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Jumanji: En La Selva Jumanji: En La Selva

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Jumanji: En La Selva

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La última tendencia en Hollywood –que ha durado ya varios años y no tiene pinta de irse a ninguna parte– es la de exprimirle todo el jugo posible a franquicias, generar remakes de películas ya existentes (sean extranjeras, clásicos o títulos recientes) y crear secuelas no solicitadas de cualquier producto que pueda obtener una ganancia. Es culpa del público el validar este sistema, y así es como 2017 no encuentra en su lista de películas más taquilleras del año ninguna entrada original. Escasamente estos productos son un aporte, la mayoría de las veces son entretenimiento escapista, desechable y completamente innecesario. Es lo que una película como “Jumanji: En La Selva” advierte con su mera existencia y, a pesar de ser una entrada inofensiva en una saga que no la requería, deja a un público preguntándose por qué la molestia de crearla.

Basada en la exitosa película de 1995, a su vez basada en un cuento para niños, “Jumanji: En La Selva” se distancia de la historia anterior y presenta un nuevo grupo de personajes en un ambiente contemporáneo. Se trata de cuatro adolescentes (llamémoslos Chico Nerd, Chica Nerd, Chico Negro y Chica Sexy, ya que no trascienden ese único rasgo) que por distintas razones son castigados en el colegio y tienen que ordenar una sala llena de basura y objetos extraños. Ellos no se entienden ni se llevan bien, pero cuando encuentran una consola con el juego de Jumanji –no nos preguntemos qué hacía eso ahí, la película tampoco lo hace–, la encienden y son transportados a una misteriosa isla, donde tendrán que aprender a trabajar en equipo y encontrar el valor en cada uno de ellos para sobrevivir y salir del juego.

Los jóvenes en la isla adoptan el cuerpo de los personajes del juego, y es desde ahí que la película obtiene su mayor fuente de humor. Chico Nerd se transforma en un intrépido y musculoso explorador (Dwayne Johnson) y pasa a ser el líder del grupo. Chica nerd se convierte en una luchadora sensual y bastante desvestida (Karen Gillan), Chico Negro se transforma en un zoólogo debilucho (Kevin Hart) y Chica Sexy en Jack Black, lo que la película no deja de encontrar hilarante. Desde estas contradicciones, y lejos de su zona de confort, los chicos aprenden lecciones poco sutiles sobre ser ellos mismos y su aporte en el grupo. El concepto podría ser chistoso, pero los personajes son tan unidimensionales y sus nuevos avatares tan básicos, que todas las ideas que la película busca transmitir se logran decir en los primeros minutos. Luego son sólo repeticiones, cada vez menos efectivas.

La historia no tiene nada de original. El equipo debe llevar un Objeto X a un Destino Y antes de que El Malo los atrape o se les acaben las vidas. Pocas peripecias significan un esfuerzo importante, no hay mayores pérdidas y las reglas del lugar (la cantidad de vidas de los personajes, sus debilidades y fortalezas) se repiten hasta el punto de ofender la inteligencia del espectador, incluso cuando se trata de niños que pueden tener más dificultad entendiéndolas.

Se podría decir que todos estos arquetipos son el punto de la película, que trata sobre un videojuego y no busca trascender esos parámetros. Es posible, aunque hay una diferencia entre que esa sea la lógica del videojuego y la de la cinta que estamos viendo, que con sus miopes intentos de crear humor, batallas episódicas, fetiche con la violencia, progresión amateur y moralejas básicas, parece no estar consciente de lo mucho que cae en las falencias del juego que parodia.

Pero quizás lo peor de todo es que “Jumanji: En La Selva” simplemente no es tan divertida. Se podría perdonar todo lo demás si al menos la película representara un rato entretenido para la familia en el cine, pero la isla y las aventuras dentro de ella son tan poco originales, novedosas o visualmente atractivas, que ni siquiera sirve para entretenerse más de unos minutos. Y cuando Chico Nerd entiende la frase: “sólo tienes una vida, ¿cómo la vas a vivir?”, nosotros ponemos los ojos en blanco, ofendidos, esperando que nos dejen de meter estos mensajes para intentar justificar una película que no tiene propósito. Ojalá estas producciones empezaran a fracasar en la taquilla (lo que no ocurrirá) para que, como público, le enviemos un mensaje a la industria: que no nos comemos cualquier cosa que nos sirvan, que no es tan fácil como tomar un producto de hace veinte años y “actualizarlo” para que las masas lo consuman de nuevo, que hay que tener un respecto mayor por el espectador que el que se está teniendo actualmente.


Título Original: Jumanji: Welcome To The Jungle

Director: Jake Kasdan

Duración: 119 minutos

Año: 2017

Reparto: Dwayne Johnson, Karen Gillan, Jack Black, Kevin Hart, Madison Iseman, Nick Jonas, Rhys Darby, Alex Wolff, Marc Evan Jackson, Morgan Turner, Ser’Darius William Blain, Bobby Cannavale


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Minari

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Minari

“Minari” exhibe, a través de un relato sencillo, la historia de una familia coreana que llega a fines de los años ochenta a Arkansas, Estados Unidos, buscando la oportunidad de progresar a través del cultivo de vegetales coreanos, con el fin de venderlos a la creciente comunidad de dicho país. Desde que llegan al terreno donde se ubica la nueva casa familiar, el padre se ve obligado a contagiar de su propio optimismo al resto de la familia, en especial a su esposa, quien no puede evitar mencionar detalles que en un principio parecen anunciar la ruptura de la visión idílica del nuevo hogar.

