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Guardianes

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El cine ruso no es conocido por su masividad en occidente, por lo que la idea de superhéroes desde esa parte del mundo genera un nivel de curiosidad dentro de un género que continúa gozando de popularidad. Un país como Rusia, con esa historia e identidad cultural, podría traer un vuelco interesante, pero la película dirigida por Sarik Andreasyan prefiere acercarse a los peores exponentes del género, pareciendo más un videojuego de antaño o un clip musical, como ocurrió con “Suicide Squad” (2016). “Guardianes” pudo ser una oportunidad para conocer un enfoque diferente, sin embargo, desperdicia la identidad rusa apelando a la audiencia occidental, acostumbrada al estilo hollywoodense sin tener el presupuesto para realizarlo.

En la Rusia contemporánea, cuatro superhumanos con poderes otorgados mediante experimentos durante la Guerra Fría son llamados a servir al proyecto secreto del gobierno. Su misión es volver a formar un equipo llamado Los Guardianes y derrotar al científico que fue su creador, quien antes pensaban muerto, pero que hoy amenaza con tomar control sobre el país e incluso destruirlo con los poderes que ha ganado.

“Guardianes” es el intento de la industria de cine rusa por entrar a la competencia del género de las películas de superhéroes, hasta hoy dominado por Hollywood. A la industria le viene bien un rival para querer mejorar sus producciones, y a la audiencia le sirve para tener variedad, pero no si esta es la calidad que llega a competir. La falta no está en el notorio bajo presupuesto, sino que esto resulta un detalle mínimo al compararlo con los problemas de trama, tema, personajes y edición que tiene a lo largo de sus eternos 89 minutos de duración.

La propuesta inicial, a pesar de no ser nada nuevo, tiene potencial y pudo llegar a ser interesante e incluso entretenida, pero para que una idea poco original tenga éxito, debe brillar en otras áreas. No es el caso de “Guardianes”, donde sus protagonistas –que pudieron ser la salvación de esta producción– resultan planos, tontos sin excepción, poco interesantes y sin personalidad ni características que los definan demasiado. Sus historias son expuestas mediante diálogo en momentos que arruinan el contexto y la credibilidad, asunto que también se traspasa al villano, absolutamente genérico, pero además sin un plan coherente ni motivaciones claras.

La razón por la que películas como “The Avengers” (2012) funcionan, no es sólo por los millones de dólares de presupuesto en efectos especiales y estrellas reconocidas, lo que sin duda ayuda a una producción hoy en día. A pesar de tener tramas recicladas y malos villanos, los personajes que logran construir resultan interesantes para la audiencia, tienen rasgos que detestar o que amar, además de generar química entre los protagonistas con diálogos dinámicos que no resultan forzados, como sí ocurre en “Guardianes”. Además de forzar las relaciones entre los personajes, se fuerza la edición. En su mejor expresión esta es una herramienta que pasa desapercibida, entrega ritmo o estilo, pero en la peor –como en esta producción– distrae de la trama, es notoria, crea un ritmo cortado o incluso carece del mismo, causando que la percepción del tiempo sea confusa. Estos problemas llevan a que la película carezca de orden y estilo, lo que no sólo se expresa en la edición de imagen, sino también en la de sonido, particularmente en los momentos que eligen usar la banda sonora, demasiado ruidosa en momentos que el silencio sería más efectivo.

El guion tiene un trabajo difícil, ya que al pretender emular a un estudio como Marvel, que demoró años y varias películas en preparar su universo cinematográfico, tiene la tarea de condensar todo ese tiempo previo en una sola película que nos introduce a personajes que no conocemos, en un contexto que nos es ajeno. Por esto, es un guion que está plagado de diálogo lleno de información, pero incluso así la trama es poco clara e inconsistente, dejándola de lado para enfocarse en los malos efectos especiales y la acción, que también está editada con desorden y poca claridad.

La premisa de “Guardianes” no es mala y pudo resultar interesante al tener el factor de lo desconocido, pero al carecer de identidad sería lo mismo que dijeran que la historia ocurre en Rusia, Estados Unidos o Alemania. La posibilidad de exponer un contexto distinto alimentando el género de superhéroes, se ve anulada por las constantes ideas y escenas sacadas de otras cintas occidentales populares, representadas con falta de sutileza sin ser parodia. Esto, más una trama sin riesgo o consecuencia alguna, no ayuda a darle un sentido propio ni una identidad particular, quedándose en una imitación de menor presupuesto que se acerca a las peores películas del género.

Por Valentina Vinet

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La Mirada Incendiada

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La Mirada Incendiada

Tiempos de dictadura, un hijo de exiliados políticos que vuelve a Chile por cuenta propia y un crimen de crueldad inconmensurable por parte de las fuerzas de orden. El tercer largometraje de ficción de la directora Tatiana Gaviola, “La Mirada Incendiada”, inicia con las palabras “Inspirada en un hecho real”, tomando como punto de partida el conocido Caso Quemados, atentado en el que Carmen Gloria Quintana y Rodrigo Rojas de Negri fueron víctimas de un ataque incendiario por parte de militares a plena luz del día en la vía pública.

