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Cine

Fargo

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Considerada por algunos como la pieza clave del cine de los Coen y, por otros, como el punto más sobrevalorado de su filmografía, lo que sí resulta innegable es que “Fargo” (1996), la sexta entrega de estos hermanos norteamericanos, emerge hoy en día como una de las obras más representativas de toda su narrativa. Famosos por constituir en sus entregas una mezcla constante entre lo que podríamos denominar como neo noir y el complejo lenguaje de la comedia, cierto es que es en esta cinta, donde se hace más palpable el poder apreciar cómo esta dupla logra conducir a nuevos límites el género de la violencia, al ser capaces no sólo de sumergirse en ella para hacerla aparecer plagada de las más altas dosis de humor negro, sino que además, consiguiendo llevar a la misma a convertirse en un comercial y rotundamente exitoso híbrido.

Jerry Lundegaard (Macy), es un hombre fracasado, de personalidad introvertida y atravesando por serios problemas económicos. Su esposa Jean (Rudrüd), es la hija de un millonario magnate, que se presentará como la única vía de escape, a través de la cual Jerry podrá solucionar su crisis monetaria. Para ello, urdirá un plan consistente en el falso secuestro de su mujer, con el fin de que el padre de ella se decida a pagar la recompensa. Dicho secuestro será llevado a cabo por la dispar dupla compuesta por Carl y Gaear (Buscemi y Stormare, respectivamente), una inusual pareja de criminales que tomará esta misión sin saber toda la avalancha de situaciones que la misma conlleva.

Como es de esperar, y tal como sucede habitualmente en el universo fílmico de los Coen, este plan, en apariencia sencillo, derivará en una serie de desafortunados eventos, entre los que destacará el constante acecho de parte de la ley a la figura de estos maleantes. El personaje de la sheriff Marge, interpretado por la genial Francis McDormand, será en este punto quien tome especial relevancia, al caracterizar a la perfección el papel de una suspicaz y embarazada policía, tras la pista de los hechos de violencia acontecidos en el pueblo de Fargo.

La historia se desarrollará así en medio de una suma de giros y situaciones inesperadas, todas ellas entrecruzadas por el permanente factor de la ironía y en la que los constantes virajes (del thriller a la comedia, del crimen a la ternura) se convertirán en los grandes protagonistas. Las actuaciones, en tanto, absolutamente magistrales, harán también lo suyo, para llevar a este metraje al sitio de gloria que hasta hoy para muchos suele tener.

Visualmente, el uso de planos generales, frecuentes tomas exteriores y la presencia constante de una fotografía gélida, propia del norte de los Estados Unidos, darán cuenta no sólo de lo arraigado que el cine de los Coen está dentro de su propio territorio (para bien o para mal), sino que hablará también acerca de la misma frialdad, o más bien neutralidad, que atraviesa en este metraje el relato propiamente dicho. Así, las decisiones y objetivos de cada personaje, no se verán determinados tanto por temas emocionales o pasionales, sino que responderán más que nada a los intereses personales de cada quién. La concepción de un hombre poniendo en riesgo la vida de su esposa, no resulta entonces aberrante ni cuestionable a los ojos de esta historia, sino que se presenta simplemente como el movimiento necesario para activar todo el artificio cinematográfico.

Esta misma falta de cuestionamientos morales, será también extrapolada al resto de los personajes, conformándose así en esta historia, un escenario en el que nadie resulta ser puramente bueno o malo, y en el que finalmente, la ejemplaridad en la conducta pasa a un segundo plano. La constitución de roles será entonces definida a partir de la figura del absurdo, en una configuración en la que el uso de la caricatura tomará primordial status, y para lo cual los directores nos presentarán una serie de delirantes y patéticos personajes. La aparente torpeza de los mismos será, sin embargo, combinada hábilmente con un guión inteligente, que encuentra su fuerte en los dinámicos giros y certeros diálogos al interior de la cinta, con lo que no será complejo el adentrarnos en un ambivalente y sofisticado universo de parodia.

El cine de los Coen es, ante todo, una suma de ácidas radiografías de todo aquello que resulta intrínsecamente gringo en el cine, una burla al establishment hollywoodense, en la que el delirio de lo absurdo, pasa a ser la mejor arma para ir en contra de la narrativa comúnmente establecida, como lo hace, por ejemplo, el falso/verdadero comentario que nos asegura hallarnos frente a una película basada en una historia real. “Fargo” resulta entonces una buena muestra de todo el leitmotiv del imaginario de estos hermanos y un imperdible, tanto para los seguidores de la dupla, como para todo aquél que comience a adentrarse en este universo coeniano. Una película dinámica e inteligente, que es capaz de mantenernos atento a su trama, pero con la que se corre el riesgo de adentrarse quizás demasiado hondo en las profundas aguas del patetismo y la ridiculez humana. La advertencia ya está hecha y la decisión depende de cuánto humor macabro sea cada uno capaz de soportar.

