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Cine

It (Eso)

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Stephen King es uno de los novelistas que más adaptaciones ha apuntado para la pantalla grande. Se le ha llegado a titular como “un guionista de cine frustrado”, pero tras ver su prolífica y excelente trayectoria literaria, resulta imposible señalarlo como un fracaso narrativo. Así, de su amplia galería de éxitos, quizás sea “Eso” (“It”, publicado en 1986) su obra más ambiciosa adaptada a la fecha. Llevada primeramente como una miniserie a la televisión en el año 1990, la obra llega por primera vez al cine de la mano del argentino Andrés Muschietti y, en un contexto en que el terror vive su resurrección como género, se presenta como el plato fuerte de su nicho.

La historia nos coloca en Derry, Maine, a finales de los 80, donde el pequeño pueblo es víctima de una seguidilla de trágicas desapariciones de niños, entre los cuales se cuenta Georgie, hermano menor de Bill Denbrough (Jaeden Lieberher), quien a la vez es miembro del “club de los perdedores”, un grupo de marginados adolescentes sin nada de popularidad. El tiempo pasa y Georgie no aparece, por lo tanto, Bill con su peculiar grupo de amigos se disponen a encontrarlo, pero empiezan a ser acosados por Pennywise (Bill Skarsgård), una entidad maligna que se materializa como un tétrico payaso bailarín.

Dejando de lado la obra literaria y su anterior adaptación a televisión, la narrativa de “It (Eso)” logra sumergirnos en el Derry infantil de King: un idílico lugar que alberga capas siniestras debajo de la costra social que la cubre. Malignas entidades sobrenaturales y adultos con dudosas habilidades paternales son los elementos que eclosionan sobre la vida de nuestros juveniles protagonistas y crean con efectiva verosimilitud un mundo con elementos vivos y personalidad propia.

Siempre desde el punto de vista de los niños, la trama avanza con fluidez y logra orquestar una igualada presentación, tanto del mundo de los protagonistas como de lo sobrenatural, el que se apodera progresivamente de la realidad. El guion trata con cariño al universo de los niños, convirtiéndonos en uno más del “club de los perdedores” y permitiéndonos disfrutar en primera persona del tránsito hacia la adolescencia, todo ello condimentado con una aterrizada y espontánea comedia, que convierten una historia funcional y sin sorpresa alguna en un producto muy entretenido de ver.

Pero ¿qué pasa con el terror? “It (Eso)” se desentiende momentáneamente de las convenciones contemporáneas del horror y se libera casi por completo de los jump scare, esos manoseados sustos de sobresalto generados por un abrupto cambio en imagen y sonido. Así, la película genera diversas y constantes escenas de tensión y suspenso, que construyen la sensación del miedo de forma ascendente y que, si bien no consiguen aterrar, instalan en el espectador el efecto de incomodidad de que algo está por venir. El film no consigue ser tan terrorífico como se esperaría teniendo a un antagonista como Pennywise, y esto se debe a que la obra suaviza la brutalidad que un personaje como este inspira, relegándolo a ser un enemigo que asusta, pero que nunca concreta sus intenciones homicidas, aterrizando en un cómodo lugar donde el peligro, aunque presente, nunca es mortal.

Las actuaciones entregadas por Jaeden Lieberher, Sophia Lillis y Finn Wolfhard están llenas de vida y brillan por sobre la media. Se siente una genuina química de amistad entre todo el grupo de protagonistas, y sus escenas en conjunto vibran con la dualidad que entrega esa mezcla entre comedia y suspenso. Lamentablemente, el desarrollo de los personajes no sobresale en lo absoluto y se detiene en el confort de los arquetipos: personajes bidimensionales cuyo carisma se limita a su participación cómica más que en el trasfondo de sus historias. Por otro lado, Pennywise es una satisfactoria sorpresa, pues Bill Skarsgård reinventa levemente al payaso bailarín, dotándolo de un nuevo aire que danza en sintonía con sus compañeros de pantalla.

En términos generales, “It (Eso)” es una película funcional que entretiene y mantiene al espectador en perpetua tensión, mas no asusta lo suficiente. El guion, sin ser sobresaliente, permite crear los espacios para que los actores se lleven los aplausos y, por evidente que sea, deja abierta la puerta para la secuela, la cual adaptaría el siguiente arco argumental del libro. Y ya que hablamos de la novela, hay que decir que se echa en menos la profundidad que Stephen King logra desarrollar con los protagonistas y todo el mundo que los rodea, las lecturas sobre la amistad, la sexualidad, el tránsito hacia la adultez y, sobre todo, la brutalidad y maldad en estado puro que Pennywise representa y materializa. “It (Eso)” es una adaptación inocente de un libro crudo y poderoso, pero no por ello deja de ser una agradable obra que habla de la amistad y el compañerismo. Una película que tiene más de “The Goonies” (1985) que de “The Conjuring” (2013), pero que no se divorcia del núcleo con el que King patentó su obra original: una cruda historia sobre la amistad entre niños de ayer y hoy.

