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Cine

El Libro de la Selva

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Un medio como la animación digital sirve para contar todo tipo de historias. Maravillas visuales pero sin sustancia, como “Avatar” (2009), han servido para probar una manera de hacer cine que, cuando es bien aprovechada, puede extender muchísimo las posibilidades de los realizadores para armar relatos visualmente sorprendentes. Cuando es alimentada con el suficiente capital y talento, la animación digital puede producir impresiones prácticamente indistinguibles de la realidad. El problema asociado a esto es que, si no va acompañado de una historia interesante y con espacio para desarrollar conflictos y personajes, la película termina siendo intrascendente, como ocurrió con la mencionada cinta de Cameron. En este sentido, el elegir por darle tratamiento digital a “El Libro de la Selva” asegura al menos que la historia tendrá una columna vertebral sólida y bien conocida en la que apoyarse. Basada en la obra homónima de Rudyard Kipling, el relato del niño criado por los lobos ya fue adaptado en 1967 por Disney, dando origen a la clásica cinta de dibujos animados, situándose como un referente para la versión 2016, a pesar de que esta también opte a ratos por trazar senderos THE JUNGLE BOOK 01propios.

Mowgli (el debutante Neel Sethi) es un niño criado por lobos que deberá abandonar a su manada cuando el vengativo tigre Shere Khan (voz de Idris Elba) amenace con atacarla en busca del “cachorro humano”. En su viaje será ayudado por la benevolente pantera Bagheera (voz de Ben Kingsley) y el oso Baloo (voz de Bill Murray), quienes lo guiarán y enseñarán a sobrevivir dentro de la selva.

Además de los ya mencionados, “El Libro de la Selva” cuenta con un casting de voces de alta alcurnia, que incluye a Lupita Nyong’o como Raksha, la loba madre de Mowgli, Christopher Walken como el Rey Louie, el monarca de los monos aficionado al jazz, y Scarlett Johansson como Kaa, la seductora serpiente. Algunas de estas voces están realmente elegidas con pinzas: Kingsley y Murray se adaptan a la perfección a sus animales, siendo sus respectivos acentos, entonaciones y tonos de voz perfectamente adecuados para ser los secundarios de mayor figuración.

THE JUNGLE BOOK 02Lo que deja mucho que desear es el poco tiempo en pantalla que tienen algunos de estos personajes. La sección de la historia en la que figura el Rey Louie termina siendo más anecdótica que de alguna utilidad para la historia. De todas maneras, esta es más notoria que la del personaje de Johansson: la serpiente aparece alrededor de cinco minutos, para después desaparecer por completo, reduciendo su participación a un mero recurso narrativo. Un desperdicio, tanto por el talento involucrado –Johansson ya demostró que puede hacer maravillas con sólo su voz en “Her” (2013)– como por la calidad de la animación: el pelaje y movimientos de cada uno de los animales es virtualmente irreconocible de uno real. Debido a esto es que es deseable que sean introducidos, y permanezcan en pantalla, la mayor cantidad y diversidad de animales posibles.

Teniendo en cuenta que la película ya tiene una duración bastante extendida (1 hora y 45 minutos), es muy posible que estas ausencias hayan sido recortadas para mejorar el ritmo de la cinta. En ese caso, fue una buena decisión: “El Libro de la Selva” fluye a buen ritmo, alternando con facilidad entre momentos tensos, lúdicos y otros dedicados solamente a vanagloriarse de su bella dirección de arte. Entre medio de estos, la historia va calzando con naturalidad, sin nunca sentirse apurada ni improvisada.

THE JUNGLE BOOK 03Quizás en manos menos experimentadas, esta película se habría salido de los rieles, pero en las de Jon Favreu se mantiene con seguridad dentro de su camino. El hombre detrás de “Iron Man” (2008) y “Iron Man 2” (2010) conoce cómo medirle el pulso a una cinta comercial, sabiendo cuándo mostrar y cuando esconder su material para lograr el mayor atractivo posible. La única duda que deja “El Libro de la Selva” es a qué público está dirigida. Demasiado violenta para niños, demasiado infantil para adolescentes, y demasiado educativa para adultos, la película no termina nunca por establecer sus alianzas. Esto es quizás una consecuencia imprevista de su reenfoque: donde la cinta animada de Disney era claramente una fábula para menores de edad, la versión actual opta por un tono un poco más dramático y –si es posible describir así una cinta donde los animales hablan– realista.

A pesar de todo, “El Libro de la Selva” es una muy buena reactualización de un relato clásico que se vale a la perfección de los trucos visuales más avanzados de su época. Puntos extra por no tratar de ser una mera repetición de lo ya hecho anteriormente y arriesgarse a saludar a su antecesora más que conectarla a la fuerza al siglo XXI.

