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Cine

Gilda: No Me Arrepiento De Este Amor

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Generalmente cuando se decide desarrollar un biopic, se parte desde la riqueza narrativa que podría tener la historia íntima de alguna figura pública y cómo logra tener una repercusión mediática. En ese sentido, la historia de la cantante argentina Gilda se puede tomar como una oportunidad para indagar en sus inicios y el recorrido hasta alcanzar el puesto de estrella de música tropical a principios de los 90, y la repercusión de su música en Argentina y parte de Latinoamérica.

Cuando Miriam Alejandra Bianchi (Natalia Oreiro) decide asistir a una audición como cantante en una banda. Lo que no sabe es que este hecho le servirá como la oportunidad de su vida para cambiar de rumbo y el alcanzar el éxito. Transformada en Gilda, intentará cumplir su sueño al abrirse paso en la industria de la música tropical y conquistar a un numeroso grupo de seguidores.

Se entiende que al momento de plasmar una biografía en pantalla se parte desde los cimientos de una historia real, por lo tanto, existe una delgada línea entre retratar la realidad y la mitificación, pues esta separación puede parecer frágil. Afortunadamente, el retrato de la artista no cae en un simple y emocional homenaje, resultando finalmente en la construcción de un personaje bastante complejo. La configuración de Gilda como protagonista de esta historia está marcada por un contexto social y familiar, donde la tragedia y la relación con la música sirven como elementos en común. Así, se pueden entender sus motivaciones y se establece una inmediata relación con la audiencia, debido a la honestidad con la que la protagonista empieza a edificar su propio camino, exhibiendo su vulnerabilidad y valentía.

Parte esencial para lograr la profundidad en este personaje es la actuación de Oreiro, quién, además de un muy buen logrado parecido físico, consigue darle vida a la cantante a través de una interpretación honesta y sensible, dejando entrever la admiración que existe de por medio y la dedicación al tratar de acercar lo más posible la realidad a la pantalla, pues el dramatismo, la determinación y la candidez del personaje se deja notar en cada mirada y palabra interpretada por la actriz.

Para desarrollar el relato centrado en la protagonista, se destaca el uso de primeros planos mayoritariamente realzando el rostro de la cantante, haciendo su presencia predominante durante casi todo el metraje y causando un acercamiento íntimo y directo a su interioridad, casi como si fuera contado en primera persona, dejando al resto de los personajes a un lado y tomándolos sólo como elementos que determinan los conflictos en la vida de la protagonista. Siendo ella el foco central, los escenarios juegan a su favor cuando se trata de representar emociones al contrastar el opaco color de los espacios interiores de su casa con el brillo de las luces en el escenario. Por otro lado, la música alcanza un elevado grado de protagonismo, a veces complementando los acontecimientos de su vida y aprovechando de mostrar la relación de sus seguidores con sus canciones.

Si bien, la representación de la persona funciona y logra trascender, no existen grandes conflictos que puedan poner en peligro el objetivo que tiene la protagonista. Sin embargo, se aprovecha la oportunidad para desarrollar dificultades a menor escala, pero que funcionan para impulsar a la protagonista. Son estas pequeñas luchas, representadas en las características machistas de la industria, la relación con su esposo y el dilema entre seguir las convenciones sociales y perseguir un sueño, las que establecen el contexto en que la cantante fue desarrollando su carrera y que posiciona a esta cinta en un melodrama con un adecuado desarrollo.

Quizás para ojos ajenos y extranjeros cueste entender el fenómeno y se da por sentado el éxito que la artista alcanzó, y sin ánimos de enaltecerla se logra trabajar su figura en un cuidadoso elaborado narrativo, apelando principalmente a una conexión emocional con el público. “Gilda: No Me Arrepiento De Este Amor” es la historia de un ascenso, y se destaca el cuidado y respeto por el personaje retratado, pues es sincera y no pretende ser más de lo que es: el homenaje a una artista y el relato de un sueño truncado por una tragedia.

