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Cine

El Último Desafío

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Ha vuelto. Después de un largo período ocupado del destino de los habitantes de California y de tantear el terreno con breves pero prometedoras apariciones en la saga de “The Expendables”, Arnold Schwarzenegger regresa a la pantalla grande en su primer rol protagónico desde “Terminator 3: La Revolución de las Máquinas” (2003). Un regreso más que esperado por los fanáticos y nostálgicos del género, que aún ven en él a uno de los grandes del género de acción.

THE LAST STAND 01Y es que Schwarzenegger cimentó una exitosa carrera durante los 80’s y mitad de los 90’s no sólo a base de puños, balas y testosterona, pues también elegía cuidadosamente los proyectos en los que participaba, privilegiando tanto aquellos en que se potenciara su imagen de héroe de acción como aquellos en que estuvieran involucrados tanto directores como guionistas de renombre. Fue así como logró protagonizar verdaderos clásicos, tales como “Predator” (1987), “Terminator 2” (1991), “Total Recall” (1990) y “True Lies” (1994), y trabajar en estas cintas con directores de la talla de James Cameron, John McTiernan y Paul Verhoeven. De allí que uno ponga especial atención en el hecho de que el austriaco haya buscado rodearse de un interesante elenco de secundarios y de un más que apropiado director –Kim Jee-woon, conocido por estos pagos por “I Saw The Devil”- para su regreso a la primera línea.

Ray Owens (Schwarzenegger) es un ex policía de Los Angeles que se ha retirado a medias en el apacible pueblo de Sommerton Junction, situado al borde de la frontera con México, donde las oficia de sheriff. Gabriel Cortez (Eduardo Noriega) es el narcotraficante más peligroso del planeta, y ha escapado de la custodia del FBI mientras era trasladado por un equipo encabezado por el agente John THE LAST STAND 03Bannister (Forest Whitaker). Su plan es cruzar la frontera precisamente por Sommerton Junction, donde unos miembros de su organización ya tienen todo preparado para lograr su objetivo, sembrando de paso el terror en el pueblo. Obligado por las circunstancias, el sheriff Owens no tiene otra opción más que enfrentarse a Cortez, convirtiéndose en el último obstáculo entre el narcotraficante y su objetivo.

Con un comienzo lento, el director se toma el tiempo para introducirnos a todos y cada uno de los personajes y de sentar firmemente la premisa del relato. Esta no es la típica y nunca bien ponderada película de acción donde a los 30 minutos el héroe ha acribillado a la mitad del reparto. Es más, durante la primera hora la presencia de Schwarzenegger es escasa, y la película se mueve en torno a los personajes de Cortez y el agente Bannister, quienes son los verdaderos antagonistas de la historia. Eso, hasta que Cortez ya está próximo al pueblo de Sommerton Junction.

_MG_0186.CR2De allí en adelante es otra película. Es una película de Schwarzenegger. Las secuencias de acción, las balas, persecuciones y la inagotable batería de oneliners se suceden una tras otra casi sin pausa, sólo las necesarias para tomar aire, reír un poco y volver por más. Aquí es donde el director Kim Jee-woon hace gala de sus dotes, siendo capaz de montar secuencias que resultan tanto efectivas como entretenidas, aún cuando jamás vemos a Gobernator hacer acrobacias imposibles, como aún pretende hacernos creer que es capaz su antiguo compañero de armas Sylvester Stallone. Al contrario, Schwarzenegeer no tiene ningún temor ni duda en mostrarse tal como está: viejo, algo gordo y bastante oxidado, pero sin perder por ello rudeza y presencia escénica. En este sentido, la película se adapta sin complicaciones a este nuevo estilo de la estrella.

Si bien este tipo de cintas nunca se ha caracterizado por entregarnos actuaciones remarcables, vale la pena detenerse para recalcar el aporte cómico de Luis Guzmán y Johnny Knoxville, este último entregando momentos dignos de su mejor época en “Jackass”. También cabe destacar al propio Schwarzenegger, quien nunca ha sido un buen actor, pero que por momentos se le ve incómodo y con falta de ritmo, incluso para decir sólo alguna de sus clásicas líneas. Si hasta pareciera que su _DSC9847.NEFcaracterístico acento teutón se hubiera endurecido en estos años.

En resumen, una película correcta pero que no sorprende, aún cuando tiene momentos intensos y especiales. Su problema radica no sólo en la debilidad del guión, que pretende ser más serio de lo que es, sino también en que nunca define si quiere ser recordada como una interesante película de acción o como la película con la que Schwarzenegger volvió al ruedo. Con un mejor material, este equipo reunido en torno a la figura del último gran héroe, definitivamente pudo haber entregado un producto de mejor calidad. Pero para los fanáticos y nostálgicos eso no es lo que importa. Arnold está de vuelta, y aún tiene un par de cosas que decir.

