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Horas Contadas

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Cuando se trata de hacer cintas para todos los públicos fuera de los terrenos de la animación o las historias de princesas, Disney ofrece una fórmula probada que no suele disgustar a nadie. Lo mismo aplica cuando el enfoque realista y despojado de toda fantasía es el escogido, como lo exponen “Saving Mr. Banks” (2013), “Alexander And The Terrible, Horrible, No Good, Very Bad Day” (2014) y “Million Dollar Arm” (2014), todas películas discretas y menores dentro del panorama fílmico, pero que contienen buenos momentos y, por sobre todo, tienen los mínimos necesarios para que sean saboreadas por cualquiera. El director de ese último título mencionado, Craig Gillespie, es justamente el hombre detrás de este estreno de la compañía en estas ligas, uno que contiene mayores porciones de aventura al límite que cualquier producto de Disney.

THE FINEST HOURS 01La cinta se sitúa a comienzos de los años 50 y sigue a Bernie Webber (Chris Pine), un guardacosta de Chatham, Massachusetts, que cae enamorado de una joven llamada Miriam (Holliday Grainger). Los planes que ambos rápidamente trazan se ven postergados cuando  se informa de una emergencia acaecida en altamar: el barco petrolero SS Pendleton perdió su sección delantera en un accidente, y su tripulación hace lo que puede por mantener a flote lo que queda y mantenerse con vida. Pese a que parece improbable cualquier plan para revertir la catastrófica situación, Bernie y tres hombres salen en su auxilio a bordo de un pequeño bote, mientras la tripulación del Pendleton se intenta organizar en torno Raymond Sybert (Casey Affleck), quien tiene un plan para que la nave permanezca más tiempo a flote.

Debutó en la dirección por partida doble en 2007 con “Mr. Woodcock” (2007) –comedia desenfadada sobre los roces entre un  hijo que tardíamente regresa a su hogar y su padrastro– y “Lars And The Real Girl” (2007) –atesorable cinta indie con Ryan Gosling de protagonista–, para luego probar suerte en el terror con “Fright Night” (2011). Singular e interesante fue el camino previo de Craig Gillespie antes de desembocar en la factoría Disney, hace dos años con el drama deportivo protagonizado por THE FINEST HOURS 02Jon Hamm. Pero como si se hubiera sentido satisfecho con lo que ahí encontró, firma su quinta cinta dentro de la misma compañía en, por lejos, el paso más coherente y armónico de su trayectoria, aunque enfrente escollos de otro tipo.

En ninguno de esos variados intentos le había tocado jugar con la tensión y la desolación como debe hacerlo en “Horas Contadas”, una aventura cuyo material en bruto tiene carne para desviarse hacia el tedio, pero que en este caso cuenta con la pericia indispensable para volverla atractiva. Que el director enfrente esto en una producción Disney no se esboza como un escollo, sino como un punto a favor del que saca ganancias. Un diseño de producción impecable y un texto bien moldeado, que siempre destacan como parte de los  imponderables sobre los que se elaboran largometrajes como este, llevan como acompañamiento atributos que no siempre dicen presente.

Sabemos qué rol cumplirá en todo instante cada personaje, sabemos hacia dónde emprenderá rumbo la trama, pero eso no es impedimento para que la película adquiera peso. El director se esfuerza por enaltecerla y para ello cuenta con un grupo de actores siempre sólidos y apegados a lo que exige una historia de supervivencia como esta: que no haya nadie dubitativo en su interpretación. Con ese estilo y prestancia en la ejecución, se termina relegando a segundo plano que sea una cinta de pilares corrientes. No obstante, no todo es tan parejo, y presenta inconvenientes para mantener el mismo THE FINEST HOURS 03interés cuando, ya avanzada la historia, debe intercalar con episodios de calma y habladuría, bien lejos de la tragedia. Lo que se quiere es ver a esos hombres al límite, expuestos en sus intentos por no derrumbarse, ojalá en un constante ascenso de presión. Separando eso, aun así podría ser atendible que elija matizar con otros momentos. Desafortunadamente, adolece de consistencia en esa transición y más de algún cambio de cadencia luce inducido con poco esmero.

Esos son finalmente los altibajos de una película modesta como esta, que se las arregla para brindar dos horas que, aunque se hacen ligeramente largas, encarnan buena entretención y una exposición contenida de los valores humanos. Vistos los intentos de Disney por imbuirse en la aventura –algunas de las ya mencionadas o “National Treasure” (2004) y su secuela de 2007–, “Horas Contadas” se gana con justicia un lugar en la delantera. Puede haber dudas por su envoltorio, pero ciertamente dista bastante de cualquier apariencia poco digna. Porque, claro está, se encuentra muy lejos de ser a “The Perfect Storm” lo que la desastrosa “Into The Storm” (2014) era a “Twister” (1996).

