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Hijo De Trauco

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Todas las películas surgen del guión en mayor o menor medida; quizás unas conviven con más improvisación que otras, pero este suele respetarse y ser el comienzo de lo que puede ser una HIJO DE TRAUCO 01producción de calidad. Dentro de esto, el que un guión haya recibido demasiadas ediciones y variadas “sugerencias”, usualmente es una de las más famosas recetas para el desastre, donde “Hijo De Trauco”, del debutante Alan Fischer, parece ser la más reciente víctima.

Jaime (Xabier Usubiaga) es un chilote de 14 años que no encaja para nada con su entorno, por lo que anhela irse de la isla. Pero cuando su madre Aurelia (Daniela Ramírez) le cuenta la verdad sobre el paradero de su padre, Jaime decide salir a encontrar la verdad por sí mismo, para lo que recibirá la ayuda de Violeta (Ignacia Tellez), una joven pasando por una situación similar.

“Hijo De Trauco” se lanza con unos prometedores primeros minutos, perfilando en una sola secuencia con voz en off al protagonista, introduciendo a su familia y presentando a la co-protagonista. Después de esto, la película desecha sin razón aparente su principal elemento motivador de la acción y lo reemplaza a la fuerza por la búsqueda de la verdad sobre el padre. Al mismo tiempo, la historia se alterna con inquietantes animaciones sobre los mitos chilotes, las que nunca tienen una utilidad por HIJO DE TRAUCO 02encima de reiterar las ya bastantes obvias referencias de la historia con la mitología de la isla, por lo que molestan más de lo que aportan.

La película se va hundiendo minuto a minuto en el más absoluto caos narrativo, con cada personaje que es introducido (algunos de las formas más sorprenderles e irrisorias), entregando una nueva versión íntegra de los hechos que desembocan en la nada absoluta, y así sucesivamente. Esto sería un problema si no fuera porque la narración es tan lenta y carente de atractivo, que la atención ya se ha disipado mucho antes del primer giro de la trama; a esto no ayuda la actuación carente de emoción del protagonista, quien se mantiene indolente en las situaciones más extremas.

Por otro lado, es de esperarse que una película filmada íntegramente en el sur profundo de Chile aproveche al máximo los paisajes naturales y su hermosa inmensidad, pero salvo un par de tomas de cielos nublados, el entorno está absolutamente desaprovechado, especialmente si se tiene en cuenta HIJO DE TRAUCO 03todo lo que la historia bebe de la tradición de Chiloé. Junto con esto, el trabajo de cámara pone más énfasis en los personajes en sí, que estos enmarcados en su entorno, lo que le juega en contra debido a que el nivel general de las actuaciones no es alto.

A pesar de ser un desorden, la película contiene algunos elementos de valor en sí mismos: la historia del futuro de Jaime resulta interesante, y si la trama hubiera girado en torno a esto, habría tenido mayor coherencia con los anhelos y aspiraciones del personaje principal. Además, algunas de las alusiones y paralelos con los mitos chilotes dan para reflexionar, pero el producto final es deficiente y poco coherente, incluso dentro de un margen de acción bastante tradicional, sugiriendo un guión desordenado y demasiado manoseado.

Por Lucas Rodríguez

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Midsommar

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Midsommar

“Midsommar”, el segundo largometraje de Ari Aster, logra reafirmar un estilo particular de dirección para abordar el terror. A diferencia de “Hereditary” (2018), su película anterior, aquí la idea de la ritualidad es abarcada desde una puesta en escena que ya no es oscura y nocturna, sino que totalmente iluminada para transmitir una idea pureza y virginidad.

Dani (Florence Pugh) es una joven estudiante que acaba de sufrir el fallecimiento de su hermana y de sus padres. Christian (Jack Reynor), su pareja, es el único lazo que la contiene frente a sus constantes crisis, pero la relación de ambos se encuentra en un momento de inestabilidad. Dani se entera por el grupo de amigos de él de que viajarán todos juntos a Suecia, donde se celebrará un evento especial de la comunidad a la que uno de ellos perteneció. Por compromiso, Christian decide invitarla. Entregados a admirar y participar de este festival de verano, al poco tiempo son testigos de rituales que son a lo menos duros de mirar, y de los cuales inevitablemente se van volviendo parte, hasta convertirse en pilares fundamentales de la celebración.

