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Cine

Ghost In The Shell: Vigilante del Futuro

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“Ghost In The Shell: Vigilante del Futuro” es una de las películas más esperadas de lo que va de 2017. Su versión original en animé cuenta con una legión de fanáticos en todo el mundo y dentro de Japón es prácticamente considerada un tesoro nacional. Además de esto, es protagonizada por Scarlett Johansson, quien fue la actriz mejor pagada del año pasado y se vio en el centro de una polémica acusación de racismo por la occidentalización del personaje. La película no tenía cómo no generar interés, el que desgraciadamente fue en vano.

Major (Scarlett Johansson) es una letal androide semi humana, programada por la agencia de robótica Hanka, dirigida por el jefe Daisuke Aramaki (Takeshi Kitano). Como la agente más letal de Hanka, Major no le teme a nada, pero cuando se ve enfrentada a un ciber-terrorista que se hace llamar Kuze (Michael Pitt), comenzará a poner en duda sus orígenes, alianzas, e incluso su propia existencia.

“Ghost In The Shell: Vigilante del Futuro” es quizás una de las películas más parejamente terribles del último tiempo. Este no es el caso donde uno o un par de elementos le hacen flaco favor a varios rescatables o incluso buenos, acá todo es malo o muy malo, y quizás lo que se encuentra más cerca de ser salvable es la estética. A primera vista, la ciudad donde transcurre la acción -una suerte de mezcla futurista entre Tokyo y Nueva York- tiene sus atractivos pesadillescos. Llena de callejones oscuros y clubes peligrosos ocultos a la sombra de gigantescos anuncios de neón, las referencias a clásicos de la ciencia ficción están tan claras como la intención de codearse con ellas. Pero si esta hubiera sido aprovechada de alguna manera que no fuera como un mero escenario donde situar las peleas o conversaciones, quizás podría haber llegado a cobrar el sentido que tuvo en cintas como “Avatar” (2009). De la forma en que es presentada, no llama más la atención que un fondo de pantalla novedoso.

Lo otro que resulta tolerable son un par de actuaciones. Los veteranos Juliette Binoche y Takeshi Kitano son los que hacen el mejor trabajo, además de ser los únicos que no parecen estar a punto de gritar a los cielos cuánto se arrepienten de haber aceptado aquellos papeles. La primera le inyecta el único dote de emoción a la cinta como una científica cuyo apego a Major es cuasi maternal, mientras que Kitano se da el lujo de nunca hablar en inglés y decir la mejor línea de los tortuosos 107 minutos de duración. En el otro lado de la vereda, los defectos que hunden insalvablemente a “Ghost In The Shell: Vigilante del Futuro” son su obviedad y su carencia absoluta de coherencia. El centro de “Ghost In The Shell” como concepto es la búsqueda de la identidad propia, lo que lleva a la pregunta sobre qué es lo que nos define: ¿Es nuestro espíritu? ¿Nuestra forma de ser? ¿Nuestro pasado? ¿Nuestras acciones? Todas estas opciones son desfiladas por la pantalla en diálogos o monólogos tan brutos, que deberían aplastar a los personajes que los reciben. En ningún momento hay una conexión entre los temas puestos en duda y una acción que los avale o contradiga, acá el orden es siempre “pregunta, seguida por golpes y balazos”, a ratos pareciendo que son dos películas distintas siendo forzadas a coexistir.

Otro de los aspectos que le juegan en contra son los diálogos. Tratando de lograr un estilo “parco y robótico, pero profundo”, similar al usado en cintas futuristas como “The Lobster” (2015), “Ghost In The Shell: Vigilante del Futuro” reduce las ideas de sus personajes a cometarios aburridos y obvios, que en más de una ocasión sirven de anuncio para lo que va a ocurrir a continuación. No habría problemas con aquello si viniera de robots torpes, pero dado que la cinta se trata de androides inteligentes y casi humanos, esto no tiene más explicación que un guion pobre y poco trabajado.

Por último, lo que debería ser el punto fuerte de una cinta como esta (y lo que incluso coetáneas banales como la saga “Rápido y Furioso” sabe hacer a la perfección), las escenas de acción, dejan mucho que desear. Recurriendo a un abuso de la cámara lenta, estas son efímeras y nunca se tornan emocionantes. Más bien pareciera que trataran de ser breves y lo más claras posibles, cosa de sacarlas del camino rápidamente. Pero si esto fuera así, tendría que haber algo más a lo que acercarse con esta ansiedad.

Es de esperarse que una cinta de factura tan baja y superficial no vaya a resultar en un éxito de taquilla que justifique una o más secuelas, como ocurrió con “Suicide Squad” (2016), la que incluso ganó un premio Oscar. Lo mejor sería que todo el mundo mire hacia otro lado y haga como que esta patética adaptación de un manga tan querido nunca ocurrió.

Por Lucas Rodríguez

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Sincero

    06-Abr-2017 en 8:20 am

    Viendo el trailer hace un tiempo, era obvio que esta adaptacion del genial anime era una basura.