Por Gonzalo Valdivia

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Cine

David Lynch: The Art Life

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David Lynch: The Art Life

A través de su filmografía, y con el reciente regreso de “Twin Peaks”, David Lynch ha demostrado ser uno de los autores más prolíficos y complejos de las últimas décadas. Desde su primer largometraje, “Eraserhead” (1977), que su imaginario significa entrar a mundo de sensaciones donde representaciones visuales de la psiquis se vuelven tangibles. Debido a lo intrincado que podría ser su forma de narrar, experimentar su obra exige conectar con lo sensorial, pues su trabajo busca crear reacciones y evocar emociones. El director de “Blue Velvet” (1986) y “Mulholland Dr.” (2001) ha sido capaz de construir un estilo reconocible gracias las características que su obra comparte, en un estilo vago e incierto, pero envolvente, donde lo inexplicable convive con personajes que se ven atrapados en mundos complejos.

Dirigido en una colaboración entre Rick Barnes, Jon Nguyen y Olivia Neergaard-Holm, el documental “David Lynch: The Art Life” se centra en el trabajo artístico pictórico del cineasta, mientras se va creando un relato autobiográfico de sus primeros años formativos y su acercamiento al arte, sirviendo como puente entre sus inicios en esta disciplina y sus primeras obras cinematográficas.

Las conversaciones de tres años entre los realizadores y el director estadounidense son condensadas en una hora y treinta minutos, en un relato íntimo en la voz del mismo Lynch. El hecho que sea construido como un monólogo produce una atmósfera más natural y cercana con el director, así también adjudicando un punto de vista donde el espectador sólo observa cómo se mezcla su creación artística y su biografía. La voz en off de Lynch se hace omnipresente en un montaje que mezcla al artista trabajando en sus obras plásticas, en su estudio en Los Angeles –a veces acompañado de su pequeña hija, Lula– intercalando material biográfico como fotografías, videos de archivo y sus pinturas.

La autobiografía que acompaña el viaje visual habla de sus inicios, vida familiar, la relación con sus padres y cómo su influencia inevitablemente ayudó a formar su primera relación con al arte, siendo capturado por esta disciplina cuando decide mudarse a Filadelfia, donde pudo estudiarlo de manera profesional. Y es a través de todas estas experiencias e historias acumuladas que se juntan para inspirar gran parte de su trabajo, y cómo en el proceso de absorber, internalizar y plasmar se ha moldeado un imaginario enigmático y surrealista.

Claramente el foco de este registro documental está puesto en sus creaciones plásticas, concebidas a partir de distintos materiales y mezclando técnicas pictóricas que le dan la libertad de crear pequeños universos, en cuadros que perfectamente podrían ser sacados de alguna de sus películas. Por otra parte, los realizadores utilizan estas obras en el montaje no tan sólo como un apoyo visual, sino también para poder crear pequeños episodios visuales que enfatizan los relatos en off, y utilizando los textos que el mismo Lynch incorpora en sus cuadros, se destaca el estado emocional del relato. Por último, el uso de stop motion le agrega un dinamismo a la narración, haciendo de estas obras pequeñas escenas de la vida del artista, donde algunas de ellas contienen personajes que parecen atrapados en distintas realidades.

Este documental termina siendo un estudio del autor en un estado mucho más primitivo, además de una exploración íntima, donde se logra ver el mundo a través de sus ojos y se puede conocer con frescura una etapa de descubrimiento y creación artística. No es un retrato biográfico de principio a fin, tampoco se centra en una obra en particular, sólo es un acercamiento a procesos creativos desde una mirada de total naturalidad y comodidad por parte del cineasta.

Para entender el universo interior de David Lynch, y posteriormente apreciar con mayor profundidad su trabajo, es importante considerar todos los aspectos y los procesos de creación que lo han llevado a posicionar su nombre y ser poseedor de un estilo particular y reconocible. Así, este documental logra dar a conocer ese otro aspecto del cineasta, un lado que tiene relación con su configuración estética. Se vuelve importante conocer y revisar su filmografía, no necesariamente para poder entender este relato –sólo se cita a sus primeros cortometrajes y las primeras etapas de producción de “Eraserhead”–, aunque sí puede servir como complemento para enriquecer este acercamiento diferente y privado.


Título Original: David Lynch: The Art Life

Director: Jon Nguyen

Duración: 88 minutos

Año: 2016

Reparto: David Lynch, Documental

 


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