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Cine

La Entrega Inmediata

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Hollywood es una industria, y más que eso, es un microcosmos sustentado por el negocio del entretenimiento. Entre sus características como tal, está la posibilidad de incubar estrellas desde la más temprana edad, ya sea por padres deseosos de explotar el talento de niños que juegan más que actúan; o porque son hijos de los mismos trabajadores del show business. Uno de los (no tan) nuevos niños prodigios de Hollywood es Joseph Gordon-Levitt, quien ostenta una carrera extensa pese a su corta edad, desarrollando una interesante propuesta actoral en películas independientes que son cartel seguro en festivales tipo Sundance. Desde el éxito de “Brick” (2005) o “(500) Days Of Summer” (2009) ha participado en varios blockbusters, destacando su nombre en el cierre de la trilogía del Caballero de la Noche, y en “Looper” (2012). Sumado a esto, posee una productora independiente, y dirigirá su primer largometraje, que vería la luz en 2013. Era de esperar que el siguiente paso lógico fuera el de explotar una veta en la acción, como lo hizo junto a Bruce Willis en la antes mencionada cinta de ciencia ficción. Para efectos prácticos, “La Entrega Inmediata” es su primer protagónico en el género, y sale más que bien parado del experimento.

Wilee (Joseph Gordon-Levitt) es un ciclista que aborrece las oficinas y las corbatas tanto como ama su bicicleta de una velocidad y piñón fijo. Para evitar la monotonía de un empleo como abogado, se dedica a entregar correspondencia en Nueva York, donde prefiere la eficiencia, rapidez y libertad de acción sobre dos ruedas. Este joven vive sin peligros, más allá de los porrazos por malas maniobras, hasta que le toca entregar un sobre aparentemente inofensivo, que atrae el interés de un violento sujeto (Michael Shannon), que lo persigue y amedrenta por las calles de la Gran Manzana.

La apuesta de “La Entrega Inmediata” es original desde el comienzo, no sólo en su premisa, también en el tratamiento narrativo que propone. La estructura de la película, fragmentada e intencionalmente cronometrada, asume que se estará ante un relato ágil, vertiginoso, y que entregará pequeños paquetes de información según se sucedan los hechos. La construcción del guión, realizada sobre una tarde de trabajo “rutinario” de Wilee, hace pensar que este es el “pan de cada día” para un ciclista mensajero en Nueva York, lo que acentúa la sensación de incertidumbre y adrenalina. Más aún, la elección de Gordon-Levitt en el protagónico no es antojadiza, entregando un peso dramático al personaje, inusual a los registros planos e inexpresivos de los héroes de acción típicos de Hollywood. Junto a él, Michael Shannon, su antagonista, da la nota en un papel que le acomoda –como ya hemos visto en su personaje en la serie “Boardwalk Empire”-, el de maniático impredecible y de reacciones violentas.

Todo va sobre ruedas, hasta que la película “se baja de la bicicleta”, y no sólo en el sentido metafórico. Porque se pierde toda la fuerza que se gana en el primer tercio, cuando el protagonista se baja del vehículo, o cuando vemos las explicaciones (lamentablemente necesarias) que sustentan la trama, vale decir, el exacerbado interés por un sobre a todas luces común y corriente. Hay que reconocer que, en su premisa, la cinta es novedosa: traspasar las persecuciones desde la destrucción acostumbrada de choques automovilísticos, a la fragilidad de las bicicletas. Es ahí donde radica la fascinación por las entretenidas y muy bien logradas escenas de acción que combinan cámara lenta, tiempo congelado y el recurso de las “consecuencias posibles” según la decisión del personaje principal. La posibilidad de terminar bajo las ruedas de un camión o rebotando en el parabrisas de un taxi, o con un brazo o piernas destrozados, aumenta la sensación de inseguridad y hace que la historia no pierda interés.

Varios son los pecados que terminan sepultando proyectos de acción con una originalidad escasa en el género. “La Entrega Inmediata” comete dos graves: un pobre desenlace, y el desaprovechamiento de un antagonista que pintaba para robarse la película, pero que acaba por repetir los clichés de todos los bad guys. Estos dos errores se juntan en el final, demasiado simple para lo que ya habíamos visto, y con Michael Shannon perdiendo toda la fuerza que había ganado durante el metraje. En parte, es también culpa de la escenografía. Porque Nueva York termina por ser una ciudad tan amigable, después de tantos peligros y obstáculos que había puesto en la ruta. Quizás, y jugando a mezclar tramas, habría sido interesante que la ciudad totalmente corrupta de “Safe”, estrenada la semana pasada, se hubiera presentado acá. Así, seguramente, una simple bicicleta no habría bastado para salir airoso.

