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La Visita

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Si el cine es solamente entretención, o el medio de expresión artística más complejo inventado hasta el momento, es una discusión que no parece tener acuerdos, ni menos solución. Mientras algunas obras apuntan exclusivamente al primer aspecto, y otras tratan de innovar como sea, la mayoría de las películas se asientan dentro de un espectro de grises bastante amplio. “La Visita”, dirigida por el debutante Mauricio López Fernández, se acerca más al segundo aspecto, aunque a ratos le hubiese resultado mejor haber apuntado un poco más al centro.

LA VISITA 01A los pocos días de haberse muerto su esposo, Coya (Rosa Ramírez), una empleada doméstica, recibirá la visita de su hijo, Elena (Daniela Vega), recientemente asumido como transexual. La aceptación de Elena será uno más de los problemas que comenzarán a apilarse dentro de la casa de Teresa y Enrique (Claudia Cantero y Paulo Brunetti), los jefes del hogar donde trabaja Coya.

Uno de los aspectos que destaca al poco andar, es la naturalidad con la que se trata la sexualidad de Elena. Probablemente planteado así desde el guión, la poca atención que el resto de los personajes entrega a un tema bastante tabú en el Chile actual, sirve el doble propósito de evitar exagerar un concepto complicado, al mismo tiempo que sugerir un soterrado cinismo.

Y es dentro de este mencionado cinismo, usado por casi todos los personajes como un efectivo método para evadirse de la realidad, que los miembros de la familia se van caracterizando lentamente: la madre cansada de su vida cotidiana; el marido ausente; la empleada hedonista y superficial; y el hijo menor que deambula por la casa como el silencioso testigo de la decadencia que LA VISITA 02se va apoderando de su familia. Es este último personaje, demasiado joven e inocente como para ser partícipe de la tensión imperante, el que parece ser el protagonista indirecto, especialmente porque todo el resto de sus familiares parecen tener sus puestos y roles tan definidos, que les resultan opresivos. Paseándose de pieza en pieza, el niño va experimentando una pizca de cada una de las vidas a su alrededor.

El foco de la historia, colocado en la decadencia de una familia acomodada y circunscrito a la residencia familiar, ayudado por estética fría, hace recordar la literatura de William Faulkner como inspiración, en una suerte de impresión nacional del gótico sureño norteamericano. Junto con esto, el énfasis puesto en los personajes y su arco dramático más que sobre una historia determinante, también son características que comparte “La Visita” con la obra del premio Nobel de literatura.

LA VISITA 03A pesar de contar con una construcción texturada de los personajes, la historia y el contexto sufren en comparación, conllevando, por ejemplo, un par de confusiones sobre los lazos familiares. Al mismo tiempo, muchas de las secuencias del relato funcionan bien como caracterización, pero no tanto como escenas en sí mismas, a veces resultando irrelevantes para la continuidad narrativa.

Dentro de su género, “La Visita” acierta en bastantes más aspectos que otros títulos similares estrenados a lo largo del año, pero la decisión de plantear la historia como un lienzo casi vacío, dejando que los personajes lo llenen a sus anchas, termina por quitarle cierto atractivo como película en sí misma. En otras palabras, la cinta es interesante y digna de análisis, pero quizás resulta un poco demasiado personal, e incluso huraña.

Por Lucas Rodríguez

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Midsommar

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Midsommar

“Midsommar”, el segundo largometraje de Ari Aster, logra reafirmar un estilo particular de dirección para abordar el terror. A diferencia de “Hereditary” (2018), su película anterior, aquí la idea de la ritualidad es abarcada desde una puesta en escena que ya no es oscura y nocturna, sino que totalmente iluminada para transmitir una idea pureza y virginidad.

Dani (Florence Pugh) es una joven estudiante que acaba de sufrir el fallecimiento de su hermana y de sus padres. Christian (Jack Reynor), su pareja, es el único lazo que la contiene frente a sus constantes crisis, pero la relación de ambos se encuentra en un momento de inestabilidad. Dani se entera por el grupo de amigos de él de que viajarán todos juntos a Suecia, donde se celebrará un evento especial de la comunidad a la que uno de ellos perteneció. Por compromiso, Christian decide invitarla. Entregados a admirar y participar de este festival de verano, al poco tiempo son testigos de rituales que son a lo menos duros de mirar, y de los cuales inevitablemente se van volviendo parte, hasta convertirse en pilares fundamentales de la celebración.

