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Cine

Escuadrón Suicida

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Nunca los cines habían recibido tantas películas de superhéroes como en 2016, y ese es un récord que ya está sellado aunque apenas haya comenzado el segundo semestre. Un dato que habla del poderío total de esas cintas en la producción estadounidense, y que también impulsa a observar las nuevas fórmulas ideadas para asegurar larga vida a las franquicias de parte de los estudios que, con desniveles varios, han dado muestras de legítimos esfuerzos para inyectar aires renovados. Se hizo el SUICIDE SQUAD 01primer filme sobre un antihéroe en toda la regla (“Deadpool”) y se puso por partida doble el foco en los primeros enfrentamientos entre chicos buenos (“Captain America: Civil War” y “Batman v Superman: Dawn Of Justice”). Ahora, luego de alimentar –y sobrealimentar– expectativas durante meses, es el turno de los chicos malos como protagonistas, una idea que podría haber sido ejecutada antes, pero que sólo de la mano de DC y Warner debuta en la pantalla grande.

Tras la desaparición de Superman, las preocupaciones en el Pentágono giran hacia que el siguiente metahumano que irrumpa quizás tenga menos compasión con los humanos. Ante esa frágil situación, la impetuosa Amanda Waller (Viola Davis) propone reclutar a un grupo de supervillanos para que se sumen a una misión secreta, a cambio de reducir sus penas. Privados de libertad se encuentran Harley Quinn (Margot Robbie) –a quien el Joker (Jared Leto) busca–, Deadshot (Will Smith) y otros más, los que sumados a un par de otros granujas, se integrarán al grupo encabezado por Rick Flag (Joel Kinnaman), hombre de plena confianza de Waller que se encuentra en una posición incómoda por la relación sentimental que mantiene.

SUICIDE SQUAD 02En una temporada en que dentro del cine basado en historietas las nociones del bien y el mal han tomado derroteros juguetones y diversos, DC aún tiene algo que decir. En esta oportunidad, de la mano de personajes muy populares, que aparte de no haber figurado en las dos películas anteriores del universo extendido del estudio, en su amplia mayoría debutan en una adaptación fílmica. La cinta no pierde tiempo y se ocupa rápidamente de presentarlos a ellos y a la premisa en su versión más básica –aunque caiga en una redundancia–, cargando las tintas hacia el humor y la definición de una clave ondera. Colorinche, veloz, directa al grano. Así se declara en sus primeros minutos, en que circulan Harley Quinn, Joker, Deadshot y el resto, para después saltar a un recorrido muy gozoso por la cárcel. Con un oportuno acompañamiento musical y la integración de una ficha que describe con gracia las principales características de los villanos –acorde a la estética artificial del filme–, el arranque, pese a sus irregularidades narrativas, es prometedor.

El disgusto aparece luego porque, siendo todo bastante simple, el meollo de la historia está muy mal explicado y justificado de peor manera. Las analepsis (muchas veces, amparadas únicamente en otorgarles minutos a personajes para los que no hallaron una forma más digna de darles cabida) abarrotan la historia, mientras que la fuerza antagónica no constituye gran interés y el trabajo en el apartado digital es perezoso.

SUICIDE SQUAD 03Quizás una de las decisiones más curiosas reside en que, una vez concentrado el equipo, la película se calza la indumentaria de cinta bélica, con los protagonistas internándose en territorio enemigo –por segundos, se hace obvia la elección como director y guionista de David Ayer, cuyo anterior filme es “Fury” (2014)–, sin embargo, el giro no viene acompañado de buen cine. Las fuerzas a las que los rufianes protagonistas se deben enfrentar son un chiste y, salvo la amenaza de uno que otro de bajarse del barco, la narrativa se va reduciendo a un mecánico “pelea, chiste, pelea, chiste”, que malgasta, entre otras cosas, la amalgama de sensualidad y locura de Harley Quinn, de seguro el gran personaje de la película. Fundamentalmente ahí, da bastante lo mismo quitar la mirada: las escenas de acción son genéricas, pesan poco o nada en la trama, y las particularidades de cada personaje no lucen.

Así las cosas, tanto las expectativas abiertas por los gratos momentos iniciales como el potencial de sus personajes se ven carcomidos por el desarrollo. Todo se queda a mitad de camino y las indefiniciones del eje narrativo –resuelve confiar ciegamente en que la premisa “malos ayudan al Gobierno” pueda sostenerse eternamente en la superficie, negándose a dejar en claro su fondo– se ven acentuadas por un montaje vulgar. Al momento de las determinaciones cruciales, el asunto se agudiza otro resto, puesto que se revelan los verdaderos propósitos de un personaje clave de manera bien ininteligible y, escenas después, se da a conocer con bombos y platillos (flashback incluido) algo que ya había sido explicado al espectador en los primeros 20 minutos, como asumiendo que quien ve es incapaz de retener información. Eso, dado que está anclado a lo esencial de la trama y a cómo la SUICIDE SQUAD 04historia continúa adelante, representa una pifia del tamaño del forado de la capa de ozono, y guarda perfecta conexión con el ritmo discontinuo que la película detenta hacia atrás, que da cuenta de probables cortes y modificaciones de último momento.

A fin de cuentas, teniendo rasgos seductores, una parte de las apuestas de la cinta se quedan en una bonita y estilosa cobertura, y la otra mitad termina en el extravío. Buen modelo de ello es el Joker de Jared Leto, una suerte de gángster rey de la ciudad al que el guión le señala un fin corriente, casi burdo. Tal vez haya sorpresa a futuro, pero se ve como un villano tan limitado como tantos otros, que en este filme si llega a fascinar es sólo por la tremendamente jugada actuación del actor de “Dallas Buyers Club” (2013). Lo concreto es que un personaje de esa envergadura merece algo mejor, no estar metido a la fuerza en una película que se apuntala únicamente como otro ensayo de DC, como otro intento que no cuaja como debería. Aquí el Joker y Harley Quinn funcionan de chiche, de juguete de una cinta que, lejos de ser una obra consistente, es una pequeña colección de momentos divertidos estancados por una narración inepta que solo atina a saturar de música, darle tiraje a diálogos y salidas ramplonas, y encajar todos los flashbacks que el metraje aguante.

