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Cine

Hombres de Negro 3

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¿Era necesaria una tercera parte? A más de una década de la olvidable segunda entrega de los Hombres de Negro, cabría preguntarse a quién podría interesarle ver una continuación de la saga. ¿Alguien los recordaba? Confirmando la escasez de ideas originales en Hollywood, tocaba el turno del retorno de Will Smith y Tommy Lee Jones, para protagonizar la tercera parte de una saga, que de no ser por el éxito económico que ha cosechado, estaría relegada al completo olvido. Esta secuela lo ratifica.

Men In Black” (1997) no era ninguna maravilla, pero lograba entretener y tenía cierta inteligencia en su humor, que daba como resultado un divertimento bastante digno en comparación a los blockbusters que estamos acostumbrados a recibir. Unos años después, llegó su continuación, la cual echó por la borda el buen hacer de la primera, tratando de replicar la fórmula, con un guión inconsistente y chistes cuya gracia residía en el carisma de Smith, el cual, lógicamente, no era suficiente para levantar una película que está al borde del despropósito. Sonnenfeld retoma el puesto de director, y filma una cinta que mejora en comparación a su antecesora, pero sigue siendo igual de olvidable.

Todo comienza en una prisión lunar, donde el alienígena Boris “El Animal”, logra escapar de su celda para dirigirse a la Tierra y vengarse del hombre que le cortó el brazo y lo envío a la cárcel, el agente K (Tommy Lee Jones). Sin el poder necesario para vencerlo en el presente, Boris viajará al pasado para cambiar el rumbo de la historia y deshacerse del “joven agente K” (Josh Brolin). Será tarea del agente J (Will Smith), regresar a los años 60 para cubrir las espaldas de su compañero y salvar al mundo de una inevitable invasión extraterrestre.

Los primeros quince minutos de película marcan la pauta de todo lo que propone MIB 3. Will Smith tratando de hacerse el gracioso, lanzando frases carentes de cualquier ápice de comedia ingeniosa y situaciones que pretenden sacar carcajadas, pero que finalmente sólo provocan el sonroje. Los acontecimientos transcurren sin una mayor intriga ni emoción, en una película que sigue una línea casi pareja en cuanto a revelaciones o giros dramáticos. Tomando en cuenta que estamos ante una trama de ciencia ficción, que contiene viajes temporales y sus respectivas paradojas, sorprende que no hayan podido articular una trama un poco más interesante, en un guión que avanza a tropezones, y muchas veces pisándose la cola con la propia historia de los personajes, como el romance del agente K con la agente O (Emma Thompson), que se supone marcó su vida, suprimiendo por completo el pasado amoroso que se nos había presentado en la primera entrega de la saga.

Parte de esta responsabilidad la tienen los productores de la película, quienes hicieron grandes modificaciones al guión, tanto en la estructura de la historia, como en su tono, suavizando la ironía e irreverencia que poseía en un principio, convirtiéndose en el mayor defecto de la cinta. Narrada en el contexto de los Estados Unidos de los años 60, el guión original contenía una serie de chistes sobre la sociedad de la época. Referencias raciales y sexistas, fueron limitadas a un par de momentos que vienen a ser lo mejor del filme y donde se puede sentir una pizca de humor más acabado e inteligente. La mofa al trabajo de Andy Warhol, cuando detienen al agente J por conducir un auto “muy elegante”, o incluso la aparición de Lady Gaga en una de las pantallas de la base de los agentes, siendo identificada como un extraterrestre, son sólo un par de chispas de lo que pudo haber sido.

Quizás lo único rescatable es la actuación de Josh Brolin, quien imita a la perfección al personaje de Tommy Lee Jones, y tiene los mejores momentos de la película, o por lo menos los más relevantes. Más allá de eso, sólo queda un entretenimiento mediocre, que sirve para ser consumido y olvidado unas horas después, y sin necesidad de neuralizador.

Por Sebastián Zumelzu

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Nelson

    22-May-2012 en 11:07 pm

    Películas que son meramente relleno innecesario luego de ver The Avengers, y a la espera de Prometheus Y The Dark Knight Rises.