Por Roberto Núñez

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El Hombre Invisible

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El Hombre Invisible

Luego de fallar en el intento de crear una nueva franquicia basada en los monstruos clásicos del estudio Universal, la decisión de traerlos de vuelta sigue en pie, pero otorgándole a cada uno por separado la oportunidad de reiniciar sus raíces a través de relecturas basadas en su material original. “El Hombre Invisible”, novela escrita en 1897 por H.G. Wells, tuvo su propia adaptación cinematográfica en 1933, dirigida por James Whale, y en el reinicio en 2020 a cargo de Leigh Whannell (“Upgrade”, 2018) la historia dará un giro para ser adaptada a nuestros tiempos y mezclarse con los miedos modernos, para así encontrar un espacio y poder sobrevivir en la atestada cartelera semanal.

Esta nueva versión se centra en Cecilia Kass (Elisabeth Moss), quien, luego de escapar de la abusiva relación que tenía con un millonario científico, recibe la noticia que él se ha suicidado, dejándole gran parte de su fortuna como herencia. Sin embargo, su cordura se ve cuestionada cuando, después de unos extraños sucesos, Cecilia comienza a suponer que su ex pareja en realidad no está muerto. Mientras trata de convencer al resto de sus sospechas, deberá arrancar de quién la acecha y proteger a quienes ama.

Reconstruir clásicos y reversionar sus propuestas siempre parece ser un trabajo difícil, más aún cuando se tiene las limitaciones de interpretar al pie de la letra el material original y sólo se realizan ciertas modificaciones para que pueda camuflarse correctamente en tiempos actuales. Sin embargo, la labor que realiza el guion a cargo del mismo Whannell parece más ambiciosa que sólo rehacer la adaptación de una novela escrita a finales de 1800.

De aquel material original sólo se toma la premisa para ahondar en miedos aún más profundos y que tienen relevancia con los tiempos que nuestra sociedad está viviendo. Aunque esto se podría tomar como aprovechamiento mediático de un movimiento, que hizo que muchas mujeres alzaran la voz frente a los abusos que han sido cometidos en su contra, la cinta pareciera tener la intensión de acentuar el temor que existe tras salir de una relación abusiva, y cómo las consecuencias persiguen a su sobreviviente, incluso cuando el escenario ya parece seguro.

Este subtexto se esparce durante toda la cinta, dejando en claro que, para hacer una película que se mueve entre el terror y el thriller psicológico, debe existir una sustancia que sostenga las decisiones de su protagonista y los eventos que la rodean. En ese sentido, esta producción logra el objetivo sin excesos o la utilización de su protagonista como víctima; por el contrario, el viaje que realiza Cecilia desde que logra escapar de las manos de su abusador hasta la resolución final da cuenta de una evolución frente a los cuestionamientos frente a su cordura, pues, quienes la rodean, no logran advertir el calvario por el que ella realmente está pasando.

De esta forma, el trabajo realizado por Elisabeth Moss resulta esencial para poder retratar este estremecedor trayecto. Su rostro, presente en casi todo el metraje en pantalla, logra encarnar las emociones necesarias para conectar con su resistencia, llevándose gran parte del peso dramático de esta película. Whanell prefiere tomar el tiempo necesario para construir la tensión, optando por extender ciertos momentos donde el peligro acecha, apoyándose en la información que el público maneja sobre la situación y evitando los ya sobre utilizados jump scares. No obstante, la decisión de extender estos momentos de incertidumbre acaba por ralentizar secuencias de angustia, terminando en resoluciones anticlimáticas y que podrían agobiar el compromiso tácito entre espectador y relato.

Por otra parte, al encontrarse enfocada en la exploración psicológica de su protagonista y cómo los hechos a su alrededor ponen en jaque su cordura, este énfasis está estirado hasta que el momento donde las revelaciones comienzan a ser más claras, las que parecen ser incluidas casi por obligación y sin sutilezas, provocando que la narración decaiga hacia su final.

“El Hombre Invisible” no aspira a esclarecer la ciencia detrás de la posibilidad de ser invisible, dejando a un lado cualquier rastro de explicación innecesaria sobre aquel hecho. Por el contrario, el relato avanza hacia los miedos que existen cuando lo que más se teme aparece sin razón y no se le puede ver. Si bien, la cinta avanza con algunos tropiezos y decisiones que pudieron ser evitadas, es cierto que su propuesta funciona de manera acertada, principalmente gracias al trabajo de su subtexto y el desempeño de su actriz protagonista.


Título Original: The Invisible Man

Director: Leigh Whannell

Duración: 110 minutos

Año: 2020

Reparto: Elisabeth Moss, Storm Reid, Harriet Dyer, Aldis Hodge, Oliver Jackson-Cohen, Zara Michales, Michael Dorman, Amali Golden


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