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Frankenstein

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Exceptuando los tardíos estrenos de aclamadas películas de 2013, los primeros meses del año suelen reservarse para películas descartables, a las que los estudios no les tienen mucha fe y que no sirven para ser estrenadas en fechas más estratégicamente lucrativas. Es así como la oferta del verano se I, FRANKENSTEIN 01termina componiendo de películas prestigiosas buscando hacerse un lugar en la temporada de premios, y de títulos que llegan y se van sin despertar mayor interés.

Así que no sorprende la llegada de algo con el nombre de “Frankenstein”, producto que nadie debe estar esperando con ansias y cuyo mero nombre ya nos recuerda los peores vicios de las distribuidoras americanas: la utilización de marcas ya testeadas (el monstruo de Frankenstein), la adaptación de cómics independiente de la calidad de estos (basada en la novela “I, Frankenstein” de Kevin Grevioux) y la inversión en insípidas películas de acción no distinguibles una de otras, que aseguran una audiencia que, aunque reducida, es lo suficientemente grande e indulgente como para justificar su existencia.

“Frankenstein” parte luego de que el doctor Frankenstein (Aden Young) logra, a partir de un número de cadáveres diferentes, crear a un monstruo (Aaron Eckhart) que cobra vida. El sujeto, que pasa a llamarse Adam, asesina en un ataque de rabia a la esposa del doctor y luego huye, siendo perseguido por su creador, que muere congelado en la búsqueda. Adam ahora es libre, pero se da cuenta de que lo está en un mundo envuelto en la antigua guerra entre dos poderosas fuerzas: las gárgolas y los I, FRANKENSTEIN 04demonios. Adam declina el hacerse parte de la pelea, pero el Príncipe Naberius (Bill Nighy), de los demonios, busca revivir cadáveres para crear un ejército, y es ahí cuando el monstruo debe involucrarse en la batalla.

La trama no es ridícula ni absurda, más bien es estúpida, predecible y, ante cualquier giro u ocurrencia levemente compleja, llega de inmediato un voiceover a sobreexplicar la situación, por lo que la historia es fácil de seguir. Y, con una trama tan obvia y poco interesante, la atención se termina enfocando en las múltiples escenas de acción y el mundo en que está situada la narración, lo que tampoco favorece a la película.

Las secuencias de acción ocurren en escenarios cuasimedievales y contienen una que otra toma atractiva, pero por lo general lucen como sacadas de un videojuego con malas gráficas. Todas siguen instrucciones del mismo manual, con sus reglamentarios momentos en cámara lenta y sin una resolución inmediata, presentándose como una serie de niveles hasta la batalla final, todo acompañado de una banda sonora estridente y molesta, realzado por unos efectos que, más que mejorar la experiencia, delatan la debilidad de la película incluso en aspectos técnicos.

I, FRANKENSTEIN 02El montaje, arma invisible de las películas de acción, es tan precario y amateur que no sólo se vuelve notorio, sino que entorpece el desarrollo. Desde las conversaciones mal montadas hasta las escenas de acción predeciblemente coreografiadas, se nota que la edición le juega en contra a esta película y es uno más en la lista de puntos débiles de “Frankenstein”.

Con todos estos aspectos negativos a tener en cuenta, lo único que salva a la película de tener reservado, a estas alturas del año, un puesto en la lista de lo peor de 2014, es que no se toma tan en serio. Con un material tan pobre entre manos, la decisión del director Stuart Beattie es la de hacer referencia a la precariedad y divertirse un poco con ella. Es así como especial atención se presta a la entrega de líneas sobreactuadas, y efectos de sonido dramáticos aparecen de forma exagerada en los momentos más esperables.

Y la misma decisión toman algunos actores. Eckhart, un buen actor por todo lo demás, entrega un desempeño que consiste principalmente en resoplidos, pero no tiene miedo de conferir con dramatismo los diálogos con los que tiene que trabajar, ninguno de ellos remotamente originales. Bill Nighy y Miranda Otto (como la reina de las Gárgolas) también aceptan con aplomo los unidimensionales personajes que les tocaron, e Yvonne Strahovsky, que interpreta a una bella científica I, FRANKENSTEIN 03que luce más como una modelo que como una de las electrofisiólogas más renombradas del mundo (que es lo que se supone que interpreta aquí), es lo suficientemente plana como para no resaltar, lo que probablemente es una buena idea cuando uno está asociado con una película como esta.

“Frankenstein” es predecible y se sabe predecible, pero el que una cinta sea consciente de su mediocridad no la redime, en cualquier caso termina haciéndola más culpable de no enmendar sus errores más allá de señalarlos. Y es así como no logra ni siquiera ser “tan mala que es buena” o “entretenidamente mala”, terminando como una instalación pobre en una cartelera que en estos momentos del año tiene muchas mejores ofertas con las que ocupar el tiempo.

