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Las Crónicas del Miedo

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Lo fascinante de las películas, radica en la complejidad del discurso que pueden entregar. La mayoría de los realizadores sólo rozan esta realidad, los buenos la tocan, y los genios la manipulan a su antojo. La cantidad de lecturas que se puede dar a una cinta, está determinada por la potencia de su VHS 01historia, la calidad de sus imágenes y la sinergia que generen estos dos elementos al fusionarse. Maravillosos accidentes o proyectos premeditados, controlados de forma minuciosa, al final el resultado es siempre intrincado, sólo hay que tener la voluntad para descifrarlo.

Pero ¿qué hacer cuándo no hay nada que descifrar? Es verdad, la oferta cinematográfica actual es monótona, estandarizada y exenta de todo riesgo, pero hasta el cine más mediocre ofrece algún mensaje interesante de rescatar. ¿O no es así? La duda surge ante un estreno como “Las Crónicas del Miedo”, otro título de terror que viene a llenar la lista de mediocres cintas de género que, al parecer, sólo buscan la taquilla fácil de un público que las prefiere.

Una pandilla se dedica a cometer crímenes y grabarlos para divertirse: violaciones, golpizas, robos, lo que les motive. Se les encarga robar una cinta VHS de una casa donde vive un anciano. En el lugar se dan cuenta que hay muchas iguales y deben ver una por una para elegir cuál es la que deben llevarse.

VHS 02La reproducción de las cintas nos presenta cinco historias de terror, al estilo del video casero o found footage, donde incluso se explora el formato del videochat. Ninguno de los personajes que se encuentran en los VHS tienen relación entre sí, no existe ningún hilo conductor entre ellos más allá del puramente formal, y cada uno explora algún cliché del género: monstruos, asesinos seriales, fantasmas, casas embrujadas y demencia, entre otros.

Cuesta reconocerlo, pero hasta ahí llega todo. No hay más que se pueda desarrollar acerca de “Las Crónicas del Miedo”. Hasta cierto punto se puede rescatar el estilo formal de la cinta, algo muy marcado en el género del terror, y que aquí se explota hasta el paroxismo. La cámara en mano transita por los formatos caseros, desde el dispositivo espía oculto en el marco de unos lentes, a la cámara web de un computador. Pero el hecho que no exista un hilo conductor, que las historias estén separadas entre sí, y que finalmente no haya consecuencias, implica una nula capacidad de provocar empatía. Los personajes no importan, y por ello tampoco la historia, ni los giros en la trama, ni los recursos para provocar miedo y, finalmente, la cinta en sí.

VHS 03En este sentido, ya es sorprendente haber desarrollado los cuatro párrafos anteriores sobre una película que no tiene sentido alguno, no se justifica, y no aporta nada. Sí, se puede argumentar que la película refleja una época dominada por el video casero y el formato tipo Youtube, donde con un simple clic saltas de un chiste a una noticia macabra, pasando por todos los formatos e historias que se puedan encontrar, pero hasta en ese ejercicio hay películas mejor logradas. Lo único que verdaderamente sorprende, es que este tipo de cintas sigan llegando a las salas chilenas, y que exista alguna persona que aguante completo su visionado sin pararse de la butaca para exigir la devolución de su dinero.

Por Juan Pablo Bravo

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Minari

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Minari

“Minari” exhibe, a través de un relato sencillo, la historia de una familia coreana que llega a fines de los años ochenta a Arkansas, Estados Unidos, buscando la oportunidad de progresar a través del cultivo de vegetales coreanos, con el fin de venderlos a la creciente comunidad de dicho país. Desde que llegan al terreno donde se ubica la nueva casa familiar, el padre se ve obligado a contagiar de su propio optimismo al resto de la familia, en especial a su esposa, quien no puede evitar mencionar detalles que en un principio parecen anunciar la ruptura de la visión idílica del nuevo hogar.

Dentro de lo que parece ser una caravana sostenida sobre pilares y ruedas, se construye con resignación el nuevo hogar. Los niños parecen aceptarlo y adaptarse, pero la madre parece extrañar la ciudad desde un principio. La abuela llega de Corea con el propósito de acompañar a sus nietos, pero principalmente a su hija, a quien le cuesta lidiar con la soledad que provoca el aislado lugar.

