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La Casa del Demonio

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Se dice que el cine de terror está estancado. ¿Es tan así en la realidad? No hay cómo discutir con el hecho de que ya deben ir cerca de diez años, o incluso más, desde que una cinta de este género se convirtiera en un clásico. Es que resulta realmente difícil armar un producto memorable y que pueda seguir manteniéndose relevante más allá de su fecha de estreno, cuando gran parte de su atractivo está en la primera reacción que suscite en el espectador; basta con pensar en si “The Blair Witch Project” (1999) sigue siendo interesante más allá de la anécdota. Dentro de este estanco, la mayoría de los esfuerzos que mejores resultados han conseguido, en cuanto a corte de boletos, en los últimos años se han limitado a lo ya probado, como es el caso con “La Casa del Demonio”.

DEMONIC 01El detective Mark Lewis (Frank Grillo) es llamado en la mitad de la noche para investigar unos extraños ruidos en una vieja casa abandonada y marcada por una siniestra reputación. Pero cuando los disturbios resulten provenir de una sesión de espiritismo realizada por cinco jóvenes, corresponderá al detective Lewis junto a su compañera, la doctora Elizabeth Klein (Maria Bello), reconstruir los sangrientos sucesos que llevaron a la muerte de casi todos los involucrados.

Hay que dejar una cosa clara antes de continuar: por muchos años que pasen, por muchos clichés que se repitan y tabúes que se rompan, una casa abandonada, mal iluminada, con una nefasta reputación y llena de reliquias antiguas empolvadas, siempre va a generar como mínimo un ambiente tenebroso. De esto hay de sobra en “La Casa del Demonio”, y mucho mejor tratado al dejar de lado la reciente tendencia de añadir “expertos” en lo paranormal a cuanta obra de terror que se filme. En el caso que nos concierne, el grupo de “expertos” son una pandilla de amigos (y algunos que no lo son tanto) con más curiosidad que experticia, y más hormonas que valor. Lo que llama la atención es que esta muy común premisa es complicada con una investigación policial, que no sirve más que como un pobre marco conceptual desde el cual narrar la historia.

DEMONIC 02Lo más probable es que esta decisión de alternar las escenas dentro de la casa embrujada en cuestión con las del efectivo policial, haya sido para dar los respiros necesarios y no abochornar al público con un susto tras otro. El problema es que se les pasó la mano: todo el tiempo dedicado al actuar de los policías resulta sumamente aburrido. A esto hay que sumarle una poco creíble labor de los agentes, quienes constantemente bordean la estupidez más absoluta a la hora de revisar la casa embrujada. Dejando esto de lado, el material concerniente a la investigación paranormal en sí misma logra dar con el tono adecuado en más de una ocasión. A pesar de que los sustos son en su gran mayoría logrados recurriendo a la treta más fácil y segura del mercado, todo esto se va amontonando efectivamente, apuntando hacia un desenlace digno de ver.

Desgraciadamente, cuando la resolución a la charlatanería en torno a brujería, espíritus y seres malditos por fin llega, decepcionante es poco decir. Un final abierto, que pusiera en duda todo lo visto hasta el momento, o incluso uno exagerado que gaste todos los cartuchos (como el que sí tuvo “The Conjuring”, por muy poco creíble que resultara) hubiera sido una mejor resolución que la escogida para “La Casa del Demonio”, ya que el director y su equipo optan por el peor síntoma de los tiempos que corren: el final abierto para una secuela. Y juzgando por lo exhibido en los últimos minutos de metraje, que horror de secuela que se avecina.

DEMONIC 03Este último punto puede que encierre más de una pista sobre la poca perduración que están teniendo las cintas de terror actuales. El concepto de las sagas descansa en gran medida en una historia larga que amerite un desarrollo más detallado o, en su defecto, personajes lo suficientemente memorables como para que se repitan en una entrega tras otra. Ninguna de estas suelen ser características de las películas de terror, más que nada debido a que la resolución del conflicto tiende a ser bastante definitiva y, en general, no muy alentadora para los personajes. Es bajo esta fórmula que el género ha visto aparecer engendros como “Actividad paranormal” que, por muy debatible que sea su calidad, distan bastante de lo que es una cinta de terror como tal.

Es por esto que una obra como “La Casa del Demonio”, que a ratos hasta puede parecer bien intencionada, termina generando hastío e incluso rabia al revelarse como un mero gancho comercial en busca de instalar una franquicia que expulse película tras película, empero de enfocarse en hacer las cosas bien de una vez por todas.

