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Grandes Héroes

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Corría el año 2006 cuando el estudio de animación Pixar era adquirido por la compañía Walt Disney, en la friolera de 7.400 millones de dólares. A través de un arreglo comercial, la casa de la lamparita pudo seguir haciendo películas bajo el mismo nombre y con el mismo logo, pero sólo como una división más de Disney que, claro está, sacaría todos los réditos económicos de la fusión. La primera película que se produciría íntegramente en este nuevo escenario sería “WALL-E” (2008), seguida por “Up” (2009), para luego dar paso a “Toy Story 3” (2010). Considerando que estas cintas –tres de las joyas animadas más importantes del último tiempo- nacieran en aquel contexto, cabe preguntar: ¿Hasta qué punto es admisible para el público que la multinacional arrase de manera exponencial con todos sus competidores? En 2009, Disney compraría a Marvel, siendo “Grandes Héroes” el primer largometraje salido de esta unión.

BIG HERO 6 00Hiro es un adolescente de 14 años, genio de la robótica, que se encuentra algo extraviado en su camino. A su lado está Tadashi, su hermano mayor, quien, con la misma inteligencia, logrará que el joven siente cabeza y se interese por algo más que las peleas callejeras ilegales de robots, lo único que hasta ese momento lo entretenía. De esta manera, Hiro entra a estudiar al mismo lugar donde se encuentra su hermano. Lamentablemente, el mismo día que Hiro aprueba su examen de admisión, se produce un accidente que acaba con la vida de Tadashi. Antes de morir, este último le muestra su última creación a Hiro: un robot enfermero llamado Baymax, que está programado con diez mil procedimientos médicos para ayudar a las personas. En su obligación de recuperar a Hiro de su estado depresivo, Baymax lo llevará a descubrir que la muerte de Tadashi no fue accidental, motivando así al joven, junto a cuatro queridos amigos, a descifrar quién está detrás de todo esto.

No fue hasta las primeras insinuaciones sobre la producción de esta película, que el cómic de Marvel saliera de su mayor anonimato para contar con la aceptación masiva del público. Tan desapercibida pasaba la historieta original de la casa de Stan Lee, que los estudios de animación Walt Disney –división separada de Pixar y de todas las otras filiales de la compañía- se permitieron conservar sólo algunos de sus elementos para dar forma a “Grandes Héroes”; la columna vertebral del relato, junto a la mayoría de sus nombres primigenios, se condensaban en todo un nuevo contexto respecto de lo que ya se había contado en papel. Ahora no es Tokyo –lugar donde se desarrolla el cómic- la ciudad donde transcurre la historia, sino que la ficticia San Fransokyo, una mezcla entre San Francisco y la capital nipona, la que se propone como el espacio de convergencia ideal entre la rutina social y la tecnología como tópico estelar.

BIG HERO 6 01Desde su comienzo, la película se encarga de presentar detenidamente cuáles son las motivaciones de Hiro, acentuando qué tan importantes son las relaciones humanas que puede mantener un adolescente prodigio de la robótica con algún complejo de superioridad que es devenido posteriormente en una inquietud por aprender cosas nuevas, con la gente correcta, en el lugar indicado. El primer tercio de la cinta se desvanece bajo aquel planteamiento, muy bien cuidado en su fondo pues, por más estratégica que sea la promoción del filme enganchándonos a través de su personaje más entrañable, Baymax, el robot blanco y bonachón, es la historia de Hiro la que une con toda consistencia las distintas piezas del armado. Sabemos que en los casi 80 años de recorrido cinematográfico que luce hoy día Disney, uno de los principales resquicios que ha ocupado para caracterizar a sus trabajos –acertados en una época, viciados en otras- es la detonación de una tragedia como vehículo de desarrollo para sus personajes. En “Grandes Héroes” se trabaja con un expediente similar, no obstante el recurso cambia en su forma; la triste vida familiar de Hiro deslizada por medio de certeros y sutiles diálogos, junto a un pasaje en particular que comprende el retrato –siempre medido- de todo un proceso fúnebre. Un guión que acierta plenamente en este apartado, dejando al margen el innecesario espacio melodramático que alguna vez se les dio tan bien a los clásicos de Disney, cuando los más pequeños de la casa no eran tratados entre tantos algodones.

