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Good Time: Viviendo al Límite Good Time: Viviendo al Límite

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Good Time: Viviendo al Límite

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Tras una carrera bastante limitada al encarnar por cuatro años al vampiro principal de la saga “Twilight” (2008), Robert Pattinson ha logrado desprenderse poco a poco de sus coartadas opciones que le trajeron los romances juveniles, para apoderarse de enigmáticos papeles de producciones independientes y, por supuesto, de varias otras de mayor presencia. Si bien, con innegables tropiezos producto de los demás factores que inciden en el éxito de un filme, los personajes inciertos, diferentes y con esquemas desafiantes le han caído como anillo al dedo del actor, quien en “The Rover” (2014), por ejemplo, encarnó de forma admirable una turbada figura.

Así, lejos de lo que pensábamos de él hace 10 años, nos presenta en “Good Time: Viviendo al Límite” su mejor actuación a la fecha, en una electrizante cinta de los directores Josh y Benny Safdie: un adictivo, turbio e intenso thriller de medianoche, iluminado por el brillo de las pantallas digitales y enmarcado en el tintineo de tubos fluorescentes y la música electrónica.

Tras un robo frustrado, Nick Nikas (Ben Safdie) es atrapado por la policía. Constantine Nikas (Robert Pattinson) logra escapar y, al ver que su hermano –quien tiene una leve discapacidad intelectual– no sobrevivirá en prisión, se embarca en una odisea para liberarlo del encierro, cueste lo que cueste.

En ese Nueva York opaco, sospechoso y postergado, se encuadra esta crónica neo noir en la que los personajes insólitos y de singular actuar son los bastiones que van forjando y mostrando una realidad opuesta y solitaria. Son las personas que encontraríamos merodeando de madrugada sin motivo aparente por las húmedas calles neoyorkinas. Y es en este submundo frágil, empapado tanto de individuos de buen corazón como malintencionados, en que se representa de manera aplicada y certera, tomándose su tiempo para que los protagonistas inyecten las causas que mueven esta peculiar historia.

Desesperantemente obsesivo, este relato dirigido con pulcritud por los hermanos Safdie es un impulso profundo sobre la manía forzada de la esfera marginada y una amalgama de malas decisiones que se van acumulando, mientras en el caos de lo inalcanzable se advierte la oscuridad palpitante de una parte de la ciudad olvidada.

Nick es encarnado por uno de los directores del filme, quien se entrega a un personaje limitado y difícil de descifrar. Sin buscar lástima o ayuda, es un ser que necesita armonía y seguridad, pero que está en un mundo adverso y lejos de su entendimiento, pues no comprende –o no quiere comprender– el peso de sus acciones. Allí es donde entra su hermano Connie, quien desea protegerlo, pero su concepción de protección está orientada a un nivel expresamente de la búsqueda de una vida mejor para ambos, en vez de una ayuda que vaya al núcleo del problema. Porque en el tablero hay miedo, hay secretos, decisiones equívocas y vida bajo las sombras.

Para una cinta de este calibre, que tenga un corte más de ensayo e independiente le hace muy bien, pues la libertad al desarrollar a los personajes permite acceder a ciertos recovecos que de otra forma serían difícil alcanzar. El papel que juega Pattinson en este sentido es una sublime demostración de entender la esencia de un sujeto trastornado, pero inteligente; extranjero de su propia realidad, pero hambriento por cambiar, aunque, al igual que su hermano, no comprenda efectivamente cómo funciona la sociedad. Y el actor da una clase magistral en este sentido personificando un humano alienado por un comportamiento reiterativo y enfermizamente diligente; una actuación soberbia que genera adicción.

Con una cinematografía espectacular y enigmática en su turbiedad, sumado a una música incidental electro-oscura insuperablemente punzante, este neo noir experimental es un fascinante y perturbador relato que en su atmósfera de manías entrega mucho más de lo que promete, siendo un cautivador éxtasis visual y una estridente pincelada de lo absurda y decisiva que puede ser la realidad cuando todas las piezas se mueven en una sola dirección: la opuesta.


