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Geo-Tormenta

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Las películas de catástrofes han servido para poner a prueba la capacidad de asombro cuando nos vemos en medio de una situación de destrucción masiva. Este subgénero, que con cintas como “Deep Impact” (1998), “The Day After Tomorrow” (2004), “2012” (2009) o “San Andreas” (2015), entre otras, pretende asombrar con el espectáculo visual de efectos especiales, entregando sólo una experiencia cinematográfica en particular, donde, sin aspirar a la trascendencia, sólo buscan el entretenimiento y, en su honestidad, la mayoría de la veces lo logran. Dean Devlin, quien ha trabajado como productor en varias cintas de Roland Emmerich –conocido por trabajar producciones de este tipo– está a la cabeza de este nuevo proyecto que tiene al cambio climático como foco de atención.

Luego de una serie de sucesos climatológicos que afectaron gravemente a la Tierra, se implementó un sistema de satélites que la protegen y controlan estos eventos naturales. Tras varios años de funcionamiento, el proyecto comienza a fallar, poniendo en riesgo la existencia de todo el planeta. Jake Lawson (Gerard Butler), gestor del proyecto, es reclutado para viajar a la estación espacial que controla la red y así salvar a la Tierra de una catástrofe masiva.

Luego de varios estrenos que ponen a la Tierra como foco principal y escenario de destrucción, existen ciertos patrones de fácil identificación, que cumplen el objetivo de crear una estructura familiar que prepare el camino para que la simulación digital de varias ciudades del mundo y sus monumentos más conocidos sean transformados en escombros.

La primera cinta dirigida por Devlin para la pantalla grande no se arranca de ello y comienza por establecer un ensamblaje narrativo ya conocido, adornado de artilugios que pretenden sorprender, pero que alimentándose de clichés sólo logran contar una historia que parece haber sido experimentada antes. Y de cierta forma no pretende hacer algo diferente, pues, siendo honesta en su propuesta, logra encausar la narración para que todo pueda explotar hacia el esperado clímax. En ese sentido, existe una construcción de la tensión y la sensación de peligro adecuada para mantener la atención y comprometer al espectador hasta el final.

Considerando y asumiendo aquella construcción narrativa, es imposible seguir involucrado cuando situaciones forzadas comienzan a tener lugar en pantalla, principalmente en el drama que envuelve a su protagonista. Para lograrlo, se toma como pretexto los lazos familiares de Jake, en particular la relación que tiene con su hermano (Jim Sturgess), la que, por causa de disputas que involucran al proyecto climatológico, se mantiene rota. Esta situación da pie a una seguidilla de diálogos que disfrazan la poca profundidad con la que se está trabajando, en una dinámica que parece creada a la fuerza.

Además de la débil construcción de sus personajes, las preguntas comienzan a ser inevitables cuando se necesita ensamblar todas las piezas que llevan a la humanidad a verse enfrentada a una situación de esta magnitud, y es ahí cuando los vacíos narrativos comienzan a inundar la pantalla, sin lograr dar explicaciones lo suficientemente lógicas y sólidas para entregarle verosimilitud al relato. Su autoconsciencia y la carente capacidad para manipular al género a su favor le juegan una mala pasada, a pesar de que aprovecha de tocar temas mediáticos y que tienen relación con la actual situación sociopolítica que Estados Unidos está viviendo en estos momentos.

Si bien, al enfrentarse a una película centrada en un desastre natural masivo, se asumen ciertos vicios del género y se buscan sólo los objetivos que pretende entregar. Sin embargo, esta no es capaz de desarrollar satisfactoriamente las secuencias de destrucción, de manera que hacia su último tercio se vuelve tediosa y frustrante al no cumplir con lo planteado desde su inicio, perdiéndose entre el cruce de temáticas y géneros que quiere abordar, y de esta forma no se compromete con ninguno de ellos.

Aunque, sin desconsiderar los intentos que se realizan para sostenerse, apoyándose principalmente en sus secuencias digitales de destrucción masiva –las que resultan ser lo más atractivo y cumplen con el espectáculo esperado–, estas no logran ser suficientes para sostener a “Geo-Tormenta” cuando se observa la suma total de los elementos que la construyen, entregando un resultado poco satisfactorio y carente de originalidad


Título Original: Geostorm

Director: Dean Devlin

Duración: 109 minutos

Año: 2017

Reparto: Gerard Butler, Jim Sturgess, Abbie Cornish, Ed Harris, Andy Garcia, Zazie Beetz, Robert Sheehan, Alexandra Maria Lara, Mare Winningham, Arnold Chun, Sue-Lynn Ansari, Eugenio Derbez


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Chicos Buenos

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Chicos Buenos

El género coming-of-age se define como historias que tratan el período de crecimiento de un adolescente y su paso a la adultez. Esto es tratado de diferentes formas en diferentes cintas. De manera más bien dramática en películas como “The Spectacular Now” (2012) o “Call Me By Your Name” (2017), y también de manera humorística como en la clásica “Superbad” (2007). “Chicos Buenos” tiene muchas similitudes con esta última, que fue una película sumamente exitosa e influyente durante la década pasada, por lo que las comparaciones son casi inevitables. Afortunadamente, “Chicos Buenos” es lo suficientemente fresca e ingeniosa para mantenerse y brillar por sí sola.

