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En La Cuerda Floja

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“La vida debería vivirse al límite”, dice Philippe Petit sobre un pasaje del excelente documental “Man On Wire” (2008), que habla de la enorme hazaña completada por el equilibrista francés cuando, en 1974, el mismo caminara por una cuerda floja conectada entre las desaparecidas Torres Gemelas del World Trade Center, separadas una de otra por más de 60 metros de distancia. En su intención, la sentida pieza audiovisual dirigida por James Marsh –ganadora del Oscar al mejor documental largo– no sólo da cuenta de lo espectacular que fue la actuación realizada por Petit, sino también profundiza respecto a la elaborada logística que el artista europeo tuvo que pensar para llevar a cabo su performance, considerando que esta debió prepararse en la clandestinidad por tratarse de una intervención completamente ilegal.

THE WALK 01Igualmente como hiciera “Man On Wire”, “En La Cuerda Floja” también toma el libro escrito por Petit en 2002, “To Reach The Clouds”, para adaptar los hechos a partir de la fiel perspectiva de su actor principal, que aquí está representado por el cada vez más solicitado Joseph Gordon-Levitt. Así, la película va planteando la mayor cantidad de situaciones que el funámbulo francés debió atravesar para concretar su “paseo” en las alturas de la ciudad neoyorquina, a exactos 417 metros desde el suelo. Motivación, frustración, sueños vívidos, humor, milimétricas observaciones y desacuerdos dentro del equipo de trabajo, van quedando registrados en la planificación de una aventura que culmina a las 7:15 AM del 07 de agosto de 1974, momento en que Philippe Petit da el primer paso sobre una cuerda que fuera su único escenario por más de 45 minutos.

Superado el tabú que significó la destrucción de las Torres Gemelas para la ficción cinematográfica –recordada es la postergación sufrida por “Spider-Man” (2002), tras esta proyectar imágenes de los malogrados rascacielos en sus tráileres y en el que sería su largometraje final-, “En La Cuerda Floja”, una producción totalmente inviable hace una década, presenta a este binomio edificado sobre una escala protagónica que no busca llorar la suerte del mismo, sino más bien celebra la gesta de uno de los números artísticos más arriesgados de la historia con aquellos pilares como soportes fundamentales, casi nivelando su cuota de importancia con la figura del propio Philippe Petit. Alguna sutil cortesía hacia el desenlace, confirma este primer acierto de Robert Zemeckis, quien, además de firmar grandes títulos dentro de su filmografía, también ha explotado su veta patriota en ellos, quedando la lectura muchas veces fuera de lugar.

THE WALK 02Dicho esto, todo lo que sigue en la cinta es Philippe Petit, que está modelado a través de un muy bien definido personaje facilitado por el histrionismo que aporta Joseph Gordon-Levitt al papel. Siendo él justamente el narrador de la historia, la estructura de la película se va armando entre la conexión que Petit logra forjar con el público. Y es que el film no trata sólo de ubicar al protagonista mirando a la cámara contando su versión de los hechos, lo que Zemeckis intenta hacer aquí, es entregar más dimensiones a un complejo personaje que vive entre lo sensible y lo obsesivo de su carácter, reflejando esta dicotomía sobre divertidas escenas que permiten distintos espacios de onirismo. En la disposición de un producto como “En La Cuerda Floja”, el equilibrista no puede sino descifrarse mediante dos aristas fundacionales y necesarias: la interpretación personal que tiene Petit sobre su entorno, junto a lo que el curso del relato va introduciendo como los sucesos lineales.

Los elementos descritos anteriormente se van cuadrando en una historia que es absolutamente miscelánea en su propuesta, porque el largometraje dispone con precisión la biografía del caso real para adoptar un ritmo que trajina uniforme sobre la comedia, la delicadeza y el drama más ligero, llegando finalmente a un clímax donde la tensión se desarrolla de forma perfecta. A este respecto, la utilización del 3D se encuentra plenamente justificada –como en mucho tiempo no se veía para alguna película que hiciera uso de la técnica- en cuanto la propia se refina al máximo para provocar el vértigo por medio de su condición. No bien “En La Cuerda Floja” economiza en la acción, trae a la primera persona hacia planos que resultan fundamentales para entender la dificultad y la magnitud del hito marcado por Philippe Petit. Es en lo último donde precisamente radica el valor del 3D en esta pasada, que contribuye al título mucho más de lo que se podría apostar.

THE WALK 03Quizás hay personajes que resultan demasiado blandos y que no tienen mayor repercusión sobre lo que se hila como argumento –los roles de Ben Kingsley o la bellísima Charlotte Le Bon podrían resentirse en esa carencia-, sin embargo, el ítem se puede recibir como un punto menos efectivo y no como un problema determinante. De igual manera, también hay ciertos lugares que parecen quedar desacoplados en relación a las escenas que los contienen, no obstante, todo esto va quedando olvidado en la medida que el relato va creciendo, y el macro queda firmemente asentado.

Ha pasado mucho tiempo desde que Philippe Petit desafiara a las leyes de un Estado completo para retar a las leyes gravitacionales mediante su famosa caminata. Tal vez hayan personas que en el transcurso de los años superaron lo hecho por él –sin ir más lejos, Nikolas Wallenda ostenta más de un par de increíbles récords mundiales por su trabajo en la cuerda floja-, no obstante, por todo el romanticismo surgido de su acto, por todo lo que socialmente despertó la intervención en Nueva York y por todo el impulso que el francés diera a la actividad artística, una fecha como la de agosto de 1974 debía almacenarse en otro documento aparte de “Man On Wire”. Poniéndose a la altura de las circunstancias, “En La Cuerda Floja”, que lleva la misma calidad visual hacia su genial banda sonora, cumple con el objetivo y, de paso, queda confirmada como uno de los mejores estrenos de este 2015.