Por Lucas Rodríguez

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1 Comentario

1 Comentario

  1. lucas espinosa

    22-Jul-2015 en 7:11 pm

    que reseña mas ambigua. No se si ir a verla o no.

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Cine

David Lynch: The Art Life

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David Lynch: The Art Life

A través de su filmografía, y con el reciente regreso de “Twin Peaks”, David Lynch ha demostrado ser uno de los autores más prolíficos y complejos de las últimas décadas. Desde su primer largometraje, “Eraserhead” (1977), que su imaginario significa entrar a mundo de sensaciones donde representaciones visuales de la psiquis se vuelven tangibles. Debido a lo intrincado que podría ser su forma de narrar, experimentar su obra exige conectar con lo sensorial, pues su trabajo busca crear reacciones y evocar emociones. El director de “Blue Velvet” (1986) y “Mulholland Dr.” (2001) ha sido capaz de construir un estilo reconocible gracias las características que su obra comparte, en un estilo vago e incierto, pero envolvente, donde lo inexplicable convive con personajes que se ven atrapados en mundos complejos.

Dirigido en una colaboración entre Rick Barnes, Jon Nguyen y Olivia Neergaard-Holm, el documental “David Lynch: The Art Life” se centra en el trabajo artístico pictórico del cineasta, mientras se va creando un relato autobiográfico de sus primeros años formativos y su acercamiento al arte, sirviendo como puente entre sus inicios en esta disciplina y sus primeras obras cinematográficas.

Las conversaciones de tres años entre los realizadores y el director estadounidense son condensadas en una hora y treinta minutos, en un relato íntimo en la voz del mismo Lynch. El hecho que sea construido como un monólogo produce una atmósfera más natural y cercana con el director, así también adjudicando un punto de vista donde el espectador sólo observa cómo se mezcla su creación artística y su biografía. La voz en off de Lynch se hace omnipresente en un montaje que mezcla al artista trabajando en sus obras plásticas, en su estudio en Los Angeles –a veces acompañado de su pequeña hija, Lula– intercalando material biográfico como fotografías, videos de archivo y sus pinturas.

La autobiografía que acompaña el viaje visual habla de sus inicios, vida familiar, la relación con sus padres y cómo su influencia inevitablemente ayudó a formar su primera relación con al arte, siendo capturado por esta disciplina cuando decide mudarse a Filadelfia, donde pudo estudiarlo de manera profesional. Y es a través de todas estas experiencias e historias acumuladas que se juntan para inspirar gran parte de su trabajo, y cómo en el proceso de absorber, internalizar y plasmar se ha moldeado un imaginario enigmático y surrealista.

Claramente el foco de este registro documental está puesto en sus creaciones plásticas, concebidas a partir de distintos materiales y mezclando técnicas pictóricas que le dan la libertad de crear pequeños universos, en cuadros que perfectamente podrían ser sacados de alguna de sus películas. Por otra parte, los realizadores utilizan estas obras en el montaje no tan sólo como un apoyo visual, sino también para poder crear pequeños episodios visuales que enfatizan los relatos en off, y utilizando los textos que el mismo Lynch incorpora en sus cuadros, se destaca el estado emocional del relato. Por último, el uso de stop motion le agrega un dinamismo a la narración, haciendo de estas obras pequeñas escenas de la vida del artista, donde algunas de ellas contienen personajes que parecen atrapados en distintas realidades.

Este documental termina siendo un estudio del autor en un estado mucho más primitivo, además de una exploración íntima, donde se logra ver el mundo a través de sus ojos y se puede conocer con frescura una etapa de descubrimiento y creación artística. No es un retrato biográfico de principio a fin, tampoco se centra en una obra en particular, sólo es un acercamiento a procesos creativos desde una mirada de total naturalidad y comodidad por parte del cineasta.

Para entender el universo interior de David Lynch, y posteriormente apreciar con mayor profundidad su trabajo, es importante considerar todos los aspectos y los procesos de creación que lo han llevado a posicionar su nombre y ser poseedor de un estilo particular y reconocible. Así, este documental logra dar a conocer ese otro aspecto del cineasta, un lado que tiene relación con su configuración estética. Se vuelve importante conocer y revisar su filmografía, no necesariamente para poder entender este relato –sólo se cita a sus primeros cortometrajes y las primeras etapas de producción de “Eraserhead”–, aunque sí puede servir como complemento para enriquecer este acercamiento diferente y privado.


Título Original: David Lynch: The Art Life

Director: Jon Nguyen

Duración: 88 minutos

Año: 2016

Reparto: David Lynch, Documental

 


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