La Chica Sin Nombre

miércoles, 16 de agosto de 2017 | 11:57 pm | No hay comentarios

Título original:

La Fille Inconnue

Dirigida por:

Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne

Duración:

113 minutos

Año:

2016

Protagonizada por:

Adèle Haenel, Jérémie Renier, Olivier Bonnaud, Olivier Gourmet, Louka Minnella, Pierre Sumkay, Nadège Ouedraogo, Ben Hamidou, Thomas Doret, Fabrizio Rongione, Christelle Cornil

Si al hablar de un cine que logre retratar la sociedad europea sin ambigüedades, los hermanos Dardenne son los que aún se mantienen en la misma senda desde mediados de los 90, siendo su particular estilo visual su más fuerte característica al construir historias donde la moral y la ética se ponen en jaque, tal como lo viven los personajes que habitan en “Deux Jours, Une Nuit” (2014), o la simple idea de sobrevivir y encontrar un lugar en un mundo que se vuelve inhóspito, como lo representan los protagonistas de “L’enfant” (2005) y “Le Gamin Au Vélo” (2011).

“La Chica Sin Nombre” se centra en Jenny (Adèle Haenel), una joven doctora que, luego de un largo día de trabajo, decide no atender el timbre de su consultorio. Sin embargo, esta decisión cambiará su vida cuando se entera que aquel llamado correspondía a una joven que es encontrada muerta y sin identificación. Angustiada por este hecho, decide emprender la búsqueda de la identidad de la misteriosa mujer.

Se puede decir que en el cine de los hermanos belga los relatos se construyen alrededor de los personajes, pues a través de ellos se canalizan las ideas que hablan de la sociedad moderna y cómo estos tratan de sobrevivir en un sistema político y económico en particular. Estas son construcciones que exploran la naturalidad del diario vivir de una sociedad, donde ellos no ejercen el poder y sólo se ven afectados por los efectos colaterales de este, estableciendo una relación entre ellos y el espectador a través de la empatía y la identificación.

Jenny se presenta como la oportunidad de explorar otra arista dentro de la destacada narrativa de los directores, sirviendo casi como la observadora de una sociedad donde ella no se ve afectada directamente, pero que su entorno le exige tener consciencia e involucrarse en él. No es casualidad que ella sea una doctora altamente comprometida con su trabajo y sus pacientes, ya que es su responsabilidad social la que empujará su terquedad al máximo cuando se trata de ayudar al otro. Por lo tanto, la búsqueda que emprende sirve como pretexto para ayudar a alguien a quien ella negó aquel llamado valiéndose de su obstinación, dejando todo de lado con tal de cumplir sus objetivos.

Lo que parte como un drama centrado en un personaje, comienza lentamente a palpar elementos propios de un thriller policial, donde intrincados y sombríos detalles comienzan a florecer. Sin embargo, es sólo el intento de encasillar una historia donde el objetivo no es encontrar un asesino, acá la víctima es el centro de atención, sirviendo principalmente como pretexto para explorar la culpa y la exoneración –los grandes conceptos que viajan junto a Jenny– en una investigación por las calles de una ciudad que esconde tantos misterios como su víctima. Y será esta exploración la que saque a relucir los cuestionamientos de una sociedad moderna que aún debe lidiar y hacerse cargo de la diferencia de clases sociales y la inmigración. En este punto es donde más queda en evidencia el sello de sus autores, reflejando una comunidad sin engaños ni tapujos.

El centro de atención de la historia no sólo es representado por la construcción de su protagonista, el estilo visual de los directores también marca una presencia evidente, con una cámara tambaleante que sigue a los personajes en planos secuencia para evidenciar un naturalismo que los acerca a la realidad. Enfatizando en este retrato social moderno, la falta de música extradiegética crea esa sensación de proximidad, donde sólo el ruido ambiente es enfatizado, destacando cómo el sonido de teléfonos y timbres se vuelven una constante para sacar a la protagonista del letargo, casi en un constante llamado de atención. Este estilo natural que establece la narración obliga a que a ratos sea encauzado y fije nuevos rumbos, por lo tanto, algunos hechos podrían parecer forzados dada la casualidad con la que afectan la búsqueda de la protagonista, y que ponen en jaque toda la construcción narrativa que se estaba gestando. Se hace difícil disimular el aterrizaje forzoso de un relato que se pierde en su tercer acto, más aún después de planteamientos tan directos y necesarios en el panorama social actual.

“La Chica Sin Nombre” se puede considerar como una positiva nueva adición a la filmografía de los hermanos Dardenne, pero que, si se mira desde ese punto de vista, queda unos puestos más abajo dentro de lo más fuerte de su catálogo. Sin embargo, es innegable el marcado sello que exhibe y cómo presenta la oportunidad de plantear temáticas atingentes a través de la exploración y construcción de personajes insertos en una narración realista y a ratos desoladora.

Por Ángelo Illanes

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