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Cine

Escándalo Americano

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Nos adentramos en el verano y los estrenos de calidad empiezan a ir en aumento. Aunque eso no implique que la basura de siempre deje de arribar a la cartelera, comienzan a llegar las películas que realmente importan. Si hace un año de David O. Russell pudimos ver esa espléndida cinta que se dividía entre el drama y la comedia titulada “Silver Linings Playbook” (2012), ahora desembarca su más reciente filme, donde se puede verificar que su cine jamás había aspirado a tanto. Lo que es una lástima, es que ese apetito por devorarse al mundo no se traduzca en lo mejor que ha entregado hasta el momento.

En “Escándalo Americano” se cuenta la historia del sagaz estafador Irving Rosenfeld (Christian Bale), quien con su socia de labores Sidney Prosser (Amy Adams) se ven forzados a trabajar para el agente del FBI Richie DiMaso (Bradley Cooper). En la operación deberán sumergirse en un mundo de timadores y se verán obligados a llegar hasta Carmine Polito (Jeremy Renner), el popular alcalde de New Jersey, quien se mueve en las fronteras de la ilegalidad para darle a la ciudad lo que necesita.

La película abre con una exquisita escena invadida de tensión, para luego cortar y dar paso a un largo racconto que, si bien ilustra en detalle sobre la vida de dos personajes, desconcierta y se extiende más de lo necesario. Claramente lo mejor no está en los primeros minutos, sino posterior a la media hora. A partir de ahí despliega una trama de recovecos múltiples, que tienen como centro el engaño para sacar adelante la delicada misión.

Por el tipo de historia elegida y la manera en que se aproxima a ella, esta es la cinta de mayor ambición hecha a la fecha por David O. Russell, un paso natural luego de haber regresado a este arte con dos triunfazos como “The Fighter” (2010) y “Silver Linings Playbook”. El realizador se  atreve a filmar como el Paul Thomas Anderson de los 90, amparado en una cámara inquieta que va de aquí AMERICAN HUSTLE 02para allá, dotando de vértigo a la narración. Pero si los recursos estéticos los maneja de maravilla, no afina completamente bien el cómo arma la historia.

El punto de vista desde el que se cuenta la obra es difuso y más bien parece haber una aspiración a construir un relato coral, pero por el que tampoco se decanta completamente. Hay un afán por dar con una estructura equilibrada y no dejar de lado ningún ángulo de la historia, sin embargo, en ese intento el vínculo con los personajes se ve dañado. Uno no  sabe muy bien de qué lugar ponerse, lo que añadido a la disposición de los personajes, ponen en una encrucijada al espectador. Sus personajes son seres dañados, pero el director no se inmiscuye mayormente en ellos, prefiere mantenerse a una distancia y ceñirse a lo que el eje central de la operación del FBI dicta, en una jugada que tiene como única singularidad la evolución de Sidney, encarnada por Amy Adams.

Estamos en presencia de un trabajo minucioso de diseño de producción y de reproducción de una época, del mismo modo que de un soundtrack perfectamente escogido. A pesar de eso, no se pueden esconder las debilidades de la cinta. Lo que de verdad puede disimularlas y en concreto ayuda a que la película se enriquezca, es la descollante galería de grandes actuaciones. Si hay algo incuestionable en Russell es que es un gran director de actores –entendido como que todos los intérpretes crecen bajo su mando-, una habilidad que aquí repite pletóricamente. Los intérpretes libran verdaderos duelos actorales en casi cada una de las escenas, lo que sumado a cómo filma Russell, suministran al AMERICAN HUSTLE 03relato de un cerro de momentos geniales. Si bien todos están estupendos, la más deslumbrante es una Amy Adams que derrocha sensualidad y tragedia a cada segundo, en un rol que le permite hacer la actuación de su vida.

Es entretenida, estimulante, dinámica, enganchadora, pero no todo lo punzante y certera que pudo haber sido, apreciación que se ve ratificada por una resolución un tanto débil. Una muestra clara de las limitaciones de la película es que, llegado un momento, si bien hace un amago de intentar emprender palabras hacia la condición de Estados Unidos como nación, le falta tesón para asestar un golpe con todo. En “Escándalo Americano” hay pasajes de gran cine, indudablemente, pero en su globalidad la consistencia se echa de menos. David O. Russell, un cineasta prodigioso, esta vez no alcanza a llegar a puerto en su deseo de filmar su mejor obra y dar más pasos hacia adelante.

Por Gonzalo Valdivia

 

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Leo Arriagada (@leoarriagada)

    30-Ene-2014 en 11:50 pm

    La acabo de ver, me encantó. Creo que Jennifer va por un seguro segundo Oscar.

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Midsommar

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Midsommar

“Midsommar”, el segundo largometraje de Ari Aster, logra reafirmar un estilo particular de dirección para abordar el terror. A diferencia de “Hereditary” (2018), su película anterior, aquí la idea de la ritualidad es abarcada desde una puesta en escena que ya no es oscura y nocturna, sino que totalmente iluminada para transmitir una idea pureza y virginidad.

