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Cine

El Rey Arturo: La Leyenda De La Espada

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En un mundo donde la espectacularidad del blockbuster se nutre de un story-telling erróneamente abultado, cuyo potencial se mide en potentes y breves momentos más que en cierta perspectiva trascendente, encontrar un estilo diferenciador que a la vez haga trabajar personajes y mensaje al servicio de una buena historia, no es tarea sencilla. Guy Ritchie, el mismo que para el cambio de milenio generó una propuesta peculiarmente atractiva con “Snatch” (2000), hace ya varios años transó su desafiante nivel direccional para moldear su estilo a modo de complacer la exigencia de los números y las butacas. Con un mix de efectos y un exuberante despliegue de herramientas propias del género de aventura fantástica, su nueva producción inspirada en el mito europeo son 120 minutos de exposición descontrolada, pero efectiva.

Criado entre calles, burdeles y maestros de la pelea, Arthur (Charlie Hunnam) comienza a conocer su verdadero pasado y destino cuando logra sacar de la piedra la mítica espada Excalibur, que una vez perteneció a su padre Uther Pendragon (Eric Bana). Con una gran responsabilidad entre manos, será ayudado por varios aliados para enfrentarse al sádico Vortigern (Jude Law), rey ilegítimo de Londinium, y su tío.

Si “El Rey Arturo: La Leyenda De La Espada” fuera una canción, fácilmente podría describírsele como un rap indomable y potente, con toques de dubstep y letras medievales, y con más bass drops que licencias estilísticas. Combinando un montaje que ya casi es patentado por Ritchie, la clásica historia del monarca es versionada como un producto acorde a las grandes producciones de acción esperables para 2017: una algarabía de diálogos y escenas en las que la cronología clásica es superpuesta con flahsfowards, mientras los personajes discuten y un arsenal de CGI recurrente inunda la pantalla con alteraciones fácilmente reconocibles en las producciones de monstruos tipo kaiju.

Por supuesto, desorden no es igual a incoherencia. El relato es bastante consistente con su forma, ya que se transforma lo que pudiera ser una recurrente historia promedio en una entretenida y energizante cinta, cuyos recursos son más imponderables que su reparto escasamente trabajado. Los momentos en que se experimenta con elementos poco ortodoxos son los con mayor arraigo, y logran influir hacia un estado de ánimo de intensa fascinación.

Dentro de su propio género, esta película es mucho más parecida a los últimos remakes que han llegado de las manos de Guy Ritchie, con sus versiones de “Sherlock Holmes” (2009) y “Sherlock Holmes: A Game Of Shadows” (2011), o “The Man from U.N.C.L.E.” (2015), desde cuyas distorsiones obtenemos gratos minutos de dispersión.

No obstante, la ligereza de su historia contada con gran ostentación lleva consigo el peligro de diluir temas importantes. Es cierto que existe una variada representación étnica que promueve ciertas ideas positivas, pero lamentablemente el insuficiente desarrollo de estos y, sobre todo, la casi nula presencia femenina fuerte, generalmente sometida como falso recurso argumental, pegan fuerte para recordar que realmente no estamos frente a una historia inteligente, sino que a un mero reducto sensacionalista, efectivo pero notoriamente carente de sustancia.

Aunque con más ruido que piedras, “El Rey Arturo: La Leyenda De La Espada” es una épica fantástica a todo calibre, especialmente para el nicho que se satisface con la forma más que con el fondo. El colosal despliegue de recursos visuales -excediendo a más no poder la cámara lenta- y sonoros -guturales melodías perfectas logradas por Daniel Pemberton- nos regalan un blockbuster de tomo y lomo, cuyos recursos narrativos rápidos y el juego con los tiempos no dan espacio alguno para la monotonía. Una novedosa versión de un clásico conocido que, pese a ser completamente innecesaria y vacía, no por ello es menos satisfactoria.

Por Daniela Pérez

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1 Comentario

1 Comentario

  1. El Sémola

    11-May-2017 en 1:49 pm

    Está wena la crítica. De cualquier forma, en las películas de Guy Richie siempre hay poquísimas mujeres, aunque suelen ocupar un papel central, de poder, la mayoría de las veces. Qué lata que ahora no.También, siempre andan buscando algún objeto perdido… ¿pasó en esta película?

