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Guardianes de la Galaxia Vol. 2

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Tres años han pasado desde el debut en la pantalla grande de Peter Quill, Drax, Groot, Rocket y Gamora. Todos personajes de un segmento del universo Marvel que, hasta ese entonces, no formaba parte de aquel grupo selecto de superhéroes que con años de delantera ya tenían un espacio ganado en el colectivo inconsciente de varios. La arriesgada apuesta de llevar estos nombres a los cines resultó ser ganadora, y los Guardianes de la Galaxia entraron a compartir un espacio con las más reconocidas figuras. Todo esto desde una visión muy propia de los escenarios galácticos, momentos altamente musicales y un humor a flor de piel, elementos que en esta segunda entrega vuelven, pero reforzados.

En esta nueva historia, Peter Quill (Chris Pratt) se deberá enfrentar al pasado, encarnado en la aparición de su misterioso padre, Ego (Kurt Russell). La relación terminará por arrastrar a todos sus cercanos a una problemática que involucrará nuevos y antiguos enemigos, y en donde Rocket (Bradley Cooper), Gamora (Zoe Saldaña), Drax (Dave Bautista) y el pequeño Groot (Vin Diesel) deberán defenderse entre sí para mantenerse unidos.

Uno de los elementos más llamativos de esta secuela de “Guardians Of The Galaxy” es, sin duda, el énfasis en el humor. Si bien, en la anterior cinta ya se dejaba en claro que la propuesta de estos superhéroes estaría centrada en aquello, en esta ocasión se podría señalar que prácticamente todo gira en torno a las risas, siendo utilizado como recurso en cada secuencia. De esta manera, se puede notar una evolución en el enfoque, esta vez mucho más implícito e irónico, a ratos dando la sensación como si estuviésemos viendo una parodia más que una cinta de acción propiamente tal. Parodia precisamente de aquello que uno espera que suceda en una película de este tipo, y que en este caso juega con la incertidumbre de no saber si ciertos aspectos graciosos son a propósito o no.

En relación con lo anterior, las secuencias de acción pasan casi a un segundo plano, dejando el protagonismo a diálogos hilarantes en medio de escenas rápidas, o inclusive secuencias bien trabajadas en el gran formato, que funcionan a modo de imágenes de un video musical. En este sentido, hay una liviandad y familiaridad en la presentación de la historia que se logra transmitir de buena manera, por sobre sensaciones de velocidad, acción o tristeza, pero sin dejar de lado la empatía con cada personaje. Esto último es muy acorde con la narrativa de la cinta que, centrada en los vínculos fraternos entre personajes, transmite esta cercanía con el espectador.

Mención aparte merece el uso de la música en toda la película que, si bien, era parte esencial en la entrega anterior, en esta ocasión se fortalece en función de un trabajo visual mucho más acabado que en su predecesora, tratando en esta ocasión de retratar de manera muy característica y propia el universo intergaláctico -a ratos atemporal-, pero plagado de guiños a la época de los ochenta, transformándose así en una identidad visual ya reconocible. Todo lo anterior acompañado de un soundtrack seleccionado con pinzas, que termina por generar momentos realmente completos de risas y diversión.

En conclusión, “Guardianes de la Galaxia Vol. 2” no innova en su propuesta, pero fortalece aquellos puntos altos de su predecesora. Siendo esta falta de novedad en su apuesta el motivo por el que no podríamos compararla con su debut, en ningún caso aquello disminuye la calidad de lo entregado y la alta capacidad de entretener durante todo lo que dura la cinta. Dicho todo esto, el objetivo es claro y el hacer reír se cumple, manteniendo probablemente la posición de ser de lo mejor logrado en el universo Marvel, de manera enfocada y efectiva.

Por Matías Ponce

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Midsommar

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Midsommar

“Midsommar”, el segundo largometraje de Ari Aster, logra reafirmar un estilo particular de dirección para abordar el terror. A diferencia de “Hereditary” (2018), su película anterior, aquí la idea de la ritualidad es abarcada desde una puesta en escena que ya no es oscura y nocturna, sino que totalmente iluminada para transmitir una idea pureza y virginidad.

