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Cine

El Infiltrado

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Desde series de Netflix, telenovelas y futuras adaptaciones cinematográficas, la leyenda de Pablo Escobar ha permitido la creación de diferentes historias en torno a los hechos ocurridos. Y es que desde el punto de vista de la ficción, la revolución del narcotraficante constituye una muy buena historia, que ya se puede ver con distancia y una que es necesaria, atractiva e inevitable de contar. Fue un largo período de terrorismo y, en una época en la que el reinado de Escobar estaba establecido y parecía imparable, el lavado de dinero para justificar el narcotráfico entre Colombia y Estados Unidos era una de las tantas actividades en que estaban involucrados los miembros de su cartel.

Basada en su autobiografía, el agente Robert Mazur (Bryan Cranston) va de encubierto para infiltrarse entre los hombres de Escobar, aquellos que hacían negocios con bancos internacionales para cubrir su transacciones y entre los cuales existían vínculos directos con los homicidios que el Cartel llevaba a cabo. Vista como su última misión antes de retirarse, Mazur llega cada vez más cerca de desmantelar las operaciones ilícitas, aumentando así el riesgo de ser descubierto.

El enfocarse en una historia menos contada del reino de terror que se mantenía en Colombia, hace que sea posible tomarse libertades con el material en disposición, y no hay duda de que “El Infiltrado” está plagada de ajustes convenientes para centrarse en la historia de un solo hombre y su operación. Alrededor de Musella (el alias que Mazur adopta), está su compinche en la operación, Emir (John Leguizamo), y Kathy (Diane Kruger), quien actúa como su prometida. Las escenas que los involucran consisten básicamente en conversaciones y la entrega de información sobre transferencias bancarias, a medida que el infiltrado avanza con facilidad para posicionarse entre los más influyentes traficantes.

“El Infiltrado” es una cinta que muestra hechos sin permitir involucrarnos realmente en nada de lo que ocurre. Los personajes carecen de dimensiones: Kathy se dedica sólo a ser hermosa y una buena acompañante, Emir funciona como descanso cómico y oreja del protagonista, y el mismo Robert carece de motivaciones que la audiencia pueda inferir para poner en riesgo su vida y la de su familia, como se le menciona varias veces en la película en intentos de poner más cosas en juego.

Eso recae en la responsabilidad del director Brad Furman, quien filma con la misma relevancia secuencias de exposición como escenas de conversaciones donde sí existe tensión, sin diferenciarlas o asignarles características que eleven la película más allá de un recuento de que estos hechos ocurrieron. Cuando aumenta el dinamismo –y hay varias secuencias de acción que sí destacan por tener más identidad a nivel visual y propuesta–, estas se sienten fuera de lugar. Un plano secuencia porque sí tras una hora de planos-contraplanos de gente conversando. Se sienten como escenas incapaces de dialogar con el todo de un film que finalmente parece no tener un tema o algo que decir bajo la superficie.

La carencia de subtexto, de motivación en los personajes, la abundancia de exposición y la errática asignación de importancia a escenas que simplemente carecen de ella, hace que cuando la cinta desesperadamente busca alcanzar seriedad, al espectador ya no le interese. Es una película mediocre más que mala, que no se diferencia de numerosos thrillers que hemos visto muchas veces antes, y es lamentable, porque el relato de un hombre de familia infiltrado en una red terrorista que logra derrocar una estafa de lavado de dinero ocurrió, y la misma realidad nos enseña que estas historias no sólo suceden, sino que son dignas de contarse, y aquí se perdió la oportunidad de hacerlo.

Por Ignacio Goldaracena

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Artículos Cine

Star Wars y el auge de los efectos visuales

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Star Wars

Desde prácticamente siempre, ha existido un odio irracional hacia las precuelas de Star Wars, aquella trilogía de películas que estrenada entre 1999 y 2005 que prometía conectar todos los hilos en torno a la historia que George Lucas iniciara en 1977. Amparado bajo una segunda explosión de popularidad de la saga, el director comenzó a principios de la década del 90 lo que sería la concepción de una idea que ya tenía cuando trabajaba “El Imperio Contraataca”, y que, según sus propias declaraciones en múltiples ocasiones, no le era posible filmar debido a las limitancias tecnológicas propias de la época. Así, el desarrollo del CGI hizo que Lucas pudiera adentrarse en la realización de una nueva trilogía, donde, más allá de su cuestionado argumento e innecesaria creación de fallas argumentales para la saga original, terminó por transformarse en una revolución gracias al elemento que fue más destacado por la crítica: los efectos especiales.