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Cine

3 Anuncios Por Un Crimen

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3 Anuncios Por Un Crimen

El director inglés Martin McDonagh ha probado con astucia en dos producciones –”In Bruges” (2008) y “Seven Psychopaths” (2012)– la manera para desarrollar una aguda comedia negra que puede ser entretenida e inquietante a la vez. Su última producción, “3 Anuncios Por Un Crimen”, reciente ganadora del Globo de Oro a la Mejor Película Dramática, se adentra sin miedo en un relato crudo y visceral sobre la violencia, el abuso y la injusticia en tiempos donde la discusión sobre estos temas sigue vigente.

Mildred Hayes (Frances McDormand) ha esperado por meses que se encuentre al culpable del brutal asesinato de su hija. Cuando ya no parece haber respuesta, decide publicar tres grandes anuncios en el camino hacia su pueblo con controversiales mensajes dirigidos hacia el jefe de policía, William Willoughby (Woody Harrelson). Así, Mildred inicia una batalla en contra de las autoridades, destapando la ineficiencia del sistema policial.

“3 Anuncios Por Un Crimen” se centra en el dolor y las consecuencias alrededor de una muerte en medio del desconsuelo de una madre, pues es a través de ella que se canaliza la aflicción y la rabia que la motivan a iniciar una incesante búsqueda de justicia. Mildred es un personaje complejo, que va mostrando sus capas paulatinamente, siendo su carácter impulsivo e impetuoso el causante de provocar decisiones poco predecibles y que pondrán en jaque al resto de los personajes. Gracias a la interpretación de Frances McDormand, Mildred parece real; es una persona que también falla y se ha construido a partir de estas imperfecciones, pero su determinación la hace parecer implacable. La muerte de su hija la empuja a endurecerse aún más, actuando desde el sufrimiento, pero nunca asumiéndose como víctima; por el contrario, toma el control con valentía, enfrentándose a un sistema que se siente capaz de doblegarla, donde su resistencia la hace persistir.

El brutal crimen no sólo trae consecuencias en el núcleo familiar de la joven, sino que repercute en todo el pueblo. La lucha que ha iniciado Mildred está dirigida principalmente hacia la policía del lugar, quienes representan la corrupción moral y la falla estructural de un sistema que no está funcionando, provocando la frustración y decepción de quienes habitan el lugar, quienes han normalizado este fracaso, asumiendo este funcionamiento e incluso cuestionando el actuar de la protagonista.

A través de dos personajes secundarios lo suficientemente fuertes para acompañar este crudo relato, la batalla entre la justicia y el abuso de poder se hace evidente. Por un lado, el jefe de policía es un hombre que cree poseer una amplia compresión del contexto en el que están insertos, pero que asume con decepción el fracaso del sistema, por lo que sus intentos por cambiarlo no parecen ser los suficientes y, aunque comprende el sufrimiento de Mildred, mira con reticencia sus acciones. Por otro lado, el oficial Dixon (Sam Rockwell) es quien encarna el discurso más incómodo de digerir, y que a la vez simboliza de manera tangible uno de los cuestionamientos más complejos del relato.

Las temáticas que la cinta trabaja podrían cargarla hacia un drama pesado y abrumador, pero son los respiros de su humor agudo los que la hacen tomar pausas y situarla como una comedia negra alrededor de un tema sensible. Es a través de diálogos incómodos, mediante el uso de un lenguaje fuerte y desvergonzado, donde abundan los comentarios racistas y sexistas, y planta su naturaleza provocadora y controversial. Sin embargo, estas situaciones se hacen cargo de lugares olvidados y socialmente rechazados desde sus bases. Si bien, este filme no hace un análisis en profundidad sobre el tema, existe la intención de entender su origen y abrir el diálogo hacia la comprensión del contexto sociopolítico de los personajes. En ese sentido, la evolución de uno de sus caracteres lo empuja hacia la redención, situando al espectador en una posición incómoda, donde se nos pide que el concepto de empatía prevalezca, en una cinta en que no se pide ni se entrega perdón.

“3 Anuncios Por Un Crimen” no pasa desapercibida y puede ser una cinta difícil de ver cuando su premisa resulta ser tan delicada, pero la discusión que arma alrededor la vuelve necesaria. En ese sentido, reflexiona bruscamente sobre la violencia, sin pretensiones de enseñar una lección moral. Pone a la frustración y la injusticia al centro de una historia que se cruza y choca con la tolerancia frente a ideas y discursos, donde la empatía se vuelve fundamental para explorar en mayor profundidad los síntomas de una sociedad que sin duda está cambiando.


Título Original: Three Billboards Outside Ebbing, Missouri

Director: Martin McDonagh

Duración: 115 minutos

Año: 2017

Reparto: Frances McDormand, Woody Harrelson, Sam Rockwell, Lucas Hedges, Peter Dinklage, John Hawkes, Abbie Cornish, Caleb Landry Jones, Brendan Sexton III, Samara Weaving, Kerry Condon


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