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La Bruja

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Todos los géneros del cine tienen temas o personajes arquetípicos. El pasado oscuro de un héroe de acción o la primera cita desastrosa de la pareja protagónica, son ejemplos de las señas que se repiten y lo seguirán haciendo; son los códigos que todos aceptamos y esperamos encontrar. Por lo mismo es que, si una película trata de imponer los suyos propios, su recibimiento de parte del público será más frío que si se abstiene a los acuerdos. Pero, ¿qué sucede cuando la película en cuestión usa el lenguaje de un género para narrar otro? “La Bruja” trata de responder a esta pregunta.

THE VVITCH A NEW-ENGLAND FOLKTALE 01En el Estados Unidos del siglo XVII, la familia puritana de William (Ralph Ineson) y Katherine (Kate Dickie) abandona la comuna donde residen y se van a vivir a un claro cercado por un tupido bosque. Su existencia, ahora dedicada a la oración y la vida austera, comenzará a verse interrumpida cuando la aparente intervención de una bruja empiece a jugar con sus lazos familiares.

“La Bruja” obtuvo el mérito de llevarse el premio al mejor director en el festival de Sundance de 2015, lo que se ve representado en cada toma, diálogo o secuencia. Cada elemento de la cinta fue planeado y ejecutado con minuciosidad, lo que evidencia una idea central muy clara y depurada. Lo primero que llama la atención de esto es el entorno. Tanto el claro como el bosque mismo nunca son presentados como lugares evidentemente siniestros; ambos se ven más bien estériles, lugares en los que pueden ocurrir tanto cosas buenas como malas. O, aun peor, una nada absoluta y asfixiante. Así es como el espacio físico se limita a enmarcar a la historia y los personajes, cediéndoles el escenario para que sean ellos mismos los que induzcan su perdición.

La otra gran estructura de “La Bruja” es la familia de William y, específicamente, las relaciones entre sus miembros. Salvo por el recién nacido, Sam, todos los hijos están compuesto por una serie de elementos complejos, que muchas veces se ven enfrentados, con consecuencias nefastas para sus dueños. Junto con ellos, los padres también cuentan con una amplia paleta de emociones y dramas, además de traumas y conflictos sin resolver que vienen acarreando desde hace tiempo. Sobre todo este drama familiar se cierne la fe, tanto el pilar fundamental como la perdición de la familia. Aquí THE VVITCH A NEW-ENGLAND FOLKTALE 02cabe hacer una diferencia entre los tipos de fe que plantea la película: por un lado está la fe religiosa, encarnada en el celo fanático hacia el dios cristiano, y por el otro, la fe como una suerte de esperanza en la familia, el porvenir, e incluso en ellos mismos. Estas dos se entrelazan y cruzan a lo largo de la muy amena hora y media de duración para ir trizando la vida de la familia de William, por medio de la puesta en duda de la pertinencia de una sobre la otra.

Si todo esto suena a un drama psicológico/doméstico más similar al Woody Allen de “Interiors” (1978) que a una película de terror, es porque en cierto sentido lo es. La gran diferencia está en que el elemento disruptor en este caso es una presencia sobrenatural: una bruja que reside en el bosque que rodea a la casa. Esto, a su vez, la aleja de una clásica película con brujas, debido a que esta no hace más que empujar a la ya muy inestable familia por el precipicio al que ellos mismos se habían asomado.

Aquel complejo balance entre drama y terror hace que “La Bruja” destaque como una película muy original. La sensación de que pertenece a ambos géneros pero que no se encuentra a gusto en ninguno, es un gran logro. Como si fuera poco, en la producción hubo un trabajo realmente detallado. Tanto la vestimenta, como la arquitectura o costumbres, son recreaciones muy detalladas THE VVITCH A NEW-ENGLAND FOLKTALE 03de los estilos de vida del siglo XVII. Dentro de esto, lo que realmente destaca son los diálogos, los que fueron adaptados de cuentos folklóricos tradicionales. Incluso su uso del idioma –el orden de los verbos y preposiciones– fue cambiado para emular el inglés antiguo, una decisión bastante arriesgada debido a que en muchos momentos podría dificultar la comprensión. A pesar de lo anterior, es una decisión artística que se agradece por su consecuencia.

Como punto final, o suerte de resumen de lo ya expuesto, cabe mencionar que esta película ha sido víctima de una campaña de publicidad bastante distractora, que le ha conllevado cierto malestar y críticas de parte de su público. En los cines, el tráiler de “La Bruja” está siendo mostrado antes del inicio de cintas como “El Conjuro 2”, una película de terror hecha y derecha. Junto con esto, el mismo tráiler está editado para resaltar las escenas más siniestras o grotescas, con el muy probable fin de promocionarla como algo que no es. “La Bruja” es una gran película, pero NO ES una película de terror.

