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El Hilo Fantasma El Hilo Fantasma

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El Hilo Fantasma

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Hay un consenso transversal al afirmar que Daniel Day-Lewis es uno de los grandes actores de nuestro tiempo. Su carrera está marcada por notables cintas que estelariza con gran talento y precisión inigualables, logrando encarnar una amalgama de personajes tan diferentes y auténticos, como implacables. Por ello, al anunciar –ahora de verdad– su retiro del mundo de las cámaras, el desconsuelo también forma parte de la experiencia “El Hilo Fantasma”, película en la que hace dupla con Paul Thomas Anderson (recordemos que trabajaron juntos en 2007 con “There Will Be Blood“) y que nuevamente logra posicionarse en lo alto de la filmografía de ambos artistas.

Vistiendo a la alta sociedad londinense, Reynolds Woodcock (Daniel Day-Lewis) es un reconocido modisto cuyo trabajo es la única pasión y motor de su vida. Entregado a los diseños y los retazos de finas terminaciones, cuando conoce a la camarera Alma (Vicky Krieps) encuentra en ella una musa para seguir perfeccionando sus creaciones, pero también a una amante con sus propias ambiciones.

Al igual que el zurcir de una prenda a medida necesita mucho tiempo y reposo para lograr unir sus fragmentos en una pieza digna de ser usada, “El Hilo Fantasma” se construye a través de escenas pausadas, delicadas y enormemente cargadas con la ambigüedad de personajes inciertos. Y es que la gracia de esta cinta recae tanto en la sutileza de un guion acertado, que proyecta un aura enigmática en quienes llevan las acciones, como en lo intrincado del fundamento que mueve el relato.

Como siempre, Paul Thomas Anderson nos sorprende con protagónicos muy complejos y multidimensionales, en cuyas contrariedades se construye una relación de poder y necesidad adictiva, todo por supuesto bajo una fotografía bella y estilo que drena elegancia. Así, el mundo de la alta costura londinense de los años 50 es el pretexto desde donde se entreteje una historia sobre la complejidad ilusoria de cierto tipo de relaciones, en las cuales el amor pasa a segundo plano frente a la fascinación y la perfección. Desde una mirada de vanidosa manía y virtuosa elegancia, esta historia no tiene nada de simple: se da a entender que la obsesión y los soportes ficticios que los humanos extrapolamos en otras figuras –creemos ilusoriamente– son la esencia y complemento fundamental para lograr saciar los espacios vacíos de nuestras vidas.

Un magnífico Daniel Day-Lewis da vida al excéntrico señor Woodcock, quien, en su afán de dominar un mundo soberbio, se convierte en un arrogante artista textil, lleno de rarezas, y para quien el orden y la rutina son esenciales para lograr sus objetivos. El británico –casi tan metodológico como el personaje que representa– se inmiscuye y transforma en un ser orgulloso, sobrio, profesional, pero no exento de llagas, basando parte de su éxito en el apoyo de su estoica hermana Cyril, encarnada excepcionalmente por Lesley Manville.

La Casa Woodcock, siempre llena de costureras trabajando sin parar para terminar los vestidos a medida, sufre cierto remezón al llegar Alma, a quien Reynolds aprecia y pronto convierte en modelo de inspiración para su trabajo. Él, controlador y ordenado, y ella, en su juventud llena de exabruptos y siendo un rompecabezas indescifrable de sentimientos y aspiraciones, van fundando una relación elegantemente tóxica, apoyándose en la parte profesional y construyendo un romance con gotas de admiración y recelo perturbadores y, por ende, muy adictiva en pantalla.

Vicky Krieps y Daniel Day-Lewis construyen una relación fascinante en pantalla. Porque son las emociones, exteriorizadas en movimientos, expresiones faciales y miradas profundamente llenas de significado, las que hablan más que las palabras. La expresión “si las miradas mataran” se materializa en pantalla a cada momento y es esta minuciosidad, este entendimiento logrado entre los personajes a través de sus actores que funciona como un juego misterioso, que como espectadores nos vuelve adictos a la cinta, cuya guinda la pone un diseño de vestuario simplemente majestuoso.

Un gran elenco, dirigido con pulcritud, vuelve a “El Hilo Fantasma” un delicatessen visual y cinematográfico, con una exquisitez cautivadora y una historia enigmática llena de sutilezas. Paul Thomas Anderson demuestra una y otra vez la facilidad que tiene para crear universos que rozan entre lo falsamente onírico y lo real, siempre con personajes escritos de manera única. Con un tercer acto tanto más increíble como extraño, toda pieza encaja con la frase “el hilo necesita de la aguja para cumplir su cometido”.