La construcción de esta historia gira en torno a lo desconocido y lo ajeno que resulta para los personajes todo lo que está por ocurrir en esta semana de festividad de acuerdo a las creencias de los mismos participantes. Sin embargo, estas son mostradas con antelación al espectador, por lo que el desarrollo de la película no estaría marcado precisamente por la sorpresa de los acontecimientos, y más bien se avanza a través de ella como compañeros de su protagonista, interpretada por Florence Pugh, quien encarna perfectamente a este personaje atormentado y confundido, siendo parte de un universo que no entiende, pero del que se sumerge casi sin darse cuenta.

Si bien, el guion juega con darle un carácter de “cultural” o una justificación religiosa a las acciones de sus antagonistas –ya que los mismos personajes mantienen la intención de una investigación antropológica–, no profundiza en ello, para así dejarnos principalmente con la sensación de terror frente a imágenes crudas que no pueden ser fácilmente entendidas por quienes no somos parte de esa espiritualidad, la que, a su vez, pareciera tener un futuro ya predeterminado.

Ari Aster crea así una atmósfera de ensoñación acorde a los estados de sus personajes, drogados con las pócimas, la belleza del lugar y lo extraño de los distintos acontecimientos. El Midsommar es representado desde la dirección de arte a través de un espacio que se presenta como pulcro y perfecto, con los colores cálidos del verano y el colorido de las flores. La fotografía, por su parte, forma una especie halo blanco que remite a un lugar paradisíaco, bañado con la luz del sol, el que se distorsiona de manera interesante en ciertos momentos para enfatizar un estado mental abierto a “la influencia”.

La calidad en las distintas áreas técnicas del cine del director logra formar una pieza de valor artístico que es sin duda un aporte para el género de terror, sin embargo, si bien aquí de todas maneras juega con elementos de suspenso a través de la música o sus movimientos de cámara, “Midsommar” no resulta una película que deje con una sensación constante de demasiado miedo ni terror, sino más bien de una espera frente a lo que está por venir y una contemplación constante.

Conociendo a grandes rasgos los elegantes mecanismos técnicos que le dan a Aster un carácter de autor al que vale la pena seguir el rastro, su tercer filme exigirá dar un paso más allá respecto de cómo abordar situaciones “terroríficas”, donde quizás su mayor desafío sea el de seguir mezclando una buena historia de terror o suspenso con una hermosura de imágenes y sonidos que le den otra capa de profundidad o, al menos, algún tipo de cuestionamiento de la misma, y así poder ver las dos caras de la moneda, es decir, poder percibir lo “especial” que ve el antagonista respecto a eso que a nosotros nos da terror. En este sentido, no remitirse al susto exclusivamente por lo brutal e inesperado, sino que enlazarlo con una mirada artística, que necesite cada vez menos sustentarse en los clichés, continuando también con una construcción de personajes y dirección de actores impecable, que puedan transmitirnos una historia completamente ajena al espectador, pero a la vez cercana y posible.

“Midsommar” resulta una película que aborda el terror desde un interés cercano a la antropología, que, al igual que “Hereditary”, explora la idea del ser parte de una comunidad con ciertas creencias y tradiciones que ya tienen un plan establecido para los protagonistas, y de los que ellos no están enterados, pero que, en el caso particular de esta cinta, propone crear un contraste entre prácticas brutales y una apariencia visual pura o virginal, idea que pudo haber sido explotada más profundamente para generar un impacto potente en el espectador, y que acá no se consigue del todo. De todos modos, cabe destacar que, en lo que va de su filmografía, Aster logra unas gloriosas escenas finales, que dejan con una sensación perturbadora e incómoda de, a pesar de todo, estar admirando algo realmente bello.


Título Original: Midsommar

Director: Ari Aster

Duración: 147 minutos

Año: 2019

Reparto: Florence Pugh, Jack Reynor, Will Poulter, William Jackson Harper, Ellora Torchia, Archie Madekwe, Vilhelm Blomgren, Julia Ragnarsson, Anna Åström, Anki Larsson


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