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Las Horas Más Oscuras Las Horas Más Oscuras

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Las Horas Más Oscuras

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Con evidente afinidad por los dramas de época bélicos, Joe Wright ha construido una estable carrera cinematográfica enfocándose principalmente en la representación de los humanos como entes tan sentimentales y fuertemente afectados por sus circunstancias. Siendo lo anterior uno de los toques principales del realizador inglés, con especial atención a los detalles y una pulcra construcción de atmósferas llenas de significado, son “Pride & Prejudice” (2005), “Anna Karenina” (2012) y especialmente “Atonement” (2007) sus más sobresalientes producciones. Si bien, anteriormente exploró el género biográfico con “The Soloist” (2009), basado en una historia sobre un periodista que descubre a un talentoso músico viviendo en la calle, por primera vez se desafía inmiscuyéndose en uno de los pasajes más oscuros de la historia mundial, a través de la figura política y personal de Winston Churchill.

Durante la II Guerra Mundial, Winston Churchill (Gary Oldman) es nombrado Primer Ministro Británico, en una desesperada movida por recuperar el poderío de Gran Bretaña frente al avance de la Alemania Nazi. Luchando no sólo por el bien de su país, sino que también frente a sus detractores y la oposición, el político se verá enfrentado a sus más duros miedos en mayo de 1940.

Una cronología de hora y de días, un reloj apremiante y decisiones con los segundos contados; así se arma este relato que funciona al son de un péndulo ausente, provisto con tanta firmeza como delicadeza en su desarrollo. Un poco como lo que se hizo en “Dunkirk” (2017), el cual fácilmente podría funcionar como un crossover debido a la temática de la operación Dinamo, que tiene un rol importante al tercer momento de este filme. Porque es el peso de una nación que cae en hombros de un individuo en constante lucha contra el reloj.

Este personaje, un Churchill experimentado que infunda extrañeza y causa algo de miedo, es sin duda la esencia de esta película. Llevado a la vida por un Gary Oldman realmente excepcional, en una actuación magnánima, perfecta y sublime, la que nos acompañará por las más de dos horas que dura la cinta. Realmente, el excelso nivel de maquillaje, prótesis y efectos, lo transforman en otra persona completamente diferente, la que, si no fuera por los ojos y porque tenemos conocimiento de quién es, podría ser difícil de distinguir a simple vista.

Oldman lleva desde hace más de dos décadas una excelente carrera, que lo mantiene en lo más alto del profesionalismo, dedicación y talento de los actores de Hollywood, con la encarnación perfecta de personajes únicos, que son queridos no sólo por sus construcciones en papel, sino porque son encarnados con tanta maestría, que, pese a que son movidos por la misma persona, se sienten únicos y frescos. Y en este caso, Churchill es uno de ellos.

Debido a que es una historia de drama político y de guerra, es esencialmente el género “humano” el que encierra el mayor acierto de la producción porque la extensión de la cinta, sumado a lo potente de la trama histórica, puede resultar en ciertos momentos algo pesado y difícil de seguir. Pero la atención al lado más sensible y, finalmente, real del personaje en cuestión es sin duda un motivo enérgico, audaz y que pone a una figura exaltada al mismo nivel de cualquier mortal. Esta exploración está realmente muy bien lograda.

Con una fotografía apropiada y una mezcla de sonido que no se queda atrás, “Las Horas Más Oscuras” se presenta como un clásico instantáneo en su género. Pese a que siempre se mira con recelo a las películas cuya visión direccional es claramente patriótica, en ningún momento fuerza a tomar la misma posición que el realizador, sino que permite establecer composiciones de total libertad para el espectador, porque su desarrollo está tan bien armado, que no es necesario obligar impresiones o estados de ánimo. Y eso se agradece desde la primera escena de la recreación de la Cámara de los Comunes del Reino Unido.

Un pseudo biopic fuerte, penetrante; un relato de poder, inteligencia y valor, pero también de debilidad y aprendizaje. Llevado con la maestría inigualable del gran Gary Oldman, “Las Horas Más Oscuras” es una suma a lo más destacado de la filmografía de Wright, y a lo que el género de drama político sobre la II Guerra Mundial concierne.


Título Original: Darkest Hour

Director: Joe Wright

Duración: 125 minutos

Año: 2017

Reparto: Gary Oldman, Ben Mendelsohn, Kristin Scott Thomas, Lily James, Stephen Dillane, Richard Lumsden, Philip Martin Brown, Brian Pettifer, Tom Ashley, Jordan Waller, David Olawale Ayinde


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Midsommar

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Midsommar

“Midsommar”, el segundo largometraje de Ari Aster, logra reafirmar un estilo particular de dirección para abordar el terror. A diferencia de “Hereditary” (2018), su película anterior, aquí la idea de la ritualidad es abarcada desde una puesta en escena que ya no es oscura y nocturna, sino que totalmente iluminada para transmitir una idea pureza y virginidad.