Título Original: Good Time

Director: Benny Safdie y Josh Safdie

Duración: 101 minutos

Año: 2017

Reparto: Robert Pattinson, Jennifer Jason Leigh, Barkhad Abdi, Cliff Moylan, Phil Cappadora, Souleymane Sy Savane, Buddy Duress, Mahadeo Shivraj, Jibril Goodman, Ratnesh Dubey, Shaun Rey


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Artículos Cine

Star Wars y el auge de los efectos visuales

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Star Wars

Desde prácticamente siempre, ha existido un odio irracional hacia las precuelas de Star Wars, aquella trilogía de películas que estrenada entre 1999 y 2005 que prometía conectar todos los hilos en torno a la historia que George Lucas iniciara en 1977. Amparado bajo una segunda explosión de popularidad de la saga, el director comenzó a principios de la década del 90 lo que sería la concepción de una idea que ya tenía cuando trabajaba “El Imperio Contraataca”, y que, según sus propias declaraciones en múltiples ocasiones, no le era posible filmar debido a las limitancias tecnológicas propias de la época. Así, el desarrollo del CGI hizo que Lucas pudiera adentrarse en la realización de una nueva trilogía, donde, más allá de su cuestionado argumento e innecesaria creación de fallas argumentales para la saga original, terminó por transformarse en una revolución gracias al elemento que fue más destacado por la crítica: los efectos especiales.

Fue en 1997 cuando comenzó el rodaje de “La Amenaza Fantasma” (1999) y, aunque se mantuvieron algunos elementos como la marioneta de Yoda y una utilización de escenarios reales con un cuidado diseño de producción, la transición se fue desarrollando de manera natural a lo que terminaría siendo “El Ataque de los Clones” (2002) y “La Venganza de los Sith” (2005), donde el uso de fondo verde fue más prominente que en ocasiones anteriores. Como dato curioso, y para reforzar la idea de que la animación digital fue el elemento principal de estas cintas, es sabido que no se construyó ni una sola armadura de trooper durante las tres películas, con dichos modelos siendo todos creados por computadora. A pesar de que el uso de CGI ya se había presenciado en otras películas previas –probablemente “Jurassic Park” (1993) siendo el caso más reconocido–, su utilización dentro de la producción de Star Wars significó todo un precedente, gracias a un innovador software donde se crearían los efectos visuales, al punto de que en la primera cinta existe una sola secuencia que no contiene efectos digitales.

A veinte años de su estreno, los efectos visuales en el cine son cosa de cada día, con prácticamente la totalidad de las cintas más taquilleras utilizándolo en su mayoría, lo que en un espectro más crítico ha terminado por omitir en el espectador el deseo de intentar diferenciar qué es real y qué no al momento de mirar una película. Asimismo, los directores actualmente pueden gozar de la misma libertad que Lucas describió a la hora de realizar las precuelas, pudiendo crear un guion a su antojo sin preocuparse de restricciones en torno a la producción, el desarrollo de personajes y, sobre todo, la creación de mundos y criaturas tan fantásticas como se ha caracterizado la saga desde sus orígenes. Todo lo anterior permitió también una reducción en los tiempos de rodaje, comenzándose a producir blockbusters en masa gracias a la implementación de la fotografía digital, y el uso de cámaras digitales que permiten grabar sin la necesidad de revelar el celuloide, pudiendo así montar y modificar escenas de una manera mucho más rápida.

Ya con la trilogía original Lucas había innovado en una serie de técnicas cinematográficas que eran prácticamente desconocidas para la época, pero todo ese trabajo fue opacado en cierta forma gracias al abrumador éxito que la saga tuvo más allá de la pantalla, transformándose en un icono de la cultura pop gracias a la explosiva venta de juguetes y una creciente popularidad que nunca decayó en el período de 1977 a 1983. Y es así como las tecnologías fueron evolucionando en pos de una saga que desde sus orígenes buscó una forma de deslumbrar y crear experiencias nunca vistas, algo que sin duda se logró con todos los contratiempos que pueda significar. Pasar de un aproximado de 365 tomas con efectos visuales en la primera cinta de 1977 a las más de 2200 que tiene la última de la era Lucas en 2005, habla de una necesidad de incorporar la tecnología con el fin de contar historias, derribando límites y permitiendo que la creatividad e imaginación de los realizadores pueda verse reflejada en la gran pantalla.

Hoy en día, con una nueva trilogía que llegará a su fin este 19 de diciembre, se puede ver como las técnicas de las otras seis entregas se van complementando para darle un romanticismo a la producción, omitiendo de plano un uso totalmente digital para seguir incluyendo animatronics, marionetas, maquillaje y otras técnicas de producción. Sin embargo, es imposible no reconocer el trabajo e influencia de George Lucas en el desarrollo del cine de fantasía como lo conocemos hoy en día y, más allá de cualquier falencia narrativa que haya cometido en sus cuestionadas precuelas, el cine y la tecnología comenzaron una relación que ha beneficiado tanto lucrativa como creativamente a la industria.

  • Star Wars: El Ascenso de Skywalker” se estrena el próximo 19 de diciembre. Preventa AQUÍ.

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