Título Original: Phantom Thread

Director: Paul Thomas Anderson

Duración: 130 minutos

Año: 2017

Reparto: Daniel Day-Lewis, Vicky Krieps, Lesley Manville, Richard Graham, Bern Collaco, Jane Perry, Camilla Rutherford, Pip Phillips, Dave Simon, Ingrid Sophie Schram, Gina McKee, Steven F Thompson


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Minari

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Minari

“Minari” exhibe, a través de un relato sencillo, la historia de una familia coreana que llega a fines de los años ochenta a Arkansas, Estados Unidos, buscando la oportunidad de progresar a través del cultivo de vegetales coreanos, con el fin de venderlos a la creciente comunidad de dicho país. Desde que llegan al terreno donde se ubica la nueva casa familiar, el padre se ve obligado a contagiar de su propio optimismo al resto de la familia, en especial a su esposa, quien no puede evitar mencionar detalles que en un principio parecen anunciar la ruptura de la visión idílica del nuevo hogar.

Dentro de lo que parece ser una caravana sostenida sobre pilares y ruedas, se construye con resignación el nuevo hogar. Los niños parecen aceptarlo y adaptarse, pero la madre parece extrañar la ciudad desde un principio. La abuela llega de Corea con el propósito de acompañar a sus nietos, pero principalmente a su hija, a quien le cuesta lidiar con la soledad que provoca el aislado lugar.

En este punto la historia se convierte más que el sueño de una familia, en la concreción de los planes que el padre quiere cumplir para probarse a sí mismo de que es capaz de reescribir su historia, y eso resulta bastante original en la trama, ya que da espacio para que los demás personajes puedan abordar sus propias inquietudes en paralelo a algo común como el éxito de un proyecto que tiene el potencial de mejorar las condiciones de vida que afecta a la familia. También se percibe la necesidad de la madre no sólo de sacar adelante a sus hijos, sino que también de integrarse a una comunidad o, a lo menos, recuperar partes de su vida pasada, y con una poco convencional abuela ayudando a su nieto en la lucha silenciosa por superar sus propios límites.

El eje del conflicto de “Minari” se centra en la relación del matrimonio, que comienza a dar las primeras señales de un problema más profundo a través de los diálogos que se refieren a decisiones del pasado, cuyas consecuencias parecen situarse con más fuerza en el presente. Esto es justamente lo que coloca una mayor presión en el resultado de la cosecha, convirtiéndose en un acontecimiento decisivo, ya no sólo para mejorar las condiciones económicas de la familia, sino que también para evitar el desencanto definitivo de su mujer. Si bien, la premisa es bastante sencilla, la clave parece ser la naturalidad con la que transcurre la historia, y en este sentido no es necesario saturar al espectador de explicaciones o diálogos para imaginarse el camino por el que transitó la familia para llegar hasta ahí y lo que verdaderamente está en juego.

La película tiene varios elementos dramáticos, pero van develándose progresivamente, evitando la sensación de agobio que podría provocar este tipo de enfoque. En este sentido, aparte del conflicto principal constantemente presente, los acontecimientos cotidianos logran elaborar una construcción sólida de las características de los personajes y consiguen que el espectador empatice y, por momentos, se divierta con lo que sucede. El problema se presenta al mostrar las emociones de los personajes, ya que no se alcanza a profundizar en ellas, tornándose superficial a ratos en este aspecto. Esto lleva a que se vea un poco caricaturizada la figura de la abuela y que los sentimientos entre el matrimonio sólo se manifiesten en las partes en que discuten, mostrándose en las demás escenas su relación como en una especie de piloto automático. El intento de integración a la comunidad se anuncia como algo relevante, que termina por no tener ningún impacto, quedando como un antecedente más que hubiera sido interesante conocer.

En otras destacadas películas coreanas, el elemento metafórico también ha rodeado la trama, tal como se observa por medio de la piedra en “Parasite” (2019) y el palo de golf en Bin-Jip” (2004). En el caso de “Minari”, Lee Isaac Chung incorpora un vegetal que, según entienden los mismos protagonistas, renace aún más fuerte después de morir, lo que deja entrever una luz de esperanza, pese al último acontecimiento que golpea a la familia. La planta también crece y se afirma en un lugar improbable, reflejo de la fortaleza de la acción de emigrar a una cultura absolutamente diferente, que en esta historia se transmite por el esfuerzo culminante para lograr el anhelado sueño americano que parece acercarse y alejarse en distintas ocasiones.

En definitiva, el mérito de “Minari” no se encuentra en la temática de fondo porque no es novedosa; se han hecho numerosas películas sobre inmigración que incluso muestran un camino mucho más sufrido. Lo que sí es posible destacar es la forma en que se exhibe la historia, dando un espacio a todos los personajes y mezclado una situación que puede parecer desesperanzadora con situaciones cómicas, dando un respiro a la trama, y la aparición de la abuela es clave para este fin, convirtiéndose poco a poco en un personaje que posiblemente será capaz de quedar en la mente de los espectadores. Estos elementos compensan el hecho de que las emociones no alcancen a tocar del todo a los personajes y pone el foco en el curso de la historia, que se acelera de forma muy efectiva en el desenlace, terminando en un excelente final.


Título Original: Minari

Director: Lee Isaac Chung

Duración: 115 minutos

Año: 2020

Reparto: Steven Yeun, Han Ye-ri, Youn Yuh-jung, Alan S. Kim, Noel Cho, Will Patton, Scott Haze, Eric Starkey, Esther Moon, Tina Parker, Darryl Cox

 


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