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¡Huye!

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A pesar de lo que digan los trailers y afiches, “¡Huye!” no es una película de terror, o al menos no es una película de terror convencional. Es cierto que asusta, pero, más que eso, perturba e incomoda; hace tener sentimientos negativos, pero más por el lado de la reflexión sobre una realidad incómoda y compleja de solucionar, que del temor a un monstruo o un asesino con un machete. Esta realidad es el racismo en Estados Unidos; específicamente, la aparentemente pugna social sin solución entre los afrodescendientes y su contraparte caucásica. A pesar de ser un conflicto sumamente estadounidense, puede ser trasplantado al resto del mundo, especialmente a la situación actual donde los líderes nacionalistas están ganando cada vez más elecciones. Este trasfondo es una de las dos grandes razones a favor de “¡Huye!”. La otra es su calidad.

Chris Washington (Daniel Kaluuya), un joven fotógrafo afroamericano, acepta a regañadientes ir por el fin de semana a la casa de los padres de su novia, Rose Armitage (Allison Williams). Chris teme que la diferencia racial entre él y la familia de su novia vaya a ser un problema, pero al llegar a la lujosa residencia Armitage se dará cuenta que esto irá mucho más allá de los comentarios incomodos.

Por su planteamiento y estilo, “¡Huye!” está emparentada directamente con cintas como “It Follows” (2014), “The Babadook” (2014), “Ich Seh Ich Seh” (2014) y “The VVitch: A New-England Folktale” (2015), todas cintas de terror y suspenso atípicas, construidas desafiando los lineamientos generales del género y su ejecución. También fueron todas sumamente bien recibidas, con el público y la crítica destacando su función como vehículos para desarrollar temas profundos. Desde las enfermedades venéreas, a la capacidad de convivir con un trauma, estas cintas funcionan más como dramas psicológicos con momentos de tensión y susto.

Aunque quizás no sea la más lograda en el apartado técnico -esa distinción se la lleva sin lugar a dudas “The VVitch: A New-England Folktale”-, “¡Huye!” tiene la gracia de ser la más política y contemporánea del lote. Los temas de las anteriores son todos ancestrales: existen desde siempre y siempre lo harán. El racismo, como es entendido y trabajado en “¡Huye!”, es totalmente moderno: no se trata de un blanco maltratando o sodomizando a sus esclavos negros, el racismo de esta cinta es más soterrado. Habla más sobre el temor y la paranoia que experimenta un afroamericano cuando se encuentra en un barrio eminentemente blanco y cómo, aunque las leyes de derechos civiles ya existen hace años y todos son iguales (en el papel), aun así la presión social lo encerrará en un rol definido y, en la mayoría de los casos, degradante. Este concepto va siendo desarrollado con paciencia y maestría en la película. A medida que Chris va conociendo a la familia de Rose, va enfrentándose a parientes jóvenes y progresistas, y luego a viejos con ideas retrógradas, que en muchos casos le resultarán incluso ofensivas. Para estos efectos, la cinta se sirve de un humor negro tan mordaz como hilarante. El director y guionista Jordan Peele, parte del célebre dúo de comedia “Key And Peele”, llenó su trabajo de momentos incómodos y políticamente correctos muy divertidos, pero nunca casuales. Cada chiste o comentario fuera de lugar apunta tanto al tema central como a la resolución de la historia.

Aparte de su impecable ejecución, gran parte del mérito de esta obra lo posee su guion. Este es de esos donde cada punto se conecta con naturalidad con otro y ningún elemento parece desperdiciado. Junto con esto, la calidad de los diálogos es espectacular; tanto los de Chris con Rose, como los de este y la familia de ella, e incluso los de Chris con su amigo Rod, cuentan con los tonos adecuados. Esta distinción es importante, en cuanto la comunidad afroamericana maneja códigos lingüísticos que se pierden, o muchas veces evaden a los extranjeros a ella. Una serie de detalles, como que Chris le ofrezca el puño en vez de la mano a modo de despedida a la única persona de raza negra que conoce entre la familia de Rose, son vitales para anclar la obra en la actualidad.

En cuanto a sus aspectos técnicos, “¡Huye!” está grabada de manera austera. Los planos son siempre claros, optando siempre por la claridad de imagen y narración. El montaje también sigue esta línea, dejando de lado los flashbacks u otras técnicas, y enfocándose en lo concreto. Junto con esto, el tiempo de duración son unos muy agradables y bien aprovechados 104 minutos, de los cuales ninguno es desperdiciado en tomas que puedan responder más a un capricho que a lo que en verdad necesita la historia.

“¡Huye!” es exactamente el tipo de película que necesita esta época: cine emocionante que al mismo tiempo tenga el valor de poner sobre la mesa los temas más complejos de la actualidad. Si a esto se le suma una ejecución casi impecable de todas las partes involucradas, resulta una película que de seguro estará entre lo mejor de este año.

