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Jurassic World: Mundo Jurásico

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No es exagerado definir a la época actual por la que pasa el cine comercial norteamericano como la “era del blockbuster”: nunca antes se habían estrenado tantas superproducciones por año, y las sagas se suceden con una frecuencia tan adrenalínica como sus mismas premisas. A pesar de esto, algunas de estas producciones están empezando a atestiguar el agotamiento, tanto físico como monetario, del público, con una tendencia a la baja en la cantidad de entradas cortadas. Es lógico: con cinco o más sagas compitiendo por espacio, el público no tiene ni los recursos ni el interés para verlas todas.

JURASSIC WORLD 01Cuando los hermanos Gray y Zack (Ty Simpkins y Nick Robinson, respectivamente) sean invitados por su tía Claire (Bryce Dallas Howard) a visitar el renovado y funcional Parque Jurásico, se verán en medio de una aventura enorme, que muy pronto comenzará a virar hacia la catástrofe. Es así como su supervivencia dependerá de su valor e inteligencia, y también de las indispensables habilidades de Owen (Chris Pratt), un adiestrador y cazador de dinosaurios.

Para que una película sea exitosa, ya no basta con que sólo tenga efectos especiales y un elenco reconocible: debe diferenciarse, ofrecer un algo extra que la separe del resto. Entre los buenos ejemplos se puede contar la fórmula de acción-humor de Marvel, y la frenética opereta excesiva de “Mad Max: Fury Road” (2015). Y ahora, la que llega pisando fuerte con su primera entrega es la saga de Jurassic Park, abandonada hace casi quince años, pero revivida con la mejor de las tecnologías (imprescindible para su disfrute es la nueva pantalla IMAX).

Cuando se estrenó “Jurassic Park” (1993), su éxito fue en gran parte debido a que era una oferta absolutamente novedosa: era primera vez que se reconstruían con tal fidelidad y atención al detalle a los dinosaurios, al mismo tiempo que eran colocados a la par con las personas. De este éxito salió toda una generación que recuerda la película con un tremendo afecto, el que muchas veces empaña una visión un poco más acabada de la obra. Tomando una premisa bastante similar a su antecesora, “Jurassic World” construye sobre ella un relato mucho más completo y diverso. A pesar de que el JURASSIC WORLD 02elemento central de los niños que van a ver el parque se repite, al igual que los científicos a cargo de la resurrección de los reptiles, el gran acierto de esta entrega es la adición del personaje de Chris Pratt, un ex marine dedicado a entrenar a una banda de velocirraptores. Al aprovechar el carisma de Pratt, quien incluso logra sacar risas en las situaciones más tensas, la cinta agregó a un arquetipo de personaje ideal para liderar la acción.

Esta adición sirve, además, para dar un respiro a la trama de los niños en peligro, quienes responden al ya clásico estilo de Steven Spielberg de hermanos disimiles aprendiendo a funcionar juntos. Junto a ellos, el que la tropa de científicos y paleontólogos se haya condensado en el personaje de Bryce Dallas Howard, también suma al ritmo y la fluidez, dejando más espacio a la acción que a las deambulaciones pseudo-científicas. Al despejar el camino de esta forma, se dejó el espacio para una serie de secuencias tensas y vibrantes, donde la frontalidad fue preferida frente al suspenso. Especialmente memorables son todos los pasajes que involucran a los célebres velocirraptores, quienes pasaron de ser los antagonistas sin rostro, a una serie de personajes memorables que incluso ostentan nombres propios.

Pero si este giro al rol de los velocirraptores fue una gran idea para actualizar la franquicia, no lo fue así la cantidad excesiva de referencias –a veces sutiles y casi imperceptibles; a ratos frontales y chillonas- a la película original. Incluyendo tomas calcadas, objetos reflotados y la mención por nombre de varios de los personajes, da la sensación de que los productores detrás de esta “Jurassic World” no tenían del todo confianza en lo que habían creado, y prefirieron amarrarla todo lo posible a la relativa seguridad del producto original. Esto termina por molestar, ya que se siente a nostalgia forzada, cuando el valor de esta cinta está en imponer a fuerza de ideas frescas una nueva saga. Nada mejor en ese sentido que jugar un poco con las libertades creativas, retirar por un tiempo al JURASSIC WORLD 03Tiranosaurio Rex e introducir una nueva especie genéticamente modificada, exclusiva a esta entrega. Y en este sentido, el nuevo espécimen no decepciona, y carga con todo el peso dramático sin mayores problemas. Además, el hecho de ser una especie inventada, dio a los productores la facilidad para agregarle cuanta característica y habilidad para la caza se les pasara por la cabeza, por lo que sus razones para superar a sus captores no resultan demasiado fortuitas.

