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Jack Ryan: Código Sombra

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Si hay una certeza en el cine de consumo masivo, esa es que los héroes de acción se resisten a  morir. El tiempo ha demostrado que ni siquiera aquellos que han sido centro de películas de modesto éxito ven amenazada su presencia en el cine, pues tarde o temprano, los estudios vuelven sobre ficciones que alguna vez pudieron haber funcionado. Así las cosas, la realización de una nueva cinta en torno a Jack Ryan no viene a sorprender a nadie. El personaje creado por Tom Clancy ha tenido un paso accidentado en la pantalla grande: cinco filmes y cuatro actores en la piel del héroe, en un lapso de tiempo de 24 años. En esta oportunidad, el camino que ha sido escogido es el del reboot, el segundo de la saga tras “The Sum Of All Fears” (2002), y tan sólo esa idea puede cabrear a cualquiera. En esta película, la quinta sobre el analista estadounidense, el británico Kenneth Branagh impulsa el relato con bastante dignidad, aunque no puede extraer de la historia un tufillo genérico e impersonal que podría irritar a quienes busquen un producto sobre la media.

JACK RYAN: SHADOW RECRUITHan caído las Torres Gemelas y un universitario de nombre Jack Ryan (Chris Pine) contempla la tragedia desde Londres. En un arranque de patriotismo, se enlista para sumarse al combate en Afganistán, donde inesperadamente sufre un accidente que lo deja gravemente herido. Durante el lento proceso de recuperación, conoce a la que luego será su prometida, la doctora Cathy Muller (Keira Knightley), y es reclutado por el oficial de la CIA Thomas Harper (Kevin Costner), quien lo designa para que trabaje en Wall Street de manera encubierta, con la misión de detectar transacciones financieras sospechosas que podrían alertar sobre actividades terroristas. Un trabajo de oficina que tendrá que abandonar cuando Rusia dé sospechosas señales, las que en verdad camuflan un ambicioso y destructivo plan liderado por Viktor Cheverin (Kenneth Branagh). De este modo, Jack Ryan se verá obligado a viajar a constatar los hechos, desencadenándose una carrera contra el tiempo para evitar el colapso de Estados Unidos, en la que incluso se verá envuelta su pareja, con quien lleva tiempo intentando comprometerse.

En este reboot la elección ha sido sólo tomar al personaje principal y desligarlo de cualquier novela de Tom Clancy, estrategia que tiene como jugada más visible que el inicio de Ryan es ubicado a comienzos de la década pasada, en contraposición a la génesis original ochentera. Ese intento de hacer un reinicio en toda la regla, podría haber dado pie para que la propuesta también hubiera sido jugada en la ejecución misma. Pero aquí no hay una pizca de eso: esta cinta no viene a inventar nada ni a proponer ninguna vuelta de tuerca de algo ya probado. Para suerte nuestra, una buena porción de sus apuestas dan en el clavo.

JACK RYAN SHADOW RECRUIT 02 Kenneth Branagh, además de interpretar con oficio al villano de turno, se encarga de encausar con orden y claridad una historia sin grandes brillos. Aunque se ambiente en la actualidad, la película ocupa los viejos recursos de esta clase de filmes, lo que no quiere decir que no sea una realización efectiva, por cierto. Con lo que tiene, el director se las arregla para montar un espectáculo que jamás pierde atractivo, ni siquiera en una primera parte dubitativa. Quizá el rasgo  más destacable que le imprime al relato es cierta verosimilitud para abordar esta especie de viaje iniciático, sobre todo al momento de tratar el primer asesinato de este analista de la CIA.

De ahí en adelante, con la trama ya asentada, el nervio está asegurado. Puede resultar cansino que nuevamente los rusos estén sobre los gringos, ahora con el afán de acabar con su sistema financiero, y que los cuatro personajes principales no tengan gran identidad, pero ahí está el mérito de Branagh: sacarle partido a una historia rupestre. Sus recursos, como se ha dicho, no son para nada elegantes, pero están bien aplicados. La piedra de tope es que para disfrutarla hay que tragarse un cúmulo de explicaciones con sustento débil y un romance que no consigue convencer. La explicación más obvia a esto último es que entre Chris Pine y Keira Knightley la química es escasa, aunque también existe responsabilidad de un guión que trata la relación como una mediocre reproducción de “True Lies” (1994). Ambos actores no desentonan en sus roles –curiosa aparición de Knightley en una producción como esta-, pero los momentos en que están solos en pantalla son de los más insípidos de la cinta.

JACK RYAN: SHADOW RECRUITProbablemente a esta realización no le alcance para dar origen a una exitosísima franquicia, pero se deja ver y proporciona un rato agradable. Si bien no hay nada en su interior que la impulse sobre la media y es un producto que jamás toma por sorpresa, tampoco provoca una seguidilla de bostezos. Poniendo las cosas en su lugar, esta es la clase de película que, sin ser una calamidad, nadie recuerda a la hora de los recuentos de fin de año. Para acción estimulante de verdad, mejor repasar las Jason Bourne, James Bond o incluso “Mission: Impossible – Ghost Protocol” (2011), que también hablaba de la amenaza rusa en pleno siglo XXI. Eso mientras quedamos a la espera de que en una década más haya otro intento por revivir al personaje de Tom Clancy.

