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Cine

El Juez

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Para los creadores de ficción, hace rato que no es novedad la sentencia de que todas las historias ya están contadas. Cada uno de los relatos que hoy en día ven la luz, independiente del formato, provienen de premisas que han sido utilizadas en incontables ocasiones de manera más o menos acabada. La víctima que vuelve del infierno para cobrar venganza contra quien le castigó injustamente, los jovencitos que se enamoran a pesar de pertenecer a mundos opuestos, el maestro que gracias a su perseverancia logra traspasar su sabiduría a los alumnos rebeldes; la lista sigue, pero todas coinciden en que la clave del éxito responde a la originalidad con que se manejan las piezas, THE JUDGE 01para que la archiconocida materia prima no sea más que un antecedente. No es precisamente lo que ocurre con “El Juez”, pero eso tampoco lo convierte en un trabajo desechable.

Henry Palmer (Robert Downey Jr.) es un abogado al que no le importa las clases de humano que representa, siempre y cuando le paguen bien para perpetuar su lujosa situación económica que contrasta con la personal. Al borde del divorcio, su vida empeora con la súbita muerte de su madre, volviendo a su hogar de infancia para despedirla. Esto lo obliga a enfrentar a su padre, Joseph (Robert Duvall), juez de la ciudad con quien rompió relaciones, y quien se involucrará en un confuso accidente que tendrá insospechadas secuelas en la familia, y especialmente en Henry.

El cuento es antiguo. El caso del personaje exitoso que por un asunto puntual debe retornar a regañadientes a su pueblo natal, enfrentándose a recuerdos que tenía enterrados y eventualmente cambiando su perspectiva de vida, ha sido abordado en películas tan diversas una de otras como la muy hollywoodense “Sweet Home Alabama” (2002) y la emotiva sueca “As It Is In Heaven” (2004). En esta ocasión, el taquillero Downey Jr. es quien comanda una historia que se debate entre la comedia y el drama, y que intenta ser inteligente a nivel de guión, utilizando el dispositivo materializado en el accidente automovilístico protagonizado por el padre, para desenredar un conflicto familiar que lentamente se va aclarando. El aporte del actor es clave hacia ambos extremos, porque aunque su carisma innato sostiene un porcentaje importante de la obra y saca varias risas, su interpretación a ratos se asemeja demasiado a la que viene entregando en cada una de sus últimas cintas, evidenciando la prerrogativa que goza por ser sinónimo de éxito.

THE JUDGE 02La película fuerza algunas decisiones con tal de alcanzar sus objetivos, fallas ilusas porque eran evitables de haberse tomado la molestia de pensar las cosas mejor. El ejemplo más notorio es la extraña ocurrencia del padre por contratar a una excusa de abogadillo para defenderlo, siendo que él en su estatus de juez antiguo, respetado y querido del pueblo, puede optar por un profesional experto, todo con tal de que, por supuesto, no tenga más opción que recurrir a la ayuda de Henry. De igual manera, y como es común en producciones como estas, se nos presenta una subtrama romántica que literalmente no contribuye en nada y que, es más, sólo parece indicar la sexista necesidad de incluir rostros femeninos bellos con tal de adornar el masculinizado ambiente. En la línea de los adornos, la música no es sólo eso, sino que a momentos cae en una abierta cursilería que hace rememorar melodías de las más insufribles y conservadoras cintas familiares.

Con una duración de dos horas y veinte minutos, conforme se resuelven los cabos sueltos, la sensación de que la extensión del metraje pudo haber sido reducida considerablemente sólo aumenta. Por un lado se aprecia la paulatina construcción de la problemática interna de los Palmer, ya que sí logra el afán de conmover, sobre todo en su instante cúlmine en una secuencia entre Henry y Joseph durante el juicio (probablemente la escena más lograda). No obstante en su urgencia de que el viaje del protagonista dé una vuelta circular del todo y que por extensión su transformación sea comprendida por el espectador, el film peca de ofrecernos al menos tres finales falsos antes del cierre THE JUDGE 03definitivo. Gran error, ya que al hacer esto estiran y malgastan el valorable nivel de emotividad obtenido hacia el clímax, dilatándolo hasta rozar con el fastidio e instigando deseos de que los créditos corran pronto.

Divertida y sentida también, “El Juez” difícilmente deja indiferente con la historia de esta familia herida y la compleja relación padre e hijo marcada por la incomunicación, choque de egos, el rencor y expectativas frustradas. Tal vez con majadería, pero éxito al fin, apela a nuestro propio historial familiar, formando nudos en la garganta. Sin embargo, el aire a fábula ronda gran parte del film, manchándola con algunos factores insustanciales, incoherentes y sobre todo cargantes, que son perjudiciales para el tono. Eso, claro, si el propósito era dar con una obra sutil y adulta. Cual sea la respuesta, la consabida premisa argumental se cumple, no sorprendentemente, tanto en su carácter empático como predecible.