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Artículos Cine

Star Wars y el auge de los efectos visuales

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Star Wars

Desde prácticamente siempre, ha existido un odio irracional hacia las precuelas de Star Wars, aquella trilogía de películas que estrenada entre 1999 y 2005 que prometía conectar todos los hilos en torno a la historia que George Lucas iniciara en 1977. Amparado bajo una segunda explosión de popularidad de la saga, el director comenzó a principios de la década del 90 lo que sería la concepción de una idea que ya tenía cuando trabajaba “El Imperio Contraataca”, y que, según sus propias declaraciones en múltiples ocasiones, no le era posible filmar debido a las limitancias tecnológicas propias de la época. Así, el desarrollo del CGI hizo que Lucas pudiera adentrarse en la realización de una nueva trilogía, donde, más allá de su cuestionado argumento e innecesaria creación de fallas argumentales para la saga original, terminó por transformarse en una revolución gracias al elemento que fue más destacado por la crítica: los efectos especiales.

Fue en 1997 cuando comenzó el rodaje de “La Amenaza Fantasma” (1999) y, aunque se mantuvieron algunos elementos como la marioneta de Yoda y una utilización de escenarios reales con un cuidado diseño de producción, la transición se fue desarrollando de manera natural a lo que terminaría siendo “El Ataque de los Clones” (2002) y “La Venganza de los Sith” (2005), donde el uso de fondo verde fue más prominente que en ocasiones anteriores. Como dato curioso, y para reforzar la idea de que la animación digital fue el elemento principal de estas cintas, es sabido que no se construyó ni una sola armadura de trooper durante las tres películas, con dichos modelos siendo todos creados por computadora. A pesar de que el uso de CGI ya se había presenciado en otras películas previas –probablemente “Jurassic Park” (1993) siendo el caso más reconocido–, su utilización dentro de la producción de Star Wars significó todo un precedente, gracias a un innovador software donde se crearían los efectos visuales, al punto de que en la primera cinta existe una sola secuencia que no contiene efectos digitales.

A veinte años de su estreno, los efectos visuales en el cine son cosa de cada día, con prácticamente la totalidad de las cintas más taquilleras utilizándolo en su mayoría, lo que en un espectro más crítico ha terminado por omitir en el espectador el deseo de intentar diferenciar qué es real y qué no al momento de mirar una película. Asimismo, los directores actualmente pueden gozar de la misma libertad que Lucas describió a la hora de realizar las precuelas, pudiendo crear un guion a su antojo sin preocuparse de restricciones en torno a la producción, el desarrollo de personajes y, sobre todo, la creación de mundos y criaturas tan fantásticas como se ha caracterizado la saga desde sus orígenes. Todo lo anterior permitió también una reducción en los tiempos de rodaje, comenzándose a producir blockbusters en masa gracias a la implementación de la fotografía digital, y el uso de cámaras digitales que permiten grabar sin la necesidad de revelar el celuloide, pudiendo así montar y modificar escenas de una manera mucho más rápida.

Ya con la trilogía original Lucas había innovado en una serie de técnicas cinematográficas que eran prácticamente desconocidas para la época, pero todo ese trabajo fue opacado en cierta forma gracias al abrumador éxito que la saga tuvo más allá de la pantalla, transformándose en un icono de la cultura pop gracias a la explosiva venta de juguetes y una creciente popularidad que nunca decayó en el período de 1977 a 1983. Y es así como las tecnologías fueron evolucionando en pos de una saga que desde sus orígenes buscó una forma de deslumbrar y crear experiencias nunca vistas, algo que sin duda se logró con todos los contratiempos que pueda significar. Pasar de un aproximado de 365 tomas con efectos visuales en la primera cinta de 1977 a las más de 2200 que tiene la última de la era Lucas en 2005, habla de una necesidad de incorporar la tecnología con el fin de contar historias, derribando límites y permitiendo que la creatividad e imaginación de los realizadores pueda verse reflejada en la gran pantalla.

Hoy en día, con una nueva trilogía que llegará a su fin este 19 de diciembre, se puede ver como las técnicas de las otras seis entregas se van complementando para darle un romanticismo a la producción, omitiendo de plano un uso totalmente digital para seguir incluyendo animatronics, marionetas, maquillaje y otras técnicas de producción. Sin embargo, es imposible no reconocer el trabajo e influencia de George Lucas en el desarrollo del cine de fantasía como lo conocemos hoy en día y, más allá de cualquier falencia narrativa que haya cometido en sus cuestionadas precuelas, el cine y la tecnología comenzaron una relación que ha beneficiado tanto lucrativa como creativamente a la industria.

  • Star Wars: El Ascenso de Skywalker” se estrena el próximo 19 de diciembre. Preventa AQUÍ.

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