Es esta nueva “independencia” que le dieron a los dinosaurios lo que quizás sea el atractivo principal; ya no son sólo efectos especiales de fondo, ahora son parte del relato. Cerca del final de “Jurassic World” hay un par de elementos que apuntan a la continuidad, por lo que una secuela sería lo más esperable. Y si el buen resultado de esta entrega sirve para que los productores corten algo con los lazos hacia el pasado, esta podría terminar como una saga memorable.

Por Lucas Rodríguez

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Cine

David Lynch: The Art Life

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David Lynch: The Art Life

A través de su filmografía, y con el reciente regreso de “Twin Peaks”, David Lynch ha demostrado ser uno de los autores más prolíficos y complejos de las últimas décadas. Desde su primer largometraje, “Eraserhead” (1977), que su imaginario significa entrar a mundo de sensaciones donde representaciones visuales de la psiquis se vuelven tangibles. Debido a lo intrincado que podría ser su forma de narrar, experimentar su obra exige conectar con lo sensorial, pues su trabajo busca crear reacciones y evocar emociones. El director de “Blue Velvet” (1986) y “Mulholland Dr.” (2001) ha sido capaz de construir un estilo reconocible gracias las características que su obra comparte, en un estilo vago e incierto, pero envolvente, donde lo inexplicable convive con personajes que se ven atrapados en mundos complejos.

Dirigido en una colaboración entre Rick Barnes, Jon Nguyen y Olivia Neergaard-Holm, el documental “David Lynch: The Art Life” se centra en el trabajo artístico pictórico del cineasta, mientras se va creando un relato autobiográfico de sus primeros años formativos y su acercamiento al arte, sirviendo como puente entre sus inicios en esta disciplina y sus primeras obras cinematográficas.

Las conversaciones de tres años entre los realizadores y el director estadounidense son condensadas en una hora y treinta minutos, en un relato íntimo en la voz del mismo Lynch. El hecho que sea construido como un monólogo produce una atmósfera más natural y cercana con el director, así también adjudicando un punto de vista donde el espectador sólo observa cómo se mezcla su creación artística y su biografía. La voz en off de Lynch se hace omnipresente en un montaje que mezcla al artista trabajando en sus obras plásticas, en su estudio en Los Angeles –a veces acompañado de su pequeña hija, Lula– intercalando material biográfico como fotografías, videos de archivo y sus pinturas.

La autobiografía que acompaña el viaje visual habla de sus inicios, vida familiar, la relación con sus padres y cómo su influencia inevitablemente ayudó a formar su primera relación con al arte, siendo capturado por esta disciplina cuando decide mudarse a Filadelfia, donde pudo estudiarlo de manera profesional. Y es a través de todas estas experiencias e historias acumuladas que se juntan para inspirar gran parte de su trabajo, y cómo en el proceso de absorber, internalizar y plasmar se ha moldeado un imaginario enigmático y surrealista.

Claramente el foco de este registro documental está puesto en sus creaciones plásticas, concebidas a partir de distintos materiales y mezclando técnicas pictóricas que le dan la libertad de crear pequeños universos, en cuadros que perfectamente podrían ser sacados de alguna de sus películas. Por otra parte, los realizadores utilizan estas obras en el montaje no tan sólo como un apoyo visual, sino también para poder crear pequeños episodios visuales que enfatizan los relatos en off, y utilizando los textos que el mismo Lynch incorpora en sus cuadros, se destaca el estado emocional del relato. Por último, el uso de stop motion le agrega un dinamismo a la narración, haciendo de estas obras pequeñas escenas de la vida del artista, donde algunas de ellas contienen personajes que parecen atrapados en distintas realidades.

Este documental termina siendo un estudio del autor en un estado mucho más primitivo, además de una exploración íntima, donde se logra ver el mundo a través de sus ojos y se puede conocer con frescura una etapa de descubrimiento y creación artística. No es un retrato biográfico de principio a fin, tampoco se centra en una obra en particular, sólo es un acercamiento a procesos creativos desde una mirada de total naturalidad y comodidad por parte del cineasta.

Para entender el universo interior de David Lynch, y posteriormente apreciar con mayor profundidad su trabajo, es importante considerar todos los aspectos y los procesos de creación que lo han llevado a posicionar su nombre y ser poseedor de un estilo particular y reconocible. Así, este documental logra dar a conocer ese otro aspecto del cineasta, un lado que tiene relación con su configuración estética. Se vuelve importante conocer y revisar su filmografía, no necesariamente para poder entender este relato –sólo se cita a sus primeros cortometrajes y las primeras etapas de producción de “Eraserhead”–, aunque sí puede servir como complemento para enriquecer este acercamiento diferente y privado.


Título Original: David Lynch: The Art Life

Director: Jon Nguyen

Duración: 88 minutos

Año: 2016

Reparto: David Lynch, Documental

 


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