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Cine

El Gran Casamiento

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Para nadie es un misterio que Robert De Niro hace rato dejó de ser garantía de calidad al momento de escoger qué ver y qué no. Ya se ha hecho costumbre distinguirlo cada año en un montón de filmes desechables donde se limita a activar el piloto automático y recibir el cheque, de manera que lejos han quedado aquellos tiempos en que era una bestia actoral capaz de brindar algunas de las interpretaciones más memorables del cine. Puntualmente, desde 2010 su capacidad para aparecer en cuanto desperdicio existe se ha incrementado: acumula 14 cintas desde entonces y en lo que resta de año estrenará otras tres. Quién sabe si la causa de esto es que únicamente le ofrecen cosas carentes de interés o que sólo se encuentra atraído en aceptar roles que le exigen el mínimo esfuerzo. La realidad es que el tipo pasa por horas bajas, y “El Gran Casamiento” es una de las películas con las que ya ha comparecido este año, donde la verdad su presencia es de lo poco rescatable en un océano de mediocridad.

Don (De Niro) y Ellie (Diane Keaton) son un pareja divorciada que se vuelve a encontrar con motivo del matrimonio de su hijo adoptado, Alejandro (Ben Barnes). La oportunidad servirá, además, para que vuelvan a ver a sus otros dos retoños, Jared (Topher Grace) y Lyla (Katherine Heigl). La llegada de un visitante provocará que la ex pareja tenga que adoptar una mentira en torno a su relación, pese a lo incómodo que pueda ser, con el fin de que la celebración se desarrolle sin inconvenientes.

La cinta arranca poniendo sobre la mesa el que la familia es la familia pese al divorcio de los padres, una sentencia que suponía que las fichas del relato irían por el lado del reencuentro del clan, lo que siempre permite que se saquen chispas. Pero los miembros no están tan perturbados, ni tampoco se detestan tanto, de modo que la película es encaminada por una vía más rebuscada y aburrida, siendo el detonante de todas las tensiones y apuros un pretexto que no se puede creer: la pareja divorciada debe fingir ser algo más para no indignar a una invitada. Desde ahí se levanta el filme, apuesta que sirve de perfecta muestra para concluir que acá todo son lamentables decisiones. Una, por ejemplo, es que acompañando el conflicto central se suceden pequeñas historias, pero que están trazadas muy escuetamente. Aunque se agradece el esfuerzo de elevar la apuesta, el resultado es tan pobre como si se hubiera aspirado a menos.

Asimismo, los personajes experimentan giros y cambios de conducta incomprensibles, casi siempre burlando el mínimo de coherencia y dejando en evidencia el poco cuidado al momento de confeccionarlos. A lo que se agrega el despliegue de un insólito universo donde la gente debe hacerse pasar por otra cosa para no arruinar una celebración familiar, donde el divorcio entre dos adultos debe ser ocultado para no herir susceptibilidades religiosas. Todo termina por ocasionar que sea una tarea ardua enganchar con una realización que le pone tantas barreras a la verosimilitud.

Viendo el recorrido profesional de la mente creadora detrás de esta cinta, no sorprende que lo visto sea tan ramplón. Hasta antes de esta comedia, Justin Zackham apenas tenía un largometraje a su haber -“Going Greek” (2001)-, y entremedio había ejercido como guionista y productor del documental “The Fastest Man In The World” (2003) y “The Bucket List” (2007), filme anodino que era su trabajo más destacado. Al final de todo, lo que más sorprende es que haya podido contar con esta galería de actores para llevar a cabo su segunda película. ¿Cómo se explica que un tipo con una carrera tan exigua termine dirigiendo un reparto de esta envergadura? Rarezas de la industria, que tiende a dejar este género en manos inexpertas. Tampoco es que esté dirigiendo el elenco del año –los más jóvenes no pasan de mediocres y los veteranos hace rato viene escogiendo mal-, pero tan deficiente material no merecía tamaña reunión de rostros conocidos.

Para coronar el desastre de esta cinta, lo poco atractivo que tiene lo desaprovecha: secuencias como la de una serie de confesiones ante un padre o la revelación de la gran verdad están dotadas de pura obviedad, como para que no queden dudas de que estamos frente a una comedia tan superflua y mal armada como sólo los gringos saben hacerlas. Es cierto que da con el tono que la historia exige, pero es apenas un diminuto acierto en una película que avanza sin sobresaltos y de forma tan obvia como que mañana sale el sol.

