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El Hobbit: La Batalla de los Cinco Ejércitos

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En diciembre de 2001 arribó a los cines la primera parte de la odisea de Frodo por destruir el anillo, un estreno que dio puntapié inicial a una de las franquicias hollywoodenses más celebradas de la historia, a estas alturas convertida en un completo clásico. Exactos trece años después lo hace el cierre de la segunda saga de la Tierra Media, con una historia situada temporalmente sesenta años antes y centrada en Bilbo como acompañante de trece enanos empecinados en recuperar su reino. Entre 2001 y 2014, entre el inicio de “El Señor de los Anillos” y la despedida de “El Hobbit”, aconteció de todo. Primero, estatuillas doradas, récords de taquilla y una comunidad de fanáticos rendida a los pies de un realizador con inicios en el terror crudo y desquiciado; luego, rotaciones en la silla de director, la decisión de pasar de dos a tres películas, cambios en los títulos de las cintas y mucho, mucho relleno. En específico, entre trilogía y trilogía, lo que ha habido es un significativo descenso en la nobleza del producto, expresado en el descarado alargamiento, una artificial y plástica nueva estética, y lo que pareciese ser una falta de cariño de su director por el material. Indudablemente, la merma en lo ofrecido ha dejado un sabor considerablemente menos dulce, y el cierre no viene a reivindicar las sensaciones dejadas por sus predecesoras.

THE HOBBIT THE BATTLE OF THE FIVE ARMIES 01El Hobbit: La Desolación de Smaug” (2013) finalizaba de manera abrupta con el dragón sobrevolando Ciudad del Lago y con Gandalf (Ian McKellen) encerrado en una torre en Dol Guldur. La última parte de la trilogía se preocupa de resolver aquellos flancos con prontitud, para centrarse en los preparativos de la batalla anunciada por el título. Mientras en la Montaña Solitaria la obsesión de Thorin (Richard Armitage) por encontrar la Piedra del Arca aumenta con celeridad y Bilbo (Martin Freeman) se esfuerza por contenerlo, en paralelo se hace inminente el arribo de los sobrevivientes de Ciudad del Lago liderados por Bardo (Luke Evans), el ejército de elfos encabezado por Thranduil (Lee Pace) y una enorme legión de orcos, todos atraídos por el tesoro ancestral que se encuentra en la montaña. Con una riqueza gigantesca en disputa, la guerra entre los distintos bandos se volverá inevitable.

Por sobre todo, lo primero que sobresale son los evidentes efectos del innecesario alargue.  Si bien retoma de inmediato la tensión con la que culminó la segunda, la calma vuelve muy pronto al relato. Todo, con el propósito de adentrarse con rapidez en lo que le concierne como película. Eso, un tanto absurdo dado el carácter amenazante del final de la anterior, puede entenderse como una manera astuta de esconder el estiramiento de chicle. “El Hobbit: La Batalla de los Cinco Ejércitos” finge que como tercer filme era necesario, e incluso convence de eso hasta al menos su primer tercio. Sin embargo, cuando se desplaza hacia su desarrollo, despeja todas las dudas y deja claro que de sustancia tiene tan poco como las dos primeras.

THE HOBBIT THE BATTLE OF THE FIVE ARMIES 03La historia no introduce nuevas líneas narrativas y no hace más que preocuparse de cerrar las ya desarrolladas. Aclarado eso, es necesario precisar que esta es una cinta llevada con mejor ritmo que las anteriores (lo que puede deberse únicamente a que es el episodio final). Eso, obviamente, no quiere decir que sea una mejor película, pero la hace, en cierto sentido, más comestible. El cacareado 48 HFR acá luce a plenitud, al transcurrir gran parte del relato en exteriores y contener una larguísima y definitiva batalla, aunque esa estética de videojuego continúe siendo insatisfactoria al lado de la visualidad de la saga original.

