a posicionar su nombre y ser poseedor de un estilo particular y reconocible. Así, este documental logra dar a conocer ese otro aspecto del cineasta, un lado que tiene relación con su configuración estética. Se vuelve importante conocer y revisar su filmografía, no necesariamente para poder entender este relato –sólo se cita a sus primeros cortometrajes y las primeras etapas de producción de “Eraserhead”–, aunque sí puede servir como complemento para enriquecer este acercamiento diferente y privado.


Título Original: David Lynch: The Art Life

Director: Jon Nguyen

Duración: 88 minutos

Año: 2016

Reparto: David Lynch, Documental

 


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