Dani (Florence Pugh) es una joven estudiante que acaba de sufrir el fallecimiento de su hermana y de sus padres. Christian (Jack Reynor), su pareja, es el único lazo que la contiene frente a sus constantes crisis, pero la relación de ambos se encuentra en un momento de inestabilidad. Dani se entera por el grupo de amigos de él de que viajarán todos juntos a Suecia, donde se celebrará un evento especial de la comunidad a la que uno de ellos perteneció. Por compromiso, Christian decide invitarla. Entregados a admirar y participar de este festival de verano, al poco tiempo son testigos de rituales que son a lo menos duros de mirar, y de los cuales inevitablemente se van volviendo parte, hasta convertirse en pilares fundamentales de la celebración.

La construcción de esta historia gira en torno a lo desconocido y lo ajeno que resulta para los personajes todo lo que está por ocurrir en esta semana de festividad de acuerdo a las creencias de los mismos participantes. Sin embargo, estas son mostradas con antelación al espectador, por lo que el desarrollo de la película no estaría marcado precisamente por la sorpresa de los acontecimientos, y más bien se avanza a través de ella como compañeros de su protagonista, interpretada por Florence Pugh, quien encarna perfectamente a este personaje atormentado y confundido, siendo parte de un universo que no entiende, pero del que se sumerge casi sin darse cuenta.

Si bien, el guion juega con darle un carácter de “cultural” o una justificación religiosa a las acciones de sus antagonistas –ya que los mismos personajes mantienen la intención de una investigación antropológica–, no profundiza en ello, para así dejarnos principalmente con la sensación de terror frente a imágenes crudas que no pueden ser fácilmente entendidas por quienes no somos parte de esa espiritualidad, la que, a su vez, pareciera tener un futuro ya predeterminado.

Ari Aster crea así una atmósfera de ensoñación acorde a los estados de sus personajes, drogados con las pócimas, la belleza del lugar y lo extraño de los distintos acontecimientos. El Midsommar es representado desde la dirección de arte a través de un espacio que se presenta como pulcro y perfecto, con los colores cálidos del verano y el colorido de las flores. La fotografía, por su parte, forma una especie halo blanco que remite a un lugar paradisíaco, bañado con la luz del sol, el que se distorsiona de manera interesante en ciertos momentos para enfatizar un estado mental abierto a “la influencia”.

La calidad en las distintas áreas técnicas del cine del director logra formar una pieza de valor artístico que es sin duda un aporte para el género de terror, sin embargo, si bien aquí de todas maneras juega con elementos de suspenso a través de la música o sus movimientos de cámara, “Midsommar” no resulta una película que deje con una sensación constante de demasiado miedo ni terror, sino más bien de una espera frente a lo que está por venir y una contemplación constante.

Conociendo a grandes rasgos los elegantes mecanismos técnicos que le dan a Aster un carácter de autor al que vale la pena seguir el rastro, su tercer filme exigirá dar un paso más allá respecto de cómo abordar situaciones “terroríficas”, donde quizás su mayor desafío sea el de seguir mezclando una buena historia de terror o suspenso con una hermosura de imágenes y sonidos que le den otra capa de profundidad o, al menos, algún tipo de cuestionamiento de la misma, y así poder ver las dos caras de la moneda, es decir, poder percibir lo “especial” que ve el antagonista respecto a eso que a nosotros nos da terror. En este sentido, no remitirse al susto exclusivamente por lo brutal e inesperado, sino que enlazarlo con una mirada artística, que necesite cada vez menos sustentarse en los clichés, continuando también con una construcción de personajes y dirección de actores impecable, que puedan transmitirnos una historia completamente ajena al espectador, pero a la vez cercana y posible.

“Midsommar” resulta una película que aborda el terror desde un interés cercano a la antropología, que, al igual que “Hereditary”, explora la idea del ser parte de una comunidad con ciertas creencias y tradiciones que ya tienen un plan establecido para los protagonistas, y de los que ellos no están enterados, pero que, en el caso particular de esta cinta, propone crear un contraste entre prácticas brutales y una apariencia visual pura o virginal, idea que pudo haber sido explotada más profundamente para generar un impacto potente en el espectador, y que acá no se consigue del todo. De todos modos, cabe destacar que, en lo que va de su filmografía, Aster logra unas gloriosas escenas finales, que dejan con una sensación perturbadora e incómoda de, a pesar de todo, estar admirando algo realmente bello.


Título Original: Midsommar

Director: Ari Aster

Duración: 147 minutos

Año: 2019

Reparto: Florence Pugh, Jack Reynor, Will Poulter, William Jackson Harper, Ellora Torchia, Archie Madekwe, Vilhelm Blomgren, Julia Ragnarsson, Anna Åström, Anki Larsson


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