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Cine

El Séptimo Hijo

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Llega un nuevo año y con ello una nueva saga de películas para adolescentes. Se trata de “El Séptimo Hijo”, la primera cinta basada en la saga de libros británica “The Wardstone Chronicles”, escrita por Joseph Delaney. Enmarcada dentro del género de la fantasía oscura, la saga juega con los elementos tradicionales de la novela adolescente (protagonistas jóvenes, pedestres, y enfrentados a situaciones heroicas), pero se destaca por introducir más acción y mitología que romance o drama. Este mismo valor es lo que mejor fue traspasado al cine, pero en detrimento de varios otros elementos.

SEVENTH SON 01Cuando la malvada bruja Malkin (Julianne Moore) logre escapar de su ancestral prisión, le recaerá la responsabilidad de cazarla al maestro Gregory (Jeff Bridges), al ser él el último sobreviviente de una ancestral orden dedicada a luchar contra las fuerzas del mal. Para esto, el maestro deberá entrenar en tiempo récord a nuevo aprendiz, Tom Ward (Ben Barnes), quien es el séptimo hijo de un séptimo hijo.

“El Séptimo Hijo” tiene la sensación de ser una película donde los realizadores hicieron su mejor esfuerzo por aprovechar un material defectuoso. Dentro de esto, el protagónico de Ben Barnes llega a ser dolorosamente incómodo a ratos, especialmente cuando trata de ser gracioso. Junto con él, su contraparte dentro de las brujas, Alice (Alicia Vikander), no logra acertar con la nota adecuada para ser mística, ni aun menos misteriosa.

Es quizás por esto mismo que la obra plantea una suerte de estructura bicéfala en lo que a sus protagonistas se refiere, colocando al personaje titular a la par con el de Bridges. A diferencia de Gandalf de “El Señor de los Anillos”, de quien más aparenta inspiración, el maestro Gregory es tan o incluso más importante que su protegido, mientras que el mago de Ian Mackellen se limitaba a ser un SEVENTH SON 02sabio guía. Esto debido a que a lo largo de la película se entrega tanta información de trasfondo sobre él como del séptimo hijo en cuestión. Esta falta aparente de foco termina por derruir una historia ya bastante débil por sí misma. Con una premisa tan simple y usada, como los cazadores de monstruos, “El Séptimo Hijo” nunca logra hacer nada novedoso, ni aún menos atreverse a experimentar un poco; se mantiene desvergonzadamente dentro de los márgenes del género.

De este mismo problema es que deriva quizás la decisión de dar tanto tiempo a los actores de más peso, por sobre los desconocidos, y a ratos es un rotundo acierto: Jeff Bridges se nota muy a gusto dentro de su personaje, incluso aprovechando para improvisar un par de líneas (o al menos así se siente en pantalla). En el espectro opuesto, Julianne Moore también parece gozar estirándose dentro de los confines de un personaje tan acartonado como la reina del mal. Estos dos actores entregan los mejores momentos de la cinta, reviviendo en parte esa química que tuvieron en “El Gran Lebowski” (1998).

Al mismo tiempo, en lo referente al contexto y la historia del mundo, la cinta no pierde tiempo con introducciones o prólogos demasiado largos, yendo rápidamente a la acción. Esto sirve mucho para darle un ritmo ágil, sacrificando las ambiciones de inmersión en el ambiente planteado, pero teniendo en cuenta que ni siquiera se menciona en algún momento el nombre del mundo, o se aclara si es fantasía o algún universo paralelo, esto termina por ser un acierto. Y a pesar de contar con buenas dosis de acción y un par de protagónicos divertidos, “El Séptimo Hijo” presenta algunos aspectos SEVENTH SON 03sumamente débiles, donde los diálogos se llevan la peor parte: acartonados, repetidos, e incluso aparentemente aleatorios en muchos pasajes, logrando ser un estorbo para el espectador. Junto con esto, la resolución de los conflictos argumentales es tan simple, que no deja ni espacio para la duda o la emoción.

Sumando todo, da para sospechar que, dentro de las etapas finales de la producción de “El Séptimo Hijo”, los realizadores se dieron cuenta que no tenían un producto lo suficientemente fuerte como para lanzar una saga exitosa. Enfrentados a esto, decidieron concentrar lo mejor del material que tenían en una película más concreta y enfocada, pero que no logra enganchar lo suficiente como para crear una base de seguidores incondicionales.