Protagonizado por Juan Carlos Maldonado en el papel de Rodrigo, el filme prometía sin duda ser un aporte para la memoria de nuestro país, dada la historia en cuestión y su contexto, sin embargo, esta promesa metamorfoseó hasta convertirse no sólo en polémica, debido a la nula influencia que tuvo la familia de Rojas de Negri en materias de decisión cinematográfica, sino que también es una cinta que no cumple del todo con los objetivos que parece perseguir.

El inicio de la película muestra a Rodrigo volviendo a Chile con una cámara bajo el brazo y el propósito de desempeñarse cómo fotógrafo profesional. Tras andar un rato medio perdido, y luego de ser ayudado por una amiga vecina de su tía, logra llegar a la casa de esta y sus dos primas menores, quienes cariñosamente lo acogen a lo largo de la trama. Tras esto, se forjan lazos emotivos que dan cuenta de la personalidad dulce y templada del protagonista. De esta forma, se retrata claramente cómo Rodrigo influyó en la vida del resto de los personajes mediante escenas variadas, que muestran momentos íntimos en los que estos interactúan, desde conversaciones nocturnas y abrazos diurnos, hasta experiencias traumáticas que refuerzan vínculos.

A lo mencionado anteriormente, se suma la manera en que los personajes se comunican entre sí. Si bien, el guión resulta claro y conciso, los intercambios de palabras se articulan principalmente a través de diálogos medianamente breves y en ocasiones incluso un poco rígidos, cayendo en la sobre explicación del contexto dictatorial en el que ocurren los eventos una y otra vez, resultando en parte obvios. Además, el guión demuestra la clara intención de introducir gran variedad –y cantidad– de expresiones y/o dichos chilenos, dando así a entender una identidad lingüística acertada, que da cuenta de aspectos de nuestra cultura, pudiendo haber sido presentado de manera igualmente oportuna, pero a través de matices más sutiles.

Por otro lado, Rodrigo es retratado a través de conversaciones y acciones como un joven que no se encuentra realmente al tanto ni de la situación a nivel país, ni de las restricciones que esto implica, modificando el relato y añadiendo romanticismo mediante la presencia de un protagonista en parte inocente, que sueña con denunciar las injusticias del golpe sin pensar en repercusiones. En este sentido, resalta también el carácter poético que busca reflejar la voz en off de narradora de la historia –perteneciente al personaje de Carmen Gloria Quintana–, sugiriendo la existencia de una profunda relación previa al hecho incendiario entre Carmen Gloria y Rojas de Negri, interpelando acciones y decisiones tomadas por el protagonista. Esto agrega de manera similar un toque de romanticismo que resulta algo forzado y, sobre todo, algo lejano a la realidad de los hechos.

En cuanto a la atmósfera, la película logra reflejar el miedo colectivo y la tensión de la época, además de espacios y elementos característicos que resultan clave para retratar el período, tales como cacerolazos, protestas y allanamientos. Las escenas no son demasiado largas, por lo que hacen que la cinta sea dinámica y en su mayoría liviana, teniendo en consideración la carga del tema que trata. Sin embargo, esto mismo es lo que también genera que en algunas ocasiones se pierda un poco la continuidad entre una escena y la siguiente.

Por último, cabe destacar que, si bien las heridas dejadas por el flagelo dictatorial a lo largo y ancho de este territorio siguen estando cargadas de un rojo fresco y humeante, vale la pena que historias como estas vean a la luz en el formato cinematográfico, alimentando la memoria de nuestro país mediante expresiones artísticas cargadas de historia. Por desgracia, “La Mirada Incendiada” no cumple del todo con este objetivo, quedando al debe principalmente en temas de fidelidad con la memoria histórica nacional y la empatía hacia víctimas del caso, ya que, a pesar de que se deja en claro que el filme tan sólo se inspira en los hechos reales, este sin duda abre paso a preguntas que vale la pena hacerse. ¿Hasta qué punto es viable mezclar realidad y ficción? ¿De qué manera abordar temáticas delicadas de la manera más empática posible? Lamentablemente, en ese sentido “La Mirada Incendiada” desarrolla su narrativa omitiendo aquel elemento tan importante.


Título Original: La Mirada Incendiada

Director: Tatiana Gaviola

Duración: 102 minutos

Año: 2021

Reparto: Juan Carlos Maldonado, Catalina Saavedra, Gonzalo Robles, María Izquierdo, Cristina Aburto, Constanza Sepúlveda, Belén Herrera, Pascal Balart, Estrella Ortiz


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