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Intensa Mente

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Quince títulos que están entre lo más resplandeciente del cine de las últimas décadas ha entregado Pixar, un verdadero milagro de estudio, un prodigio que los tiempos que corren no lo merecen del todo. Como un acontecimiento se vive la llegada de cada una de sus películas, desde que en noviembre de 1995 debutara la ya clásica “Toy Story”. Pero en años recientes, más por el desbordamiento de las expectativas que por algo palpable, ha empezado a extenderse la idea de que la compañía pasa por un período de estancamiento, de fatiga, como si luego de tantas joyas consecutivas fuera natural el descenso de la genialidad. Un apunte un tanto apresurado, pero de cierta forma atendible por el estreno –justo un año después de la inmensa “Toy Story 3” (2010)- de una discretísima secuela de una película de por sí bastante menor, “Cars 2” (2011), y doce meses INSIDE OUT 01después por el arribo de una modesta cinta con el timbre Disney, como “Brave” (2012). No muchos lo entendieron así, pero con la muy entretenida “Monsters University” (2013) el estudio enderezó de manera notable el rumbo. Y ahora, con su estreno número 15, el reencuentro es total. Tras un par de títulos vacilantes y un 2014 en que no pasó por las salas, la reunión con la compañía de la lamparita es todo lo que cabría esperar: emoción a raudales, un caramelo para los niños, un estacazo para los adultos.

“Intensa Mente” trascurre dentro de la cabeza de Riley, una niña de once años que acaba de mudarse de Minnesota hasta San Francisco con sus padres. Dentro de ella, las cinco emociones personificadas habitan los Cuarteles Generales, con Alegría liderando y dando a orden a un equipo además compuesto por Tristeza, Furia, Desagrado y Temor. La adaptación de la niña a su nueva vida revienta en que los cinco entren en conflicto, terminando por instalarse la confusión luego de que Tristeza accidentalmente provoca que ella y Alegría se extravíen al interior de la mente de Riley.

INSIDE OUT 02Empleando juguetes, peces, autos, insectos, monstruos, ratones o robots, Pixar ha demostrado que no hay obstáculos inabordables cuando el motor creativo es urdir obras cargadas de amor e inspiración, con hondas repercusiones y no más fin que reflexionar acerca de la vida. El paso que implica “Intensa Mente” es conquistar con la personificación de las emociones, y la idea es genial y la película la exprime con brillantez. Eso, en buena parte, por la dualidad en la que se extiende la historia.

Lo anterior está conectado, indudablemente, con algo transversal en las obras Pixar: una narración perfectamente aceitada. “Intensa Mente” propone un paso adelante en esa dirección. Su enrevesada narrativa no se transforma en problema alguno para el vértigo de la película, tampoco para su emoción. Ambas, de hecho, se detonan a partir del sentido de dependencia que se genera entre las cinco emociones y las acciones de Riley. Alegría deja bien clara la relación: “Somos las emociones de Riley. Somos quienes hacemos que Riley sea Riley”.

INSIDE OUT 04La aventura se mueve todo el tiempo en ese desdoblamiento. Así, luce, por un lado, su pareja protagónica compuesta por Alegría y Tristeza, tan entrañable y complementaria como las duplas más icónicas de la compañía: Wazowski y Sullivan, Marlin y Dory, Carl Fredricksen y Russell, y por supuesto Woody y Buzz. Por otro lado, emergen con brillos propios sus secundarios, encumbrados al tope de genialidad en su delineamiento, liderados por el inolvidable Bing Bong, una de las cotas más alta en ese sentido. En el viaje de Alegría y Tristeza, despliega –como no podría ser otra manera- imaginación a destajo en la elaboración de la mente de Riley, recordando un poco a películas como “Cloudy With A Chance Of Meatballs” (2009).

Pero si hay arrojo en contar la historia a dos bandos, es levemente más mesurada en la urgencia que le imprime al conflicto central. Busca, de cierta forma, equilibrio. Cuenta una carrera contra el tiempo, pero no tiene los contornos épicos de otras cintas de la compañía, como “Up” (2009) o “Monsters, Inc.” (2001), y eso es porque no le hace falta. Lleva hasta horizontes tan impresionantes su idea central, que no necesita proyectar como su finalidad incrustar mayores dosis de sentido de la acción.

INSIDE OUT 03“Intensa Mente”, sin prisas, se adentra en la memoria, en la naturaleza humana, en las emociones. El lento abandono de la infancia y el dolor que eso involucra, es presionado sin miedo por la película, que finalmente funciona como resumen de las inquietudes Pixar, donde la palabra crecer es probablemente el motor de sus obras. Universal y dolorosa, sin dejar de ser divertida, para ello el nuevo filme de Pete Docter se nutre de parte del resto de las cintas del estudio, como el entrañable afán reivindicador de “Ratatouille” (2007) o el espíritu de buddy movie de “Finding Nemo” (2003).

