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Kong: La Isla Calavera

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Es posible que King Kong, desde su primera versión en 1933 hasta la última adaptación dirigida por Peter Jackson en 2005, sea uno de los personajes más reconocidos en la historia del cine y una de las más populares bestias dentro de las películas centradas en monstruos, sirviendo de inspiración para cintas contemporáneas y despertando en varios realizadores el deseo de revivir el mito. Este año el personaje vuelve a nacer dentro del llamado MonsterVerse que inició “Godzilla” (2014) y que promete juntarlos en una futura producción.

Dirigida por Jordan Vogt-Roberts, “Kong: La Isla Calavera” se centra en grupo de exploradores que viajan a una misteriosa y escondida isla en medio del Pacífico, entre ellos el capitán James Conrad (Tom Hiddleston), el teniente Preston Packard (Samuel L. Jackson) y la fotoperiodista Mason Weaver (Brie Larson). Al llegar a ella, deberán combatir todos los sorprendentes peligros que se les presentan, y enfrentar a quién rige este territorio, el legendario Kong.

Si “Godzilla” hablaba de las consecuencias químicas en la Tierra, la figura de Kong representa la lucha de las fuerzas naturales y cómo el ser humano falla al intentar dominarlas. Sin embargo, esta nueva reinvención de la mítica historia del gigantesco gorila se traslada desde 1930 hasta a mediados de 1973, justo en medio de la Guerra de Vietnam, de esta forma permitiendo que el contexto se torne importante al momento de desarrollar la trama, pues la simbología de la guerra y sus consecuencias estarán presente durante gran parte del relato. Mientras, la psicodélica música de principios de los 70 acompaña gran parte de las secuencias de humanos y sus máquinas de destrucción.

Esta es la película de una bestia soberana en un lugar inhóspito, y en ese sentido Kong es el indiscutido protagonista, no tan sólo porque la narración gira en torno a su figura, sino también porque existe un cuidado particular en su construcción visual y como personaje, sorprendiendo por su realismo y la cuota necesaria de fantasía que enaltece su figura mítica, donde su sensibilidad está puesta en el cuidado de su entorno y las criaturas débiles que tiene a su cargo. El diseño digital destaca cuando la sensación de peso y fuerza se apoderan de la pantalla, potenciando además sus expresiones faciales, las que logran capturar la esencia de una bestia que defiende su territorio, causando temor y a la vez admiración. Por otra parte, la isla se caracteriza por albergar un sinfín de fantásticas criaturas, parte de una mitología que no necesita mayor explicación, pero que complementan el atractivo visual de este universo narrativo.

Si bien, la construcción de Kong como personaje logra su objetivo, la cinta queda desbalanceada cuando el resto de los personajes sólo cumplen con su cuota en pantalla, pues luego de un rato de frases aisladas -que sólo sirven como distracciones- se instala la duda frente a la relevancia que tiene cada uno de ellos, dando la razón cuando se piensa que en este tipo de películas los humanos poco tienen que aportar en la historia, justificando su existencia como carnada para ser vistos dentro de las grandes batallas que las bestias digitales están teniendo a su alrededor. Por lo tanto, no esconde el abandono que sufre su construcción narrativa frente a un atractivo y vibrante desplante visual, dejando claro que al menos en esta producción importa más la forma que el fondo.

En ese sentido, Vogt-Roberts le da énfasis a lo que sostendrá esta cinta en términos visuales, ya que son los escenarios y el diseño de las criaturas que habitan en la isla lo más atractivo de ella a través de un apropiado uso del CGI, estableciendo el tono a través de colores naranjos que extienden los atardeceres y generando una atmósfera que deja ver la influencia del cine de los 70, casi como un homenaje a “Apocalypse Now” (1979), pero en una clave totalmente diferente. Además, la película es honesta al plantarse como un relato de acción y aventura, por lo que gran parte de sus secuencias están enfocadas en potenciar estas características a través de un montaje que genera tensión y asombro, y prevaleciendo el uso de cámaras lentas cuando helicópteros y explosiones se apropian de la pantalla.

“Kong: La Isla Calavera” sin dudas entrega entretención, pues las secuencias de acción se encargan sostenerla y justificarla, potenciando lo mejor del cine de aventuras y trayendo al más popular de sus monstruos en una reinvención que aporta en levantar una vez más su figura. Sin embargo, tanto el diseño de sus personajes como su historia no logran encajar, dejándola incompleta y con una sensación de insatisfacción al estar construida en cimientos narrativos débiles. Al final, resulta ser una cinta con una bonita fachada, pero sin mucho que encontrar en su interior.

Por Ángelo Illanes

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Midsommar

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Midsommar

“Midsommar”, el segundo largometraje de Ari Aster, logra reafirmar un estilo particular de dirección para abordar el terror. A diferencia de “Hereditary” (2018), su película anterior, aquí la idea de la ritualidad es abarcada desde una puesta en escena que ya no es oscura y nocturna, sino que totalmente iluminada para transmitir una idea pureza y virginidad.

