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Hombre Irracional

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Ser mujer, no altamente intelectual y público de Woody Allen parece ser una ecuación improbable. De haber una excepción, correspondería a aquella persona que está dispuesta a presenciar espectáculos que, no con mucha sutileza, denostan el género femenino y que parafrasean un racimo de bibliografía que demanda una riqueza literaria superior al promedio –o mejor dicho, que alardea de leer mucho con el tonito elitista de ese que se toma un café en Starbucks con un Heidegger en mano–. De ahí la gigantesca falta de sorpresa al tener que toparse otra vez con lo mismo.

IRRATIONAL MAN 01Reconocido por sus lúgubres escritos y rumores sobre su vida privada, el profesor de filosofía Abe Lucas (Joaquín Phoenix) llega a una universidad a hacer clases. Ahí se involucrará con una alumna y una colega, sin embargo, será un homicidio el que inesperadamente dará un vuelco en la vida de todos.

Cuando Abe le comenta a Jill (interpretada por Emma Stone) que la mujer existe a expensas del hombre y ella sin más concuerda, el cuento se transparenta. La autoría de Allen se olfatea en todas sus películas, pero a ratos se llega a visualizar; a tocar. Su lente de imperceptible no tiene nada. Él revolotea todo el tiempo, dejando la estela de su perspectiva personal de la vida, haciendo sombra. “Hombre Irracional” es un ensayo filosófico kantiano auto-indulgente; una entre varias obras que plasman tanto la virtud de su creador para echar a andar historias, como sus fetichismos instigadores de arqueos de cejas.

Un atribulado sujeto en posición social de privilegio (tremenda novedad, ¿o lo es?) se involucra con una mujer que lo deslumbra y confunde, y entre medio se desencadena uno que otro enigma, cuyas profundidades se nutren de referencias artísticas que tendrán a los lectores de elite viendo estrellas. Descripción que no sólo se ajusta a esta última producción, y es que el estadounidense ha perfilado un espectador objetivo exigente que a estas alturas le debe demandar ejercicios de analogías cultas, casi como manteniendo una broma cómplice que se retoma film tras film. La omnipresencia de IRRATIONAL MAN 02Dostoievski continúa, en una saga que todavía no se agota; Allen es su adherente estrella, embajador del estudio de sus obras, en específico “Crimen Y Castigo”.

Eminentemente es un cuestionamiento respecto a la existencia de la casualidad y el forjamiento de nuestro propio destino. Abe es un hombre desencantado, pero porque sabe demasiado, ha racionalizado todo, y por tanto ha perdido el goce que otorga la dulce mundanidad. Juega a la ruleta rusa como quien juega a las bolitas, haciendo hasta de su posible suicidio un asunto ensayístico: no es que quiera morirse, pero tampoco le importa demasiado si el gatillo dispara, y de paso explora la incidencia de la chance. Entonces, en términos de texto –literalmente de guión–, la cinta es por cierto un interesante desarrollo existencialista. Allen se desliza con soltura en esa categoría, sabiendo introducir a los personajes para luego generar un desafío a través de un siempre atractivo incidente incitador.

Pero es mezquino, y ostentoso. Incluso dejando de lado la pobreza del despliegue audiovisual a nivel de concepto, que es sin duda la debilidad recurrente del realizador aunque él esté consciente y apruebe de aquello, el problema es que se embelesa tanto con esas discusiones académicas, que lleva a cabo con sus espectadores inteligentes (de los cuales una minoría deben ser féminas, porque quién tiene estómago para su sexismo) que descuida la construcción de la historia. Es, Allen, un profesional IRRATIONAL MAN 03capaz de dotar de encanto relatos de complejidad pesada, que en vez de transformar sus trabajos en manuales para tontos, les otorgan una segunda lectura que les enriquece mucho más. Aquí, no obstante, simplemente se agarra de esa extrañeza innata de Phoenix y su nueva adoración que es Emma Stone, los pone en escena como títeres y los usa como dispositivo. Sus presencias son una excusa; transportan el mensaje en lugar de interpretarlo.

Desaprovechar a Phoenix es un pecado mortal: para que su actuación no sea más que circunstancial, pensando en un actor cuyo rango de capas sólo es comparable a los Hoffman y Day-Lewis, algo mal se tuvo que haber hecho. Arranca prometedora, como todo lo del director, pero pronto se estanca en la complacencia de los pensamientos propios de Allen que hacen rodar los ojos, y se diluye. A diferencia de sus buenas películas, la recepción positiva de esta solo puede adscribirse dentro de su pandilla defensora, que de todas formas es amplia.