Por Pablo Moya

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La Mirada Incendiada

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La Mirada Incendiada

Tiempos de dictadura, un hijo de exiliados políticos que vuelve a Chile por cuenta propia y un crimen de crueldad inconmensurable por parte de las fuerzas de orden. El tercer largometraje de ficción de la directora Tatiana Gaviola, “La Mirada Incendiada”, inicia con las palabras “Inspirada en un hecho real”, tomando como punto de partida el conocido Caso Quemados, atentado en el que Carmen Gloria Quintana y Rodrigo Rojas de Negri fueron víctimas de un ataque incendiario por parte de militares a plena luz del día en la vía pública.

Protagonizado por Juan Carlos Maldonado en el papel de Rodrigo, el filme prometía sin duda ser un aporte para la memoria de nuestro país, dada la historia en cuestión y su contexto, sin embargo, esta promesa metamorfoseó hasta convertirse no sólo en polémica, debido a la nula influencia que tuvo la familia de Rojas de Negri en materias de decisión cinematográfica, sino que también es una cinta que no cumple del todo con los objetivos que parece perseguir.

El inicio de la película muestra a Rodrigo volviendo a Chile con una cámara bajo el brazo y el propósito de desempeñarse cómo fotógrafo profesional. Tras andar un rato medio perdido, y luego de ser ayudado por una amiga vecina de su tía, logra llegar a la casa de esta y sus dos primas menores, quienes cariñosamente lo acogen a lo largo de la trama. Tras esto, se forjan lazos emotivos que dan cuenta de la personalidad dulce y templada del protagonista. De esta forma, se retrata claramente cómo Rodrigo influyó en la vida del resto de los personajes mediante escenas variadas, que muestran momentos íntimos en los que estos interactúan, desde conversaciones nocturnas y abrazos diurnos, hasta experiencias traumáticas que refuerzan vínculos.

A lo mencionado anteriormente, se suma la manera en que los personajes se comunican entre sí. Si bien, el guión resulta claro y conciso, los intercambios de palabras se articulan principalmente a través de diálogos medianamente breves y en ocasiones incluso un poco rígidos, cayendo en la sobre explicación del contexto dictatorial en el que ocurren los eventos una y otra vez, resultando en parte obvios. Además, el guión demuestra la clara intención de introducir gran variedad –y cantidad– de expresiones y/o dichos chilenos, dando así a entender una identidad lingüística acertada, que da cuenta de aspectos de nuestra cultura, pudiendo haber sido presentado de manera igualmente oportuna, pero a través de matices más sutiles.

Por otro lado, Rodrigo es retratado a través de conversaciones y acciones como un joven que no se encuentra realmente al tanto ni de la situación a nivel país, ni de las restricciones que esto implica, modificando el relato y añadiendo romanticismo mediante la presencia de un protagonista en parte inocente, que sueña con denunciar las injusticias del golpe sin pensar en repercusiones. En este sentido, resalta también el carácter poético que busca reflejar la voz en off de narradora de la historia –perteneciente al personaje de Carmen Gloria Quintana–, sugiriendo la existencia de una profunda relación previa al hecho incendiario entre Carmen Gloria y Rojas de Negri, interpelando acciones y decisiones tomadas por el protagonista. Esto agrega de manera similar un toque de romanticismo que resulta algo forzado y, sobre todo, algo lejano a la realidad de los hechos.

En cuanto a la atmósfera, la película logra reflejar el miedo colectivo y la tensión de la época, además de espacios y elementos característicos que resultan clave para retratar el período, tales como cacerolazos, protestas y allanamientos. Las escenas no son demasiado largas, por lo que hacen que la cinta sea dinámica y en su mayoría liviana, teniendo en consideración la carga del tema que trata. Sin embargo, esto mismo es lo que también genera que en algunas ocasiones se pierda un poco la continuidad entre una escena y la siguiente.

Por último, cabe destacar que, si bien las heridas dejadas por el flagelo dictatorial a lo largo y ancho de este territorio siguen estando cargadas de un rojo fresco y humeante, vale la pena que historias como estas vean a la luz en el formato cinematográfico, alimentando la memoria de nuestro país mediante expresiones artísticas cargadas de historia. Por desgracia, “La Mirada Incendiada” no cumple del todo con este objetivo, quedando al debe principalmente en temas de fidelidad con la memoria histórica nacional y la empatía hacia víctimas del caso, ya que, a pesar de que se deja en claro que el filme tan sólo se inspira en los hechos reales, este sin duda abre paso a preguntas que vale la pena hacerse. ¿Hasta qué punto es viable mezclar realidad y ficción? ¿De qué manera abordar temáticas delicadas de la manera más empática posible? Lamentablemente, en ese sentido “La Mirada Incendiada” desarrolla su narrativa omitiendo aquel elemento tan importante.


Título Original: La Mirada Incendiada

Director: Tatiana Gaviola

Duración: 102 minutos

Año: 2021

Reparto: Juan Carlos Maldonado, Catalina Saavedra, Gonzalo Robles, María Izquierdo, Cristina Aburto, Constanza Sepúlveda, Belén Herrera, Pascal Balart, Estrella Ortiz


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