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El Pacto de Adriana

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Desde que el cine es cine, el formato del documental se ha construido desde el desarrollo de una tesis propuesta por el realizador y cómo esta idea se confirma o contradice conforme la investigación que el proyecto lleva a cabo. En esa lógica, muchos directores han inmiscuido sus vidas personales en pos de contar una historia y develar una verdad. Ese es el valiente ejercicio que ejecuta Lissette Orozco, quien, a causa del devenir, desenreda los nudos que forman su trenza familiar y, sin querer, descubre una horrible verdad vinculada a las páginas más oscuras de la historia de nuestro país.

La película nos sitúa desde el punto de vista de Lissette, quien nos cuenta que desde niña tuvo por ídolo a su tía Adriana. Conocida como la “Chani”, Adriana reside hace años en Australia y regresa a Chile de tanto en tanto para ver a sus familiares. Es en uno de estos viajes en que la policía local la toma detenida y se devela que la carismática “Chani” no era otra que la ex secretaria de Manuel Contreras, mano derecha del dictador Augusto Pinochet y cabeza suprema de su departamento de inteligencia, la DINA. Lissette se propone develar la verdad tras las acusaciones hechas a su tía, pero de inmediato queda en medio de un contradictorio escenario, donde la verdad que le confiesa Adriana difiere completamente de la revelada por los medios y la prensa.

“El Pacto de Adriana” es un relato íntimo, introspectivo y desgarrador. Lissette Orozco dibuja una línea narrativa delicada y respetuosa en torno a su núcleo familiar y, recatada, nos permite invadir su círculo más íntimo para, desde ahí, observar cómo la verdad sale a la luz. Cabe destacar la precisión con que la directora dosifica la información en pantalla y captura nuestro interés, generando un balance adecuado en el desarrollo de las dos grandes tramas del filme: el caso contra Adriana y el desmoronamiento de su relación con ella. En una orgánica calma, los horrores de la dictadura van apareciendo entre la niebla y se vuelven carne en el personaje de Adriana, mientras que Lissette, en una efectiva dualidad de protagonista/directora, recorre todos los caminos posibles para dar con la verdad. En un acertado no-partidismo, Orozco nos entrega todas las herramientas para que, como espectadores, dictemos nuestra propia sentencia respecto a lo expuesto, ya que, recordemos, la película no se trata sobre la historia de Chile y la dictadura, sino sobre secretos de familia y cómo estos pueden poner en jaque nuestros vínculos sanguíneos.

El documental se toma en serio y, en un valeroso ejercicio de sinceridad, expone a la familia de la realizadora lo justo y necesario para no caer en panfletos políticos ni en exacerbado dramatismo. Orozco respeta a su sangre, pero también es consciente que la verdad debe salir al aire, y sobre esa dualidad discursiva consigue perfilar personajes ricos en dimensiones y contradicciones, bellos y siniestros, mientras que, como un daño colateral, desnuda las bases amorales que han construido un país marcado por el dolor y la división. Es tremendo el ejercicio de honestidad que la realizadora ejecuta durante toda la película, pues consigue situarnos en todas las caras del prisma sin forzarnos a emitir juicio moral alguno, a la vez que, como si se tratara de una ficción, organiza un desarrollo narrativo solvente y envolvente.

Destacan los esfuerzos de producción por conseguirnos todos los lados de la verdad. No sólo el universo de Lissette y Adriana se toman la pantalla, también hacen lo propio las víctimas de la dictadura, demás simpatizantes de la DINA y las mismas calles de Australia. En pantalla está todo lo que gira en torno al caso y a la familia de Orozco, incluso con acceso al homenaje realizado a Augusto Pinochet hace algunos años.

Si bien, la dirección y escritura del documental derrochan talento y eficacia, no se puede decir lo mismo de su fotografía y montaje. Descuidados y poco pulcros, estos dos apartados juegan en desmedro de la obra, siendo el montaje el engranaje suelto de un reloj que pareciera correr a la perfección. Sin embargo, gracias a la magistral ejecución narrativa conseguida por Orozco, estos deslices técnicos no consiguen desviarnos de lo expuesto por la película y trabajamos con ella en obviar dichas falencias.

“El Pacto de Adriana” es una película completa y profunda, pero sobre todo urgente. No sólo es un transparente relato de cómo los secretos terminan por destruir a una familia, sino también desnuda la forma en que se ha construido un país marcado por el dolor y la división. En un tiempo donde el tópico de la dictadura podría parecer agotado y repetitivo, un filme como este nos recuerda la importancia de ejercitar la memoria y también la invisible necesidad que tenemos de justicia. Orozco articula un efectivo e inaplazable llamado a la verdad, esa que no tiene banderas políticas, sino que se basa en sanar una herida perpetua en un país que ha preferido hacer la vista gorda antes de empezar a caminar hacia la unidad.