Por María José Álvarez

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Judy

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Judy

El género del biopic tiene un montón de vicios difíciles de esquivar. A menudo intentan abarcar casi una vida completa, lo que hace difícil profundizar realmente en los personajes; otras veces simplemente se apoyan demasiado en el cariño que la audiencia le tiene a sus protagonistas y terminan transformándose en monumentos a sus figuras más que en historias que se valgan por sí mismas. “Judy”, dirigida por Rupert Goold, evita caer en la primera trampa e intenta esquivar la segunda, pero termina apoyándose demasiado en el peso de la figura que busca retratar, en desmedro de la historia.

La película sigue a Judy Garland (Renée Zellweger) mientras intenta revivir su carrera artística durante una serie de espectáculos en Londres a fines de los años 60. En paralelo, debe lidiar con su depresión, alcoholismo y el escrutinio público que trae un complicado y conflictivo juicio por la tutela de sus hijos pequeños. Esto es intercalado con escenas de su juventud como una estrella de cine y televisión, bajo el cruel cuidado de Louis B. Mayer (Richard Cordery).

A pesar de centrarse en un evento muy específico en la vida de la cantante, el film no alcanza a profundizar lo suficiente en su viaje. Judy Garland está poco construida como personaje, donde sus deseos y necesidades no son explorados lo suficiente y, aunque es bastante claro que su mayor meta es obtener custodia de sus hijos pequeños, su viaje interno no se relaciona con el conflicto que vemos en pantalla. Esto lleva a que la película no tenga un foco ni un estilo narrativo claro. A veces se siente como una historia perfectamente tradicional sobre una protagonista intentando sobreponerse a una serie de obstáculos para lograr su objetivo, y otras se siente como una historia menos estructurada, como una serie de viñetas en la vida cotidiana de una artista en el ocaso de su carrera, pero que no se compromete con ninguno de los dos estilos.

Por otro lado, el uso de los flashbacks a la juventud de Judy Garland se siente algo forzado. Pareciera que la película busca retratar su niñez y adolescencia (más bien, la falta de ellas) como el origen de todos los problemas en su adultez, pero no hay una clara correlación narrativa entre ambos momentos. Además, hay varios elementos y situaciones de estos flashbacks que son lamentablemente muy poco explorados, especialmente la clara implicación de que Louis B. Mayer habría abusado sexualmente de ella durante su juventud. El film toma todos estos elementos y pareciera que todo va a llevar a una reflexión sobre los efectos que la fama puede tener en la vida de una persona, pero hacia el desenlace la película se contradice y termina con un final sumamente cursi y gratuito, que temáticamente no dice nada sobre la artista ni sobre la industria. Es un cierre que no entrega nada y busca sólo apelar al cariño que el público le tiene a su figura.

Se siente como si la historia narrada fuera una simple excusa para tener a Renée Zellweger como Judy Garland, y tiene algo de sentido, puesto que su actuación es por mucho lo más rescatable de la película. No sólo es una interpretación muy emocional, sino también muy física. Tanto su postura como sus movimientos dentro y fuera del escenario se sienten excéntricos, pero a la vez espontáneos y naturales, entregando a su personaje una identidad visual muy particular. Es interesante simplemente mirarla caminando, maquillándose y bailando. Lamentablemente, el resto de los personajes son absolutamente olvidables, y se percibe como si estuvieran ahí sólo para que la protagonista tenga gente con quien interactuar, al igual que todos los otros elementos narrativos en el film.

Así, a pesar de tomar la decisión correcta de centrarse en un evento específico en la vida de una artista, “Judy”, al igual que tantas otras biopics, cae en la trampa de apoyarse demasiado en el impacto cultural de la artista que retrata, y no intenta contar una historia interesante narrativa ni temáticamente. Esto es algo que podría funcionar para fans acérrimos de la artista, pero para una audiencia menos familiarizada, “Judy” no tiene nada que ofrecer.


Título Original: Judy

Director: Rupert Goold

Duración: 118 minutos

Año: 2019

Reparto: Renée Zellweger, Rufus Sewell, Finn Wittrock, Michael Gambon, Jessie Buckley, Bella Ramsey, John Dagleish, Gemma Leah Devereux, Gaia Weiss, Andy Nyman, Fenella Woolgar


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