Max (Jacob Tremblay), Thor (Brady Noon) y Lucas (Keith L. Williams) son tres amigos preadolescentes que, al ser invitados a una “fiesta de besos” por Soren (Izaac Wang), el chico más popular de la escuela, intentan espiar a la vecina de Max junto a su novio con un drone para aprender a besar. El plan sale mal y el drone es destruido, y los tres amigos deben encontrar la forma de conseguir otro para no ser castigados y poder asistir a la fiesta.

Las comparaciones con “Superbad” son bastante obvias: Seth Rogen y Evan Goldberg, guionistas de la primera, son productores ejecutivos en este filme, y ambas tratan sobre un grupo de amigos intentando ir a una fiesta con fines románticos y para ganar estatus, y terminan pasando por diversas peripecias que ponen a prueba su amistad. Es en este punto donde “Chicos Buenos” realmente brilla y sorprende, ya que, a pesar de parecer una película sumamente tonta que no busca más que hacer reír –cosa que logra con creces–, también llega a interesantes reflexiones sobre la amistad, cómo la gente cambia y cómo las relaciones cambian con ellas. A medida que se acerca el final, la película adquiere un tono de melancolía muy refrescante, aunque es arruinado por un gag que se siente redundante.

Este es un problema durante casi toda la película. Pese a haber instancias de humor muy inteligentes, también hay momentos sumamente burdos y repetitivos, particularmente los que tienen que ver con la ingenuidad de los niños sobre el sexo. En muchos momentos los personajes interactúan con objetos sexuales sin saberlo, dildos, muñecas inflables, entre otras, y el humor radica en que el público, a diferencia de los protagonistas, sabe lo que estos objetos significan. Estos gags son por mucho lo peor de la película, son repetitivos y no particularmente graciosos, pero la cinta a ratos parece apoyarse en ellos en vez de sus elementos más inteligentes.

Los personajes también pueden volverse un poco agotadores por momentos, debido a su ingenuidad e inocencia, en particular el personaje de Lucas. Max y Thor son dinámicos y multidimensionales, pero Lucas se siente algo plano, incluso en el tercer acto cuando tiene un insight importante respecto a su amistad con Max y Thor. A pesar de esta pequeña evolución, el personaje se siente algo blando, aburrido y, si bien esto es discutible, llega a caer mal. Sin embargo, los tres protagonistas (y, de hecho, todos los personajes de la película) se sienten bastante bien construidos, sin importar cuánta relevancia tienen en la historia. Desde los protagónicos a los secundarios más insignificantes, todos tienen una personalidad definida y se sienten reales.

No obstante a lo anterior, un elemento importante en que la película queda corta es en las actuaciones, específicamente de los niños. Teniendo un reparto principalmente infantil, este era un desafío importante y lamentablemente no alcanza a superarlo. Las actuaciones son inconsistentes; hay momentos en que funcionan muy bien, pero en otros –particularmente las escenas más emocionales– se sienten un poco forzadas y sin vida. Las lágrimas que vemos son claramente maquillaje y esto es algo que a ratos puede sacarnos de la intensidad de la escena.

Por otra parte, visualmente podría ser más arriesgada, ya que no hay mucha propuesta de dirección desde el tipo de encuadres y color. Por otro lado, el universo que se muestra también resulta poco interesante: los personajes se mueven en el mismo mundo suburbano estadounidense que ya conocemos muy bien, incluso en películas de temáticas similares como la mencionada “Superbad” o “Booksmart” (2019), además de otras comedias de Point Grey, productora de Rogen y Goldberg, como “Neighbors” (2014) y “Blockers” (2018). Es un ambiente sobre explotado en la comedia y ya se está volviendo aburrido.

Sin embargo, todos estos elementos en que la película se cae no alcanzan a arruinar su inteligencia, gracia y honestidad. En vez de ser una simple comedia tonta sobre niños que quieren dar un beso, “Chicos Buenos” va más allá, reflexionando sobre la naturaleza de los lazos que nos unen con nuestros amigos, y se podría ubicar cómodamente en el canon de cine coming-of-age estadounidense.


Título Original: Good Boys

Director: Gene Stupnitsky

Duración: 90 minutos

Año: 2019

Reparto: Jacob Tremblay, Keith L. Williams, Brady Noon, Molly Gordon, Midori Francis, Josh Caras, LilRel Howery, Millie Davis, Chance Hurstfield, Enid-Raye Adams, Lina Renna


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