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Jack Reacher: Sin Regreso

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En 2012, una de las novelas basada en la serie de libros escritas por Lee Child traía a Tom Cruise de vuelta una vez más al género de la acción, para interpretar el ex policía militar Jack Reacher, quien a través de sus habilidades físicas en combate busca establecer justicia. Una segunda parte dirigida por Edward Zwick –quien vuelve a trabajar con Cruise desde “The Last Samurai” (2003)– llega a continuar las aventuras de este particular personaje.

jack-reacher-never-go-back-01Jack Reacher (Tom Cruise) vuelve a su antigua base militar para conocer a quien actualmente está en su posición, la mayor Susan Turner (Cobie Smulders). Sin embargo, al llegar se da cuenta que ella ha sido detenida por espionaje, detonando una persecución donde él es el fugitivo. En esta misión de cacería y escape, descubrirá secretos conspirativos del gobierno y también será la oportunidad para encontrarse de frente con su propio pasado.

Al adaptar una novela que es parte de una extensa serie de libros, se deduce que uno de los objetivos es establecer una especie de franquicia alrededor de su nombre. Siendo esta intención establecida en la primera parte, “Jack Reacher” (2012), se puede hablar que esta secuela contiene  una meta comercial, sin mayor sustento en su antecesora, pues la cinta de 2012 cerró de manera apropiada una historia que sin razón es abierta nuevamente.

jack-reacher-never-go-back-02Lo que hizo la primera película fue introducir las motivaciones y principales características del protagonista, quien se construye como un personaje diferente del resto que habitan algunas cintas del mismo género, pues lo que mueve a Jack Reacher es sin duda la justicia. Pero está lejos de ser un héroe, ya que su definición más asertiva es ser alguien con un carácter duro y que no duda en usar la fuerza y tácticas militares con quien se cruce en su camino. Esta construcción casi de antihéroe que realiza acciones desinteresadas, lo define como un personaje complejo pero difícil de seguir, porque es su personalidad –a ratos pretenciosa y construida desde un guion extremadamente autoconsciente– lo que genera distancia por parte del espectador. Por lo tanto, en esta secuela se quiere explorar un lado más sensible y cercano, y para ello las secuencias vertiginosas propias de un filme acción son reemplazadas por otras de tono más calmo, donde se deja observar un lado desconocido del protagonista. Una buena intención que habla de complejizar al personaje, pero que de manera forzada no logra alcanzar ese objetivo, pues a través de una subtrama que no fue explorada con mayor profundidad y diálogos desacertados, las instancias que explorarían la naturaleza más sensible de Reacher son tratadas torpemente.

Existe un claro foco dirigido hacia el personaje interpretado por Tom Cruise y sus habilidades militares, dejando de lado los conflictos centrales que mueven el relato. Este hecho queda claro cuando se explican motivaciones, y el detonante de su argumento y su posterior desarrollo, los que no constituyen un entramado lo suficientemente fuerte para sostener una segunda historia. El protagonista se topa con el conflicto central casi de casualidad, comprometiendo su participación sin grandes razones y, a partir de hechos azarosos, descubrir las redes que lo involucran y así ayudar a quienes lo rodean.

jack-reacher-never-go-back-03Uno de los puntos fuertes de “Jack Reacher: Sin Regreso” es la inclusión de Cobie Smulders como la mayor Susan Turner, aportando lo suficiente para generar una apropiada dinámica con su compañero, resultando en una buena dupla capaz de mantener la atención de la audiencia, y aportar un sabor nuevo a esta secuela. Susan Turner resulta ser casi como un personaje homólogo a Jack Reacher, siendo ella quien tenga un conflicto y motivaciones mucho más fuertes que las del propio protagonista. Tanto las interpretaciones de Smulders y Cruise entregan los puntos altos de esta cinta, confirmando que sus personajes tienen un peso mucho mayor que el argumento, lo que hace tambalear los cimientos de esta cinta.

La serie de novelas de Lee Child ha sido catalogada como “novelas de aeropuerto” o de fácil lectura, porque no representan mucha complejidad y están hechas justamente para sólo pasar un rato de entretención. Siguiendo esa definición, las dos películas basadas en la serie se alimentan de esta idea, pues, construidas con irregularidades, están hechas con un sólo objetivo: entretener. Y ciertamente nada de malo esconde esta inocente meta, pero no se pueden dejar de lado las posibilidades que tiene el cine para contar historias similares con mejores resultados. “Jack Reacher: Sin Regreso” se sostiene solamente en buenas interpretaciones y en las  intenciones de crear un relato sólido y entretenido, pero sólo cumple de manera irregular y dando tropiezos.