Por Juan Pablo Bravo

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Maléfica: Dueña del Mal

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Maléfica

El estreno de producciones animadas Disney en versiones live action ha traído discusiones frente a la real relevancia que dichas cintas tienen en el panorama actual. Y lo cierto es que la curiosidad de la audiencia asegura el éxito comercial. Sin embargo, el duplicado de estas producciones, dejando a un lado la originalidad de sus primeras versiones, obliga a recurrir a una expansión un poco más libre sobre la interpretación de los cuentos clásicos que inspiraron las obras del estudio. En este caso, el estreno de “Maleficent” en 2014 insinuó ciertos elementos que pretendían otorgar frescura a la reinvención de la malvada antagonista de “Sleeping Beauty” (1959).

Luego de varios años de los hechos ocurridos en la primera cinta, “Maléfica: Dueña del Mal” se centra en la relación que la oscura hada (Angelina Jolie) tiene con Aurora (Elle Fanning), luego de que esta anunciara su matrimonio con el príncipe Phillip (Harris Dickinson). La unión entre el reino y el páramo traerá rencillas entre humanos y hadas, poniendo a Maléfica y Aurora en lados opuestos para, a la vez, enfrentarse a un enemigo en común.

La primera cinta, con énfasis en la oscura hada, centraba su atención en cómo la traición forjaba las motivaciones de Maléfica, llevándola a actuar en venganza, siendo este su principal motor. La villana, que aparecía en la cinta original de 1959, se despojaba de un velo superficial, permitiendo escarbar entre sus profundas heridas y dejando entrever las razones para seguir con un plan trazado desde el momento en que se vio decepcionada con la raza humana.

Esta segunda parte deja a un lado la exploración de Maléfica hacia su pasado, concentrándose principalmente en su relación con Aurora y cómo juntas han mantenido la paz entre las criaturas del páramo y el reino de los humanos. Entre ellas se ha forjado un lazo cercano al de madre e hija, y los momentos retratados a solas dan cuenta de cómo su relación ha evolucionado y, al mismo tiempo, sitúa la urgencia cuando la paz que han construido se ve amenazada por el miedo y el poder de una fuerza externa que aparece temprano en el desarrollo del relato.

Una vez separadas, la cinta se toma el tiempo para explorar un lado más vulnerable de Maléfica, el que tiene relación con el origen de su raza y la forma en que la nueva conexión con los de su especie servirá como llama para encender una lucha interna que se veía apagada. Sin embargo, la exploración de aquel lado es trabajado de tal manera, que sólo la superficie es visible, pero no deja espacio para profundizar en cómo este descubrimiento realmente afecta a la protagonista, otorgando a la audiencia llenar ciertos espacios sólo gracias a las reacciones que el personaje tiene frente a ciertos estímulos.

La construcción visual del mundo ficticio donde habitan los personajes está basada principalmente en CGI, recurso que apoya la exploración de un mundo que sobreexplota colores y el diseño de algunas de las criaturas que habitan el lugar. El uso de imágenes creadas digitalmente está justificado frente al mundo de fantasía que se está presentando, pero, al mismo tiempo, su uso afecta visualmente la interacción entre humanos y criaturas, por lo tanto, es necesario entrar en este universo con ojos crédulos frente a lo que ocurre en pantalla.

Dirigida claramente para un público infantil, “Maléfica: Dueña del Mal” no reúne el mínimo compendio de características para sostenerse como una secuela necesaria, olvidando los elementos que le otorgaron frescura a su antecesora y fallando principalmente en la exploración de su protagonista, quien con sus apariciones no justifica la existencia de esta producción.


Título Original: Maleficent: Mistress of Evil

Director: Joachim Rønning

Duración: 118 minutos

Año: 2019

Reparto: Angelina Jolie, Michelle Pfeiffer, Elle Fanning, Ed Skrein, Chiwetel Ejiofor, Juno Temple, Sam Riley, David Gyasi, Lesley Manville, Imelda Staunton, Harris Dickinson, Jenn Murray


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