Por Gonzalo Valdivia

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1 Comentario

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  1. Omar

    16-Ago-2016 en 9:14 am

    Brillante comentario. Gracias

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Midsommar

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Midsommar

“Midsommar”, el segundo largometraje de Ari Aster, logra reafirmar un estilo particular de dirección para abordar el terror. A diferencia de “Hereditary” (2018), su película anterior, aquí la idea de la ritualidad es abarcada desde una puesta en escena que ya no es oscura y nocturna, sino que totalmente iluminada para transmitir una idea pureza y virginidad.

Dani (Florence Pugh) es una joven estudiante que acaba de sufrir el fallecimiento de su hermana y de sus padres. Christian (Jack Reynor), su pareja, es el único lazo que la contiene frente a sus constantes crisis, pero la relación de ambos se encuentra en un momento de inestabilidad. Dani se entera por el grupo de amigos de él de que viajarán todos juntos a Suecia, donde se celebrará un evento especial de la comunidad a la que uno de ellos perteneció. Por compromiso, Christian decide invitarla. Entregados a admirar y participar de este festival de verano, al poco tiempo son testigos de rituales que son a lo menos duros de mirar, y de los cuales inevitablemente se van volviendo parte, hasta convertirse en pilares fundamentales de la celebración.

La construcción de esta historia gira en torno a lo desconocido y lo ajeno que resulta para los personajes todo lo que está por ocurrir en esta semana de festividad de acuerdo a las creencias de los mismos participantes. Sin embargo, estas son mostradas con antelación al espectador, por lo que el desarrollo de la película no estaría marcado precisamente por la sorpresa de los acontecimientos, y más bien se avanza a través de ella como compañeros de su protagonista, interpretada por Florence Pugh, quien encarna perfectamente a este personaje atormentado y confundido, siendo parte de un universo que no entiende, pero del que se sumerge casi sin darse cuenta.

Si bien, el guion juega con darle un carácter de “cultural” o una justificación religiosa a las acciones de sus antagonistas –ya que los mismos personajes mantienen la intención de una investigación antropológica–, no profundiza en ello, para así dejarnos principalmente con la sensación de terror frente a imágenes crudas que no pueden ser fácilmente entendidas por quienes no somos parte de esa espiritualidad, la que, a su vez, pareciera tener un futuro ya predeterminado.

Ari Aster crea así una atmósfera de ensoñación acorde a los estados de sus personajes, drogados con las pócimas, la belleza del lugar y lo extraño de los distintos acontecimientos. El Midsommar es representado desde la dirección de arte a través de un espacio que se presenta como pulcro y perfecto, con los colores cálidos del verano y el colorido de las flores. La fotografía, por su parte, forma una especie halo blanco que remite a un lugar paradisíaco, bañado con la luz del sol, el que se distorsiona de manera interesante en ciertos momentos para enfatizar un estado mental abierto a “la influencia”.

La calidad en las distintas áreas técnicas del cine del director logra formar una pieza de valor artístico que es sin duda un aporte para el género de terror, sin embargo, si bien aquí de todas maneras juega con elementos de suspenso a través de la música o sus movimientos de cámara, “Midsommar” no resulta una película que deje con una sensación constante de demasiado miedo ni terror, sino más bien de una espera frente a lo que está por venir y una contemplación constante.

Conociendo a grandes rasgos los elegantes mecanismos técnicos que le dan a Aster un carácter de autor al que vale la pena seguir el rastro, su tercer filme exigirá dar un paso más allá respecto de cómo abordar situaciones “terroríficas”, donde quizás su mayor desafío sea el de seguir mezclando una buena historia de terror o suspenso con una hermosura de imágenes y sonidos que le den otra capa de profundidad o, al menos, algún tipo de cuestionamiento de la misma, y así poder ver las dos caras de la moneda, es decir, poder percibir lo “especial” que ve el antagonista respecto a eso que a nosotros nos da terror. En este sentido, no remitirse al susto exclusivamente por lo brutal e inesperado, sino que enlazarlo con una mirada artística, que necesite cada vez menos sustentarse en los clichés, continuando también con una construcción de personajes y dirección de actores impecable, que puedan transmitirnos una historia completamente ajena al espectador, pero a la vez cercana y posible.

“Midsommar” resulta una película que aborda el terror desde un interés cercano a la antropología, que, al igual que “Hereditary”, explora la idea del ser parte de una comunidad con ciertas creencias y tradiciones que ya tienen un plan establecido para los protagonistas, y de los que ellos no están enterados, pero que, en el caso particular de esta cinta, propone crear un contraste entre prácticas brutales y una apariencia visual pura o virginal, idea que pudo haber sido explotada más profundamente para generar un impacto potente en el espectador, y que acá no se consigue del todo. De todos modos, cabe destacar que, en lo que va de su filmografía, Aster logra unas gloriosas escenas finales, que dejan con una sensación perturbadora e incómoda de, a pesar de todo, estar admirando algo realmente bello.


Título Original: Midsommar

Director: Ari Aster

Duración: 147 minutos

Año: 2019

Reparto: Florence Pugh, Jack Reynor, Will Poulter, William Jackson Harper, Ellora Torchia, Archie Madekwe, Vilhelm Blomgren, Julia Ragnarsson, Anna Åström, Anki Larsson


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