Por Rodrigo Garcés

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Midsommar

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Midsommar

“Midsommar”, el segundo largometraje de Ari Aster, logra reafirmar un estilo particular de dirección para abordar el terror. A diferencia de “Hereditary” (2018), su película anterior, aquí la idea de la ritualidad es abarcada desde una puesta en escena que ya no es oscura y nocturna, sino que totalmente iluminada para transmitir una idea pureza y virginidad.

Dani (Florence Pugh) es una joven estudiante que acaba de sufrir el fallecimiento de su hermana y de sus padres. Christian (Jack Reynor), su pareja, es el único lazo que la contiene frente a sus constantes crisis, pero la relación de ambos se encuentra en un momento de inestabilidad. Dani se entera por el grupo de amigos de él de que viajarán todos juntos a Suecia, donde se celebrará un evento especial de la comunidad a la que uno de ellos perteneció. Por compromiso, Christian decide invitarla. Entregados a admirar y participar de este festival de verano, al poco tiempo son testigos de rituales que son a lo menos duros de mirar, y de los cuales inevitablemente se van volviendo parte, hasta convertirse en pilares fundamentales de la celebración.

La construcción de esta historia gira en torno a lo desconocido y lo ajeno que resulta para los personajes todo lo que está por ocurrir en esta semana de festividad de acuerdo a las creencias de los mismos participantes. Sin embargo, estas son mostradas con antelación al espectador, por lo que el desarrollo de la película no estaría marcado precisamente por la sorpresa de los acontecimientos, y más bien se avanza a través de ella como compañeros de su protagonista, interpretada por Florence Pugh, quien encarna perfectamente a este personaje atormentado y confundido, siendo parte de un universo que no entiende, pero del que se sumerge casi sin darse cuenta.

Si bien, el guion juega con darle un carácter de “cultural” o una justificación religiosa a las acciones de sus antagonistas –ya que los mismos personajes mantienen la intención de una investigación antropológica–, no profundiza en ello, para así dejarnos principalmente con la sensación de terror frente a imágenes crudas que no pueden ser fácilmente entendidas por quienes no somos parte de esa espiritualidad, la que, a su vez, pareciera tener un futuro ya predeterminado.

Ari Aster crea así una atmósfera de ensoñación acorde a los estados de sus personajes, drogados con las pócimas, la belleza del lugar y lo extraño de los distintos acontecimientos. El Midsommar es representado desde la dirección de arte a través de un espacio que se presenta como pulcro y perfecto, con los colores cálidos del verano y el colorido de las flores. La fotografía, por su parte, forma una especie halo blanco que remite a un lugar paradisíaco, bañado con la luz del sol, el que se distorsiona de manera interesante en ciertos momentos para enfatizar un estado mental abierto a “la influencia”.

La calidad en las distintas áreas técnicas del cine del director logra formar una pieza de valor artístico que es sin duda un aporte para el género de terror, sin embargo, si bien aquí de todas maneras juega con elementos de suspenso a través de la música o sus movimientos de cámara, “Midsommar” no resulta una película que deje con una sensación constante de demasiado miedo ni terror, sino más bien de una espera frente a lo que está por venir y una contemplación constante.

Conociendo a grandes rasgos los elegantes mecanismos técnicos que le dan a Aster un carácter de autor al que vale la pena seguir el rastro, su tercer filme exigirá dar un paso más allá respecto de cómo abordar situaciones “terroríficas”, donde quizás su mayor desafío sea el de seguir mezclando una buena historia de terror o suspenso con una hermosura de imágenes y sonidos que le den otra capa de profundidad o, al menos, algún tipo de cuestionamiento de la misma, y así poder ver las dos caras de la moneda, es decir, poder percibir lo “especial” que ve el antagonista respecto a eso que a nosotros nos da terror. En este sentido, no remitirse al susto exclusivamente por lo brutal e inesperado, sino que enlazarlo con una mirada artística, que necesite cada vez menos sustentarse en los clichés, continuando también con una construcción de personajes y dirección de actores impecable, que puedan transmitirnos una historia completamente ajena al espectador, pero a la vez cercana y posible.

“Midsommar” resulta una película que aborda el terror desde un interés cercano a la antropología, que, al igual que “Hereditary”, explora la idea del ser parte de una comunidad con ciertas creencias y tradiciones que ya tienen un plan establecido para los protagonistas, y de los que ellos no están enterados, pero que, en el caso particular de esta cinta, propone crear un contraste entre prácticas brutales y una apariencia visual pura o virginal, idea que pudo haber sido explotada más profundamente para generar un impacto potente en el espectador, y que acá no se consigue del todo. De todos modos, cabe destacar que, en lo que va de su filmografía, Aster logra unas gloriosas escenas finales, que dejan con una sensación perturbadora e incómoda de, a pesar de todo, estar admirando algo realmente bello.


Título Original: Midsommar

Director: Ari Aster

Duración: 147 minutos

Año: 2019

Reparto: Florence Pugh, Jack Reynor, Will Poulter, William Jackson Harper, Ellora Torchia, Archie Madekwe, Vilhelm Blomgren, Julia Ragnarsson, Anna Åström, Anki Larsson


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