Dani (Florence Pugh) es una joven estudiante que acaba de sufrir el fallecimiento de su hermana y de sus padres. Christian (Jack Reynor), su pareja, es el único lazo que la contiene frente a sus constantes crisis, pero la relación de ambos se encuentra en un momento de inestabilidad. Dani se entera por el grupo de amigos de él de que viajarán todos juntos a Suecia, donde se celebrará un evento especial de la comunidad a la que uno de ellos perteneció. Por compromiso, Christian decide invitarla. Entregados a admirar y participar de este festival de verano, al poco tiempo son testigos de rituales que son a lo menos duros de mirar, y de los cuales inevitablemente se van volviendo parte, hasta convertirse en pilares fundamentales de la celebración.

La construcción de esta historia gira en torno a lo desconocido y lo ajeno que resulta para los personajes todo lo que está por ocurrir en esta semana de festividad de acuerdo a las creencias de los mismos participantes. Sin embargo, estas son mostradas con antelación al espectador, por lo que el desarrollo de la película no estaría marcado precisamente por la sorpresa de los acontecimientos, y más bien se avanza a través de ella como compañeros de su protagonista, interpretada por Florence Pugh, quien encarna perfectamente a este personaje atormentado y confundido, siendo parte de un universo que no entiende, pero del que se sumerge casi sin darse cuenta.

Si bien, el guion juega con darle un carácter de “cultural” o una justificación religiosa a las acciones de sus antagonistas –ya que los mismos personajes mantienen la intención de una investigación antropológica–, no profundiza en ello, para así dejarnos principalmente con la sensación de terror frente a imágenes crudas que no pueden ser fácilmente entendidas por quienes no somos parte de esa espiritualidad, la que, a su vez, pareciera tener un futuro ya predeterminado.

Ari Aster crea así una atmósfera de ensoñación acorde a los estados de sus personajes, drogados con las pócimas, la belleza del lugar y lo extraño de los distintos acontecimientos. El Midsommar es representado desde la dirección de arte a través de un espacio que se presenta como pulcro y perfecto, con los colores cálidos del verano y el colorido de las flores. La fotografía, por su parte, forma una especie halo blanco que remite a un lugar paradisíaco, bañado con la luz del sol, el que se distorsiona de manera interesante en ciertos momentos para enfatizar un estado mental abierto a “la influencia”.

La calidad en las distintas áreas técnicas del cine del director logra formar una pieza de valor artístico que es sin duda un aporte para el género de terror, sin embargo, si bien aquí de todas maneras juega con elementos de suspenso a través de la música o sus movimientos de cámara, “Midsommar” no resulta una película que deje con una sensación constante de demasiado miedo ni terror, sino más bien de una espera frente a lo que está por venir y una contemplación constante.

Conociendo a grandes rasgos los elegantes mecanismos técnicos que le dan a Aster un carácter de autor al que vale la pena seguir el rastro, su tercer filme exigirá dar un paso más allá respecto de cómo abordar situaciones “terroríficas”, donde quizás su mayor desafío sea el de seguir mezclando una buena historia de terror o suspenso con una hermosura de imágenes y sonidos que le den otra capa de profundidad o, al menos, algún tipo de cuestionamiento de la misma, y así poder ver las dos caras de la moneda, es decir, poder percibir lo “especial” que ve el antagonista respecto a eso que a nosotros nos da terror. En este sentido, no remitirse al susto exclusivamente por lo brutal e inesperado, sino que enlazarlo con una mirada artística, que necesite cada vez menos sustentarse en los clichés, continuando también con una construcción de personajes y dirección de actores impecable, que puedan transmitirnos una historia completamente ajena al espectador, pero a la vez cercana y posible.

“Midsommar” resulta una película que aborda el terror desde un interés cercano a la antropología, que, al igual que “Hereditary”, explora la idea del ser parte de una comunidad con ciertas creencias y tradiciones que ya tienen un plan establecido para los protagonistas, y de los que ellos no están enterados, pero que, en el caso particular de esta cinta, propone crear un contraste entre prácticas brutales y una apariencia visual pura o virginal, idea que pudo haber sido explotada más profundamente para generar un impacto potente en el espectador, y que acá no se consigue del todo. De todos modos, cabe destacar que, en lo que va de su filmografía, Aster logra unas gloriosas escenas finales, que dejan con una sensación perturbadora e incómoda de, a pesar de todo, estar admirando algo realmente bello.


Título Original: Midsommar

Director: Ari Aster

Duración: 147 minutos

Año: 2019

Reparto: Florence Pugh, Jack Reynor, Will Poulter, William Jackson Harper, Ellora Torchia, Archie Madekwe, Vilhelm Blomgren, Julia Ragnarsson, Anna Åström, Anki Larsson


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