Eso de tomarse las cosas con menor apacibilidad que sus predecesoras, también conlleva a asumir la misión con una seriedad excesiva, cuando sigue teniendo mucho de gracioso todo lo que envuelve a la aventura enana (de ahí que en el papel la historia funcionara tan bien como cuento). En específico, lo que hace Jackson en esta oportunidad es aproximarse en tono a la trilogía original, aun cuando no tenga un argumento igualmente complejo y fatídico. Puede parecer un tanto ridículo, pero si progresiva y sutilmente las cintas anteriores se fueron desprendiendo del cariz más ingenuo del libro, es lógico que esta sea la consumación de este giro.

THE HOBBIT THE BATTLE OF THE FIVE ARMIES 02Por fortuna, entremedio aparece Martin Freeman con su silueta espontánea y entrañable, a cargo del mejor personaje de esta trilogía. La película mejora cada vez que interviene, aunque no pueda ocultar su rol secundario en el desenlace. Resultan particularmente divertidas las referencias a su condición de “ladrón” de la compañía, algo a lo que no se aludió mayormente en el filme anterior, y a este personaje está asociado quizá lo más valioso de esta saga, una idea muy genuina y explotada generosamente en “El Señor de los Anillos”: el mundo es demasiado grande y peligroso para los hobbits. Mediante eso, esta superproducción entrega las exiguas dosis de emoción con las que cuenta.

Observando desde una óptica más distante, el fin de la trilogía sirve para confirmar varias percepciones que ya se podían intuir en las anteriores dos cintas. Resulta sorpresivo, en primer lugar, que habiendo recurrido inclusive a los apéndices ubicados al final de ”El Retorno del Rey” (los que expandían el universo tolkieniano), en ningún momento la trilogía se detenga a revelar más sobre la Tierra Media. Privilegia, en este caso, el sentido de la aventura y el acotamiento de la historia a pocos flancos. Lo insólito es que, a pesar de ello, las tres películas juntas se empinan sobre las ocho horas, THE HOBBIT THE BATTLE OF THE FIVE ARMIES 04y lo que es peor, no permiten que conozcamos de manera más honda a los personajes ni al universo desplegado. Lo otro llamativo dice relación con cómo los tres filmes revelan lo que hacía Gandalf cuando se separaba de la compañía de enanos. Esta, la parte más oscura del conjunto, finalmente queda como un simple anexo, dado que jamás se cruza con la historia de los enanos de manera contundente, quedando como una adición pobre, que sólo entusiasmará a aquel más fanático.

“El Hobbit: La Batalla de los Cinco Ejércitos” es un concordante punto final para una saga que venía ofreciendo migajas en comparación a la trilogía original. Contrario a lo que podían aguardar los más ilusos, el cierre no sorprende con un destape que permita superar las carencias de los dos primeros capítulos. No obstante, sí hay algo que agradecerle: que no exceda las dos horas y media como las anteriores y, por sobre todo, que al fin llegue el cierre definitivo. Para Peter Jackson queda el consuelo de que, si bien la trilogía no trascenderá cinematográficamente, cuando haya que enseñar la imposibilidad de la síntesis del relato, todos recurrirán a “El Hobbit”.

Por Gonzalo Valdivia

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Minari

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Minari

“Minari” exhibe, a través de un relato sencillo, la historia de una familia coreana que llega a fines de los años ochenta a Arkansas, Estados Unidos, buscando la oportunidad de progresar a través del cultivo de vegetales coreanos, con el fin de venderlos a la creciente comunidad de dicho país. Desde que llegan al terreno donde se ubica la nueva casa familiar, el padre se ve obligado a contagiar de su propio optimismo al resto de la familia, en especial a su esposa, quien no puede evitar mencionar detalles que en un principio parecen anunciar la ruptura de la visión idílica del nuevo hogar.

Dentro de lo que parece ser una caravana sostenida sobre pilares y ruedas, se construye con resignación el nuevo hogar. Los niños parecen aceptarlo y adaptarse, pero la madre parece extrañar la ciudad desde un principio. La abuela llega de Corea con el propósito de acompañar a sus nietos, pero principalmente a su hija, a quien le cuesta lidiar con la soledad que provoca el aislado lugar.