Es cierto que 2014 fue un año en que Hollywood despegó con títulos interesantes, pero la ausencia del mayor estudio animado de la industria, la ausencia de su mirada insustituible y humana, se hizo sentir. Una montaña rusa de emociones es lo que propone Pixar con cada una de sus obras, por lo que una maravillosa noticia sería que no siguiera sucumbiendo ante la tentación de hacer secuelas. Pero virtualmente perdida esa batalla, si sus creaciones originales siguen irrumpiendo de vez en cuando y son tan sobresalientes como “Intensa Mente”, no habría mucho espacio para quejarse. Otro hermoso tesoro de Pixar ha llegado a los cines y la acción inmediata es correr a verla.

Por Gonzalo Valdivia

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Cine

David Lynch: The Art Life

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David Lynch: The Art Life

A través de su filmografía, y con el reciente regreso de “Twin Peaks”, David Lynch ha demostrado ser uno de los autores más prolíficos y complejos de las últimas décadas. Desde su primer largometraje, “Eraserhead” (1977), que su imaginario significa entrar a mundo de sensaciones donde representaciones visuales de la psiquis se vuelven tangibles. Debido a lo intrincado que podría ser su forma de narrar, experimentar su obra exige conectar con lo sensorial, pues su trabajo busca crear reacciones y evocar emociones. El director de “Blue Velvet” (1986) y “Mulholland Dr.” (2001) ha sido capaz de construir un estilo reconocible gracias las características que su obra comparte, en un estilo vago e incierto, pero envolvente, donde lo inexplicable convive con personajes que se ven atrapados en mundos complejos.

Dirigido en una colaboración entre Rick Barnes, Jon Nguyen y Olivia Neergaard-Holm, el documental “David Lynch: The Art Life” se centra en el trabajo artístico pictórico del cineasta, mientras se va creando un relato autobiográfico de sus primeros años formativos y su acercamiento al arte, sirviendo como puente entre sus inicios en esta disciplina y sus primeras obras cinematográficas.

Las conversaciones de tres años entre los realizadores y el director estadounidense son condensadas en una hora y treinta minutos, en un relato íntimo en la voz del mismo Lynch. El hecho que sea construido como un monólogo produce una atmósfera más natural y cercana con el director, así también adjudicando un punto de vista donde el espectador sólo observa cómo se mezcla su creación artística y su biografía. La voz en off de Lynch se hace omnipresente en un montaje que mezcla al artista trabajando en sus obras plásticas, en su estudio en Los Angeles –a veces acompañado de su pequeña hija, Lula– intercalando material biográfico como fotografías, videos de archivo y sus pinturas.

La autobiografía que acompaña el viaje visual habla de sus inicios, vida familiar, la relación con sus padres y cómo su influencia inevitablemente ayudó a formar su primera relación con al arte, siendo capturado por esta disciplina cuando decide mudarse a Filadelfia, donde pudo estudiarlo de manera profesional. Y es a través de todas estas experiencias e historias acumuladas que se juntan para inspirar gran parte de su trabajo, y cómo en el proceso de absorber, internalizar y plasmar se ha moldeado un imaginario enigmático y surrealista.

Claramente el foco de este registro documental está puesto en sus creaciones plásticas, concebidas a partir de distintos materiales y mezclando técnicas pictóricas que le dan la libertad de crear pequeños universos, en cuadros que perfectamente podrían ser sacados de alguna de sus películas. Por otra parte, los realizadores utilizan estas obras en el montaje no tan sólo como un apoyo visual, sino también para poder crear pequeños episodios visuales que enfatizan los relatos en off, y utilizando los textos que el mismo Lynch incorpora en sus cuadros, se destaca el estado emocional del relato. Por último, el uso de stop motion le agrega un dinamismo a la narración, haciendo de estas obras pequeñas escenas de la vida del artista, donde algunas de ellas contienen personajes que parecen atrapados en distintas realidades.

Este documental termina siendo un estudio del autor en un estado mucho más primitivo, además de una exploración íntima, donde se logra ver el mundo a través de sus ojos y se puede conocer con frescura una etapa de descubrimiento y creación artística. No es un retrato biográfico de principio a fin, tampoco se centra en una obra en particular, sólo es un acercamiento a procesos creativos desde una mirada de total naturalidad y comodidad por parte del cineasta.

Para entender el universo interior de David Lynch, y posteriormente apreciar con mayor profundidad su trabajo, es importante considerar todos los aspectos y los procesos de creación que lo han llevado a posicionar su nombre y ser poseedor de un estilo particular y reconocible. Así, este documental logra dar a conocer ese otro aspecto del cineasta, un lado que tiene relación con su configuración estética. Se vuelve importante conocer y revisar su filmografía, no necesariamente para poder entender este relato –sólo se cita a sus primeros cortometrajes y las primeras etapas de producción de “Eraserhead”–, aunque sí puede servir como complemento para enriquecer este acercamiento diferente y privado.


Título Original: David Lynch: The Art Life

Director: Jon Nguyen

Duración: 88 minutos

Año: 2016

Reparto: David Lynch, Documental

 


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