Por Lucas Rodríguez


Título Original: Get Out

Director: Jordan Peele

Duración: 104 minutos

Año: 2017

Reparto: Daniel Kaluuya, Bradley Whitford, Allison Williams, Catherine Keener, Betty Gabriel, Caleb Landry Jones, Lyle Brocato, Ashley LeConte Campbell, Marcus Henderson, LilRel Howery


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Judy

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Judy

El género del biopic tiene un montón de vicios difíciles de esquivar. A menudo intentan abarcar casi una vida completa, lo que hace difícil profundizar realmente en los personajes; otras veces simplemente se apoyan demasiado en el cariño que la audiencia le tiene a sus protagonistas y terminan transformándose en monumentos a sus figuras más que en historias que se valgan por sí mismas. “Judy”, dirigida por Rupert Goold, evita caer en la primera trampa e intenta esquivar la segunda, pero termina apoyándose demasiado en el peso de la figura que busca retratar, en desmedro de la historia.

La película sigue a Judy Garland (Renée Zellweger) mientras intenta revivir su carrera artística durante una serie de espectáculos en Londres a fines de los años 60. En paralelo, debe lidiar con su depresión, alcoholismo y el escrutinio público que trae un complicado y conflictivo juicio por la tutela de sus hijos pequeños. Esto es intercalado con escenas de su juventud como una estrella de cine y televisión, bajo el cruel cuidado de Louis B. Mayer (Richard Cordery).

A pesar de centrarse en un evento muy específico en la vida de la cantante, el film no alcanza a profundizar lo suficiente en su viaje. Judy Garland está poco construida como personaje, donde sus deseos y necesidades no son explorados lo suficiente y, aunque es bastante claro que su mayor meta es obtener custodia de sus hijos pequeños, su viaje interno no se relaciona con el conflicto que vemos en pantalla. Esto lleva a que la película no tenga un foco ni un estilo narrativo claro. A veces se siente como una historia perfectamente tradicional sobre una protagonista intentando sobreponerse a una serie de obstáculos para lograr su objetivo, y otras se siente como una historia menos estructurada, como una serie de viñetas en la vida cotidiana de una artista en el ocaso de su carrera, pero que no se compromete con ninguno de los dos estilos.

Por otro lado, el uso de los flashbacks a la juventud de Judy Garland se siente algo forzado. Pareciera que la película busca retratar su niñez y adolescencia (más bien, la falta de ellas) como el origen de todos los problemas en su adultez, pero no hay una clara correlación narrativa entre ambos momentos. Además, hay varios elementos y situaciones de estos flashbacks que son lamentablemente muy poco explorados, especialmente la clara implicación de que Louis B. Mayer habría abusado sexualmente de ella durante su juventud. El film toma todos estos elementos y pareciera que todo va a llevar a una reflexión sobre los efectos que la fama puede tener en la vida de una persona, pero hacia el desenlace la película se contradice y termina con un final sumamente cursi y gratuito, que temáticamente no dice nada sobre la artista ni sobre la industria. Es un cierre que no entrega nada y busca sólo apelar al cariño que el público le tiene a su figura.

Se siente como si la historia narrada fuera una simple excusa para tener a Renée Zellweger como Judy Garland, y tiene algo de sentido, puesto que su actuación es por mucho lo más rescatable de la película. No sólo es una interpretación muy emocional, sino también muy física. Tanto su postura como sus movimientos dentro y fuera del escenario se sienten excéntricos, pero a la vez espontáneos y naturales, entregando a su personaje una identidad visual muy particular. Es interesante simplemente mirarla caminando, maquillándose y bailando. Lamentablemente, el resto de los personajes son absolutamente olvidables, y se percibe como si estuvieran ahí sólo para que la protagonista tenga gente con quien interactuar, al igual que todos los otros elementos narrativos en el film.

Así, a pesar de tomar la decisión correcta de centrarse en un evento específico en la vida de una artista, “Judy”, al igual que tantas otras biopics, cae en la trampa de apoyarse demasiado en el impacto cultural de la artista que retrata, y no intenta contar una historia interesante narrativa ni temáticamente. Esto es algo que podría funcionar para fans acérrimos de la artista, pero para una audiencia menos familiarizada, “Judy” no tiene nada que ofrecer.


Título Original: Judy

Director: Rupert Goold

Duración: 118 minutos

Año: 2019

Reparto: Renée Zellweger, Rufus Sewell, Finn Wittrock, Michael Gambon, Jessie Buckley, Bella Ramsey, John Dagleish, Gemma Leah Devereux, Gaia Weiss, Andy Nyman, Fenella Woolgar


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