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Cine

Kingsman: El Servicio Secreto

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Ser un héroe en el cine comercial no es lo mismo de antes. Ya no bastan destrezas extraordinarias ni un vestuario impecable o un disfraz llamativo. Hoy, el género exige personajes cuyo atractivo esté más allá de una imagen impecable y una habilidad superlativa, en donde la calidad del relato y la adición de extras como el humor, terminan por definir el éxito de una película que quiera entonar un relato de acción y heroísmo. Matthew Vaughn, autor entre otras películas de dos que apuntan a la renovación de estas figuras: “X-Men: First Class” (2010) y “Kick Ass” (2011), se vale de esta misma mixtura, esta vez para contar una historia de espías con “Kingsman: El Servicio Secreto”. Una producción que se propone y logra rejuvenecer el cine de agentes secretos, pero dotada de algunos de los mejores artilugios del cine de espías, pero también –en menor cantidad- de sus defectos.

KINGSMAN THE SECRET SERVICE 02Luego de perder a un agente, Kingsman, un grupo británico de espías, debe buscar a un nuevo integrante hábil y deseoso de trabajar en pos del orden y la paz del Reino Unido. Es en esta merma que Harry Hart (Colin Firth), uno de los agentes más preparados de Kingsman, considera tener al candidato propicio cuando se encuentra con Gary “Eggsy” Unwin (Taron Egerton), hijo de un antiguo compañero de armas. Joven y competente, pero rayano en el vandalismo, Eggsy tendrá que superar peligrosas pruebas de trabajo para comprobar si está habilitado para ser un agente. Mientras que su tutor, Hart,  investiga e interviene para descubrir el discutible plan de salvataje del calentamiento global de un curioso magnate conocido como Valentine (Samuel L. Jackson).

Divertida, ingeniosa e impregnada del estilo y factura británica, aunque la historia suene conocida, “Kingsman: El Servicio Secreto” es una producción que oscila entre la irreverencia y tradición de películas de agentes secretos. La producción de Vaughn  arriesga, pero también conserva. Por un lado, arremete y burla discursos tan legitimados como el ecologista, así como avista directamente la ostentosa amistad entre la élite política y empresarial, pero por otro, es sumamente parca a abandonar otros añejos prototipos: la presencia de un enemigo externo que, para variar, tiene distinto color al de los protagonistas, o el ingreso de jóvenes pobres a un ambiente fragante de clase y estilo, mientras que estos cumplan primero con ciertas condiciones (gráciles, con onda y bonitos, pese a la escasez), no permite entronarla como una obra sumamente subversiva.

KINGSMAN THE SECRET SERVICE 01“Kingsman: El Servicio Secreto”, aunque quiere instalarse como una película no típica de su calaña, trabaja por su ambición de forma estratégica y no tan globalmente. Mientras abandona dinámicas archiconocidas y contienen caracteres de mayor profundidad y verosimilitud, en donde sus decisiones y habilidades son respaldadas a lo largo del relato, también hace eco de un discurso rutinario, como la correspondencia de la belleza y pulcritud al virtuosismo. No obstante a lo conflictivo que puede resultar su discurso, “Kingsman: El Servicio Secreto” es realizada con inteligencia y garbo.

La distinción de esta producción no sólo se aloja en una cuidadosa elección de vestuario, elemento trascendental en la historia (la propia agencia de espías trabaja detrás de una sastrería de primer nivel), sino también en su guión.  Escrito con conciencia de la mecánica del cine de espías, “Kingsman: El Servicio Secreto” es capaz de amainar hábitos hostigosos de las películas de acción, como la ausencia de daños colaterales o dinámicas inexplicables, con tal que el héroe resulte vencedor. Y aunque no es totalmente ajena a estos patrones, hay preocupación en que la historia tenga sustento para sus acciones, lo que le confiere un desarrollo que sea más orgánico y de mejor calidad.

KINGSMAN THE SECRET SERVICE 03Cabe señalar también que Vaughn es capaz de relevar y ensalzar aspectos clásicos de este cine. Las peleas se resuelven en medio de la coreografía, y la presencia de armas y aparatos de alta tecnología al servicio del bien y el mal, son uno de los atributos más llamativos. Sin embargo, el uso de acción y violencia no se tasa por sí mismo, sino que se acompaña y cimenta en conjunto de un montaje, guión y musicalización que los hace más interesantes.

“Kingsman: El Servicio Secreto” es una película ejecutada con elegancia y dominio. Su director y equipo conoce el territorio en que se inmiscuye, lo que se percibe en cómo se logra iluminar y desvanecer aspectos –que sus congéneres  prefieren mantener- en pos del riesgo y la entretención. No obstante, no por ello se libera de viejos modelos que, a ratos, pueden visualizarla como intransigente en la composición y construcción de buenos y malos, y con un ritmo que, pese a controlar con mejor ajuste dinámicas frecuentes, a veces cae en esquemas que pueden resonar a quien la vea, pero que entre suma y resta sale con ventaja más airosa que desastrada.

