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Johnny 100 Pesos – Capítulo Dos

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La historia de “Johnny Cien Pesos” (1993), basada en una toma de rehenes real en un videoclub del centro de Santiago, logró transformarse rápidamente en un ícono pop de esa generación marcada por la transición política. Su director, Gustavo Graef Marino –quien desde 1999 no estrenaba en pantalla grande, participando sólo en series para la televisión en la última década–, tiene un estilo hollywoodense en su cine, tomando el género del thriller de acción que ya expresaba en su película de 1993, y que trae de vuelta en esta segunda entrega, más de veinte años después.

Tras dos décadas de encarcelamiento, Johnny (Armando Araiza) se enfrenta a un Chile radicalmente distinto al que dejó a sus dieciocho años, cuando fue apresado. Ahora, con un oficio aprendido en prisión, busca reinsertarse a la sociedad. Su plan cambia al conocer a su hijo Juan (Lucas Bolvarán), un adolescente traficante de drogas en quien se ve reflejado y por quién Johnny se involucra con el mundo criminal otra vez, con objeto de salvarlo de seguir su mismo destino criminal.

A diferencia de la película de 1993, “Johnny 100 Pesos – Capítulo Dos” no toma un hecho real para contar su relato, pero bien pudo ser una de las muchas historias de reinserción en Chile, exagerada con toques cinematográficos. Graef Marino vuelve para esta secuela que muestra a Johnny 100 Pesos, un personaje de la cultura noventera local que se perdió los últimos veinte años del crecimiento y evolución de Santiago, lo que convierte a esta historia –sobre todo su humor– en aquellas de pez fuera del agua. El director no sólo trae de vuelta al mexicano Armando Araiza en el papel protagónico, sino también el mismo estilo de humor y género. Pero, por sobre eso, trae la idea de hacer un retrato a la sociedad chilena en el que está muy presente el arribismo y el abajismo, así como también resulta una muestra de lo mucho que ha cambiado Chile, particularmente Santiago en los últimos veinte años.

Esta segunda entrega en la historia de Johnny puede no necesitar del largometraje original y se sostiene con cierta independencia. A pesar de esto, conocer al protagonista en su etapa previa ayuda a comprender la relación que decide construir con un hijo que, hasta ese momento, no existía para él. El director decide hablar de un período que temporalmente no aparece en el filme anterior ni en el actual, haciendo esta película más accesible para quienes no conozcan la primera, sin embargo, esto tiene un costo evidente en la exposición por diálogo que se utiliza.

“Johnny 100 Pesos – Capítulo Dos” tiene un ritmo rápido, pero su constante acción y cierto nivel de suspenso no logra compensar los problemas con varios personajes y su poca credibilidad, a pesar de algunas líneas memorables. Johnny es el mejor construido e interpretado; tiene motivaciones claras y genera un nivel de empatía única a lo largo de la película, en cambio el resto del reparto resultan caricaturas de ciertos arquetipos, siendo el más claro Bárbara (Luciana Echeverría), interés romántico que resulta idéntica a una chica Bond y cumple el mismo propósito que estas. Algo parecido ocurre con la relación entre padre e hijo, que debiera ser lo más firme del argumento, pero el vínculo entre Johnny y Juan resulta forzado en su escritura e interpretación. Esto se nota desde la introducción de Juan en el primer acto, hasta como se desenlaza su historia en el tercero.

Esta manera de relacionar a los personajes, que además de sentirse poco creíble con muchos de ellos, resulta en que el diálogo se use como un método de explicación. Constantemente nos están contando todo lo que ocurrió, ocurre o puede ocurrir en vez de mostrarlo, sin lograr que las acciones o detalles sean más significativos. Cuando deciden mostrar, es para lucir bellos planos de Santiago que dan contexto, pero no historia, aunque se conviertan en una pausa agradable en su estilo de iluminación y composición, cosa que logran destacar en interiores y planos nocturnos.

Esta segunda entrega en la historia de Johnny revive la esencia de la primera, la radiografía social que, a pesar de los estereotipos, está bien expresada, sobre todo en frases con las que muchos se identificarán o sentirán nostalgia. Aunque no desarrolla con verosimilitud algunas de las relaciones de la historia, “Johnny 100 Pesos – Capítulo Dos” es más cercano al cine estadounidense que a lo que se ha visto en Chile en los últimos años, logrando exponer el género escogido por el director mediante un conocido personaje.