Por Ángelo Illanes

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Cine

David Lynch: The Art Life

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David Lynch: The Art Life

A través de su filmografía, y con el reciente regreso de “Twin Peaks”, David Lynch ha demostrado ser uno de los autores más prolíficos y complejos de las últimas décadas. Desde su primer largometraje, “Eraserhead” (1977), que su imaginario significa entrar a mundo de sensaciones donde representaciones visuales de la psiquis se vuelven tangibles. Debido a lo intrincado que podría ser su forma de narrar, experimentar su obra exige conectar con lo sensorial, pues su trabajo busca crear reacciones y evocar emociones. El director de “Blue Velvet” (1986) y “Mulholland Dr.” (2001) ha sido capaz de construir un estilo reconocible gracias las características que su obra comparte, en un estilo vago e incierto, pero envolvente, donde lo inexplicable convive con personajes que se ven atrapados en mundos complejos.

Dirigido en una colaboración entre Rick Barnes, Jon Nguyen y Olivia Neergaard-Holm, el documental “David Lynch: The Art Life” se centra en el trabajo artístico pictórico del cineasta, mientras se va creando un relato autobiográfico de sus primeros años formativos y su acercamiento al arte, sirviendo como puente entre sus inicios en esta disciplina y sus primeras obras cinematográficas.

Las conversaciones de tres años entre los realizadores y el director estadounidense son condensadas en una hora y treinta minutos, en un relato íntimo en la voz del mismo Lynch. El hecho que sea construido como un monólogo produce una atmósfera más natural y cercana con el director, así también adjudicando un punto de vista donde el espectador sólo observa cómo se mezcla su creación artística y su biografía. La voz en off de Lynch se hace omnipresente en un montaje que mezcla al artista trabajando en sus obras plásticas, en su estudio en Los Angeles –a veces acompañado de su pequeña hija, Lula– intercalando material biográfico como fotografías, videos de archivo y sus pinturas.

La autobiografía que acompaña el viaje visual habla de sus inicios, vida familiar, la relación con sus padres y cómo su influencia inevitablemente ayudó a formar su primera relación con al arte, siendo capturado por esta disciplina cuando decide mudarse a Filadelfia, donde pudo estudiarlo de manera profesional. Y es a través de todas estas experiencias e historias acumuladas que se juntan para inspirar gran parte de su trabajo, y cómo en el proceso de absorber, internalizar y plasmar se ha moldeado un imaginario enigmático y surrealista.

Claramente el foco de este registro documental está puesto en sus creaciones plásticas, concebidas a partir de distintos materiales y mezclando técnicas pictóricas que le dan la libertad de crear pequeños universos, en cuadros que perfectamente podrían ser sacados de alguna de sus películas. Por otra parte, los realizadores utilizan estas obras en el montaje no tan sólo como un apoyo visual, sino también para poder crear pequeños episodios visuales que enfatizan los relatos en off, y utilizando los textos que el mismo Lynch incorpora en sus cuadros, se destaca el estado emocional del relato. Por último, el uso de stop motion le agrega un dinamismo a la narración, haciendo de estas obras pequeñas escenas de la vida del artista, donde algunas de ellas contienen personajes que parecen atrapados en distintas realidades.

Este documental termina siendo un estudio del autor en un estado mucho más primitivo, además de una exploración íntima, donde se logra ver el mundo a través de sus ojos y se puede conocer con frescura una etapa de descubrimiento y creación artística. No es un retrato biográfico de principio a fin, tampoco se centra en una obra en particular, sólo es un acercamiento a procesos creativos desde una mirada de total naturalidad y comodidad por parte del cineasta.

Para entender el universo interior de David Lynch, y posteriormente apreciar con mayor profundidad su trabajo, es importante considerar todos los aspectos y los procesos de creación que lo han llevado a posicionar su nombre y ser poseedor de un estilo particular y reconocible. Así, este documental logra dar a conocer ese otro aspecto del cineasta, un lado que tiene relación con su configuración estética. Se vuelve importante conocer y revisar su filmografía, no necesariamente para poder entender este relato –sólo se cita a sus primeros cortometrajes y las primeras etapas de producción de “Eraserhead”–, aunque sí puede servir como complemento para enriquecer este acercamiento diferente y privado.


Título Original: David Lynch: The Art Life

Director: Jon Nguyen

Duración: 88 minutos

Año: 2016

Reparto: David Lynch, Documental

 


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