Por Javiera Quiroga

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Artículos Cine

Star Wars y el auge de los efectos visuales

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Star Wars

Desde prácticamente siempre, ha existido un odio irracional hacia las precuelas de Star Wars, aquella trilogía de películas que estrenada entre 1999 y 2005 que prometía conectar todos los hilos en torno a la historia que George Lucas iniciara en 1977. Amparado bajo una segunda explosión de popularidad de la saga, el director comenzó a principios de la década del 90 lo que sería la concepción de una idea que ya tenía cuando trabajaba “El Imperio Contraataca”, y que, según sus propias declaraciones en múltiples ocasiones, no le era posible filmar debido a las limitancias tecnológicas propias de la época. Así, el desarrollo del CGI hizo que Lucas pudiera adentrarse en la realización de una nueva trilogía, donde, más allá de su cuestionado argumento e innecesaria creación de fallas argumentales para la saga original, terminó por transformarse en una revolución gracias al elemento que fue más destacado por la crítica: los efectos especiales.

Fue en 1997 cuando comenzó el rodaje de “La Amenaza Fantasma” (1999) y, aunque se mantuvieron algunos elementos como la marioneta de Yoda y una utilización de escenarios reales con un cuidado diseño de producción, la transición se fue desarrollando de manera natural a lo que terminaría siendo “El Ataque de los Clones” (2002) y “La Venganza de los Sith” (2005), donde el uso de fondo verde fue más prominente que en ocasiones anteriores. Como dato curioso, y para reforzar la idea de que la animación digital fue el elemento principal de estas cintas, es sabido que no se construyó ni una sola armadura de trooper durante las tres películas, con dichos modelos siendo todos creados por computadora. A pesar de que el uso de CGI ya se había presenciado en otras películas previas –probablemente “Jurassic Park” (1993) siendo el caso más reconocido–, su utilización dentro de la producción de Star Wars significó todo un precedente, gracias a un innovador software donde se crearían los efectos visuales, al punto de que en la primera cinta existe una sola secuencia que no contiene efectos digitales.

A veinte años de su estreno, los efectos visuales en el cine son cosa de cada día, con prácticamente la totalidad de las cintas más taquilleras utilizándolo en su mayoría, lo que en un espectro más crítico ha terminado por omitir en el espectador el deseo de intentar diferenciar qué es real y qué no al momento de mirar una película. Asimismo, los directores actualmente pueden gozar de la misma libertad que Lucas describió a la hora de realizar las precuelas, pudiendo crear un guion a su antojo sin preocuparse de restricciones en torno a la producción, el desarrollo de personajes y, sobre todo, la creación de mundos y criaturas tan fantásticas como se ha caracterizado la saga desde sus orígenes. Todo lo anterior permitió también una reducción en los tiempos de rodaje, comenzándose a producir blockbusters en masa gracias a la implementación de la fotografía digital, y el uso de cámaras digitales que permiten grabar sin la necesidad de revelar el celuloide, pudiendo así montar y modificar escenas de una manera mucho más rápida.

Ya con la trilogía original Lucas había innovado en una serie de técnicas cinematográficas que eran prácticamente desconocidas para la época, pero todo ese trabajo fue opacado en cierta forma gracias al abrumador éxito que la saga tuvo más allá de la pantalla, transformándose en un icono de la cultura pop gracias a la explosiva venta de juguetes y una creciente popularidad que nunca decayó en el período de 1977 a 1983. Y es así como las tecnologías fueron evolucionando en pos de una saga que desde sus orígenes buscó una forma de deslumbrar y crear experiencias nunca vistas, algo que sin duda se logró con todos los contratiempos que pueda significar. Pasar de un aproximado de 365 tomas con efectos visuales en la primera cinta de 1977 a las más de 2200 que tiene la última de la era Lucas en 2005, habla de una necesidad de incorporar la tecnología con el fin de contar historias, derribando límites y permitiendo que la creatividad e imaginación de los realizadores pueda verse reflejada en la gran pantalla.

Hoy en día, con una nueva trilogía que llegará a su fin este 19 de diciembre, se puede ver como las técnicas de las otras seis entregas se van complementando para darle un romanticismo a la producción, omitiendo de plano un uso totalmente digital para seguir incluyendo animatronics, marionetas, maquillaje y otras técnicas de producción. Sin embargo, es imposible no reconocer el trabajo e influencia de George Lucas en el desarrollo del cine de fantasía como lo conocemos hoy en día y, más allá de cualquier falencia narrativa que haya cometido en sus cuestionadas precuelas, el cine y la tecnología comenzaron una relación que ha beneficiado tanto lucrativa como creativamente a la industria.

  • Star Wars: El Ascenso de Skywalker” se estrena el próximo 19 de diciembre. Preventa AQUÍ.

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