Por Gonzalo Valdivia

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El Escándalo

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El Escándalo

La combinación de hechos reales y ficción, para así representar historias de relevancia mediática, podría reforzar una reflexión sobre el trasfondo de ciertos eventos; más aún, cuando existen permanentes discusiones sobre temas controversiales y que están forjando nuevas miradas en la sociedad contemporánea. En este contexto, existen ciertas producciones cinematográficas que toman este medio para adentrarse y otorgar una voz a sus protagonistas.

En 2016 se destapó uno de los más grandes secretos de la televisión estadounidense, cuando la ex conductora de Fox News, Gretchen Carlson, acusó y demandó a Roger Ailes, fundador y ex director del canal, de acoso sexual. El revuelo de la denuncia provocó un remesón en la cadena y ayudó a que muchas trabajadoras tomaran la decisión de denunciar a Ailes por el mismo comportamiento hacia ellas, incluida Megyn Kelly, conductora e importante figura del canal en ese entonces.

Dirigida por Jay Roach, “El Escándalo” se centra en cómo Gretchen Carlson (Nicole Kidman) interpone la demanda por acoso sexual en contra de Roger Ailes (John Lithgow) y las consecuencias de este hecho en el canal. Esta denuncia empujará a otras mujeres a alzar la voz, entre ellas Kayla Pospisil (Margot Robbie), una nueva conductora en ascenso, y a la figura más importante de Fox News, Megyn Kelly (Charlize Theron).

Al estar inspirada por hechos reales, el guion, a cargo de Charles Randolph, transita el terreno de la ficción, pero, al mismo tiempo, no deja a un lado la realidad y, casi como si fuera un documental, expone los hechos alrededor de una difusa veracidad. Esta idea permea la estructura de la cinta, fragmentando su hilo conductor e incorporando elementos que apoyen una mirada cómplice por parte del espectador. En ese sentido, la inclusión de voz en off, insertos visuales, romper la cuarta pared y movimientos de cámara simulando un falso documental, son parte de la sustancia que pretende dar autenticidad y punto de vista al relato, recordando el trabajo de Adam Mckay en “The Big Short” (2015) y “Vice” (2018).

Además, la cinta no tan sólo toma el punto de vista de quienes decidieron demandar y denunciar a Ailes, sino también agrega una tercera perspectiva para ahondar en la reiterada conducta sexual del ex director hacia las trabajadoras del canal. Por un lado, seguimos la mirada de Megyn Kelly, quien en ese momento era una de las figuras más importantes del canal, destacada por emplazar a Donald Trump cuando estaba en plena carrera presidencial. Kelly es puesta como el punto de fragmentación entre sus intereses profesionales y su postura individual cuando se enfrenta al destape iniciado por su ex compañera de canal, en ella se manifiesta el conflicto más profundo entre callar o sumarse a la denuncia, dicha disputa es llevada con gran habilidad a través de la interpretación de Theron, quien logra un extraordinario acercamiento a la figura real de Kelly.

Por otra parte, la representación de Gretchen Carlson es el disparador del gran escándalo y, aunque su presencia es primordial en la progresión de los hechos que terminaron en la denuncia en contra de Ailes, la construcción de su personaje queda incompleta al momento de profundizar en la manera en que escaló el gran destape. Por el contrario, la inclusión de un personaje ficticio en este conflicto permite una entrada hacia lo más oscuro que ocurría en el canal en ese entonces, donde se observa la conducta de George Ailes hacia las mujeres que trabajaban con él, pero también una sutil critica en contra de la industria televisiva y cómo la articulación del poder se interpone para obstaculizar el desarrollo profesional. El personaje interpretado por Margot Robbie resulta ser el más complejo de las tres, otorgando una mirada hacia su vida personal y cómo sus valores, postura política y religiosa chocan y se enfrentan a la situación en la que se ve envuelta.

“El Escándalo” intenta exponer con cierto grado de autenticidad los hechos ocurridos hace cuatro años y, a pesar de sus diferentes miradas, le resulta difícil comprometerse con un punto de vista en particular, por lo que pareciera incompleta en su propuesta. Su mayor fortaleza recae en la actuación de sus protagonistas y el trabajo de maquillaje y caracterización, el que acerca la ficción a su inspiración en la vida real, resultando en una película que sólo limita su relato a una representación superficial y parcial de la acusación que involucraba a grandes figuras de la industria televisiva.


Título Original: Bombshell

Director: Jay Roach

Duración: 109 minutos

Año: 2019

Reparto: Nicole Kidman, Charlize Theron, Margot Robbie, John Lithgow, Allison Janney, Kate McKinnon, Malcolm McDowell, Mark Duplass, Alice Eve, Connie Britton, Alanna Ubach


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