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El Destino de Júpiter

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El fijarse en quién o quiénes son los que están detrás de una película (ya sea como productores, guionistas, o directores), a veces puede servir para saber si vale la pena ir a ver una cinta. El tener cierto conocimiento sobre las temáticas e ideas detrás de una obra, puede utilizarse para descifrarla, e incluso dudar de sus propias intenciones. En el caso de “El Destino de Júpiter”, los cabecillas son nada menos que los hermanos Wachowski, famosos por haber sido los creadores de “The Matrix” (1999), y sus respectivas secuelas.

JUPITER ASCENDING 01Cuando Jupiter Jones (Mila Kunis), una hija de un ruso y un inglés que trabaja junto a su familia limpiando casas, comience a notar algunos cambios extraños en su entorno, será tiempo para que Caine (Channing Tatum), un caza recompensas expertos en todo tipo de armas, se revele ante ella, y la introduzca a una conspiración intergaláctica, en la que deberá jugar un papel central.

Si hay algo que lograron dejar en claro desde un principio los Wachowski, es que ellos no eran cineastas que se contentaran con historias unidimensionales. Mucho se ha dicho y discutido sobre el universo y la idea que planteó su obra celebérrima, y a pesar de que pasó mucho más desapercibida de lo que probablemente esperaban, “Cloud Atlas” (2012) también fue una película llena de simbolismo y temas más profundos que lo que las escenas de acción dentro de las cuales los insertaron parecían sugerir.

Siguiendo esta línea, “El Destino de Júpiter” es su obra más compleja de descifrar, en gran parte por las sospechas que genera su mera asociación a un título como directores y guionistas. Quizás la mejor forma de enfrentarla sea separarla en su aspecto superficial (sin buscar sonar despectivos), y su trasfondo. Dentro de este primer aspecto, la cinta pareciera no ser más que una película de acción y aventuras, cargada de más efectos especiales que momentos memorables. En este sentido, no es muy distinta en su planteamiento a coetáneos como “Seventh Son” (2014) o “Percy Jackson & The Olympians: The Lightning Thief” (2010): joven cualquiera descubre que tiene poderes ocultos y se levanta para enfrentar el desafío.

JUPITER ASCENDING 02Desgraciadamente, la obra no logra diferenciarse del resto, incluso ubicándose dentro de los peores estrenos de acción del año. “El Destino de Júpiter” contó con un presupuesto gigantesco, lo que queda claro al poco andar con una serie de mundos fantásticos, llenos de oro, brillo y naves espaciales. Pero lo que al principio llama la atención, termina por perder atractivo al volverse común, ya que toda esta diversidad es desaprovechada con personajes planos, dedicados a llenarse la boca con discursos y demasiadas explicaciones. Junto con esto, todas las escenas  de acción son malgastadas o en interminables secuencias de lucha aérea, o peleas mano a mano bastante aburridas, que ni se acercan a las fascinantes coreografías que logró hace menos de un año “Captain America: The Winter Soldier” (2014).

Al mismo tiempo, la película sufre bastante por un ritmo llano, que se queda demasiado en algunos momentos poco importantes, y vuela en algunos clave, perdiendo en el camino la comprensión del relato. Todo esto es producto de un guión demasiado estructurado, que nunca se hace el espacio para dar algún giro inesperado o variar más allá de lo convencional.

JUPITER ASCENDING 03A pesar de que todo da para pensar en un desastre absoluto, hay un elemento que pone todo en duda: la película trabaja una serie de elementos temáticos que dan para pensar en que todo es una gran crítica al capitalismo. Al reemplazar la archi repetida motivación de dominio intergaláctico del villano de turno a un agudo sentido de los negocios, donde un perturbador Eddie Redmayne planea seguir siendo el mayor comerciante del universo a como dé lugar, la obra ofrece su elemento más interesante. Si a esto se le suma un pesadillesco recorrido por la burocracia de la capital del universo, tan compleja e ineficiente como la terrestre, que quizás es la mejor secuencia de toda la cinta, se tiene evidencias de sobra para leer “El Destino de Júpiter” como una alegoría enorme y chillona a los terrores del capitalismo más brutal.

Sea cuál sea a la larga el fin de la película, su mensaje termina por perderse bastante en una cinematografía más preocupada de la brillantina que de contar una buena historia. Y en todo caso, es difícil volver creíble una crítica al capitalismo, cuando está entregada en una cinta que costó una multimillonaria cifra, por sobre la media, en realizarse.

