Francofonia

jueves, 16 de marzo de 2017 | 12:06 am | No hay comentarios

Título original:

Francofonia

Dirigida por:

Aleksandr Sokurov

Duración:

88 minutos

Año:

2015

Protagonizada por:

Louis-Do de Lencquesaing, Vincent Nemeth, Benjamin Utzerath, Johanna Korthals Altes, Jean-Claude Caër, Andrey Chelpanov

La preocupación del reconocido cineasta ruso Alexander Sokurov por el arte, la política y la historia, ha permeado transversalmente su filmografía. Y ya sea en formato documental o en ficción, el ahínco por explorar preguntas que se extienden más allá de la cinta que utiliza como excusa para plantearlas se mantiene de forma crítica y valiente. Su película más reconocida es “Russkiy Kovcheg” (“El Arca Rusa”, 2002), famoso plano secuencia de más de 90 minutos, donde se recorría el Museo del Hermitage en San Petersburgo, y sobre esa línea no sorprende que el foco de “Francofonia” sea el museo del Louvre, desde el cual esta vez se posiciona.

“Francofonia” se despliega como un documental en partes ensayístico, que utiliza diferentes recursos para hacer reflexiones sobre el propósito del arte y su relación con la historia, en este caso la Francia de la Segunda Guerra Mundial. La línea central especula sobre la relación entre Jacques Jaujard (Louis-Do de Lencquesaing), director del museo del Louvre en 1940 y el conde Wolff-Mettenrich (Benjamin Utzerath), designado por Hitler para hacerse cargo del museo durante la ocupación alemana en París. Fueron reuniones poco documentadas y el director -que opera también como narrador- reconoce en uno de los varios momentos autorreferenciales de la cinta que son sus propias conjeturas las que está recreando con la ayuda de actores.

Otra de las líneas narrativas incluye al mismo Sokurov comunicándose por videollamada con un hombre en un barco a cargo de containers con piezas de arte; el bote amenaza con volcarse y las obras con perderse. Es lo que incita la reflexión sobre aquel período durante la guerra en que París se vio ocupada –sin mayor resistencia comparado con Rusia, plantea Sokurov– y que lo lleva a divagar sobre el propósito de la preservación de piezas de arte. Recalca la insistencia europea por plasmar su historia en edificios, pinturas y esculturas, y desde allí lo fundamental de la misión de resguardar y proteger las obras en momentos en que peligran.

Jaujard enfrentó complicaciones éticas al seguir trabajando en el museo tras la ocupación alemana, pero continuó por la razón mayor de proteger parte de la historia francesa. Por su parte, Wolff-Mettenrich se metió en problemas por excusarse mediante burocracia para no llevar las piezas a Alemania y mantenerlas seguras en lugares ocultos. Sokurov parece insinuar que ambos entendían que el arte viviría más allá de cualquier guerra, y ocupa también a Napoleón y una figura que representa al país de Francia para enseñar las distintas razones por las que se hizo necesario el Louvre en primer lugar. Los estados no pueden vivir sin museos, sin reflejos de su historia y las personas que pasaron por ella y cómo estos vivieron. Si los artistas crean identidad, los museos la preservan, y nunca fue más importante esa función que en tiempos de una guerra que amenazaba con destruir la identidad de distintas naciones para imponer la de una sola.

Pero hablar de cómo la guerra afecta al arte parece reductivo para una película que es más ambiciosa en las inquietudes que plantea. “Franconfonia” es crítica, reflexiva, solemne y compasiva, y si a veces no parece tener una dirección clara, es por la inmensidad del tema que explora y las preguntas que Sokurov busca que el espectador se haga. Se destaca la intención de un director que se ha dedicado a un cine distinto y con un fin noble, que nos remece para recordarnos el no dar por sentado instituciones que han velado por proteger la historia, incluso cuando no era fácil hacerlo.

Por Ignacio Goldaracena

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