Por Gonzalo Valdivia

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Contra Lo Imposible

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Contra Lo Imposible

Plasmar cinematográficamente acontecimientos relacionados con el deporte implica trazar una línea, aludiendo al proceso detrás de la preparación antes de enfrentarse a un gran evento, con los conflictos situados entre medio configurando la trayectoria de quienes protagonizan grandes hazañas deportivas. Una de las carreras de automovilismo más prestigiosas sirve como el escenario perfecto para situar fuerzas opuestas en medio de un conflicto de intereses donde las destrezas, el compañerismo y la determinación serán fundamentales para alcanzar el éxito. Dos años después de su exitosa “Logan”, James Mangold dirige una historia inspirada en hechos reales y que tiene al centro a dos de las grandes compañías de automóviles del mundo: Ford y Ferrari.

“Contra Lo Imposible” se centra en el visionario diseñador de autos Carroll Shelby (Matt Damon) y el corredor Ken Miles (Christian Bale). Ambos estarán encargados de diseñar y construir un auto de carreras para la compañía Ford, el que debe ser capaz de vencer a su oponente más poderoso en manos de Enzo Ferrari (Remo Girone). Juntos deberán luchar contra los intereses corporativos para, al mismo tiempo, alcanzar sus victorias personales.

La cinta aprovecha desde su inicio el concepto en el que se encuentra inmersa, pues las carreras de autos son su principal motor, y estas son representadas con una mirada intuitiva, capaz de exhibir con agilidad cada momento y componente de una carrera automovilística. Y considerando su extensión, alcanzando las dos horas y treinta minutos, el ritmo agitado se vuelve esencial para conducir un relato que realmente profundiza en su principal temática.

Las decisiones de encuadres y montaje ayudan a edificar una historia que arranca tal como lo hace un auto de carrera y debe avanzar poniendo especial atención a las curvas con las que se encuentra. Y es ahí donde las pausas son necesarias para así poder evidenciar el entramado que se teje al interior de la compañía Ford y, a la vez, aprovechando de adentrarse en la vida personal del corredor que estará a cargo de conducir el moderno automóvil.

Para poder construir una historia que intenta alcanzar un nivel épico dentro de su contexto, esta es divida en dos trayectos que avanzan a la vez y que juntan su camino en la carrera de Las 24 Horas de Le Mans. Por una parte, la compañía Ford y su lucha por competir con las grandes entidades del mundo automotriz, es el centro y detonador que empujará a sus protagonistas a enfrentarse a grandes obstáculos para alcanzar el principal objetivo. La compañía es a la vez representada como quienes instalan los inconvenientes corporativos, donde los intereses monetarios preponderan frente a la pasión que significa para los protagonistas el poder diseñar el revolucionario nuevo modelo.

Por otra parte, el encargado de conducir el nuevo automóvil es el obstinado Ken Miles, el que simboliza un espíritu agitador y con el objetivo de alterar la firmeza de la compañía. Junto a su carácter testarudo y poco apacible, Ken es el personaje que más cambios sufre a través del relato, siendo capaz de transformar su razonamiento, pero gracias a quienes lo rodean, su esposa e hijo. Sin embargo, su camino no podría completarse sin el apoyo de su amigo y socio en este negocio, Caroll Shelby. La relación de ambos es la manifestación del compañerismo y el cariño fraternal; en ellos está puesta la cuota necesaria de idealismo, la que los ayudará a continuar adelante, pese a las adversidades.

James Mangold logra crear un drama deportivo complejo y con las características de un cine algo más clásico, rememorando a producciones hollywoodenses de antaño, pero con la apariencia física de una obra moderna que cuida su tratamiento. “Contra Lo Imposible” alcanza un nivel satisfactorio, donde el mundo que retrata queda plasmado con total firmeza y es coherente con sí misma hasta el final.


Título Original: Ford v Ferrari

Director: James Mangold

Duración: 152 minutos

Año: 2019

Reparto: Matt Damon, Christian Bale, Jon Bernthal, Caitriona Balfe, Noah Jupe, Josh Lucas, Tracy Letts, JJ Feild, Ray McKinnon, Rudolf Martin, Ward Horton, Bridie Latona, Lachlan Buchanan


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