Por Roberto Núñez

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Milagro en la Celda 7

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Milagro en la Celda 7

Los lazos familiares y los obstáculos que estos deben sortear para mantenerse firmes, es un tema recurrente en producciones que tienen como principal objetivo conectar emocionalmente con la audiencia, generando un vínculo que apele a las sensibilidades del espectador. Sin embargo, aquel objetivo no es fácil de alcanzar si no se cuenta con personajes que logren representar con honestidad las complejidades de las relaciones familiares.

“Milagro en la Celda 7” es el remake turco de “7-Beon-Bang-Ui Seon-Mul”, una cinta surcoreana estrenada con gran éxito en el año 2013. La historia se centra en la vida de Memo (Aras Bulut Iynemli), un hombre con discapacidad intelectual, y su hija Ova (Nisa Sofiya Aksongur), quienes ven cómo su apacible vida cambia cuando él es acusado de asesinar a una niña y, teniendo todo en contra, deberá demostrar su inocencia.

La primera y principal característica que resalta en “Milagro en la Celda 7” es la entrañable relación entre padre e hija, siendo cada una de sus interacciones el corazón de una historia que no pretende ser más de lo que está relatando en pantalla. En ambos se puede ver el compromiso que existe hacia el bienestar del otro y lo que están dispuestos a sacrificar (dentro de sus posibilidades) para poder estar juntos. El fuerte vínculo que los une es el motor que los mantiene firmes una vez que deben estar separados, y es así cómo el relato hace lo posible para poder resaltar aquellos momentos.

Para alcanzar tal objetivo y que resulte con naturalidad, la actuación de ambos actores interpretando a sus protagonistas logra la complicidad necesaria para hacer de su relación un vinculo creíble y capaz de enternecer la mirada de la audiencia. La dinámica de ambos juega a favor cuando quieren mostrar con total espontaneidad la relación que se ha construido, pero, además, en el momento en el que se ven distanciados, cada uno logra destacar en el entorno en el que se ven expuestos. De esta forma, logran crear personajes verosímiles y capaces de trascender a la historia en la que se ven insertos.

Por otra parte, la cinta es lo suficientemente honesta consigo misma al momento de plantear sus objetivos y lo que quiere generar en el espectador. Por lo tanto, utilizará todos los recursos necesarios para encausar y mantener el relato en el drama y, aunque a veces existen momentos de respiro para sus protagonistas, estos vuelven rápidamente a sumergirse en obstáculos que pretenden impedir esos momentos de calma. En ese sentido, su construcción narrativa está apuntando constantemente en enfatizar las dificultades que les ha tocado atravesar, donde la compasión y la empatía se vuelven esenciales para acompañarlos.

Utilizando recursos que a ratos podrían parecer insistentes, su relato se arma con el propósito de conmover a quien está viendo una cinta que no niega de su melodrama. Y aunque las técnicas utilizadas empujan con fuerza hacia las lágrimas, la sinceridad con la que se sostiene pide que esos elementos sean aceptados como las piezas que le dan el corazón a su narración.

Considerando que dicho melodrama permea cada rincón de la película, esta característica se acentúa no tan sólo con su guion, sino que también a través del montaje y la música, características que podrían poner en riesgo la complicidad con la que se ha trabajado la relación entre el relato y el espectador. Sin embargo, dichos elementos están incluidos para empujar la aflicción y lograr su principal finalidad: conmover a su público.

Con todo a su favor para lograr su propósito, “Milagro en la Celda 7” no es más que lo que promete ser: un drama familiar con los elementos necesarios para encontrar conflicto en cada paso que dan sus protagonistas. De esta forma, logra transformarse en una cinta honesta y directa cuando empieza a encausar su estructura y, a pesar de casi transitar en la desdicha, es capaz de entregar momentos de calidez apoyándose en la sencillez e ingenuidad de sus protagonistas.


Título Original: Yedinci Kogustaki Mucize

Director: Mehmet Ada Öztekin

Duración: 132 minutos

Año: 2019

Reparto: Aras Bulut Iynemli, Nisa Sofiya Aksongur, Deniz Baysal, Celile Toyon Uysal, Ilker Aksum, Mesut Akusta, Yurdaer Okur, Sarp Akkaya, Yildiray Sahinler, Deniz Celiloglu


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