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Artículos Cine

Star Wars y el auge de los efectos visuales

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Star Wars

Desde prácticamente siempre, ha existido un odio irracional hacia las precuelas de Star Wars, aquella trilogía de películas que estrenada entre 1999 y 2005 que prometía conectar todos los hilos en torno a la historia que George Lucas iniciara en 1977. Amparado bajo una segunda explosión de popularidad de la saga, el director comenzó a principios de la década del 90 lo que sería la concepción de una idea que ya tenía cuando trabajaba “El Imperio Contraataca”, y que, según sus propias declaraciones en múltiples ocasiones, no le era posible filmar debido a las limitancias tecnológicas propias de la época. Así, el desarrollo del CGI hizo que Lucas pudiera adentrarse en la realización de una nueva trilogía, donde, más allá de su cuestionado argumento e innecesaria creación de fallas argumentales para la saga original, terminó por transformarse en una revolución gracias al elemento que fue más destacado por la crítica: los efectos especiales.

Fue en 1997 cuando comenzó el rodaje de “La Amenaza Fantasma” (1999) y, aunque se mantuvieron algunos elementos como la marioneta de Yoda y una utilización de escenarios reales con un cuidado diseño de producción, la transición se fue desarrollando de manera natural a lo que terminaría siendo “El Ataque de los Clones” (2002) y “La Venganza de los Sith” (2005), donde el uso de fondo verde fue más prominente que en ocasiones anteriores. Como dato curioso, y para reforzar la idea de que la animación digital fue el elemento principal de estas cintas, es sabido que no se construyó ni una sola armadura de trooper durante las tres películas, con dichos modelos siendo todos creados por computadora. A pesar de que el uso de CGI ya se había presenciado en otras películas previas –probablemente “Jurassic Park” (1993) siendo el caso más reconocido–, su utilización dentro de la producción de Star Wars significó todo un precedente, gracias a un innovador software donde se crearían los efectos visuales, al punto de que en la primera cinta existe una sola secuencia que no contiene efectos digitales.

A veinte años de su estreno, los efectos visuales en el cine son cosa de cada día, con prácticamente la totalidad de las cintas más taquilleras utilizándolo en su mayoría, lo que en un espectro más crítico ha terminado por omitir en el espectador el deseo de intentar diferenciar qué es real y qué no al momento de mirar una película. Asimismo, los directores actualmente pueden gozar de la misma libertad que Lucas describió a la hora de realizar las precuelas, pudiendo crear un guion a su antojo sin preocuparse de restricciones en torno a la producción, el desarrollo de personajes y, sobre todo, la creación de mundos y criaturas tan fantásticas como se ha caracterizado la saga desde sus orígenes. Todo lo anterior permitió también una reducción en los tiempos de rodaje, comenzándose a producir blockbusters en masa gracias a la implementación de la fotografía digital, y el uso de cámaras digitales que permiten grabar sin la necesidad de revelar el celuloide, pudiendo así montar y modificar escenas de una manera mucho más rápida.

Ya con la trilogía original Lucas había innovado en una serie de técnicas cinematográficas que eran prácticamente desconocidas para la época, pero todo ese trabajo fue opacado en cierta forma gracias al abrumador éxito que la saga tuvo más allá de la pantalla, transformándose en un icono de la cultura pop gracias a la explosiva venta de juguetes y una creciente popularidad que nunca decayó en el período de 1977 a 1983. Y es así como las tecnologías fueron evolucionando en pos de una saga que desde sus orígenes buscó una forma de deslumbrar y crear experiencias nunca vistas, algo que sin duda se logró con todos los contratiempos que pueda significar. Pasar de un aproximado de 365 tomas con efectos visuales en la primera cinta de 1977 a las más de 2200 que tiene la última de la era Lucas en 2005, habla de una necesidad de incorporar la tecnología con el fin de contar historias, derribando límites y permitiendo que la creatividad e imaginación de los realizadores pueda verse reflejada en la gran pantalla.

Hoy en día, con una nueva trilogía que llegará a su fin este 19 de diciembre, se puede ver como las técnicas de las otras seis entregas se van complementando para darle un romanticismo a la producción, omitiendo de plano un uso totalmente digital para seguir incluyendo animatronics, marionetas, maquillaje y otras técnicas de producción. Sin embargo, es imposible no reconocer el trabajo e influencia de George Lucas en el desarrollo del cine de fantasía como lo conocemos hoy en día y, más allá de cualquier falencia narrativa que haya cometido en sus cuestionadas precuelas, el cine y la tecnología comenzaron una relación que ha beneficiado tanto lucrativa como creativamente a la industria.

  • Star Wars: El Ascenso de Skywalker” se estrena el próximo 19 de diciembre. Preventa AQUÍ.

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