Por Macarena Bello

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Artículos Cine

Star Wars y el auge de los efectos visuales

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Star Wars

Desde prácticamente siempre, ha existido un odio irracional hacia las precuelas de Star Wars, aquella trilogía de películas que estrenada entre 1999 y 2005 que prometía conectar todos los hilos en torno a la historia que George Lucas iniciara en 1977. Amparado bajo una segunda explosión de popularidad de la saga, el director comenzó a principios de la década del 90 lo que sería la concepción de una idea que ya tenía cuando trabajaba “El Imperio Contraataca”, y que, según sus propias declaraciones en múltiples ocasiones, no le era posible filmar debido a las limitancias tecnológicas propias de la época. Así, el desarrollo del CGI hizo que Lucas pudiera adentrarse en la realización de una nueva trilogía, donde, más allá de su cuestionado argumento e innecesaria creación de fallas argumentales para la saga original, terminó por transformarse en una revolución gracias al elemento que fue más destacado por la crítica: los efectos especiales.

Fue en 1997 cuando comenzó el rodaje de “La Amenaza Fantasma” (1999) y, aunque se mantuvieron algunos elementos como la marioneta de Yoda y una utilización de escenarios reales con un cuidado diseño de producción, la transición se fue desarrollando de manera natural a lo que terminaría siendo “El Ataque de los Clones” (2002) y “La Venganza de los Sith” (2005), donde el uso de fondo verde fue más prominente que en ocasiones anteriores. Como dato curioso, y para reforzar la idea de que la animación digital fue el elemento principal de estas cintas, es sabido que no se construyó ni una sola armadura de trooper durante las tres películas, con dichos modelos siendo todos creados por computadora. A pesar de que el uso de CGI ya se había presenciado en otras películas previas –probablemente “Jurassic Park” (1993) siendo el caso más reconocido–, su utilización dentro de la producción de Star Wars significó todo un precedente, gracias a un innovador software donde se crearían los efectos visuales, al punto de que en la primera cinta existe una sola secuencia que no contiene efectos digitales.

A veinte años de su estreno, los efectos visuales en el cine son cosa de cada día, con prácticamente la totalidad de las cintas más taquilleras utilizándolo en su mayoría, lo que en un espectro más crítico ha terminado por omitir en el espectador el deseo de intentar diferenciar qué es real y qué no al momento de mirar una película. Asimismo, los directores actualmente pueden gozar de la misma libertad que Lucas describió a la hora de realizar las precuelas, pudiendo crear un guion a su antojo sin preocuparse de restricciones en torno a la producción, el desarrollo de personajes y, sobre todo, la creación de mundos y criaturas tan fantásticas como se ha caracterizado la saga desde sus orígenes. Todo lo anterior permitió también una reducción en los tiempos de rodaje, comenzándose a producir blockbusters en masa gracias a la implementación de la fotografía digital, y el uso de cámaras digitales que permiten grabar sin la necesidad de revelar el celuloide, pudiendo así montar y modificar escenas de una manera mucho más rápida.

Ya con la trilogía original Lucas había innovado en una serie de técnicas cinematográficas que eran prácticamente desconocidas para la época, pero todo ese trabajo fue opacado en cierta forma gracias al abrumador éxito que la saga tuvo más allá de la pantalla, transformándose en un icono de la cultura pop gracias a la explosiva venta de juguetes y una creciente popularidad que nunca decayó en el período de 1977 a 1983. Y es así como las tecnologías fueron evolucionando en pos de una saga que desde sus orígenes buscó una forma de deslumbrar y crear experiencias nunca vistas, algo que sin duda se logró con todos los contratiempos que pueda significar. Pasar de un aproximado de 365 tomas con efectos visuales en la primera cinta de 1977 a las más de 2200 que tiene la última de la era Lucas en 2005, habla de una necesidad de incorporar la tecnología con el fin de contar historias, derribando límites y permitiendo que la creatividad e imaginación de los realizadores pueda verse reflejada en la gran pantalla.

Hoy en día, con una nueva trilogía que llegará a su fin este 19 de diciembre, se puede ver como las técnicas de las otras seis entregas se van complementando para darle un romanticismo a la producción, omitiendo de plano un uso totalmente digital para seguir incluyendo animatronics, marionetas, maquillaje y otras técnicas de producción. Sin embargo, es imposible no reconocer el trabajo e influencia de George Lucas en el desarrollo del cine de fantasía como lo conocemos hoy en día y, más allá de cualquier falencia narrativa que haya cometido en sus cuestionadas precuelas, el cine y la tecnología comenzaron una relación que ha beneficiado tanto lucrativa como creativamente a la industria.

  • Star Wars: El Ascenso de Skywalker” se estrena el próximo 19 de diciembre. Preventa AQUÍ.

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