Por Valentina Vinet

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El Llamado Salvaje

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El Llamado Salvaje

El CGI (Computer Generated Imagery) en el cine es a menudo un tema controversial al ser a veces mal utilizado, o ser técnicamente deficiente. A veces el efecto que genera es simplemente espantoso, como en el caso de “Cats” (2019), en otras busca ser casi lo único valioso en una película, más que historia o personajes, como en el caso de “Avatar” (2009). Esto se debe en gran medida a que es un recurso relativamente nuevo en la historia del cine, y las capacidades técnicas de los efectos especiales siempre están evolucionando. Algo notable de “El Llamado Salvaje” desde un principio es el uso de CGI para generar personajes casi en su totalidad, lo que es definitivamente una apuesta arriesgada. Sin embargo, el resultado, a pesar de no ser perfecto, es un buen camino a seguir para la industria en el futuro.

La historia sigue a Buck, un perro grande y afable, criado por una acaudalada familia en California, que es secuestrado y vendido durante la Fiebre del Oro, y enviado a Yukon, al norte de Canadá. Ahí vivirá diversas aventuras y conocerá a diferentes perros y personas que lo acercarán a su lado más salvaje, lo que finalmente lo llevará a su destino.

“El Llamado Salvaje” es una sólida película de aventuras, en gran medida porque el personaje principal es profundamente querible. Pese a que puede ser sumamente difícil generar empatía con un protagonista que no habla, por lo que se vuelve difícil entrar en su mundo interior, el film toma las decisiones adecuadas de utilizar una voz en off que a menudo nos dice lo que piensa, y hacer uso del CGI para darle al animal un gran rango de emociones y personalidad. Inmediatamente somos capaces de conectarnos con Buck, y además de entender su relación con los otros animales que conoce, los que también son sumamente expresivos.

Y ese es uno de los grandes aciertos de la película. El uso que le da al CGI tiene más que ver con construir personajes expresivos y queribles que con buscar un fotorrealismo que sea técnicamente sorprendente, o con generar un mundo de fantasía que sea el gancho de la cinta. A diferencia de “The Lion King” (2019), acá los personajes caninos están llenos de expresividad y personalidad, incluso a pesar de no tener voz, y esto es casi en su totalidad a lo efectivo del CGI.

Aunque, claro, la falta de prolijidad técnica en la animación de los personajes se siente, y en algunas escenas casi llega a distraer de la historia. Hay momentos en que estos no alcanzan a mezclarse bien con su ambiente y se sienten como personajes de videojuego, moviéndose por un ambiente de manera desconectada. Sin embargo, el film completo genera una sensación de fantasía y plasticidad que se complementa bien con este aspecto.

Básicamente, todo es un poco plástico, pero al menos de manera coherente. Se siente como un film animado, tanto por su textura visual como por su puesta en escena, lo que tiene sentido, considerando que es la primera película live action del director Chris Sanders, famoso por “Lilo & Stitch” (2002) y “How To Train Your Dragon” (2010) y “The Croods” (2013). Esto lleva a que los momentos en que el CGI falla se vuelvan menos choqueantes y nunca lleguen a ser más llamativos que la historia en sí.

“El Llamado Salvaje” no es una película perfecta, tiene algunas falencias de guion, algunos de sus personajes (particularmente los villanos) son algo caricaturescos y el final se vuelve sobre explicativo, alargándose y siendo innecesariamente cursi. Sin embargo, al igual que el viaje de Buck, es una película con altos y bajos: una vez terminada, es un viaje que valió la pena tomar. Y no sólo eso, es también un buen ejemplo de las posibilidades narrativas que puede tener el uso de CGI en el cine, si dejamos de centrarnos en el aspecto técnico y volvemos a concentrarnos en la historia y los personajes.


Título Original: The Call Of The Wild

Director: Chris Sanders

Duración: 105 minutos

Año: 2020

Reparto: Harrison Ford, Dan Stevens, Bradley Whitford, Karen Gillan, Omar Sy, Jean Louisa Kelly, Terry Notary, Cara Gee, Colin Woodell, Wes Brown, Anthony Molinari, Brad Greenquist


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