Dentro de lo que parece ser una caravana sostenida sobre pilares y ruedas, se construye con resignación el nuevo hogar. Los niños parecen aceptarlo y adaptarse, pero la madre parece extrañar la ciudad desde un principio. La abuela llega de Corea con el propósito de acompañar a sus nietos, pero principalmente a su hija, a quien le cuesta lidiar con la soledad que provoca el aislado lugar.

En este punto la historia se convierte más que el sueño de una familia, en la concreción de los planes que el padre quiere cumplir para probarse a sí mismo de que es capaz de reescribir su historia, y eso resulta bastante original en la trama, ya que da espacio para que los demás personajes puedan abordar sus propias inquietudes en paralelo a algo común como el éxito de un proyecto que tiene el potencial de mejorar las condiciones de vida que afecta a la familia. También se percibe la necesidad de la madre no sólo de sacar adelante a sus hijos, sino que también de integrarse a una comunidad o, a lo menos, recuperar partes de su vida pasada, y con una poco convencional abuela ayudando a su nieto en la lucha silenciosa por superar sus propios límites.

El eje del conflicto de “Minari” se centra en la relación del matrimonio, que comienza a dar las primeras señales de un problema más profundo a través de los diálogos que se refieren a decisiones del pasado, cuyas consecuencias parecen situarse con más fuerza en el presente. Esto es justamente lo que coloca una mayor presión en el resultado de la cosecha, convirtiéndose en un acontecimiento decisivo, ya no sólo para mejorar las condiciones económicas de la familia, sino que también para evitar el desencanto definitivo de su mujer. Si bien, la premisa es bastante sencilla, la clave parece ser la naturalidad con la que transcurre la historia, y en este sentido no es necesario saturar al espectador de explicaciones o diálogos para imaginarse el camino por el que transitó la familia para llegar hasta ahí y lo que verdaderamente está en juego.

La película tiene varios elementos dramáticos, pero van develándose progresivamente, evitando la sensación de agobio que podría provocar este tipo de enfoque. En este sentido, aparte del conflicto principal constantemente presente, los acontecimientos cotidianos logran elaborar una construcción sólida de las características de los personajes y consiguen que el espectador empatice y, por momentos, se divierta con lo que sucede. El problema se presenta al mostrar las emociones de los personajes, ya que no se alcanza a profundizar en ellas, tornándose superficial a ratos en este aspecto. Esto lleva a que se vea un poco caricaturizada la figura de la abuela y que los sentimientos entre el matrimonio sólo se manifiesten en las partes en que discuten, mostrándose en las demás escenas su relación como en una especie de piloto automático. El intento de integración a la comunidad se anuncia como algo relevante, que termina por no tener ningún impacto, quedando como un antecedente más que hubiera sido interesante conocer.

En otras destacadas películas coreanas, el elemento metafórico también ha rodeado la trama, tal como se observa por medio de la piedra en “Parasite” (2019) y el palo de golf en Bin-Jip” (2004). En el caso de “Minari”, Lee Isaac Chung incorpora un vegetal que, según entienden los mismos protagonistas, renace aún más fuerte después de morir, lo que deja entrever una luz de esperanza, pese al último acontecimiento que golpea a la familia. La planta también crece y se afirma en un lugar improbable, reflejo de la fortaleza de la acción de emigrar a una cultura absolutamente diferente, que en esta historia se transmite por el esfuerzo culminante para lograr el anhelado sueño americano que parece acercarse y alejarse en distintas ocasiones.

En definitiva, el mérito de “Minari” no se encuentra en la temática de fondo porque no es novedosa; se han hecho numerosas películas sobre inmigración que incluso muestran un camino mucho más sufrido. Lo que sí es posible destacar es la forma en que se exhibe la historia, dando un espacio a todos los personajes y mezclado una situación que puede parecer desesperanzadora con situaciones cómicas, dando un respiro a la trama, y la aparición de la abuela es clave para este fin, convirtiéndose poco a poco en un personaje que posiblemente será capaz de quedar en la mente de los espectadores. Estos elementos compensan el hecho de que las emociones no alcancen a tocar del todo a los personajes y pone el foco en el curso de la historia, que se acelera de forma muy efectiva en el desenlace, terminando en un excelente final.


Título Original: Minari

Director: Lee Isaac Chung

Duración: 115 minutos

Año: 2020

Reparto: Steven Yeun, Han Ye-ri, Youn Yuh-jung, Alan S. Kim, Noel Cho, Will Patton, Scott Haze, Eric Starkey, Esther Moon, Tina Parker, Darryl Cox

 


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