La construcción de esta historia gira en torno a lo desconocido y lo ajeno que resulta para los personajes todo lo que está por ocurrir en esta semana de festividad de acuerdo a las creencias de los mismos participantes. Sin embargo, estas son mostradas con antelación al espectador, por lo que el desarrollo de la película no estaría marcado precisamente por la sorpresa de los acontecimientos, y más bien se avanza a través de ella como compañeros de su protagonista, interpretada por Florence Pugh, quien encarna perfectamente a este personaje atormentado y confundido, siendo parte de un universo que no entiende, pero del que se sumerge casi sin darse cuenta.

Si bien, el guion juega con darle un carácter de “cultural” o una justificación religiosa a las acciones de sus antagonistas –ya que los mismos personajes mantienen la intención de una investigación antropológica–, no profundiza en ello, para así dejarnos principalmente con la sensación de terror frente a imágenes crudas que no pueden ser fácilmente entendidas por quienes no somos parte de esa espiritualidad, la que, a su vez, pareciera tener un futuro ya predeterminado.

Ari Aster crea así una atmósfera de ensoñación acorde a los estados de sus personajes, drogados con las pócimas, la belleza del lugar y lo extraño de los distintos acontecimientos. El Midsommar es representado desde la dirección de arte a través de un espacio que se presenta como pulcro y perfecto, con los colores cálidos del verano y el colorido de las flores. La fotografía, por su parte, forma una especie halo blanco que remite a un lugar paradisíaco, bañado con la luz del sol, el que se distorsiona de manera interesante en ciertos momentos para enfatizar un estado mental abierto a “la influencia”.

La calidad en las distintas áreas técnicas del cine del director logra formar una pieza de valor artístico que es sin duda un aporte para el género de terror, sin embargo, si bien aquí de todas maneras juega con elementos de suspenso a través de la música o sus movimientos de cámara, “Midsommar” no resulta una película que deje con una sensación constante de demasiado miedo ni terror, sino más bien de una espera frente a lo que está por venir y una contemplación constante.

Conociendo a grandes rasgos los elegantes mecanismos técnicos que le dan a Aster un carácter de autor al que vale la pena seguir el rastro, su tercer filme exigirá dar un paso más allá respecto de cómo abordar situaciones “terroríficas”, donde quizás su mayor desafío sea el de seguir mezclando una buena historia de terror o suspenso con una hermosura de imágenes y sonidos que le den otra capa de profundidad o, al menos, algún tipo de cuestionamiento de la misma, y así poder ver las dos caras de la moneda, es decir, poder percibir lo “especial” que ve el antagonista respecto a eso que a nosotros nos da terror. En este sentido, no remitirse al susto exclusivamente por lo brutal e inesperado, sino que enlazarlo con una mirada artística, que necesite cada vez menos sustentarse en los clichés, continuando también con una construcción de personajes y dirección de actores impecable, que puedan transmitirnos una historia completamente ajena al espectador, pero a la vez cercana y posible.

“Midsommar” resulta una película que aborda el terror desde un interés cercano a la antropología, que, al igual que “Hereditary”, explora la idea del ser parte de una comunidad con ciertas creencias y tradiciones que ya tienen un plan establecido para los protagonistas, y de los que ellos no están enterados, pero que, en el caso particular de esta cinta, propone crear un contraste entre prácticas brutales y una apariencia visual pura o virginal, idea que pudo haber sido explotada más profundamente para generar un impacto potente en el espectador, y que acá no se consigue del todo. De todos modos, cabe destacar que, en lo que va de su filmografía, Aster logra unas gloriosas escenas finales, que dejan con una sensación perturbadora e incómoda de, a pesar de todo, estar admirando algo realmente bello.


Título Original: Midsommar

Director: Ari Aster

Duración: 147 minutos

Año: 2019

Reparto: Florence Pugh, Jack Reynor, Will Poulter, William Jackson Harper, Ellora Torchia, Archie Madekwe, Vilhelm Blomgren, Julia Ragnarsson, Anna Åström, Anki Larsson


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