En este punto la historia se convierte más que el sueño de una familia, en la concreción de los planes que el padre quiere cumplir para probarse a sí mismo de que es capaz de reescribir su historia, y eso resulta bastante original en la trama, ya que da espacio para que los demás personajes puedan abordar sus propias inquietudes en paralelo a algo común como el éxito de un proyecto que tiene el potencial de mejorar las condiciones de vida que afecta a la familia. También se percibe la necesidad de la madre no sólo de sacar adelante a sus hijos, sino que también de integrarse a una comunidad o, a lo menos, recuperar partes de su vida pasada, y con una poco convencional abuela ayudando a su nieto en la lucha silenciosa por superar sus propios límites.

El eje del conflicto de “Minari” se centra en la relación del matrimonio, que comienza a dar las primeras señales de un problema más profundo a través de los diálogos que se refieren a decisiones del pasado, cuyas consecuencias parecen situarse con más fuerza en el presente. Esto es justamente lo que coloca una mayor presión en el resultado de la cosecha, convirtiéndose en un acontecimiento decisivo, ya no sólo para mejorar las condiciones económicas de la familia, sino que también para evitar el desencanto definitivo de su mujer. Si bien, la premisa es bastante sencilla, la clave parece ser la naturalidad con la que transcurre la historia, y en este sentido no es necesario saturar al espectador de explicaciones o diálogos para imaginarse el camino por el que transitó la familia para llegar hasta ahí y lo que verdaderamente está en juego.

La película tiene varios elementos dramáticos, pero van develándose progresivamente, evitando la sensación de agobio que podría provocar este tipo de enfoque. En este sentido, aparte del conflicto principal constantemente presente, los acontecimientos cotidianos logran elaborar una construcción sólida de las características de los personajes y consiguen que el espectador empatice y, por momentos, se divierta con lo que sucede. El problema se presenta al mostrar las emociones de los personajes, ya que no se alcanza a profundizar en ellas, tornándose superficial a ratos en este aspecto. Esto lleva a que se vea un poco caricaturizada la figura de la abuela y que los sentimientos entre el matrimonio sólo se manifiesten en las partes en que discuten, mostrándose en las demás escenas su relación como en una especie de piloto automático. El intento de integración a la comunidad se anuncia como algo relevante, que termina por no tener ningún impacto, quedando como un antecedente más que hubiera sido interesante conocer.

En otras destacadas películas coreanas, el elemento metafórico también ha rodeado la trama, tal como se observa por medio de la piedra en “Parasite” (2019) y el palo de golf en Bin-Jip” (2004). En el caso de “Minari”, Lee Isaac Chung incorpora un vegetal que, según entienden los mismos protagonistas, renace aún más fuerte después de morir, lo que deja entrever una luz de esperanza, pese al último acontecimiento que golpea a la familia. La planta también crece y se afirma en un lugar improbable, reflejo de la fortaleza de la acción de emigrar a una cultura absolutamente diferente, que en esta historia se transmite por el esfuerzo culminante para lograr el anhelado sueño americano que parece acercarse y alejarse en distintas ocasiones.

En definitiva, el mérito de “Minari” no se encuentra en la temática de fondo porque no es novedosa; se han hecho numerosas películas sobre inmigración que incluso muestran un camino mucho más sufrido. Lo que sí es posible destacar es la forma en que se exhibe la historia, dando un espacio a todos los personajes y mezclado una situación que puede parecer desesperanzadora con situaciones cómicas, dando un respiro a la trama, y la aparición de la abuela es clave para este fin, convirtiéndose poco a poco en un personaje que posiblemente será capaz de quedar en la mente de los espectadores. Estos elementos compensan el hecho de que las emociones no alcancen a tocar del todo a los personajes y pone el foco en el curso de la historia, que se acelera de forma muy efectiva en el desenlace, terminando en un excelente final.


Título Original: Minari

Director: Lee Isaac Chung

Duración: 115 minutos

Año: 2020

Reparto: Steven Yeun, Han Ye-ri, Youn Yuh-jung, Alan S. Kim, Noel Cho, Will Patton, Scott Haze, Eric Starkey, Esther Moon, Tina Parker, Darryl Cox

 


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