Dani (Florence Pugh) es una joven estudiante que acaba de sufrir el fallecimiento de su hermana y de sus padres. Christian (Jack Reynor), su pareja, es el único lazo que la contiene frente a sus constantes crisis, pero la relación de ambos se encuentra en un momento de inestabilidad. Dani se entera por el grupo de amigos de él de que viajarán todos juntos a Suecia, donde se celebrará un evento especial de la comunidad a la que uno de ellos perteneció. Por compromiso, Christian decide invitarla. Entregados a admirar y participar de este festival de verano, al poco tiempo son testigos de rituales que son a lo menos duros de mirar, y de los cuales inevitablemente se van volviendo parte, hasta convertirse en pilares fundamentales de la celebración.

La construcción de esta historia gira en torno a lo desconocido y lo ajeno que resulta para los personajes todo lo que está por ocurrir en esta semana de festividad de acuerdo a las creencias de los mismos participantes. Sin embargo, estas son mostradas con antelación al espectador, por lo que el desarrollo de la película no estaría marcado precisamente por la sorpresa de los acontecimientos, y más bien se avanza a través de ella como compañeros de su protagonista, interpretada por Florence Pugh, quien encarna perfectamente a este personaje atormentado y confundido, siendo parte de un universo que no entiende, pero del que se sumerge casi sin darse cuenta.

Si bien, el guion juega con darle un carácter de “cultural” o una justificación religiosa a las acciones de sus antagonistas –ya que los mismos personajes mantienen la intención de una investigación antropológica–, no profundiza en ello, para así dejarnos principalmente con la sensación de terror frente a imágenes crudas que no pueden ser fácilmente entendidas por quienes no somos parte de esa espiritualidad, la que, a su vez, pareciera tener un futuro ya predeterminado.

Ari Aster crea así una atmósfera de ensoñación acorde a los estados de sus personajes, drogados con las pócimas, la belleza del lugar y lo extraño de los distintos acontecimientos. El Midsommar es representado desde la dirección de arte a través de un espacio que se presenta como pulcro y perfecto, con los colores cálidos del verano y el colorido de las flores. La fotografía, por su parte, forma una especie halo blanco que remite a un lugar paradisíaco, bañado con la luz del sol, el que se distorsiona de manera interesante en ciertos momentos para enfatizar un estado mental abierto a “la influencia”.

La calidad en las distintas áreas técnicas del cine del director logra formar una pieza de valor artístico que es sin duda un aporte para el género de terror, sin embargo, si bien aquí de todas maneras juega con elementos de suspenso a través de la música o sus movimientos de cámara, “Midsommar” no resulta una película que deje con una sensación constante de demasiado miedo ni terror, sino más bien de una espera frente a lo que está por venir y una contemplación constante.

Conociendo a grandes rasgos los elegantes mecanismos técnicos que le dan a Aster un carácter de autor al que vale la pena seguir el rastro, su tercer filme exigirá dar un paso más allá respecto de cómo abordar situaciones “terroríficas”, donde quizás su mayor desafío sea el de seguir mezclando una buena historia de terror o suspenso con una hermosura de imágenes y sonidos que le den otra capa de profundidad o, al menos, algún tipo de cuestionamiento de la misma, y así poder ver las dos caras de la moneda, es decir, poder percibir lo “especial” que ve el antagonista respecto a eso que a nosotros nos da terror. En este sentido, no remitirse al susto exclusivamente por lo brutal e inesperado, sino que enlazarlo con una mirada artística, que necesite cada vez menos sustentarse en los clichés, continuando también con una construcción de personajes y dirección de actores impecable, que puedan transmitirnos una historia completamente ajena al espectador, pero a la vez cercana y posible.

“Midsommar” resulta una película que aborda el terror desde un interés cercano a la antropología, que, al igual que “Hereditary”, explora la idea del ser parte de una comunidad con ciertas creencias y tradiciones que ya tienen un plan establecido para los protagonistas, y de los que ellos no están enterados, pero que, en el caso particular de esta cinta, propone crear un contraste entre prácticas brutales y una apariencia visual pura o virginal, idea que pudo haber sido explotada más profundamente para generar un impacto potente en el espectador, y que acá no se consigue del todo. De todos modos, cabe destacar que, en lo que va de su filmografía, Aster logra unas gloriosas escenas finales, que dejan con una sensación perturbadora e incómoda de, a pesar de todo, estar admirando algo realmente bello.


Título Original: Midsommar

Director: Ari Aster

Duración: 147 minutos

Año: 2019

Reparto: Florence Pugh, Jack Reynor, Will Poulter, William Jackson Harper, Ellora Torchia, Archie Madekwe, Vilhelm Blomgren, Julia Ragnarsson, Anna Åström, Anki Larsson


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