Fue en 1997 cuando comenzó el rodaje de “La Amenaza Fantasma” (1999) y, aunque se mantuvieron algunos elementos como la marioneta de Yoda y una utilización de escenarios reales con un cuidado diseño de producción, la transición se fue desarrollando de manera natural a lo que terminaría siendo “El Ataque de los Clones” (2002) y “La Venganza de los Sith” (2005), donde el uso de fondo verde fue más prominente que en ocasiones anteriores. Como dato curioso, y para reforzar la idea de que la animación digital fue el elemento principal de estas cintas, es sabido que no se construyó ni una sola armadura de trooper durante las tres películas, con dichos modelos siendo todos creados por computadora. A pesar de que el uso de CGI ya se había presenciado en otras películas previas –probablemente “Jurassic Park” (1993) siendo el caso más reconocido–, su utilización dentro de la producción de Star Wars significó todo un precedente, gracias a un innovador software donde se crearían los efectos visuales, al punto de que en la primera cinta existe una sola secuencia que no contiene efectos digitales.

A veinte años de su estreno, los efectos visuales en el cine son cosa de cada día, con prácticamente la totalidad de las cintas más taquilleras utilizándolo en su mayoría, lo que en un espectro más crítico ha terminado por omitir en el espectador el deseo de intentar diferenciar qué es real y qué no al momento de mirar una película. Asimismo, los directores actualmente pueden gozar de la misma libertad que Lucas describió a la hora de realizar las precuelas, pudiendo crear un guion a su antojo sin preocuparse de restricciones en torno a la producción, el desarrollo de personajes y, sobre todo, la creación de mundos y criaturas tan fantásticas como se ha caracterizado la saga desde sus orígenes. Todo lo anterior permitió también una reducción en los tiempos de rodaje, comenzándose a producir blockbusters en masa gracias a la implementación de la fotografía digital, y el uso de cámaras digitales que permiten grabar sin la necesidad de revelar el celuloide, pudiendo así montar y modificar escenas de una manera mucho más rápida.

Ya con la trilogía original Lucas había innovado en una serie de técnicas cinematográficas que eran prácticamente desconocidas para la época, pero todo ese trabajo fue opacado en cierta forma gracias al abrumador éxito que la saga tuvo más allá de la pantalla, transformándose en un icono de la cultura pop gracias a la explosiva venta de juguetes y una creciente popularidad que nunca decayó en el período de 1977 a 1983. Y es así como las tecnologías fueron evolucionando en pos de una saga que desde sus orígenes buscó una forma de deslumbrar y crear experiencias nunca vistas, algo que sin duda se logró con todos los contratiempos que pueda significar. Pasar de un aproximado de 365 tomas con efectos visuales en la primera cinta de 1977 a las más de 2200 que tiene la última de la era Lucas en 2005, habla de una necesidad de incorporar la tecnología con el fin de contar historias, derribando límites y permitiendo que la creatividad e imaginación de los realizadores pueda verse reflejada en la gran pantalla.

Hoy en día, con una nueva trilogía que llegará a su fin este 19 de diciembre, se puede ver como las técnicas de las otras seis entregas se van complementando para darle un romanticismo a la producción, omitiendo de plano un uso totalmente digital para seguir incluyendo animatronics, marionetas, maquillaje y otras técnicas de producción. Sin embargo, es imposible no reconocer el trabajo e influencia de George Lucas en el desarrollo del cine de fantasía como lo conocemos hoy en día y, más allá de cualquier falencia narrativa que haya cometido en sus cuestionadas precuelas, el cine y la tecnología comenzaron una relación que ha beneficiado tanto lucrativa como creativamente a la industria.

  • Star Wars: El Ascenso de Skywalker” se estrena el próximo 19 de diciembre. Preventa AQUÍ.

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