Por Ignacio Goldaracena

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Minari

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Minari

“Minari” exhibe, a través de un relato sencillo, la historia de una familia coreana que llega a fines de los años ochenta a Arkansas, Estados Unidos, buscando la oportunidad de progresar a través del cultivo de vegetales coreanos, con el fin de venderlos a la creciente comunidad de dicho país. Desde que llegan al terreno donde se ubica la nueva casa familiar, el padre se ve obligado a contagiar de su propio optimismo al resto de la familia, en especial a su esposa, quien no puede evitar mencionar detalles que en un principio parecen anunciar la ruptura de la visión idílica del nuevo hogar.

Dentro de lo que parece ser una caravana sostenida sobre pilares y ruedas, se construye con resignación el nuevo hogar. Los niños parecen aceptarlo y adaptarse, pero la madre parece extrañar la ciudad desde un principio. La abuela llega de Corea con el propósito de acompañar a sus nietos, pero principalmente a su hija, a quien le cuesta lidiar con la soledad que provoca el aislado lugar.

En este punto la historia se convierte más que el sueño de una familia, en la concreción de los planes que el padre quiere cumplir para probarse a sí mismo de que es capaz de reescribir su historia, y eso resulta bastante original en la trama, ya que da espacio para que los demás personajes puedan abordar sus propias inquietudes en paralelo a algo común como el éxito de un proyecto que tiene el potencial de mejorar las condiciones de vida que afecta a la familia. También se percibe la necesidad de la madre no sólo de sacar adelante a sus hijos, sino que también de integrarse a una comunidad o, a lo menos, recuperar partes de su vida pasada, y con una poco convencional abuela ayudando a su nieto en la lucha silenciosa por superar sus propios límites.

El eje del conflicto de “Minari” se centra en la relación del matrimonio, que comienza a dar las primeras señales de un problema más profundo a través de los diálogos que se refieren a decisiones del pasado, cuyas consecuencias parecen situarse con más fuerza en el presente. Esto es justamente lo que coloca una mayor presión en el resultado de la cosecha, convirtiéndose en un acontecimiento decisivo, ya no sólo para mejorar las condiciones económicas de la familia, sino que también para evitar el desencanto definitivo de su mujer. Si bien, la premisa es bastante sencilla, la clave parece ser la naturalidad con la que transcurre la historia, y en este sentido no es necesario saturar al espectador de explicaciones o diálogos para imaginarse el camino por el que transitó la familia para llegar hasta ahí y lo que verdaderamente está en juego.

La película tiene varios elementos dramáticos, pero van develándose progresivamente, evitando la sensación de agobio que podría provocar este tipo de enfoque. En este sentido, aparte del conflicto principal constantemente presente, los acontecimientos cotidianos logran elaborar una construcción sólida de las características de los personajes y consiguen que el espectador empatice y, por momentos, se divierta con lo que sucede. El problema se presenta al mostrar las emociones de los personajes, ya que no se alcanza a profundizar en ellas, tornándose superficial a ratos en este aspecto. Esto lleva a que se vea un poco caricaturizada la figura de la abuela y que los sentimientos entre el matrimonio sólo se manifiesten en las partes en que discuten, mostrándose en las demás escenas su relación como en una especie de piloto automático. El intento de integración a la comunidad se anuncia como algo relevante, que termina por no tener ningún impacto, quedando como un antecedente más que hubiera sido interesante conocer.

En otras destacadas películas coreanas, el elemento metafórico también ha rodeado la trama, tal como se observa por medio de la piedra en “Parasite” (2019) y el palo de golf en Bin-Jip” (2004). En el caso de “Minari”, Lee Isaac Chung incorpora un vegetal que, según entienden los mismos protagonistas, renace aún más fuerte después de morir, lo que deja entrever una luz de esperanza, pese al último acontecimiento que golpea a la familia. La planta también crece y se afirma en un lugar improbable, reflejo de la fortaleza de la acción de emigrar a una cultura absolutamente diferente, que en esta historia se transmite por el esfuerzo culminante para lograr el anhelado sueño americano que parece acercarse y alejarse en distintas ocasiones.

En definitiva, el mérito de “Minari” no se encuentra en la temática de fondo porque no es novedosa; se han hecho numerosas películas sobre inmigración que incluso muestran un camino mucho más sufrido. Lo que sí es posible destacar es la forma en que se exhibe la historia, dando un espacio a todos los personajes y mezclado una situación que puede parecer desesperanzadora con situaciones cómicas, dando un respiro a la trama, y la aparición de la abuela es clave para este fin, convirtiéndose poco a poco en un personaje que posiblemente será capaz de quedar en la mente de los espectadores. Estos elementos compensan el hecho de que las emociones no alcancen a tocar del todo a los personajes y pone el foco en el curso de la historia, que se acelera de forma muy efectiva en el desenlace, terminando en un excelente final.


Título Original: Minari

Director: Lee Isaac Chung

Duración: 115 minutos

Año: 2020

Reparto: Steven Yeun, Han Ye-ri, Youn Yuh-jung, Alan S. Kim, Noel Cho, Will Patton, Scott Haze, Eric Starkey, Esther Moon, Tina Parker, Darryl Cox

 


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