Por María José Álvarez

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Midsommar

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Midsommar

“Midsommar”, el segundo largometraje de Ari Aster, logra reafirmar un estilo particular de dirección para abordar el terror. A diferencia de “Hereditary” (2018), su película anterior, aquí la idea de la ritualidad es abarcada desde una puesta en escena que ya no es oscura y nocturna, sino que totalmente iluminada para transmitir una idea pureza y virginidad.

Dani (Florence Pugh) es una joven estudiante que acaba de sufrir el fallecimiento de su hermana y de sus padres. Christian (Jack Reynor), su pareja, es el único lazo que la contiene frente a sus constantes crisis, pero la relación de ambos se encuentra en un momento de inestabilidad. Dani se entera por el grupo de amigos de él de que viajarán todos juntos a Suecia, donde se celebrará un evento especial de la comunidad a la que uno de ellos perteneció. Por compromiso, Christian decide invitarla. Entregados a admirar y participar de este festival de verano, al poco tiempo son testigos de rituales que son a lo menos duros de mirar, y de los cuales inevitablemente se van volviendo parte, hasta convertirse en pilares fundamentales de la celebración.

La construcción de esta historia gira en torno a lo desconocido y lo ajeno que resulta para los personajes todo lo que está por ocurrir en esta semana de festividad de acuerdo a las creencias de los mismos participantes. Sin embargo, estas son mostradas con antelación al espectador, por lo que el desarrollo de la película no estaría marcado precisamente por la sorpresa de los acontecimientos, y más bien se avanza a través de ella como compañeros de su protagonista, interpretada por Florence Pugh, quien encarna perfectamente a este personaje atormentado y confundido, siendo parte de un universo que no entiende, pero del que se sumerge casi sin darse cuenta.

Si bien, el guion juega con darle un carácter de “cultural” o una justificación religiosa a las acciones de sus antagonistas –ya que los mismos personajes mantienen la intención de una investigación antropológica–, no profundiza en ello, para así dejarnos principalmente con la sensación de terror frente a imágenes crudas que no pueden ser fácilmente entendidas por quienes no somos parte de esa espiritualidad, la que, a su vez, pareciera tener un futuro ya predeterminado.

Ari Aster crea así una atmósfera de ensoñación acorde a los estados de sus personajes, drogados con las pócimas, la belleza del lugar y lo extraño de los distintos acontecimientos. El Midsommar es representado desde la dirección de arte a través de un espacio que se presenta como pulcro y perfecto, con los colores cálidos del verano y el colorido de las flores. La fotografía, por su parte, forma una especie halo blanco que remite a un lugar paradisíaco, bañado con la luz del sol, el que se distorsiona de manera interesante en ciertos momentos para enfatizar un estado mental abierto a “la influencia”.

La calidad en las distintas áreas técnicas del cine del director logra formar una pieza de valor artístico que es sin duda un aporte para el género de terror, sin embargo, si bien aquí de todas maneras juega con elementos de suspenso a través de la música o sus movimientos de cámara, “Midsommar” no resulta una película que deje con una sensación constante de demasiado miedo ni terror, sino más bien de una espera frente a lo que está por venir y una contemplación constante.

Conociendo a grandes rasgos los elegantes mecanismos técnicos que le dan a Aster un carácter de autor al que vale la pena seguir el rastro, su tercer filme exigirá dar un paso más allá respecto de cómo abordar situaciones “terroríficas”, donde quizás su mayor desafío sea el de seguir mezclando una buena historia de terror o suspenso con una hermosura de imágenes y sonidos que le den otra capa de profundidad o, al menos, algún tipo de cuestionamiento de la misma, y así poder ver las dos caras de la moneda, es decir, poder percibir lo “especial” que ve el antagonista respecto a eso que a nosotros nos da terror. En este sentido, no remitirse al susto exclusivamente por lo brutal e inesperado, sino que enlazarlo con una mirada artística, que necesite cada vez menos sustentarse en los clichés, continuando también con una construcción de personajes y dirección de actores impecable, que puedan transmitirnos una historia completamente ajena al espectador, pero a la vez cercana y posible.

“Midsommar” resulta una película que aborda el terror desde un interés cercano a la antropología, que, al igual que “Hereditary”, explora la idea del ser parte de una comunidad con ciertas creencias y tradiciones que ya tienen un plan establecido para los protagonistas, y de los que ellos no están enterados, pero que, en el caso particular de esta cinta, propone crear un contraste entre prácticas brutales y una apariencia visual pura o virginal, idea que pudo haber sido explotada más profundamente para generar un impacto potente en el espectador, y que acá no se consigue del todo. De todos modos, cabe destacar que, en lo que va de su filmografía, Aster logra unas gloriosas escenas finales, que dejan con una sensación perturbadora e incómoda de, a pesar de todo, estar admirando algo realmente bello.


Título Original: Midsommar

Director: Ari Aster

Duración: 147 minutos

Año: 2019

Reparto: Florence Pugh, Jack Reynor, Will Poulter, William Jackson Harper, Ellora Torchia, Archie Madekwe, Vilhelm Blomgren, Julia Ragnarsson, Anna Åström, Anki Larsson


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