Por Lucas Rodríguez

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Midsommar

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Midsommar

“Midsommar”, el segundo largometraje de Ari Aster, logra reafirmar un estilo particular de dirección para abordar el terror. A diferencia de “Hereditary” (2018), su película anterior, aquí la idea de la ritualidad es abarcada desde una puesta en escena que ya no es oscura y nocturna, sino que totalmente iluminada para transmitir una idea pureza y virginidad.

Dani (Florence Pugh) es una joven estudiante que acaba de sufrir el fallecimiento de su hermana y de sus padres. Christian (Jack Reynor), su pareja, es el único lazo que la contiene frente a sus constantes crisis, pero la relación de ambos se encuentra en un momento de inestabilidad. Dani se entera por el grupo de amigos de él de que viajarán todos juntos a Suecia, donde se celebrará un evento especial de la comunidad a la que uno de ellos perteneció. Por compromiso, Christian decide invitarla. Entregados a admirar y participar de este festival de verano, al poco tiempo son testigos de rituales que son a lo menos duros de mirar, y de los cuales inevitablemente se van volviendo parte, hasta convertirse en pilares fundamentales de la celebración.

La construcción de esta historia gira en torno a lo desconocido y lo ajeno que resulta para los personajes todo lo que está por ocurrir en esta semana de festividad de acuerdo a las creencias de los mismos participantes. Sin embargo, estas son mostradas con antelación al espectador, por lo que el desarrollo de la película no estaría marcado precisamente por la sorpresa de los acontecimientos, y más bien se avanza a través de ella como compañeros de su protagonista, interpretada por Florence Pugh, quien encarna perfectamente a este personaje atormentado y confundido, siendo parte de un universo que no entiende, pero del que se sumerge casi sin darse cuenta.

Si bien, el guion juega con darle un carácter de “cultural” o una justificación religiosa a las acciones de sus antagonistas –ya que los mismos personajes mantienen la intención de una investigación antropológica–, no profundiza en ello, para así dejarnos principalmente con la sensación de terror frente a imágenes crudas que no pueden ser fácilmente entendidas por quienes no somos parte de esa espiritualidad, la que, a su vez, pareciera tener un futuro ya predeterminado.

Ari Aster crea así una atmósfera de ensoñación acorde a los estados de sus personajes, drogados con las pócimas, la belleza del lugar y lo extraño de los distintos acontecimientos. El Midsommar es representado desde la dirección de arte a través de un espacio que se presenta como pulcro y perfecto, con los colores cálidos del verano y el colorido de las flores. La fotografía, por su parte, forma una especie halo blanco que remite a un lugar paradisíaco, bañado con la luz del sol, el que se distorsiona de manera interesante en ciertos momentos para enfatizar un estado mental abierto a “la influencia”.

La calidad en las distintas áreas técnicas del cine del director logra formar una pieza de valor artístico que es sin duda un aporte para el género de terror, sin embargo, si bien aquí de todas maneras juega con elementos de suspenso a través de la música o sus movimientos de cámara, “Midsommar” no resulta una película que deje con una sensación constante de demasiado miedo ni terror, sino más bien de una espera frente a lo que está por venir y una contemplación constante.

Conociendo a grandes rasgos los elegantes mecanismos técnicos que le dan a Aster un carácter de autor al que vale la pena seguir el rastro, su tercer filme exigirá dar un paso más allá respecto de cómo abordar situaciones “terroríficas”, donde quizás su mayor desafío sea el de seguir mezclando una buena historia de terror o suspenso con una hermosura de imágenes y sonidos que le den otra capa de profundidad o, al menos, algún tipo de cuestionamiento de la misma, y así poder ver las dos caras de la moneda, es decir, poder percibir lo “especial” que ve el antagonista respecto a eso que a nosotros nos da terror. En este sentido, no remitirse al susto exclusivamente por lo brutal e inesperado, sino que enlazarlo con una mirada artística, que necesite cada vez menos sustentarse en los clichés, continuando también con una construcción de personajes y dirección de actores impecable, que puedan transmitirnos una historia completamente ajena al espectador, pero a la vez cercana y posible.

“Midsommar” resulta una película que aborda el terror desde un interés cercano a la antropología, que, al igual que “Hereditary”, explora la idea del ser parte de una comunidad con ciertas creencias y tradiciones que ya tienen un plan establecido para los protagonistas, y de los que ellos no están enterados, pero que, en el caso particular de esta cinta, propone crear un contraste entre prácticas brutales y una apariencia visual pura o virginal, idea que pudo haber sido explotada más profundamente para generar un impacto potente en el espectador, y que acá no se consigue del todo. De todos modos, cabe destacar que, en lo que va de su filmografía, Aster logra unas gloriosas escenas finales, que dejan con una sensación perturbadora e incómoda de, a pesar de todo, estar admirando algo realmente bello.


Título Original: Midsommar

Director: Ari Aster

Duración: 147 minutos

Año: 2019

Reparto: Florence Pugh, Jack Reynor, Will Poulter, William Jackson Harper, Ellora Torchia, Archie Madekwe, Vilhelm Blomgren, Julia Ragnarsson, Anna Åström, Anki Larsson


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