Por Lucas Rodríguez

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Cine

David Lynch: The Art Life

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David Lynch: The Art Life

A través de su filmografía, y con el reciente regreso de “Twin Peaks”, David Lynch ha demostrado ser uno de los autores más prolíficos y complejos de las últimas décadas. Desde su primer largometraje, “Eraserhead” (1977), que su imaginario significa entrar a mundo de sensaciones donde representaciones visuales de la psiquis se vuelven tangibles. Debido a lo intrincado que podría ser su forma de narrar, experimentar su obra exige conectar con lo sensorial, pues su trabajo busca crear reacciones y evocar emociones. El director de “Blue Velvet” (1986) y “Mulholland Dr.” (2001) ha sido capaz de construir un estilo reconocible gracias las características que su obra comparte, en un estilo vago e incierto, pero envolvente, donde lo inexplicable convive con personajes que se ven atrapados en mundos complejos.

Dirigido en una colaboración entre Rick Barnes, Jon Nguyen y Olivia Neergaard-Holm, el documental “David Lynch: The Art Life” se centra en el trabajo artístico pictórico del cineasta, mientras se va creando un relato autobiográfico de sus primeros años formativos y su acercamiento al arte, sirviendo como puente entre sus inicios en esta disciplina y sus primeras obras cinematográficas.

Las conversaciones de tres años entre los realizadores y el director estadounidense son condensadas en una hora y treinta minutos, en un relato íntimo en la voz del mismo Lynch. El hecho que sea construido como un monólogo produce una atmósfera más natural y cercana con el director, así también adjudicando un punto de vista donde el espectador sólo observa cómo se mezcla su creación artística y su biografía. La voz en off de Lynch se hace omnipresente en un montaje que mezcla al artista trabajando en sus obras plásticas, en su estudio en Los Angeles –a veces acompañado de su pequeña hija, Lula– intercalando material biográfico como fotografías, videos de archivo y sus pinturas.

La autobiografía que acompaña el viaje visual habla de sus inicios, vida familiar, la relación con sus padres y cómo su influencia inevitablemente ayudó a formar su primera relación con al arte, siendo capturado por esta disciplina cuando decide mudarse a Filadelfia, donde pudo estudiarlo de manera profesional. Y es a través de todas estas experiencias e historias acumuladas que se juntan para inspirar gran parte de su trabajo, y cómo en el proceso de absorber, internalizar y plasmar se ha moldeado un imaginario enigmático y surrealista.

Claramente el foco de este registro documental está puesto en sus creaciones plásticas, concebidas a partir de distintos materiales y mezclando técnicas pictóricas que le dan la libertad de crear pequeños universos, en cuadros que perfectamente podrían ser sacados de alguna de sus películas. Por otra parte, los realizadores utilizan estas obras en el montaje no tan sólo como un apoyo visual, sino también para poder crear pequeños episodios visuales que enfatizan los relatos en off, y utilizando los textos que el mismo Lynch incorpora en sus cuadros, se destaca el estado emocional del relato. Por último, el uso de stop motion le agrega un dinamismo a la narración, haciendo de estas obras pequeñas escenas de la vida del artista, donde algunas de ellas contienen personajes que parecen atrapados en distintas realidades.

Este documental termina siendo un estudio del autor en un estado mucho más primitivo, además de una exploración íntima, donde se logra ver el mundo a través de sus ojos y se puede conocer con frescura una etapa de descubrimiento y creación artística. No es un retrato biográfico de principio a fin, tampoco se centra en una obra en particular, sólo es un acercamiento a procesos creativos desde una mirada de total naturalidad y comodidad por parte del cineasta.

Para entender el universo interior de David Lynch, y posteriormente apreciar con mayor profundidad su trabajo, es importante considerar todos los aspectos y los procesos de creación que lo han llevado a posicionar su nombre y ser poseedor de un estilo particular y reconocible. Así, este documental logra dar a conocer ese otro aspecto del cineasta, un lado que tiene relación con su configuración estética. Se vuelve importante conocer y revisar su filmografía, no necesariamente para poder entender este relato –sólo se cita a sus primeros cortometrajes y las primeras etapas de producción de “Eraserhead”–, aunque sí puede servir como complemento para enriquecer este acercamiento diferente y privado.


Título Original: David Lynch: The Art Life

Director: Jon Nguyen

Duración: 88 minutos

Año: 2016

Reparto: David Lynch, Documental

 


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