Es en este punto cuando la cinta toma una nueva directriz y posa sus intenciones en reflejar una suerte de transición para lo que viene. El ritmo del relato se mantiene uniforme, sin decaer en lagunas tediosas, algo que también es beneficioso para un hilo conductor que se sostiene lógico. Si bien el BIG HERO 6 02humor –instancia que representa uno de los grandes ítems para la mayoría de las películas animadas de occidente- se encuentra presente desde el principio, es en este puente, hacia la mitad del metraje, cuando se ofrecen las situaciones más cómicas del título, protagonizadas en un gran porcentaje por Baymax, la figura que permanecerá en la retina del espectador: un personaje querible, complejo y definido, construido con el corazón de una abuela y la mente del más creativo libretista.

Visualmente la película es una maravilla. El diseño de los ambientes, los matices de los tonos para engalanar el lienzo, el detalle de la animación y la conjugación de los colores fríos y cálidos en las escenas contrapuestas por el argumento, parecen ser la muestra de que el enorme presupuesto de la producción está justificado. Es con esta paleta fotográfica, hacia el desenlace, que la cinta toma los elementos del universo marveliano que tiene a su disposición y nos entrega las escenas más entretenidas, las que llevan la adrenalina al tope.

BIG HERO 6 03Lo de Hiro, Baymax y los 4 héroes restantes es una muy buena forma de cerrar una temporada que nos ha entregado películas de animación de una gran factura técnica y argumental, entre las que principalmente destacan “The Lego Movie” y “How To Train Your Dragon 2”. Si bien “Grandes Héroes” no alcanza lo hecho por las dos anteriores, básicamente por lo que puede ser juzgado como un final predecible y porque aún se siente un poco inmadura considerando los carteles que la respaldan, posee los suficientes méritos para ser reconocida como una de las mejores del año en su categoría. A diferencia de la regular “Frozen” (2013), su antecesora en los Estudios Disney, que parece haber sido concebida como un gran salvavidas comercial, en “Grandes Héroes” efectivamente hay un subtexto trascendente, algo de lo que la princesa del hielo poco puede presumir. Y atención: se recomienda quedarse en la sala hasta que terminen los créditos finales.

Por Pablo Moya

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Midsommar

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Midsommar

“Midsommar”, el segundo largometraje de Ari Aster, logra reafirmar un estilo particular de dirección para abordar el terror. A diferencia de “Hereditary” (2018), su película anterior, aquí la idea de la ritualidad es abarcada desde una puesta en escena que ya no es oscura y nocturna, sino que totalmente iluminada para transmitir una idea pureza y virginidad.

Dani (Florence Pugh) es una joven estudiante que acaba de sufrir el fallecimiento de su hermana y de sus padres. Christian (Jack Reynor), su pareja, es el único lazo que la contiene frente a sus constantes crisis, pero la relación de ambos se encuentra en un momento de inestabilidad. Dani se entera por el grupo de amigos de él de que viajarán todos juntos a Suecia, donde se celebrará un evento especial de la comunidad a la que uno de ellos perteneció. Por compromiso, Christian decide invitarla. Entregados a admirar y participar de este festival de verano, al poco tiempo son testigos de rituales que son a lo menos duros de mirar, y de los cuales inevitablemente se van volviendo parte, hasta convertirse en pilares fundamentales de la celebración.