Por Ángelo Illanes

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Artículos Cine

Star Wars y el auge de los efectos visuales

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Star Wars

Desde prácticamente siempre, ha existido un odio irracional hacia las precuelas de Star Wars, aquella trilogía de películas que estrenada entre 1999 y 2005 que prometía conectar todos los hilos en torno a la historia que George Lucas iniciara en 1977. Amparado bajo una segunda explosión de popularidad de la saga, el director comenzó a principios de la década del 90 lo que sería la concepción de una idea que ya tenía cuando trabajaba “El Imperio Contraataca”, y que, según sus propias declaraciones en múltiples ocasiones, no le era posible filmar debido a las limitancias tecnológicas propias de la época. Así, el desarrollo del CGI hizo que Lucas pudiera adentrarse en la realización de una nueva trilogía, donde, más allá de su cuestionado argumento e innecesaria creación de fallas argumentales para la saga original, terminó por transformarse en una revolución gracias al elemento que fue más destacado por la crítica: los efectos especiales.

Fue en 1997 cuando comenzó el rodaje de “La Amenaza Fantasma” (1999) y, aunque se mantuvieron algunos elementos como la marioneta de Yoda y una utilización de escenarios reales con un cuidado diseño de producción, la transición se fue desarrollando de manera natural a lo que terminaría siendo “El Ataque de los Clones” (2002) y “La Venganza de los Sith” (2005), donde el uso de fondo verde fue más prominente que en ocasiones anteriores. Como dato curioso, y para reforzar la idea de que la animación digital fue el elemento principal de estas cintas, es sabido que no se construyó ni una sola armadura de trooper durante las tres películas, con dichos modelos siendo todos creados por computadora. A pesar de que el uso de CGI ya se había presenciado en otras películas previas –probablemente “Jurassic Park” (1993) siendo el caso más reconocido–, su utilización dentro de la producción de Star Wars significó todo un precedente, gracias a un innovador software donde se crearían los efectos visuales, al punto de que en la primera cinta existe una sola secuencia que no contiene efectos digitales.

A veinte años de su estreno, los efectos visuales en el cine son cosa de cada día, con prácticamente la totalidad de las cintas más taquilleras utilizándolo en su mayoría, lo que en un espectro más crítico ha terminado por omitir en el espectador el deseo de intentar diferenciar qué es real y qué no al momento de mirar una película. Asimismo, los directores actualmente pueden gozar de la misma libertad que Lucas describió a la hora de realizar las precuelas, pudiendo crear un guion a su antojo sin preocuparse de restricciones en torno a la producción, el desarrollo de personajes y, sobre todo, la creación de mundos y criaturas tan fantásticas como se ha caracterizado la saga desde sus orígenes. Todo lo anterior permitió también una reducción en los tiempos de rodaje, comenzándose a producir blockbusters en masa gracias a la implementación de la fotografía digital, y el uso de cámaras digitales que permiten grabar sin la necesidad de revelar el celuloide, pudiendo así montar y modificar escenas de una manera mucho más rápida.

Ya con la trilogía original Lucas había innovado en una serie de técnicas cinematográficas que eran prácticamente desconocidas para la época, pero todo ese trabajo fue opacado en cierta forma gracias al abrumador éxito que la saga tuvo más allá de la pantalla, transformándose en un icono de la cultura pop gracias a la explosiva venta de juguetes y una creciente popularidad que nunca decayó en el período de 1977 a 1983. Y es así como las tecnologías fueron evolucionando en pos de una saga que desde sus orígenes buscó una forma de deslumbrar y crear experiencias nunca vistas, algo que sin duda se logró con todos los contratiempos que pueda significar. Pasar de un aproximado de 365 tomas con efectos visuales en la primera cinta de 1977 a las más de 2200 que tiene la última de la era Lucas en 2005, habla de una necesidad de incorporar la tecnología con el fin de contar historias, derribando límites y permitiendo que la creatividad e imaginación de los realizadores pueda verse reflejada en la gran pantalla.

Hoy en día, con una nueva trilogía que llegará a su fin este 19 de diciembre, se puede ver como las técnicas de las otras seis entregas se van complementando para darle un romanticismo a la producción, omitiendo de plano un uso totalmente digital para seguir incluyendo animatronics, marionetas, maquillaje y otras técnicas de producción. Sin embargo, es imposible no reconocer el trabajo e influencia de George Lucas en el desarrollo del cine de fantasía como lo conocemos hoy en día y, más allá de cualquier falencia narrativa que haya cometido en sus cuestionadas precuelas, el cine y la tecnología comenzaron una relación que ha beneficiado tanto lucrativa como creativamente a la industria.

  • Star Wars: El Ascenso de Skywalker” se estrena el próximo 19 de diciembre. Preventa AQUÍ.

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