Dani (Florence Pugh) es una joven estudiante que acaba de sufrir el fallecimiento de su hermana y de sus padres. Christian (Jack Reynor), su pareja, es el único lazo que la contiene frente a sus constantes crisis, pero la relación de ambos se encuentra en un momento de inestabilidad. Dani se entera por el grupo de amigos de él de que viajarán todos juntos a Suecia, donde se celebrará un evento especial de la comunidad a la que uno de ellos perteneció. Por compromiso, Christian decide invitarla. Entregados a admirar y participar de este festival de verano, al poco tiempo son testigos de rituales que son a lo menos duros de mirar, y de los cuales inevitablemente se van volviendo parte, hasta convertirse en pilares fundamentales de la celebración.

La construcción de esta historia gira en torno a lo desconocido y lo ajeno que resulta para los personajes todo lo que está por ocurrir en esta semana de festividad de acuerdo a las creencias de los mismos participantes. Sin embargo, estas son mostradas con antelación al espectador, por lo que el desarrollo de la película no estaría marcado precisamente por la sorpresa de los acontecimientos, y más bien se avanza a través de ella como compañeros de su protagonista, interpretada por Florence Pugh, quien encarna perfectamente a este personaje atormentado y confundido, siendo parte de un universo que no entiende, pero del que se sumerge casi sin darse cuenta.

Si bien, el guion juega con darle un carácter de “cultural” o una justificación religiosa a las acciones de sus antagonistas –ya que los mismos personajes mantienen la intención de una investigación antropológica–, no profundiza en ello, para así dejarnos principalmente con la sensación de terror frente a imágenes crudas que no pueden ser fácilmente entendidas por quienes no somos parte de esa espiritualidad, la que, a su vez, pareciera tener un futuro ya predeterminado.

Ari Aster crea así una atmósfera de ensoñación acorde a los estados de sus personajes, drogados con las pócimas, la belleza del lugar y lo extraño de los distintos acontecimientos. El Midsommar es representado desde la dirección de arte a través de un espacio que se presenta como pulcro y perfecto, con los colores cálidos del verano y el colorido de las flores. La fotografía, por su parte, forma una especie halo blanco que remite a un lugar paradisíaco, bañado con la luz del sol, el que se distorsiona de manera interesante en ciertos momentos para enfatizar un estado mental abierto a “la influencia”.

La calidad en las distintas áreas técnicas del cine del director logra formar una pieza de valor artístico que es sin duda un aporte para el género de terror, sin embargo, si bien aquí de todas maneras juega con elementos de suspenso a través de la música o sus movimientos de cámara, “Midsommar” no resulta una película que deje con una sensación constante de demasiado miedo ni terror, sino más bien de una espera frente a lo que está por venir y una contemplación constante.

Conociendo a grandes rasgos los elegantes mecanismos técnicos que le dan a Aster un carácter de autor al que vale la pena seguir el rastro, su tercer filme exigirá dar un paso más allá respecto de cómo abordar situaciones “terroríficas”, donde quizás su mayor desafío sea el de seguir mezclando una buena historia de terror o suspenso con una hermosura de imágenes y sonidos que le den otra capa de profundidad o, al menos, algún tipo de cuestionamiento de la misma, y así poder ver las dos caras de la moneda, es decir, poder percibir lo “especial” que ve el antagonista respecto a eso que a nosotros nos da terror. En este sentido, no remitirse al susto exclusivamente por lo brutal e inesperado, sino que enlazarlo con una mirada artística, que necesite cada vez menos sustentarse en los clichés, continuando también con una construcción de personajes y dirección de actores impecable, que puedan transmitirnos una historia completamente ajena al espectador, pero a la vez cercana y posible.

“Midsommar” resulta una película que aborda el terror desde un interés cercano a la antropología, que, al igual que “Hereditary”, explora la idea del ser parte de una comunidad con ciertas creencias y tradiciones que ya tienen un plan establecido para los protagonistas, y de los que ellos no están enterados, pero que, en el caso particular de esta cinta, propone crear un contraste entre prácticas brutales y una apariencia visual pura o virginal, idea que pudo haber sido explotada más profundamente para generar un impacto potente en el espectador, y que acá no se consigue del todo. De todos modos, cabe destacar que, en lo que va de su filmografía, Aster logra unas gloriosas escenas finales, que dejan con una sensación perturbadora e incómoda de, a pesar de todo, estar admirando algo realmente bello.


Título Original: Midsommar

Director: Ari Aster

Duración: 147 minutos

Año: 2019

Reparto: Florence Pugh, Jack Reynor, Will Poulter, William Jackson Harper, Ellora Torchia, Archie Madekwe, Vilhelm Blomgren, Julia Ragnarsson, Anna Åström, Anki Larsson


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