La construcción de esta historia gira en torno a lo desconocido y lo ajeno que resulta para los personajes todo lo que está por ocurrir en esta semana de festividad de acuerdo a las creencias de los mismos participantes. Sin embargo, estas son mostradas con antelación al espectador, por lo que el desarrollo de la película no estaría marcado precisamente por la sorpresa de los acontecimientos, y más bien se avanza a través de ella como compañeros de su protagonista, interpretada por Florence Pugh, quien encarna perfectamente a este personaje atormentado y confundido, siendo parte de un universo que no entiende, pero del que se sumerge casi sin darse cuenta.

Si bien, el guion juega con darle un carácter de “cultural” o una justificación religiosa a las acciones de sus antagonistas –ya que los mismos personajes mantienen la intención de una investigación antropológica–, no profundiza en ello, para así dejarnos principalmente con la sensación de terror frente a imágenes crudas que no pueden ser fácilmente entendidas por quienes no somos parte de esa espiritualidad, la que, a su vez, pareciera tener un futuro ya predeterminado.

Ari Aster crea así una atmósfera de ensoñación acorde a los estados de sus personajes, drogados con las pócimas, la belleza del lugar y lo extraño de los distintos acontecimientos. El Midsommar es representado desde la dirección de arte a través de un espacio que se presenta como pulcro y perfecto, con los colores cálidos del verano y el colorido de las flores. La fotografía, por su parte, forma una especie halo blanco que remite a un lugar paradisíaco, bañado con la luz del sol, el que se distorsiona de manera interesante en ciertos momentos para enfatizar un estado mental abierto a “la influencia”.

La calidad en las distintas áreas técnicas del cine del director logra formar una pieza de valor artístico que es sin duda un aporte para el género de terror, sin embargo, si bien aquí de todas maneras juega con elementos de suspenso a través de la música o sus movimientos de cámara, “Midsommar” no resulta una película que deje con una sensación constante de demasiado miedo ni terror, sino más bien de una espera frente a lo que está por venir y una contemplación constante.

Conociendo a grandes rasgos los elegantes mecanismos técnicos que le dan a Aster un carácter de autor al que vale la pena seguir el rastro, su tercer filme exigirá dar un paso más allá respecto de cómo abordar situaciones “terroríficas”, donde quizás su mayor desafío sea el de seguir mezclando una buena historia de terror o suspenso con una hermosura de imágenes y sonidos que le den otra capa de profundidad o, al menos, algún tipo de cuestionamiento de la misma, y así poder ver las dos caras de la moneda, es decir, poder percibir lo “especial” que ve el antagonista respecto a eso que a nosotros nos da terror. En este sentido, no remitirse al susto exclusivamente por lo brutal e inesperado, sino que enlazarlo con una mirada artística, que necesite cada vez menos sustentarse en los clichés, continuando también con una construcción de personajes y dirección de actores impecable, que puedan transmitirnos una historia completamente ajena al espectador, pero a la vez cercana y posible.

“Midsommar” resulta una película que aborda el terror desde un interés cercano a la antropología, que, al igual que “Hereditary”, explora la idea del ser parte de una comunidad con ciertas creencias y tradiciones que ya tienen un plan establecido para los protagonistas, y de los que ellos no están enterados, pero que, en el caso particular de esta cinta, propone crear un contraste entre prácticas brutales y una apariencia visual pura o virginal, idea que pudo haber sido explotada más profundamente para generar un impacto potente en el espectador, y que acá no se consigue del todo. De todos modos, cabe destacar que, en lo que va de su filmografía, Aster logra unas gloriosas escenas finales, que dejan con una sensación perturbadora e incómoda de, a pesar de todo, estar admirando algo realmente bello.


Título Original: Midsommar

Director: Ari Aster

Duración: 147 minutos

Año: 2019

Reparto: Florence Pugh, Jack Reynor, Will Poulter, William Jackson Harper, Ellora Torchia, Archie Madekwe, Vilhelm Blomgren, Julia Ragnarsson, Anna Åström, Anki Larsson


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