Por Lucas Rodríguez

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Artículos Cine

Star Wars y el auge de los efectos visuales

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Star Wars

Desde prácticamente siempre, ha existido un odio irracional hacia las precuelas de Star Wars, aquella trilogía de películas que estrenada entre 1999 y 2005 que prometía conectar todos los hilos en torno a la historia que George Lucas iniciara en 1977. Amparado bajo una segunda explosión de popularidad de la saga, el director comenzó a principios de la década del 90 lo que sería la concepción de una idea que ya tenía cuando trabajaba “El Imperio Contraataca”, y que, según sus propias declaraciones en múltiples ocasiones, no le era posible filmar debido a las limitancias tecnológicas propias de la época. Así, el desarrollo del CGI hizo que Lucas pudiera adentrarse en la realización de una nueva trilogía, donde, más allá de su cuestionado argumento e innecesaria creación de fallas argumentales para la saga original, terminó por transformarse en una revolución gracias al elemento que fue más destacado por la crítica: los efectos especiales.

Fue en 1997 cuando comenzó el rodaje de “La Amenaza Fantasma” (1999) y, aunque se mantuvieron algunos elementos como la marioneta de Yoda y una utilización de escenarios reales con un cuidado diseño de producción, la transición se fue desarrollando de manera natural a lo que terminaría siendo “El Ataque de los Clones” (2002) y “La Venganza de los Sith” (2005), donde el uso de fondo verde fue más prominente que en ocasiones anteriores. Como dato curioso, y para reforzar la idea de que la animación digital fue el elemento principal de estas cintas, es sabido que no se construyó ni una sola armadura de trooper durante las tres películas, con dichos modelos siendo todos creados por computadora. A pesar de que el uso de CGI ya se había presenciado en otras películas previas –probablemente “Jurassic Park” (1993) siendo el caso más reconocido–, su utilización dentro de la producción de Star Wars significó todo un precedente, gracias a un innovador software donde se crearían los efectos visuales, al punto de que en la primera cinta existe una sola secuencia que no contiene efectos digitales.

A veinte años de su estreno, los efectos visuales en el cine son cosa de cada día, con prácticamente la totalidad de las cintas más taquilleras utilizándolo en su mayoría, lo que en un espectro más crítico ha terminado por omitir en el espectador el deseo de intentar diferenciar qué es real y qué no al momento de mirar una película. Asimismo, los directores actualmente pueden gozar de la misma libertad que Lucas describió a la hora de realizar las precuelas, pudiendo crear un guion a su antojo sin preocuparse de restricciones en torno a la producción, el desarrollo de personajes y, sobre todo, la creación de mundos y criaturas tan fantásticas como se ha caracterizado la saga desde sus orígenes. Todo lo anterior permitió también una reducción en los tiempos de rodaje, comenzándose a producir blockbusters en masa gracias a la implementación de la fotografía digital, y el uso de cámaras digitales que permiten grabar sin la necesidad de revelar el celuloide, pudiendo así montar y modificar escenas de una manera mucho más rápida.

Ya con la trilogía original Lucas había innovado en una serie de técnicas cinematográficas que eran prácticamente desconocidas para la época, pero todo ese trabajo fue opacado en cierta forma gracias al abrumador éxito que la saga tuvo más allá de la pantalla, transformándose en un icono de la cultura pop gracias a la explosiva venta de juguetes y una creciente popularidad que nunca decayó en el período de 1977 a 1983. Y es así como las tecnologías fueron evolucionando en pos de una saga que desde sus orígenes buscó una forma de deslumbrar y crear experiencias nunca vistas, algo que sin duda se logró con todos los contratiempos que pueda significar. Pasar de un aproximado de 365 tomas con efectos visuales en la primera cinta de 1977 a las más de 2200 que tiene la última de la era Lucas en 2005, habla de una necesidad de incorporar la tecnología con el fin de contar historias, derribando límites y permitiendo que la creatividad e imaginación de los realizadores pueda verse reflejada en la gran pantalla.

Hoy en día, con una nueva trilogía que llegará a su fin este 19 de diciembre, se puede ver como las técnicas de las otras seis entregas se van complementando para darle un romanticismo a la producción, omitiendo de plano un uso totalmente digital para seguir incluyendo animatronics, marionetas, maquillaje y otras técnicas de producción. Sin embargo, es imposible no reconocer el trabajo e influencia de George Lucas en el desarrollo del cine de fantasía como lo conocemos hoy en día y, más allá de cualquier falencia narrativa que haya cometido en sus cuestionadas precuelas, el cine y la tecnología comenzaron una relación que ha beneficiado tanto lucrativa como creativamente a la industria.

  • Star Wars: El Ascenso de Skywalker” se estrena el próximo 19 de diciembre. Preventa AQUÍ.

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