Por Lucas Rodríguez

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Artículos Cine

Star Wars y el auge de los efectos visuales

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Star Wars

Desde prácticamente siempre, ha existido un odio irracional hacia las precuelas de Star Wars, aquella trilogía de películas que estrenada entre 1999 y 2005 que prometía conectar todos los hilos en torno a la historia que George Lucas iniciara en 1977. Amparado bajo una segunda explosión de popularidad de la saga, el director comenzó a principios de la década del 90 lo que sería la concepción de una idea que ya tenía cuando trabajaba “El Imperio Contraataca”, y que, según sus propias declaraciones en múltiples ocasiones, no le era posible filmar debido a las limitancias tecnológicas propias de la época. Así, el desarrollo del CGI hizo que Lucas pudiera adentrarse en la realización de una nueva trilogía, donde, más allá de su cuestionado argumento e innecesaria creación de fallas argumentales para la saga original, terminó por transformarse en una revolución gracias al elemento que fue más destacado por la crítica: los efectos especiales.

Fue en 1997 cuando comenzó el rodaje de “La Amenaza Fantasma” (1999) y, aunque se mantuvieron algunos elementos como la marioneta de Yoda y una utilización de escenarios reales con un cuidado diseño de producción, la transición se fue desarrollando de manera natural a lo que terminaría siendo “El Ataque de los Clones” (2002) y “La Venganza de los Sith” (2005), donde el uso de fondo verde fue más prominente que en ocasiones anteriores. Como dato curioso, y para reforzar la idea de que la animación digital fue el elemento principal de estas cintas, es sabido que no se construyó ni una sola armadura de trooper durante las tres películas, con dichos modelos siendo todos creados por computadora. A pesar de que el uso de CGI ya se había presenciado en otras películas previas –probablemente “Jurassic Park” (1993) siendo el caso más reconocido–, su utilización dentro de la producción de Star Wars significó todo un precedente, gracias a un innovador software donde se crearían los efectos visuales, al punto de que en la primera cinta existe una sola secuencia que no contiene efectos digitales.

A veinte años de su estreno, los efectos visuales en el cine son cosa de cada día, con prácticamente la totalidad de las cintas más taquilleras utilizándolo en su mayoría, lo que en un espectro más crítico ha terminado por omitir en el espectador el deseo de intentar diferenciar qué es real y qué no al momento de mirar una película. Asimismo, los directores actualmente pueden gozar de la misma libertad que Lucas describió a la hora de realizar las precuelas, pudiendo crear un guion a su antojo sin preocuparse de restricciones en torno a la producción, el desarrollo de personajes y, sobre todo, la creación de mundos y criaturas tan fantásticas como se ha caracterizado la saga desde sus orígenes. Todo lo anterior permitió también una reducción en los tiempos de rodaje, comenzándose a producir blockbusters en masa gracias a la implementación de la fotografía digital, y el uso de cámaras digitales que permiten grabar sin la necesidad de revelar el celuloide, pudiendo así montar y modificar escenas de una manera mucho más rápida.

Ya con la trilogía original Lucas había innovado en una serie de técnicas cinematográficas que eran prácticamente desconocidas para la época, pero todo ese trabajo fue opacado en cierta forma gracias al abrumador éxito que la saga tuvo más allá de la pantalla, transformándose en un icono de la cultura pop gracias a la explosiva venta de juguetes y una creciente popularidad que nunca decayó en el período de 1977 a 1983. Y es así como las tecnologías fueron evolucionando en pos de una saga que desde sus orígenes buscó una forma de deslumbrar y crear experiencias nunca vistas, algo que sin duda se logró con todos los contratiempos que pueda significar. Pasar de un aproximado de 365 tomas con efectos visuales en la primera cinta de 1977 a las más de 2200 que tiene la última de la era Lucas en 2005, habla de una necesidad de incorporar la tecnología con el fin de contar historias, derribando límites y permitiendo que la creatividad e imaginación de los realizadores pueda verse reflejada en la gran pantalla.

Hoy en día, con una nueva trilogía que llegará a su fin este 19 de diciembre, se puede ver como las técnicas de las otras seis entregas se van complementando para darle un romanticismo a la producción, omitiendo de plano un uso totalmente digital para seguir incluyendo animatronics, marionetas, maquillaje y otras técnicas de producción. Sin embargo, es imposible no reconocer el trabajo e influencia de George Lucas en el desarrollo del cine de fantasía como lo conocemos hoy en día y, más allá de cualquier falencia narrativa que haya cometido en sus cuestionadas precuelas, el cine y la tecnología comenzaron una relación que ha beneficiado tanto lucrativa como creativamente a la industria.

  • Star Wars: El Ascenso de Skywalker” se estrena el próximo 19 de diciembre. Preventa AQUÍ.

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