En este punto la historia se convierte más que el sueño de una familia, en la concreción de los planes que el padre quiere cumplir para probarse a sí mismo de que es capaz de reescribir su historia, y eso resulta bastante original en la trama, ya que da espacio para que los demás personajes puedan abordar sus propias inquietudes en paralelo a algo común como el éxito de un proyecto que tiene el potencial de mejorar las condiciones de vida que afecta a la familia. También se percibe la necesidad de la madre no sólo de sacar adelante a sus hijos, sino que también de integrarse a una comunidad o, a lo menos, recuperar partes de su vida pasada, y con una poco convencional abuela ayudando a su nieto en la lucha silenciosa por superar sus propios límites.

El eje del conflicto de “Minari” se centra en la relación del matrimonio, que comienza a dar las primeras señales de un problema más profundo a través de los diálogos que se refieren a decisiones del pasado, cuyas consecuencias parecen situarse con más fuerza en el presente. Esto es justamente lo que coloca una mayor presión en el resultado de la cosecha, convirtiéndose en un acontecimiento decisivo, ya no sólo para mejorar las condiciones económicas de la familia, sino que también para evitar el desencanto definitivo de su mujer. Si bien, la premisa es bastante sencilla, la clave parece ser la naturalidad con la que transcurre la historia, y en este sentido no es necesario saturar al espectador de explicaciones o diálogos para imaginarse el camino por el que transitó la familia para llegar hasta ahí y lo que verdaderamente está en juego.

La película tiene varios elementos dramáticos, pero van develándose progresivamente, evitando la sensación de agobio que podría provocar este tipo de enfoque. En este sentido, aparte del conflicto principal constantemente presente, los acontecimientos cotidianos logran elaborar una construcción sólida de las características de los personajes y consiguen que el espectador empatice y, por momentos, se divierta con lo que sucede. El problema se presenta al mostrar las emociones de los personajes, ya que no se alcanza a profundizar en ellas, tornándose superficial a ratos en este aspecto. Esto lleva a que se vea un poco caricaturizada la figura de la abuela y que los sentimientos entre el matrimonio sólo se manifiesten en las partes en que discuten, mostrándose en las demás escenas su relación como en una especie de piloto automático. El intento de integración a la comunidad se anuncia como algo relevante, que termina por no tener ningún impacto, quedando como un antecedente más que hubiera sido interesante conocer.

En otras destacadas películas coreanas, el elemento metafórico también ha rodeado la trama, tal como se observa por medio de la piedra en “Parasite” (2019) y el palo de golf en Bin-Jip” (2004). En el caso de “Minari”, Lee Isaac Chung incorpora un vegetal que, según entienden los mismos protagonistas, renace aún más fuerte después de morir, lo que deja entrever una luz de esperanza, pese al último acontecimiento que golpea a la familia. La planta también crece y se afirma en un lugar improbable, reflejo de la fortaleza de la acción de emigrar a una cultura absolutamente diferente, que en esta historia se transmite por el esfuerzo culminante para lograr el anhelado sueño americano que parece acercarse y alejarse en distintas ocasiones.

En definitiva, el mérito de “Minari” no se encuentra en la temática de fondo porque no es novedosa; se han hecho numerosas películas sobre inmigración que incluso muestran un camino mucho más sufrido. Lo que sí es posible destacar es la forma en que se exhibe la historia, dando un espacio a todos los personajes y mezclado una situación que puede parecer desesperanzadora con situaciones cómicas, dando un respiro a la trama, y la aparición de la abuela es clave para este fin, convirtiéndose poco a poco en un personaje que posiblemente será capaz de quedar en la mente de los espectadores. Estos elementos compensan el hecho de que las emociones no alcancen a tocar del todo a los personajes y pone el foco en el curso de la historia, que se acelera de forma muy efectiva en el desenlace, terminando en un excelente final.


Título Original: Minari

Director: Lee Isaac Chung

Duración: 115 minutos

Año: 2020

Reparto: Steven Yeun, Han Ye-ri, Youn Yuh-jung, Alan S. Kim, Noel Cho, Will Patton, Scott Haze, Eric Starkey, Esther Moon, Tina Parker, Darryl Cox

 


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